Los sobresaltos.
Tampoco estuvo bien representado el General Paz en Santiago del estero, donde los santiagueños debieron sufrir con algunos sobresaltos por métodos del “sosiego”. Esta provincia fue ocupada en forma conjunta por Román Dehesa, autor de los fusilamientos de La Tablada, y por Javier López, dictador sangriento de Tucumán en 1823. Tales jefes estuvieron en Santiago a la altura de sus antecedentes.
Dehesa fue quien asumió el gobierno, y los cargos en su contra son corroborados por él mismo: en correspondencia dirigida al comandante de fronteras don Juan Balmaceda, le expresa:
"Lo primero que debe Vd. hacer es prender, sin ser sentido, a don Sebastián Palacios; seguirle un sumario con prontitud, y hallándole descubierto, remítamelo con seguridad. En seguida, hará Vd. que de las haciendas de este bribón y de las del traidor Ibarra se provea a las necesidades de la tropa, permitiendo que los miserables tomen los animales que puedan... Caiga Vd. sobre la Rosario Lemus, siempre que ésta tenga alguna ingerencia en estos tumultos, y despáchemela con todos los conocimientos que puedan tomarse sobre su criminalidad. Si llega a pillar algunos vándalos de los que capitanean, fusílelos, y escarmiente con el saludable terror de estos delincuentes a los que éstos seducen. Procure Vd. no dejar a estos ricos perversos los recursos de caballos, tómelos Vd. todos; y de ellos sólo, sí alcanza, llene Vd. el número de los 500 que en mi anterior previne a Vd. sacase para invernarlos." (Zinny, ob.cit. t.III, p.394)
Después de transcribir esta carta, añade Zinny:
"El doctor Eusebio Agüero, diputado del general Paz cerca de los gobiernos de Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago, que, después de la completa derrota de su escolta por una de las partidas de Ibarra, fue tomado prisionero, tratado con atención y dejado ir en libertad, se lamentaba en oficio al general Paz de que la conducta opuesta del coronel Dehesa y de sus adláteres les hubiese hecho perder la provincia de Santiago, pues que –decía- «violaban, robaban o asesinaban a toda persona que encontrasen»."
Ni el propio general Paz niega las arbitrariedades de Lamadrid y Dehesa, limitándose a declinar la responsabilidad en los mismos, "quienes -dice- debieron responder al cargo", sin hacerse cargo de los propios. (Paz. Memorias, t.II, p.186)
José Feliz Aldao, ,
Óleo de García del Molino
Museo Histórico Nacional.
En suelo mendocino
Otro delegado de Paz fue Videla Castillo, que gobernó en Mendoza. El gobernador federal, Juan Corvalán, se refugió en el sur de la provincia, buscando la protección y alianza del cacique Pincheyra, pero el 11 de junio de 1830, en el campamento de Chacay, cayó en una emboscada y fue asesinado por los indios, juntamente con don Gabino García, su ministro de gobierno; don José Aldao, comandante general de armas; el doctor Juan Agustín Maza, ex-congresal de Tucumán y signatario del acta de la Independencia; el doctor Juan Francisco Gutiérrez; el coronel Gregorio Rosas; los tenientes coroneles José Gregorio Sotelo y Felipe Videla; don Lázaro Aldao, ayudante mayor; don Juan Saavedra, don Domingo Durañona, don José Hilarnes y 20 ó 30 hombres más.
El hecho causó consternación en Mendoza, dada la vinculación y el prestigio de las víctimas. Se tuvo la grave sospecha de que la mano de Videla Castillo y de su ministro Godoy Cruz no era ajena al terrible crimen, y cuando volvieron los federales al gobierno, se inició un proceso.
“De las constancias de este proceso parece indudable –dice Ezcurra Medrano- que el delegado de Videla Castillo ante los caciques para inducirles a cometer el crimen fue don jacinto Godoy; que éste mantuvo correspondencia con los pincheyrínos; que Videla Castillo remitió correspondencia para Pincheyra dentro del forro de un chaquetón destinado a Godoy; que éste, después del crimen, fue muy agasajado por Videla Castillo, inclusive con un baile; y que los caciques fueron generosamente recompensados con 500 yeguas, 200 vestuarios y 39 cargas de víveres. Numerosas declaraciones de testigos corroboran estos hechos, y no faltan otras aun más interesantes, como la del cacique Coleto, actor principal del drama, quien declaró rotundamente al padre Gómez, capellán de los toldos de Pincheyra, que don jacinto Godoy "fué quien lo indujo a cometer el hecho". (Ezcurra Medrano. Las otras tablas de sangre. p.53)
La acusación fiscal llegó a la conclusión de que el asesinato "fué cometido por los bárbaros a quienes encabeza el perverso y desnaturalizado caudillo Julián Hermosilla, con previo acuerdo y recomendación de don José Videla Castillo y su director, don Tomás Godoy Cruz, que por medio del intrigante, tirano, cruel y bajo don Jacinto Godoy, pactaron y convinieron el hecho" (Jorge Calle, ob.cit.p.251)
La mano larga.
Hasta en el extranjero alcanzó el terror unitario a los federales fugitivos de las provincias subyugadas por los delegados de Paz.
El general don José Benito Villafañe era gobernador de La Rioja. Cuando ésta fue ocupada por Lamadrid, Villafañe emigró a Chile. Lamadrid se hizo elegir gobernador e hizo dictar de inmediato una ley, de fecha 5 de junio de 1830, por la cual "eran declarados proscriptos y fuera de la ley los individuos don Juan Facundo Quiroga y don José Benito Villafañe, autorizando al P. E. para que reclame sus personas e intereses de los gobiernos de los Estados de la República donde se hubiesen asilado, y a todo individuo de la provincia de La Rioja a perseguirlos y ejecutarlos con la pena capital a que se les condenaba, y sujetando a la misma pena a la persona que les prestase asilo” (Zinny, ob.cit.t.CV.p.240)
Esta ley, dictada en territorio argentino, se aplicó extraterritorialmente.
El mayor Bernardo Navarro, que se encontraba en Chile, se dispuso a cumplírla matando a Villafafie. Este fue enterado y pidió protección a las autoridades chilenas, quienes le proporcionaron unos milicianos, pero éstos lo abandonaron no bien supieron de qué se trataba.
Una noche de mayo de 1831, hallándose Villafañe en Tilo, se presentó Navarro con una partida dispuesto a cumplir su propósito. Villafañe intentó defenderse, pero, muertos o heridos varios de sus compañeros, se rindió, no obstante lo cual fue ultimado junto con once acompañantes. (Jorge A. Calle, ob.cit.p.237)
Civilizados y bárbaros
El asesinato de Villafañe provocó una dura represalia de Quiroga, que era íntimo amigo de la víctima. La represalia de Quiroga en La Cañada es puesta como ejemplo de la “barbarie” del caudillo, pero sin embargo esos mismos unitarios dan cuenta del asesinato de Villafañe como producto de un encuentro casual “ordinarísimo en las guerras civiles". (Rivera Indarte, Rosas y sus opositores, t.I.p.129)
No caben dudas que Quiroga fue llevado a la violencia como reacción al terrorismo de sus enemigos. El propio Sarmiento en su “Facundo”, reconoce que “en la primera campaña de Quiroga se nota todavía poca efusión de sangre” (D.F.Sarmiento, Facundo, p.183)
El propio Quiroga escribe en una “Exposición sumaria”publicada en 1831:
“En los lances más apurados, cuando la propia defensa llega ser un derecho que acalla cualquier otro sentimiento, he respetado las leyes de la humanidad y de la guerra: no he fusilado a mis prisioneros; ni he exterminado a lanzazos a familias enteras, sin ahorrar las mujeres y los niños; ni he mandado asesinar a los presos ni hecho arrastrar sus cadáveres por las calles. Nadie puede echarme en cara estos crímenes, y desearía, por el honor y el bien de mi país, que mis antagonistas pudieran decir lo mismo”
¿Quiénes eran los civilizados, y quienes los bárbaros?
Fuentes:
- Ezcurra Medrano Alberto. Las otras tablas de sangre.
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades.
- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, La ley y el orden.
- Obras citadas.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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- San Martin y Rivadavia
- San Martin y Rosas
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- Rivera Indarte
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