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LA CONJURA PROCOMUNISTA EN LA POST GUERRA
                          

Franklin Delano Roosevelt


(01) La conjura
(02) A dos barajas
(03) Asesinato de Kennedy
(04) Nota aclaratoria
(05) Fuentes.
(06) Artículos relacionados.


La conjura

Franklin Delano Roosevelt y su camarilla fueron los principales forjadores de la derrota de Occidente. Después de ellos, muchos fieles herederos siguieron sus pasos y consumaron el desarme, moral y material de las potencias occidentales para dar tiempo a que el marxismo rehiciera sus ejércitos.

El escritor Mr. Baldwin dice que Truman heredó como consejeros en problemas de política exterior a un "puñado de hombres astutos", quienes ya habían sido probados por Roosevelt como partidarios entusiastas del bolchevismo. Entre ellos figuraban Hopkins y el israelita Baruch; este último al frente de la Comisión de Energía Atómica de la ONU. La Comisión de Enseñanza Superior de Estados Unidos fue encomendada en aquella época nada menos que al rabino Stephen Wise.

George H. Earle, ex gobernador de Pennsylvania, declaró ante la Comisión Investigadora del Congreso Norteamericano que dos semanas antes de que muriera Roosevelt se entrevistó con él para decirle que iba a hablar al pueblo norteamericano acerca del peligro soviético. "El Presidente —dice Earle— me prohibió que hablara. No solamente esto, sino que en un esfuerzo para que no hablara, me mandó a la isla de Samoa en el Pacífico". Agregó Mr. Earle que no se explicaba por qué Roosevelt seguía afirmando que los comunistas eran unos santos y que los alemanes representaban todos los males del orbe.

Harry Truman A raíz de la rendición de Alemania el ejército norteamericano quedo como la fuerza militar más grande del mundo. La bomba atómica y diversas armas secretas que los técnicos nazis le entregaron recién terminadas o a punto de terminar, le centuplicaron su poderío. Roosevelt había muerto, pero muchos de sus herederos continuaban en el poder y realizaron desde luego un inconcebible movimiento para a debilitar a Estados Unidos y permitir así que el ejército soviético rehiciera sus fuerzas, modernizara su equipo y pudiera afianzar el puesto de hegemonía europea, y amenaza mundial, que el judaísmo le había brindado a través de Roosevelt.

Al concluir la guerra, el bolchevismo había sufrido más de 20 millones de bajas y sus fuerzas armadas eran las más débiles entre todos los beligerantes. Para favorecerlo se inició entonces la segunda parte de la traición a Occidente: "Nuestra excelente maquinaria de guerra- afirma el teniente coronel Paul L Bogen, instructor del ejército norteamericano—, se convirtió en un esqueleto. Extensos campos de equipo abandonado fueron cubiertos por malezas que escondían cascos mohosos. El equipo no fue lo único que descuidamos. A pesar de las advertencias de las fuerzas armadas y sus defensores, las redujimos hasta más allá de lo prudente".

Así quedaron en Europa sólo 7 divisiones y una reserva eventual de ocho más. Artificialmente se dejó al ejército rojo como amo de la situación.

William C. Bullit da el siguiente testimonio: “Se hizo creer al pueblo norteamericano que las Naciones Unidas; eran la respuesta a sus preces en demanda de paz, y después de la victoria sobre el Japón su existencia fue aprovechada para justificar la rápida desmovilización de nuestro Ejército, Marina y Fuerza Aérea, y la destrucción de los armamentos sobrantes. Si ya no habría más guerra, ¿para qué queríamos los armamentos? Una vez más el pueblo de los Estados Unidos fue engañado y nuestro gobierno destruyó las armas, municiones, aviones, y otros pertrechos que nuestros amigos de Europa y Asia necesitan ahora desesperadamente". ("Cómo los Estados Unidos Ganaron la Guerra y por qué Están a punto de Perder la Paz").

Esa destrucción de armamentos incluyó también el enorme botín capturado en Alemania, gran parte del cual se arrojó. El mismo Bullit afirma que en 1945 se podía haber obligado a la URSS a que respetara a los pueblos europeos, pero en vez de eso (que había sido el aparente ideal que justificaba la guerra) los ejércitos aliados fueron desmovilizados. Bullit había sido Embajador en Moscú y afirma que Roosevelt estuvo perfectamente informado de las ambiciones mundiales del bolchevismo, y sin embargo, lo salvó de la derrota y no adoptó la más elemental precaución para frenarlo. Por el contrario, lo alentó.

El crítico militar americano Hanson Baldwin revela que en el parlamento de Guerra se maniobró a fin de que los soviéticos penetraran 60 kilómetros al occidente de Berlín, cosa que les aseguró el dominio sobre la Europa Central. El general George C. Marshall, a quien el judiófilo Hopkins recomendó para ocupar la Secretaría de la Defensa, aparece como culpable de esa traición.

Dwigh David Ike Eisenhower El mariscal Montgomery, comandante de las tropas británicas de invasión, dice en sus "Memorias" que Eisenhower no mostró interés por capturar Berlín, cosa que pudo haberse logrado antes que llegaran, los soviéticos. Asimismo ordenó que las tropas americanas no entraran en Checoslovaquia, con lo cual cedió ese país al imperio bolchevique.

A principios de 1945 Roosevelt impidió que el ejército americano del general Patton avanzara al oriente del río Elba y así brindó al ejército rojo la oportunidad de que capturara media Alemania y los centros científicos de Peenemunde, Berlín y Stettin, incluyendo secretos sobre aviones de chorro, proyectiles teledirigidos, satélites artificiales, bombas atómicas y la mayor parte de los 2,500 científicos alemanes de Peenemunde, donde nacieron la V-l y la V-2 así como el proyectil trasatlántico (Lirio de Fuego) que fue el antecedente de los actuales cohetes siderales. Esto hizo posible que Moscú anunciara en agosto de 1957 que ya tenía el primer cohete de largo alcance.

Los bolcheviques también encontraron. en Peenemunde los planos de "Saenger" alemanes para el lanzamiento de un satélite artificial y de una gran plataforma del espacio capaz de girar alrededor de la tierra, que eventualmente sirviera de estación en vuelos interplanetarios. En posesión de esos planos y de numerosos científicos alemanes, los soviéticos pudieron lanzar (octubre 4 de 1957) el primer satélite artificial de la tierra.

Esto fue una derrota científica del mundo occidental, imposible sin la traición de Roosevelt, pues en 1942 la URSS se hallaba 30 años atrás en las investigaciones sobre proyectiles dirigidos y sobre desintegración atómica.

Los científicos alemanes Werhner von Braun, Willy Ley, Stuhlinger y otros más han venido auxiliando después de la guerra a los americanos en los cohetes teledirigidos y en los satélites. Von Braun afirmó que todo esto lo habrían tenido perfeccionado los Estados Unidos desde 1954, si altos funcionarios de la Casa Blanca hubieran apoyado los proyectos respectivos.

George Patton Sólo el Secretario Forrestal se había empeñado en impulsar estas investigaciones, pero murió en 1949 y casi quedaron abandonadas, hasta que al hacerse del dominio público los avances logrados en la URSS, los militares americanos obtuvieron ampliación de partidas presupuéstales y se logró un rápido progreso, incluso superando a los soviéticos.

Cuando varios senadores apremiaron al Gobierno para que detuviera el avance del bolchevismo en Europa y Asía, el senador Joseph MacCarthy precisó que "la misma administración es la que está nulificando esos esfuerzos, bien sea por incompetencia o por traición". (Marzo 14, 1950).

Un año después el propio senador denunció que Marshall y el Secretario de Estado Acheson formaban parte "de la conspiración del Gobierno para debilitar a los Estados Unidos y hacer que caigan víctimas de las intrigas comunistas del interior y del poderío militar ruso del exterior... Aquellos que realmente mandan pertenecen a una conspiración mayor, la amplia telaraña mundial que ha sido tejida desde Moscú". (Junio 14 de 1951).

Tal denuncia coincidía con un hecho que el Secretario de la Defensa norteamericana, James Forrestal, dejó escrito así en su Diario: "La flota ha sido reducida a consecuencia de nuestra rápida desmovilización hasta un punto peligrosamente bajo de eficacia. El ejército tiene disponibles, para ser usados en Europa, 430 aeroplanos de combate, de los cuales posiblemente 175 podrían tener realmente pilotos de primera línea".

Forrestal pidió que no continuara esa peligrosa política, pero Truman ordenó reajustes todavía más drásticos. Días más tarde el propio Forrestal se sorprendió de que los partidarios de Truman iniciaran su campaña política "con matiz marcadamente de izquierda", al mismo tiempo que la amenaza bolchevique crecía en Europa.

Otro testimonio de que hubo una mano oculta que violentó el desarme norteamericano y favoreció la expansión marxista en Europa y Asia, lo aportó el periodista Stewart Alsop 15 de febrero de .Johnson engañaba al pueblo habiéndole de un abrumador poderío armado norteamericano, se dedicaba a debilitar la marina (restándole 57 barcos de primera línea) y la aviación, privándola de mil aviones y del 75% de sus reemplazos.

MacCarthy "Existe ahora —dijo el senador Joseph McCarthy en la Tribuna— una confabulación de infamias tan negras que cuando quede finalmente al descubierto, sus autores merecerán para siempre las maldiciones de todos los hombres honrados".

Estas y otras valerosas aunque inverosímiles denuncias movieron a numerosos representantes populares a integrar comisiones investigadoras. A fines de 1950 una de ellas había logrado precisar que en el Departamento de Estado y en la Comisión de Energía Atómica se hallaban inexplicablemente enquistados — desde la época de Roosevelt— 151 traodpores y más de 100 agentes comunistas. En 1960 dos de esos traidores, William H. Martin y Bernon F. Mitchell, infiltrados nada menos que en la Oficina .Nacional de Seguridad de Estados Unidos, huyeron a la URSS, vía México-Cuba. Llevaban consigo documentos secretos sobre los métodos americanos de descifrar las claves soviéticas.

(...)

Alian Valentino, ex Jefe de la Oficina para Estabilización Económica, dijo en Cleveland, Ohio, que existía en su país "un segundo Gobierno encabezado nominalmente por el Presidente, cuyas actividades a duras penas podemos comprender". (Marzo 14 de 1950).

El investigador norteamericano Emanuel M. Josephson afirma que ese "segundo Gobierno" es el "Gobierno Invisible de los Estados Unidos y del Mundo" y que su Secretaría de Relaciones es el llamado Consejo de Relaciones Exterioces que manejan los magnates Rockefeller, judío-protestantes.

El general Douglas McArthur descorrió buena parte de las tenebrosas cortinas de la conspiración y eso le costó su puesto y su carrera militar y política. El 14 de noviembre de 1951 denunció en Seattle: "El Gobierno del Presidente Harry S. Truman sigue una política que de continuar puede conducir a los Estados Unidos a la ruina". Cuatro meses después denunció en Jackson, Missouri, que el Gobierno conducía el país a un "estado comunista, con la misma espantosa seguridad que si los mismos jefes del Kremlin prepararan nuestro camino". Más tarde, el 7 de julio de 1952, exhortó a los republicanos a una cruzada para impedir que el país se convirtiera en un Estado comunista y censuró los diversos actos pro-soviéticos a los que Eisenhower —dijo— estuvo asociado durante la guerra y después de ella.

Eisenhawer Molesto contra quienes le seguían la pista de sus maquinaciones, Truman rechazó el 3 de abril de 1952 la demanda de un Comité Senatorial para examinar los archivos del Departamento de Estado. El Presidente dio instrucciones al Secretario Acheson "para que no se den los informes solicitados", pues si se abren esos archivos "la reputación de centenares de empleados leales al gobierno se vería afectada". No explicó, sin embargo, por qué había de afectarse una buena reputación con el simple hecho de ser conocida por los representantes del pueblo. Era bastante extraño que las buenas reputaciones necesitaran del manto del secreto.

Otro testimonio más de la política pro-soviética practicada por los herederos de Roosevelt fue aportado por el mayor general Charles . A. Willoughby (9 de agosto de 1951) ante la subcomisión de Seguridad Interna del Senado. Reveló que en 1949 era jefe del Servicio de Inteligencia Militar de McArthur y descubrió a una extensa banda de agentes comunistas encabezada por Richard Sorge, Guenther Stein y Agnes Smedley, o sea la misma banda que en 1941 trabajó a las órdenes de Rockefeller para instigar al Japón a que atacara a Pearl Harbor y no a la URSS. El general Willoughby comunicó el descubrimiento a Washington y rápidamente el Secretario de Guerra Kenneth C. Royal le ordenó que no se continuaran las investigaciones.

Al Almirante Ellis M. Zacharías, ex Jefe del Servicio de Inteligencia de la Armada Norteamericana, le ocurrió algo muy semejante. Según revela en su libro "A Puertas Cerradas", los oficiales del servicio secreto norteamericano, que operaban en Europa, fueron traicionados por sus superiores de Washington. Esos agentes descubrieron muy oportunamente las maniobras bolcheviques para lograr el control total de Hungría, Rumania, Bulgaria y Checoslovaquia. El Almirante Zacharías transcribe la amarga revelación de uno de sus oficiales: "Pero ¿qué ocurrió? Los rusos se quejaron a Washington, y a nosotros se nos propinó de golpes en la cabeza. Retirados, esparcidos, amonestados, desmovilizados... Algunos de nosotros desobedecimos. Continuamos trabajando solos, sin apoyo oficial. Pero los rusos se sintieron alentados por la rápida reacción de Washington a sus quejas, de modo que lanzaron nuevas quejas..."

El Almirante Zacharías agregó que los propagadores del marxismo trabajaban en favor de otra crisis económica en Estados Unidos, como la de 1929. Los primeros síntomas se advirtieron en 1954. Para fines de 1961 las reservas de oro habían descendido a 17,000 millones de dólares, o sea que había habido una fuga de siete mil millones en doce años.

La llamada "ayuda al extranjero" (que mañosamente se ha encauzado para ayudar al pro-comunismo) ha costado a EE. UU. 106,000 millones de dólares en 17 años, hasta 1962, o sea el equivalente a un billón y 325,000 millones de pesos mexicanos. Esto debilita la economía del pueblo americano y lo encamina hacia una catástrofe que desprestigiaría desastrosamente al sistema capitalista.

Además, en la "revolución mundial" del movimiento judío laboran empeñosamente: a) La Internacional Dorada, o sea la alta finanza internacional encauzada en Estados Unidos por magnates israelitas tales como James P. Warburg, Morgan, Vanderbilt y otros; y en Europa por los continuadores de la Casa Rotschild, b) La internacional Negra, o sea la Organización Universal de los Sionistas y la Alianza Israelita Universal, c) La Internacional Azul, o sea la masonería mundial, que es un brazo de fanáticos no judíos movidos desde la sombra por los judíos; d) La Orden "B'nai-B'rith", formada con judíos masones, que coordina las actividades de una multitud de agrupaciones.

Las metas inmediatas del movimiento judío al terminar la guerra consistían en ayudar a la URSS a afianzar sus conquistas y a garantizarle un período de recuperación. Ambos objetivos los logró ampliamente mediante la súbita desmovilización de las fuerzas armadas de Occidente; y esto sólo fue posible con la secreta connivencia de encumbrados quintacolumnistas.

El senador por Nevada, Mr. Pat MacGraan, denunció que hasta la UNESCO, dependencia de la ONU, estaba difundiendo principios marxistas "por medio de documentos extremadamente sutiles". Su labor debe ser bastante satisfactoria para la causa marxista porque el Congreso Judío Mundial —reunido en Ginebra durante el mes de agosto de 1953— le dio un voto de satisfacción y confianza. Jamás la ONU ha intervenido para defender o liberar a alguno de los muchos países agredidos y sojuzgados por el comunismo. En cambio, ha condenado, hostilizado o boicoteado y hasta agredido a regímenes anticomunistas, como los del Congo, Sudáfrica, Portugal y Rodesia.

Einstein y Ben Gurion Cuando el eminente masón Dag Hammarslcjold estaba al frente de la ONU, colaboraban con él en diversas dependencias 71 judíos. 11 de ellos en la UNESCO, desde la cual "prohijan toda suerte de mamotretos culturales lanzados como obras geniales". Entre esos judíos se han distinguido Blocp, Goldet, Rosenberg, Cohén, Levy, Zabludowsky, Rabinovitch, Abramovitz, Bergman, Singer, Mayer, Schweitzer, Jacobson, Kogan, Weisel, Sommerfeld, Weitz, Abramsky, Goldman, Bernstein, Deutschman, Goodman y otros muchos, naturalmente protectores del marxismo israelita. Hammarslcjold murió en un accidente aéreo durante la bárbara ofensiva que lanzó contra el Estado cristiano de Katanga porque éste se negaba a fusionarse con el régimen procomunista de Adula y Gizenga. En lugar de Hammarskjold quedó el también maestro masón U’Thant y la ONU sigue siendo un instrumento judaico de comunización mundial.

Por eso la Legión Americana había pedido en Miami (el 12 de octubre de 1955) que Estados Unidos se retirara de la UNESCO, a la que acusó de estar planeando "un nebuloso Gobierno Mundial''. Es éste el mes del más caro sueño del judaismo político, tanto así que el hebreo Einstein impulsó la difusión del esperanto, con la idea de que en el futuro este idioma, creado por el judío Zamenhof, vaya eliminando los idiomas nacionales.

El general sueco Karl von Horn, comandante de las fuerzas de la ONU en el Congo, en Yemen y en Palestina, renunció a su cargo y escribió un libro llamado "Soldados de la Paz", en que revela la corrupción qué vio y palpó dentro de la ONU. Dice que durante la Crisis en el Congo, bellas muchachas judías fueron utilizadas para entretener y atraer a ciertos funcionarios de la ONU. También hace un relato del espionaje que se tolera ahí en favor del comunismo.

Sin embargo, hay presión internacional para que a los escolares de todo el Occidente se les inculque admiración y culto por la ONU, pues ésta se halla destinada a ser un instrumento de dominación mundial.

Adolfo Hitler "Para la Gran Bretaña y los Estados Unidos —dijo Hitler el 30 de enero de 1944— ya no es la cuestión de si después de la guerra querrán luchar contra el bolchevismo. La cuestión es si después de la guerra podrán resistir al bolchevismo en sus propios países". . .

Forrestal, Secretario norteamericano de Marina, prestó gran atención el 23 de noviembre.de 1944 a un memorándum de Bert Andrews, en que hablaba de la increíble política prosoviética que se estaba siguiendo en China: "Afirma Andrews —anotó Forrestal— que la historia del mundo para los próximos diez mil años será escrita en el Pacífico. Dijo que Europa caerá bajo la hegemonía soviética. .. En su más duro ataque contra Washington manifestó que ellos eran culpables de traición y sabotaje al no apoyar adecuadamente la guerra del Pacífico". ( "Cómo los Estados Unidos Ganaron la Guerra y por qué Están a Punto de Perder la Paz" .—William C. Bullit.) (Mientras Dormíamos se Perdió un Continente.—John T. Flynn).

Al año siguiente Forrestal se enteró de que Truman había enviado al traidor Hopkins a hablar con Stalin, acerca del Pacífico, y que Hopkins volvió con un optimista informe para el pueblo norteamericano, en el sentido de que Stalin no tenía pretensiones sobre China y que apoyaría a Chiang Kai Shek. El pueblo norteamericano fue engañado una vez más.

El 20 de noviembre de 1945 Mr. Forrestal (entonces Secretario de Marina de Estados Unidos), anotó en su Diario: "Hay una fuerte presión para sacar a los norteamericanos de China, particularmente a la infantería de Marina. Si lo hacemos invitamos a un vacío de anarquía en Manchuria y es obvió que tal vacío será inundado por los japoneses o los rusos".

Agrega la anotación que el Almirante Mitscher preveía "que en cualquier futura guerra con una combinación de Rusia y las potencias asiáticas, el poderío humano de tal combinación sería tremendo".

Añade el propio Forrestal que el 10 de agosto de 1946 el general McArthur le dijo que Chiang Kai Shek estaba de parte de los Estados Unidos y que era necesario apoyarlo, y sobre el particular censuró a los escritores del ala izquierda en la prensa norteamericana. "Estos —dijo— les hacen el juego, consciente o inconscientemente, a los comunistas, contra los intereses de su propia patria".

Sin embargo, los más altos funcionarios apoyaban esa traición y el Secretario de Estado, Byrnes, sugirió el 26 de noviembre de 1945 —dice Mr. Forrestal— que "se presionara a Chiang a fusionarse con los comunistas, diciéndole que de no hacerlo se le suspendería la ayuda norteamericana".

Lo anterior lo ratificó también el general Albert C. Wedemeyer, ex Embajador de Estados Unidos en China. Pero pese a los esfuerzos de Forrestal, secretario de Marina, del general MacArthur, comandante de las tropas americanas en Japón, y de otros prominentes jefes estadounidenses, el grupo del presidente Harry Salomón Truman consumó la entrega dé China al comunismo. Habiéndole suspendido la entrega de armas a Chiang Kai Shek, en tanto que su opositor Máo Tse Tung recibía abundante ayuda de la URSS, las tropas chinas nacionalistas fueron arrolladas y Chiang tuvo que retirarse hasta la isla de Formosa. Todo un pueblo de 538 millones de habitantes dejó de ser un valladar anticomunista en Asia y se convirtió en cautivo de los rojos. Lo que era un aliado se transformó en un terrible peligro para el Mundo Occidental. Corea fue apenas el despuntar de esa amenaza...

Después de que Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Yugoslavia y Albania habían sido traicionadas y entregadas al marxismo, la entrega de China fue tan evidente y tan criminal que provocó profunda alarma en Estados Unidos. Comenzó a verse entonces más claramente que Roosevelt había sido un traidor y que Truman le seguía los pasos. El Comité de Investigación de los Actos Antiamericanos, creado por el diputado Dies y en un tiempo frenado por el presidente Roosevelt, llegó a integrar una lista de 2,000 funcionarios que favorecían la expansión del marxismo.

Además, en 1950 el senador. McCarthy comenzó a denunciar claramente las inauditas maniobras de los más altos funcionarios del país, que favorecían a la URSS. Todo esto provocó un punto de cambio en la ya cínica conducta de los traidores, que se volvieron entonces menos ostentosos y más precavidos. Y fue en esos días cuando surgió súbitamente la guerra de Corea como gigantesca mampara del contubernio con el bolche-vismo. Y mientras por un lado se favorecía a éste con solapadas pero eficaces concesiones, por la otra se le "combatía" ineficazmente para acallar así el descontento popular y despistar a quienes ya estaban advirtiendo algo siniestro en la política exterior de la Casa Blanca.

Ahora bien, ese "combate" no debería ir tan lejos, ni ser tan eficaz y verdadero como el general MacArthur lo quería. Así empezaron las dificultades entre él y Truman. Por principio de cuentas MacArthur comenzó por evidenciar el absurdo de que a Chiang Kai Shek se le hubiera proclamado paladín de la libertad y uno de los "cinco grandes" cuando luchaba contra los japoneses, y en cambio se le negara ayuda y se le presentara como tiranuelo, despilfarrador e inútil cuando ya sólo representaba una barrera anticomunista en Asia. .

Bien pronto la guerra de Corea reveló cuanta razón tenían Forrestal y otros jefes norteamericanos cuando calificaban de traición el rápido desarme. Meses más tarde centenas de millares de chinos fueron lanzados por los comunistas contra las tropas de MacArthur. El potencial humano que Roosevelt, Truman y el movimiento político judío habían cedido al marxismo israelita de Moscú, estaba siendo utilizado ya contra el pueblo americano.

Ante esa indignante situación el general MacArthur hizo tres demandas a Truman: bloqueo de China roja; ataques aéreos a Manchuria, y refuerzos a Chiang Kai Shek para que participara en la lucha.

Eso era tanto como practicar el anticomunismo en serio, y en los tres puntos se le contestó negativamente.

Por último, se le destituyó. ¡Había cometido el crimen de ver con claridad!...

Douglas MacArthur "Pedí refuerzos, dijo MacArthur el 19 de abril de 1951, pero se me informó que no se disponía de ellos. Señalé claramente que si no se permitía que destruyéramos las bases construidas por el enemigo en el norte de Jalú, si no se permitía que usáramos la fuerza china amiga de 600,000 hombres que hay en Formosa, si no se permitía que bloqueáramos la costa china para evitar que los rojos chinos recibieran socorros del exterior, y si no había esperanza de recibir refuerzos considerables, la posición del mando desde el punto de vista militar hacía prohibitiva la victoria... ¿Por qué —me preguntaban mis soldados— cederle ventajas militares a un enemigo en campaña? No pude contestarles".

MacArthur fue acusado de belicoso por pedir esa victoria. Es extraño que mientras se trató de luchar contra el nacionalismo de Hitler, los estadistas consideraron un delito ser pacifista, pero cuando se trató de luchar contra el bolchevismo, el delito consistía en no ser "apaciguador".

MacArthur recogió e interpretó —con autoridad y honradez— una gran inquietud del pueblo norteamericano. E! pueblo le dio su aprobación en espontáneas manifestaciones de apoyo. Y porque veía con claridad y porque estuvo con su pueblo y no con las altas esferas procomunistas, fue destituido y maniobrado para anularlo como candidato a la presidencia.

Acerca de las protestas de MacArthur, de numerosos, legisladores y de millones de estadounidenses porque miles de jóvenes estaban muriendo en Corea sin esperanzas de victoria, Truman dijo que eran simple "demagogia". Inauditamente replicó por qué no protestaban por las bajas que la población sufría en los accidentes de las carreteras, que anualmente costaban 35,000 vidas y un millón de lesionados.

Más tarde MacArthur reveló al periodista Jim G. Lucas, de la Scrippe-Howard (enero 20 de 1954) qué todos los mensajes que él enviaba a la Casa Blanca, sobre sus planes y la situación de sus tropas, el Departamento de Estado americano los hacía llegar a los comunistas chinos, con agregados de lo que la Casa Blanca le permitiría o le impediría hacer a MacArthur.

Otro comandante norteamericano siguió los pasos de MacArthur. El general James A. Van Fleet, comandante del octavo ejército americano en el frente de Corea, declaró ante el Senado (marzo 5 de 1953) que en junio de 1951 estaba "pidiendo a gritos" al Departamento de la Defensa que lo dejara en libertad de actuar porque tenía a los comunistas en fuga y podía aplicarles un golpe de muerte... Pero se le ordenó no avanzar. La aparente lucha antibolchevique no debería ir tan lejos que se convirtiera en auténtica.

Posteriormente Van Fleet pidió su retiro del ejército y escribió: "Durante los 22 meses de mi mando frecuentemente advertí oportunidades favorables para destruir los ejércitos y los materiales bélicos de los chinos rojos... Ahora bien, cuando un comandante militar en plena guerra descubre una oportunidad para la victoria, y sus superiores, por razones de alta política, le ordenan que no lleve adelante su ventaja, tiene que padecer una sensación de fracaso... Ahora, desde mi retiro, hablo al pueblo americano con la mayor claridad posible, en defensa de lo que creo ser del interés de mi país... Mi conciencia no me permite callar".

Al igual que tos generales MacArthur y Van Fleet, el general Mark Clark —sucesor de MacArthur— declaró que los altos jefes de la política impidieron varias veces el triunfo en Corea; Disgustado por ese absurdo también pidió su retiro y se dedicó a vender maquinaria agrícola.

El general Albert C. Wedemeyer siguió el mismo camino. Todos ellos habían querido defender los intereses del pueblo norteamericano; todos ellos habían sido anticomunistas de verdad y por tanto no resultaban útiles para la mascarada sangrienta deTruman y de sus consejeros israelitas. Cuando el pro-comunismo de Roosevelt y de sus herederos estaba a punto de colmar la paciencia del pueblo norteamericano, Truman erigió la mampara macabra de Corea combatiendo al comunismo!... Pero tras la sangre de la juventud americana se ocultaba el siniestro contubernio con el marxismo israelita. En cuanto algún comandante quería pasar de la mascarada al auténtico combate antibolchevique, se volvía automáticamente no apto para el mando. Por eso destituyeron a Wedemeyer, a MacArthur, a Van Fleet y a Marlc Clark...

Hablar ostentosamente en contra del comunismo, pero actuar discretamente a favor de él, es la fórmula que han venido empleando las fuerzas que engañan y traicionan al mundo occidental. Esa fórmula triunfó en medía Europa en 1945; en Corea del Norte en 1948; en Manchuria en octubre del mismo año; en China, en enero de 1951; en el Tibet, en 1951 y en 1959; en Indochina en julio de 1954; en las Islas Tachen en febrero de 1955; en las Quemoy en 1958, en el Medio Oriente en 1956, 1957 y 1958; en el Congo y en Laos en 1961; en Cuba de 1959 a 1967 y cada día más visiblemente en toda Iberoamérica


A dos barajas

James Forrestal Entre los valiosos testimonios que dejó en su Diario James V. Forrestal, Secretario de la Defensa de Estados Unidos en 1947, figura el de haber presenciado cómo los israelitas deslizan ocultos representantes suyos en los dos bandos de cualquier lucha política. Así aseguran infaliblemente un punto de apoyo para sus intereses. Los partidos demócrata y republicano de Estados Unidos son un buen ejemplo.

James V. Forrestal refiere que el 4 de septiembre de 1947, siendo Secretario de la Defensa, escuchó decir al Administrador General de Correos, Mr. Hannegan, que "no quería hacer presión pero que una declaración con referencia a la entrada de 150,000 judíos en Palestina tendría una gran influencia y un gran efecto en la recaudación de fondos para el Comité Nacional Demócrata."

Forrestal desaprobó esa influencia extraña sobre el Partido Demócrata y trató de ganarse al senador McGrath para rechazarla, pero sus esfuerzos fracasaron y advirtió sorprendido que tal influencia era tan poderosa que todo político rehuía enfrentarla, quizá para no dañar su carrera. (Desde 1880 la influencia judía en el Partido Demócrata era poderosa y se acentuó más a principios del siglo XX, con la intervención del grupo judío de Louis Dembitz Brandéis).

Forrestal siguió insistiendo en que era dañina la influencia hebrea en los altos círculos políticos estadounidenses y el 3 de diciembre (1947) discutió el punto con el Secretario de Estado Byrnes y le dijo que era necesario que tanto los demócratas como los republicanos convinieran en no utilizar la cuestión judía como un punto de apoyo.

Byrnes se mostró pesimista y le hizo ver a Forrestal que "el rabino Abba Hillel Silver (de Nueva York) era uno de los individuos más allegados a Taft".

Sin haber conseguido nada con el senador McGrath, ni con el Secretario de Estado Byrnes, Forrestal se entrevistó el 10 de diciembre con el senador Vandenberg para pedirle que los republicanos dejaran de usar el apoyo israelita "en la política de partido". Vandenberg le contestó que los demócratas lo usaban y que ellos tenían que hacer lo mismo. El partido que prescindiera de ese apoyo —dijo Vandenberg— quedaría en desventaja frente al otro. Tres días más tarde Forrestal habló con el gobernador Dewey, quien también se mostró pesimista respecto a la posibilidad de prescindir de la alianza judía. Dos meses después, en febrero de 1948, Forrestal discutió el asunto con Franklin D. Roosevelt, hijo, quien exaltadamente defendió la intervención israelita. A su vez, Forrestal lo increpó acremente y le dijo que tan sólo estaba procurando que demócratas y republicanos prescindieran del apoyo judío para que pudieran actuar libremente en cuestiones de política internacional.

Franklin contestó —dice Forrestal en su Diario— que "esto era imposible, que la Nación estaba demasiado comprometida y que, además, el Partido Demócrata estaría avocado a perder y los republicanos a ganar con un convenio semejante. Yo dije que me veía obligado a repetirle lo que le había dicho al senador McGrath, en respuesta a la observación de este último, de que si no cooperábamos con los sionistas perderíamos los Estados de Nueva York, Pennsilvania y California. Agregué que creía que ya era tiempo de que alguien le prestara atención al problema de si podríamos o no perder también a los Estados Unidos".

Una versión del "New York Herald Tribune" agrega sobre el particular que "Forrestal hizo un último esfuerzo a fin de obtener el apoyo del Departamento de Estado para su campaña, pero logró muy poco estímulo... Bernard Baruch le advirtió a Forrestal que se mostrase menos activo al respecto, ya que tendía a hacerle daño a su posición". (Baruch, judío, fue consejero de los presidentes desde 1915 hasta 1965). Y en efecto, los esfuerzos de Forrestal, primero contra el repentino desarme, luego contra la entrega de China a la URSS y finalmente por evitar que el movimiento judío siguiera influyendo en la política exterior norteamericana, lo llevaron a un súbito fracaso, que ciertamente le fue prevenido por Baruch. Una campaña de difamación en su contra surgió sospechosamente en numerosos diarios y radiodifusoras. No se le atacó por su política, sino por cuestiones muy ajenas. Incluso se le presentó como un antiguo defraudador del Fisco y se le infamó al margen de un robo de joyas de su esposa. El periodista rooseveltiano Walter Winchell abrió el fuego y luego fue secundado por el columnista judío Drew Pearson.

Truman se apoyó en ese "escándalo y bruscamente le pidió su renuncia a Forrestal, quien con este motivo tuvo una depresión nerviosa y se internó en el Hospital Naval de Bethesda, Maryland. La noche del 21 al 22 de mayo de 1949 murió ahí al caer inexplicablemente desde el 16º piso. Tenía el cordón de su bata anudado al cuello. No llegó a determinarse si fue suicidio, accidente o asesinato, aunque lo primero parecía poco probable, pues minutos antes se había visto que Forrestal leía tranquilamente la "Antología Mundial Poética". Los médicos ya casi lo habían dado de alta y sus amigos que lo visitaron horas antes lo vieron restablecido y "con nuevas energías para continuar sus actividades".

Así terminó trágicamente la carrera política de Forrestal, ex Secretario de la Defensa, cuando habiendo palpado la influencia judía, trató de hacerla a un lado en la política exterior norteamericana. Se atravesó en el camino de un poder gigantesco y fue arrollado.

El senador McCarthy tuvo un final muy parecido. Después de que reveló la traición del perito atómico Oppenheimer, judío, y de que logró que fuera destituido, una contraofensiva judía lo ridiculizó y lo derrocó de su comisión senatorial. En mayo de 1957 murió en el mismo hospital donde pereció Forrestal. Agencias cablegráficas y películas judías lo presentaron como inhumano "inquisidor".

El Almirante Ellis M. Zacharías —ex miembro del Servicio de Inteligencia de la Armada Norteamericana— dice refiriéndose a Forrestal: "A despecho de los importantes puestos que desempeñó, su talento fue malgastado en nuestro Gobierno. Sus energías fueron puestas duramente a prueba... Se abusó de su paciencia... Era un hombre modesto, hasta tímido, un estudiante abnegado de los asuntos mundiales... Forrestal vivió en peligro desde el momento en que resolvió explorar el problema del Poder Norteamericano. Tenía que vérselas con una mala palabra de cinco letras".

Otro de los "delitos" de Forrestal había sido el de tratar de que EE.UU se adelantara a la URSS en la construcción de cohetes V-2, satélites y plataformas del espacio. En 1947 habló con los prisioneros alemanes general Hans Dornberger y doctor Von Braun y realizó luego infructuosos esfuerzos para que se emprendiera un Plan Orbitario basado en los descubrimientos alemanes de Peenemunde. Pero su muerte dejó trunca la tarea y no fue sino siete años después, ante la presión de científicos y militares, cuando se iniciaron en EE.UU trabajos intensos sobre el particular. Ya para entonces Moscú llevaba la ventaja y costó mucho dinero y varios años recuperar lo perdido y dejarla nuevamente atrás.

La influencia judía se hallaba demasiado arraigada para que Forrestal pudiera sacudirla.

El investigador norteamericano Emanuel M. Josephson dice que el Consejo de Relaciones Exteriores, financiado por Rockefeller, controla a eminentes líderes republicanos y demócratas. "El C.R.E. ha colocado —dijo Josephson— a innumerables agentes suyos en los cargos públicos más altos... Durante más de un cuarto de siglo todos los Secretarios de Estado y casi todos los miembros del Gabinete y los que trazan la política de nuestro Gobierno han sido agentes del C.R.E. Los más altos cargos del C.R.E., los ocupan los más señalados agentes y traidores comunistas, Joseph Fels Barfíes, William W. Lock-wood; Philip C. Jesup, Edward C. Cárter... Y una legión de banqueros importantes, altos jefes de casas comerciales, funcionarios del Gobierno, propagandistas disfrazados de editores de periódicos y funcionarios de la Standard Oil". Agrega que de entre los miembros de C.R.E. han sido elegidos Dean Acheson, antiguo Secretario de Estado, y John Foster Dulles, quien era pariente de Rockefeller. Alger Hiss, que como funcionario del Departamento de Estado dio documentos secretos al correo comunista Whittaker Chambers, confesó ante la Comisión Senatorial Investigadora que Dulles fue su mentor y consejero.

Otro de los allegados a la Casa Blanca es Paul G. Hoffman, "Rojo del Nuevo Trato Equitativo", quien al presente se encuentra ocupado en estimular la difusión de la propaganda roja a través de agencias tales como la Enciclopedia Británica y la Fundación Ford, que encabeza y que emplea para poner la televisión y la radio del país al servicio de la propagación del marxismo...

Richard Nixon John J. McCIoy, Subsecretario de Guerra, presidente del Banco Mundial y Alto Comisionado de Alemania Ocupada, es también un prominente internacionalista, agente del C.R.E. "Los amos y agentes del C.R.E., se proponen tenernos constantemente en guerra como medio de sostener la economía capitalista o marxista supercapitalista que ellos apoyan con el fin de lograr una conquista mundial supernapoleónica y la dictadura totalitaria a la que aspiran por ser su concepto del Gobierno Perfecto. Nos tienen asegurados por lo menos otros veinte años de matanza de nuestros hombres y desperdicio de nuestros recursos. "Es manifiesto que la paz sólo se puede lograr retirando la ayuda que nuestro Gobierno ha estado dando en forma tan traicionera a nuestros enemigos comunistas. Es igualmente importante frustrar sus planes de provocar en breve una ruinosa inflación y depresión con el propósito de poder saquear a la nación".

Cuando el pueblo de Estados Unidos se cansó de la traición del Partido Demócrata, dirigido por el rooseveltismo, y violentamente se volvió en favor del Partido Republicano, no se sacudió por eso a sus ocultos conductores. Poco antes ya había sido alineado entre los republicanos el general Eisenhower, descendiente de israelitas, que con falsas promesas de detener al comunismo ganó las elecciones. El pueblo americano sólo cambió de un hombro al otro el lastre de sus traidores, pero no pudo librarse de ellos.

En la campaña electoral de 1960 Nixon estuvo a un milímetro del triunfo. El grupo judío de Rockefeller lo cortejó y le puso celadas para debilitarlo, o bien para infiltrarlo en caso de que llegara a la Casa Blanca. Por su parte, el grupo rooseveltiano (probado durante 30 años como cómplice del comunismo) realizó jugadas magistrales en favor de Kennedy y lo llevó al triunfo, no sin acogerse profusamente a la publicidad que le hicieron como candidato católico.

Johon Fitzgeral Kennedy En víspera de las elecciones Nixon estuvo siendo frenado para que no hablara a fondo sobre el problema de Cuba, en tanto que Kennedy atraía simpatías con la falsa promesa de que liberaría a Cuba. Kennedy —hijo de un licorero multimillonario vinculado con Wall Street desde 1926— fue alumno de Harold Laski, jefe judío del movimiento marxista de Inglaterra, y entre sus principales colaboradores en la Casa Blanca tuvo a los siguientes: Averei Harriman, judío, como secretario auxiliar de estado, vinculado con el marxismo desde 1921 en que dirigía una concesión de manganeso en la URSS, Abraham Ribicoff, judío, en la Secretaría de Salud Pública, Educación y Bienestar.—Arthur J. Soldberg, judío, Secretario del Trabajo.—Douglas Dillon (Lapowski), judío, Secretario del Tesoro.—Walt Withman Rostow, judío procedente de la URSS, presidente del Consejo de Planificación de la Política del Departamento de Estado y quizá el más cercano consejero de Kennedy.—Arthur Schlesinger, judío, también consejero de Kennedy.—Adlai Stevenson, descendiente de judíos y oficialmente cristiano, del grupo de rojos rooseveltianos, embajador de Estados Unidos ante la ONU.—Orville Freeman, del mismo origen que el anterior, Secretario de Agricultura.—James M. Landis, de origen hebreo, aunque oficialmente cristiano, Contralor de las Agencias Federales, afiliado al grupo comunista de Louis D. Brandéis "Associated Justice of the Supreme Court".—Dean Rusk, antiguo colaborador de Truman en la entrega de China al bolchevismo, protestante, ex presidente de la Fundación Rockefeller, ocupa la Secretaría de Estado.—Chester Bowles, prominente masón, partidario de que E.U. "se identifique con las fuerzas revolucionarias que se extienden por todo el mundo", fue nombrado Subsecretario de Estado y luego removido.—El general J. McCIoy, rooseveltiano, procomunista, asesor en cuestiones de desarme.—Adam Yarmolynsky. de padres judíos-comunistas, es funcionario del Departamento de Defensa y asistente especial del Secretario McNamara.—Dr. Eugene Shirona Fubini, judío emigrado de Italia en 1939, fue nombrado por Kennedy jefe civil de la supersecreta Agencia Nacional de Seguridad, que opera las comunicaciones de inteligencia del Gobierno, incluso la comunicación directa entre la Casa Blanca y el Kremlin.—Abb Schwarts, jefe de la Oficina de Asuntos Consulares y de Seguridad, y así por el estilo se hallan cubiertas otras muchas dependencias clave del gobierno americano. (El movimiento procomunista había asegurado su influencia con Kennedy y por eso votó por él).

Johon Fitzgeral Kennedy
Asesinato de Kennedy.

Una poderosa propaganda internacional ha pretendido enturbiar y poner en duda hechos fundamentales del asesinato de Kennedy. Tales hechos se relatan a continuación:

Lee Harvey Oswald tuvo mala conducta en la marina americana y adquirió gran habilidad como tirador.

En 1959 se fue a Moscú y se presentó en la embajada americana a renunciar a su ciudadanía. "Afirmo que mi lealtad es para la URSS", dijo. En noviembre de ese año le declaró al corresponsal italiano de "L'Unitá": "Estoy decidido a quedarme aquí para siempre... Sí, es cierto. Yo soy el marxista más joven de los Estados Unidos'. (Tenía entonces 20 años).

Oswald se radicó en Minsk, con un buen sueldo como "perito electricista", facultad que no se le conocía en su país. No se sabe si asistió a la escuela de espionaje y sabotaje de ese lugar. Se casó con Marina, hija de un coronel del espionaje soviético. Después de tres años gestionó su regreso a Estados Unidos. El embajador Llewelyn Thompson y Abraham Chayes (funcionarios ambos del Departamento de Estado), le facilitaron el viaje, alegando que la renuncia de Oswald a su nacionalidad no se había firmado ante un funcionario consular.

También permitieron el viaje de su esposa, Marina, aunque lo prohibía el artículo 212-A de la Ley de Inmigración. De regreso en Estados Unidos, Oswald se afilió en Nueva Orleans a la agrupación castro-comunista "Trato Equitativo Para Cuba". Distribuyó propaganda y habló en favor de Castro.

El 10 de abril (1963) Oswald trató de matar al general Edwin A. Wallker, líder anticomunista, pero falló por milímetros. Así se lo refirió a su esposa Marina. Cuando ya la policía tenía algunas pistas que podían llevarla a la captura de Oswaíd, el Procurador de Justicia, Robert Kennedy (hermano del Presidente) ordenó que cesara la investigación. Oswald se salvó y siguió practicando el tiro rápido, a 90 metros.

En septiembre se supo que el Presidente Kennedy iría a Dallas en noviembre, en su campaña para reelegirse. Del 26 de septiembre al 3 de octubre Oswald hizo un rápido viaje a México, acompañado por dos individuos, uno de los cuales se fue a Cuba. La F.B.I. supone que Oswald estaba preparando una posible ruta de escape.

De regreso en Dallas, Oswald logró que la señora Paine, profesora de ruso, lo recomendara para obtener trabajo en un edificio de depósito de libros. En un plano trazó una línea entre dicho edificio y el lugar más próximo del recorrido de Kennedy.

El 22 de noviembre un vecino vio a Oswald con una caja de cartón (del tamaño de un rifle), y aquél le dijo que la caja contenía cortinas. Horas más tarde el Presidente Kennedy caía herido mortalmente de dos tiros y el gobernador Connaly herido de uno. Oswald fue visto en el almacén de libros (de donde se hicieron los disparos) antes y después del atentado.

Cuando la policía cercó y cerró el edificio ya Oswald había escapado. Era el único empleado que faltaba. Sus señas fueron radiadas a todas las patrullas policíacas. Oswald se había ido a su casa a cambiarse de ropa. Momentos después salió. Un radiopatrullero, Tippit, lo divisó a corta distancia, tuvo ciertas sospechas dadas las señas que habían sido radiadas, y llamó a Oswald para interrogarlo, pero éste sacó rápidamente su pistola y lo mató. Hubo tres testigos. Oswald estaba ya fuera de control. Huyó y entró en un cine, donde nerviosamente comenzó a cambiarse de asiento. Atrajo sospechas nuevamente y acudió la policía. Oswald volvió a sacar su pistola, pero se le encasquilló, la arrojó contra un policía y pretendió huir, pero recibió un puñetazo en la cara y quedó detenido. "Ahora todo ha terminado"... exclamó en ese instante.

A continuación la policía criminalista acumuló los siguientes indicios: Oswald tenía pólvora en las manos; sus huellas digitales estaban en el rifle del magnicidio; había hilos de su camisa en el mismo rifle; las balas expansivas que mataron a Kennedy correspondían a los casquillos vacíos del rifle; éste había sido comprado por Oswald en marzo. Oswald admitió haber estado en Rusia. Primero negó el magnicidio y después dijo que hubiera querido matar al gobernador Connaly porque lo había expulsado de la marina. Pidió que lo defendiera el abogado John Abt, antiguamente relacionado con el caso del traidor comunista Alger Hiss.

Minutos después de muerto Kennedy, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Earl Warren, dijo que probablemente el asesino era "un extremista de derecha". La prensa soviética decía exactamente lo mismo. Varios periódicos y radiodifusoras de Estados Unidos empezaron a promover una ola de indignación contra los "derechistas" y los "racistas", denominaciones que abarcaban a todos los organismos anticomunistas.

Al saberse que Oswald era el culpable y conocerse sus antecedentes (tres horas después de muerto Kennedy) la naciente ola antiderechista se disipó y comenzó a formarse una terrible indignación anticomunista. Entonces el Departamento de Estado americano se apresuró a decir —antes de que pudiera realizarse ninguna investigación— que seguramente Oswald no tenía nexos con la URSS, ni con China roja, ni con Castro Ruz. Pero Oswald era símbolo del comunismo internacional y por minutos iba creciendo la indignación del pueblo americano. En ese crítico momento apareció Jack Ruby y mató a Oswald, apenas 36 horas después de que éste había sido detenido.

La "Tass", agencia soviética de informaciones, y todos los diarios de la URSS lanzaron un suspiro de alivio con las siguientes palabras: "El misterioso asesinato de Lee Oswald cortó de raíz la histeria anticomunista, antisoviética y anticubana que intentó desencadenar la prensa populachera". (Moscú, 25 de Nov.).

En ese momento el Presideate Johnson ordenó que todas las investigaciones quedaran en manos de una comisión encabezada por Earl Warren, presidente de la Suprema Corte de Justicia. Este recogió todo lo actuado por seis organismos investigadores y dijo que creía que no había cómplices en el magnicidio.

Warren no ha disfrutado de la simpatía de muchos sectores americanos porque como presidente de la Corte se opuso a que las actividades comunistas fueran consideradas subversión contra la sociedad, porque en nombre de la separación de la Iglesia y el Estado votó para que se prohibiera rezar en las escuelas norteamericanas, porque restringió subsidios a colegios católicos y porque en nombre de la libertad votó en favor de que se permitiera la edición y circulación de tres revistas para invertidos sexuales. Sin embargo, Warren quedó como máximo jefe del esclarecimiento del caso Kennedy-Oswald-Ruby y su fallo final fue que Oswald actuó solo, por su cuenta y riesgo, y que no tuvo cómplices ni ayuda de nadie.

Respecto a Ruby, la policía estableció claramente los siguientes hechos: nació en Chicago, hijo de judíos emigrados de Rusia a Estados Unidos, a principios de siglo. Su nombre verdadero es Jacob León Rubinstein, que en 1947 "americanizó" como Jack Ruby. Fue activo comerciante de mercancías robadas y se vinculó en Chicago con el hampa.

Según la Comisión de Actividades Antinorteamericanas, del ex senador Martin Dies, Rubinstein actuó en la Liga de Jóvenes Comunistas. Era admirador de Roosevelt. Se radicó en Dallas, donde estableció dos centros de vicio. Tuvo antecedentes penales y seis veces fue detenido. Horas después de que Kennedy moría y Oswald era capturado, Rubinstein fue a orar a una sinagoga, según declaró su hermana Grant. Al parecer ya planeaba acallar a Oswald.

Hay presunciones de que Oswald se dirigía a casa de Rubinstein cuando el policía Tippit trató de detenerlo; mató a éste y se desvió para esconderse en un cine. Se cree que Oswald contaba con que Rubinstein le facilitara una avioneta para huir a Cuba, vía México, por la ruta de probable escape que ya había recorrido días antes.

Earl Warren es famoso en Estados Unidos como discípulo del rabino Louis Finkelstein y ha recibido títulos y honores del Seminario Teológico Judío.

Al quedar las investigaciones oficiales centralizadas y silenciadas en las manos de Earl Warren, los organismos nacionalistas y anticomunistas americanos prosiguieron pesquisas por su propia cuenta y poco después dieron a la publicidad los siguientes puntos:

1o. En el plebiscito del Partido Demócrata los procomunistas rooseveltianos más radicales querían postular para la Presidencia a Lyndon Baines Johnson, pero dudaron de que pudiera vencer a Nixon y transaron en postular a Kennedy, quien presentaba más posibilidades de victoria, pero especificando que en política internacional seguiría el consejo de Stevenson, Rostow, Schlesinger, Yarmolinski y otros asesores.

2o. Kennedy llegó a la presidencia por un pequeñísimo margen y en política internacional siguió las normas de sus consejeros rooseveltíanos, pero en tres años de poder fue cobrando confianza en sí mismo y quiso reelegirse. El grupo rooseveltiano le dijo que ya había perdido partidarios y que no debería intentarlo, pero él insistió, pensó en derrocar al castrismo para recuperar popularidad en vísperas de las elecciones y se lanzó a su campaña electoral, ya en desacuerdo con muchos de quienes lo habían apoyado inicialmente.

3o. Entonces Kennedy fue asesinado. Oswald sí tuvo cómplices, quienes proyectaban hacerlo llegar a la URSS, con la intención de achacar el magnicidio a la "extrema derecha", levantar una ola de sicosis y apoyándose en ese clima liquidar a todas las organizaciones anticomunistas de Estados Unidos, como la John Birch Society, la Cruzada Nacionalista y otras más.

4o. Ese tercer punto empezó a ser puesto en acción cuando al morir Kennedy comenzó difundirse —sin ninguna base— que los "derechistas" y "racistas" eran los culpables, cosa que se vino abajo con la captura providencial de Oswald, tres horas después del atentado, y su plena identificación como comunista. Para achacar a los "derechistas" el crimen, el día que Kennedy llegaba a Dallas se publicó una página en que se le hacían graves cargos, aparentemente redactada y pagada por los "derechistas", pero era una pista prefabricada. Luego se aclaró que esa página había sido pagada por un individuo llamado Bernard Weissman, recién llegado a Dallas, que después del crimen desapareció sin dejar rastro.

5o. Toda la segunda parte del plan se frustró al caer preso Oswald. La acción del policía Tippit y su muerte fueron la ruptura de un engranaje vital en una maquinaria que iba funcionando maravillosamente. A partir de ese momento Oswald era una pista y un símbolo. El propio Rubinstein se hallaba en peligro y al hacer enmudecer a Oswald —ya titubeante y con su sistema nervioso alterado— garantizó con su propio fanatismo que ningún secreto más del terrible asunto sería ya revelado.

Una fortuna fue puesta luego secretamente al servicio de Rubinstein para montarle costosa defensa. Como actuó con premeditación, alevosía y ventaja, fue condenado a muerte, pero se movieron influencias y el proceso se echó abajo, para iniciar uno nuevo. A fines de 1966 el nuevo proceso no se iniciaba aún porque Rubinstein se hallaba enfermo.

Con evidente adhesión personal, el nuevo Presidente Johnson se acogió desde fines de 1963 a la política internacional del grupo rooseveltiano que presionaba a Kennedy. Johnson fue hijo de Samuel Ealy (Elias) Johnson y de Rebekah Baines Johnson, comerciantes viajeros en ropa después de la guerra civil.

Durante la campaña presidencial de Kennedy, el poderoso líder obrero David Dubinslci logró que Johnson fuera incluido como vicepresidente. En las elecciones de 1964 Johnson ganó mediante el apoyo de todos los dirigentes judíos obreros y del grupo rooseveltiano. Su opositor Barry Morris Goldwater representó al sector conservador y a los grupos categóricamente antimarxistas. Goldwater es nieto de judíos (Gold-wasser) que dejaron a su comunidad y se pasaron a la Iglesia Episcopal Cristiana. En la campaña electoral fue rudamente combatido por todas las organizaciones judías de Estados Unidos y constantemente censurado por el comunismo internacional. Ya como presidente de elección, Johnson ha continuado con el mismo grupo rooseveltiano, el cual insiste en desquiciar a los grupos anticomunistas norteamericanos.

Habiéndole fallado el golpe durante él asesinato de Kennedy, ahora planea una amañada acción contra los "grupos extremistas", mediante sistemas de "inspección psicológica" que incluyen la grafología, el narcoanálisis y la hipnosis, hasta llegar al internamiento en sanatorios especiales. Se pretende iniciar esta campaña con el sector más desprestigiado, como el Ku-Klux-Klan, hasta llegar a los más serios organismos anticomunistas.

Por otra parte, aunque la influencia de los cómplices del marxismo es muy grande dentro de la maquinaria política y económica de Estados Unidos, sin embargo SU DOMINIO NO ES TOTAL, pues tropiezan con creciente resistencia en el Ejército, la Marina, la Aviación, el Senado, el FBI y una nueva opinión pública norteamericana que está tomando conciencia de que se le ha venido traicionando.

Hablando en el Pentágono (Secretaría de la Defensa) con motivo del viernes santo (abril 15 de 1960) el cardenal Spellman dijo: "Si los norteamericanos son débiles y carecen de resolución, si seguimos dando pruebas de flojedad con los norteamericanos indignos del honor de ser ciudadanos de esta nación bendita, si no nos esforzamos en eliminar a los comunistas infiltrados en el gobierno norteamericano, en las fábricas de defensa nacional, en las instituciones escolares e incluso en el ejército de los Estados Unidos; s! seguimos así, llegará el día en que nuestro país, tan rico y bello, será saboteado y no solamente por enemigos procedentes del exterior sino con la colaboración de individuos con cuchillo de dos filos que pretenden ser ahora patriotas norteamericanos... Si nuestro sistema de vida perece, la libertad perecerá en todas partes".

Tal infiltración no es superficial ni reciente. Trae siglos de acelerada inercia y tiene viejas y sólidas raigambres. El escritor Julio Icaza Tijerino ("Sociología de la Política Hispanoamericana") afirma que desde la época de la colonización inglesa de los Estados Unidos una rama del protestantismo se hallaba estrechamente identificada con el movimiento político-israelita.

El investigador Wirsing señala los puntos de contacto entre el puritanismo británico y el judaismo. "La parte más influyente de la alta clase social inglesa —dice Wirsing— se ha considerado ya a través de todo el pasado siglo como sucesora directa del pueblo elegido".

Una afirmación muy semejante es hecha por Max Weber en la documentada obra "Sociología de las Religiones". Por eso no es tan sorprendente que el gobierno inglés —que se negó a recibir a Goering para hablar de paz en vísperas de la guerra— recibiera y agasajara a Krushchev el 24 de abril de 1956, mientras millares de refugiados de media Europa comunizada protestaban airadamente. El arzobispo Joseph Gavalian, visitante apostólico de los polacos perseguidos, sintetizaba esa negra situación con las siguientes palabras: "¿»Qué está haciendo el Occidente para poner fin a esta vil persecución? ... ¡Nada!" La política de Churchill sigue rigiendo en Inglaterra, y Churchill dijo el 28 de febrero de 1945 que "los jefes soviéticos son hombres honorables y dignos de confianza".

Icaza Tiferino afirma que un grupo de puritanos ingleses, imbuidos en la idea de ser sucesores del "pueblo elegido" (judíos) se infiltraron en la vida pública norteamericana desde la época de la colonia. En cierta forma esto lo confirmó el propio Presidente Eisenhower en 1954, cuando se reunió en Nueva York con centenares de israelitas y dijo: "Nos hemos reunido, mis amigos, en conmemoración de un momento inspirado de la historia: hace trescientos años, un pequeño grupo de judíos llegó en el barco St. Charles a lo que entonces era colonia holandesa de Nueva Amsterdam. Fue un acontecimiento lleno de significación, no sólo para los judíos de Norteamérica, sino para todos los norteamericanos... De todos los conceptos religiosos, esta fe en el valor infinito del individuo es, sin duda alguna, lo más importante. Sobre esta creencia, nuestros antepasados forjaron la estructura de esta República... Ascher Levy y su gente llegaron a esta tierra hace mucho tiempo, pues aun entonces tuvieron que buscar un país donde se les permitiera practicar su fe en la dignidad del hombre".

Pero acerca de todo esto es importantísimo diferenciar que el pueblo norteamericano, por una parte, y la influencia político-judía por la otra, forman dos entidades que aunque vivan juntas son esencialmente diferentes. El norteamericano es generoso y sencillo. Ambiciona el bienestar, pero no a costa de nadie, y se halla libre de complejos ancestrales de odio y de venganza. Los síntomas que en contrario aparecen en la política internacional de su país no son imputables al norteamericano auténtico, sino a los líderes hebreos. Cuando le decían a Forrestal que si los demócratas no cooperaban con los judíos perderían las elecciones en los Estados de Nueva York, Pennsylvania y California, repuso muy significativamente que había que prestarle atención "al problema de sí podríamos o no perder también a los Estados Unidos".

Ciento cincuenta y seis años antes algo semejante había temido Benjamín Franklin, quien en vísperas de la Convención Constitucional celebrada en Filadelfiá, en 1787, hizo la siguiente excitativa a sus partidarios: "En cualquier país donde los judíos se han establecido en grandes núcleos, han rebajado la moral de éste, despreciado su integridad comercial y se han segregado ellos mismos para no ser asimilados; han vilipendiado y tratado de minar la religión cristiana, han levantado un Estado dentro de otro Estado y han tratado de estrangularlo y llevarlo a una muerte financiera. "Si no los excluyen de la Constitución de los Estados Unidos, en menos de doscientos años ellos habrán aumentado en tal número que nos dominarán, devorarán la tierra y cambiarán nuestra forma de gobierno. "Si no los excluyen, en menos de doscientos años nuestros descendientes estarán trabajando en los campos para suministrarles su subsistencia, en tanto que ellos estarán en los Bancos haciéndose más ricos. Yo les advierto, caballeros, que si no excluyen a los judíos para siempre, sus hijos los culparán a ustedes hasta sus tumbas. Los judíos, caballeros, son asiáticos y nunca serán de otra manera".

A 180 años de distancia los temores de Benjamín Franklin parecen bastante más reales. Si en su época había pocos testimonios de prueba, una historia sangrienta y dolorosa los ha venido haciendo cada día más verosímiles. Insensiblemente el pueblo norteamericano va convirtiéndose en prisionero de sus propios huéspedes. Y en la época actual decir Estados Unidos es decir Occidente...


Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Borrego Salvador. Derrota Mundial, p.566.
- www.lagazeta.com.ar

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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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