El pretendido nuevo Agente Consular
Fracasadas las misiones que pretendían la renuncia por parte de la Confederación a la soberanía de sus ríos interiores, el 15 de julio de 1848, el gobierno de Buenos Aires dio nuevo vigor al decreto del 27 de agosto de 1845, prohibiendo toda comunicación con los buques de guerra ingleses y franceses. Es en estas circunstancias que en que llega a Buenos Aires Mr. Martín Hood, que presenta sus credenciales como nuevo agente consular de Inglaterra ante la Confederación.
El pretendido nuevo agente consular Martín Hood desembarca a mediados de año en Buenos Aires como si nada hubiese ocurrido, y presenta su patente de cónsul, con la misma impavidez con que Palmerston escribía a Southern el 29 de junio de 1848, sobre la tarea cumplir en el restablecimiento de las relaciones anglo argentinas después del presumible éxito de Gore y Gros para arreglarse con el presidente uruguayo dejando a Rosas de lado, cuando en realidad aquella misión habla fracasado. El joven funcionario consular creía que el agravio recién inferido al jefe supremo de la Confederación Argentina por orden del titular del Foreign Office no sería óbice para que en la gran capital del Plata se lo recibiera con los brazos abiertos. La lucha con guantes blancos que hasta entonces habíase llevado con los europeos, lo autorizaba tal vez a robustecer su creencia, basada en el orgullo británico, de que un inglés, hiciera lo que hiciese, sería bien recibido en todas partes, incluso allí donde hubiese inferido las mayores ofensas. El hecho mismo de su desembarco después de la impertinente nota de Gore a Felípe Arana, del 16 de junio anterior, le permitía pensar que en cuanto presentara su credencial, le darían el exequatur. Pero no tuvo suerte.
La dignidad nacional.
Al otro día de esta nota a los comisionados Gore-Gros, Arana contestaba al Mr. Hood, que deseaba acreditarse como cónsul de S. M. B. en Buenos Aires:
El infrascripto ha puesto en conocimiento del Excmo. Sr. Gobernador la nota de V. S. fecha 6 del corriente...
Impuesto de ella el Exmo. Sr. Gobernador ha ordenado al infrascripto contestar a V. S. lo siguiente:
Grato habría sido al Gobierno de la Confederación conceder el exequatur a la patente que acredita a V. E. en el carácter de Cónsul de S. M. B. en la República. Pero siente que la situación actual de esta, con relación al Gobierno de S. M. B. no le permita llenar sus deseos, teniendo, como tiene que atender primordialmente a las exigencias de la dignidad nacional.
V. S. sabe que las diferencias entre las Repúblicas del Plata, la Inglaterra y la Francia, provenientes de la injusta intervención Anglo Francesa, se hallan aún subsistentes, sin haberse dado a aquellas satisfacción y reparaciones por las inmerecidas ofensas que les ha inferido.
El infrascripto, al devolver a V. S. la patente, se place en asegurarle que la enunciada resolución del Gobierno, en nada afecta a la apreciable persona de V. S., porque ella sólo es la consecuencia natural de la situación expresada.
Dios guarde a V. S. muchos años.
Felipe Arara
El agente consular rechazado acusa recibo a Arana de su determinación, y aunque lamentando lo ocurrido, pide sus pasaportes. En un primer momento el ministro argentino le dice que por inconvenientes oficinescos, no se los mandará enseguida; pero se los hace llegar en el mismo día.
Simultáneamente el gobierno argentino escribió a su agente en Londres la siguiente explicación del incidente:
¡Viva la Confederación Argentina! i Mueran los salvajes unitarios!
El Ministro de R. Exteriores
Buenos Aires, Julio 16 de 1848.
Año 39 de la Libertad, 33 de la Independencia y 19 de la Confederación Argentina.
Al Exmo Sr. Ministro Plenipotenciario de La Confederación Argentina cerca del Gobierno de S. M. B.
El infrascripto, por orden del Exmo. Sr. Gobernador, adjunta copia autorizada de la nota (a D. Martín Hood).
Por dicha correspondencia vendrá V.E. en conocimiento que este Gobierno, en consideración al actual estado en que se hallan las cuestiones de las Repúblicas del Plata, a consecuencia de la injusta intervención Anglo Francesa, no le ha sido posible conceder el exequatur a la patente.
El Gobierno del infrascripto no puede proceder de otro modo en el actual estado de las cosas. Notorios e inequívocos son sus deseos por el restablecimiento de las buenas relaciones entre ambos países. Le habría sido grato admitir al Sr. Hood de Cónsul de S. M. Las dignas cualidades que lo adornan, y las consideraciones especiales a que se hizo acreedor el Caballero D. Tomás Samuel Hood, en la misión de que fué encargado para la pacificación del Plata, recomiendan honorablemente su persona. Pero las exigencias de la dignidad y honor nacional pugnan con los deseos de este Gobierno. La concesión del exequatur a la patente, sería inconciliable con ellas, y muy inconveniente en el estado en que se hallan las relaciones de ambos gobiernos, cuya ruptura ha tenido lugar por los hechos y resoluciones del de S.M.B. al asumir en unión del Gobierno de Francia, una injustificable intervención armada contra las Repúblicas del Plata; habiendo por consecuencia de esa misma intervención, el Exmo. Sr. Ministro Plenipotenciario de S. M. B., Caballero Gore Ouseley, y el cónsul General Británico en esta ciudad, solicitado los pasaportes.
La intervención Anglo Francesa, y los actos hostiles que ella ha ejercido en ambas riberas del Plata, aun existen sin satisfacción ni reparaciones. Si las fuerzas navales de S. M. B. desde el año anterior han levantado el bloqueo que habían puesto en sus costas, la misión de los Exmos. Señores Ministros, Caballeros Roberto Gore, y Barón Gros, tan ofensiva de parte de los Gobiernos de Francia e Inglaterra a los de estas Repúblicas, en su forma, en sus términos, y en su objeto, ha proseguido la intervención reagravando las ofensas inferidas a estas Repúblicas. Y así se halla aun sin arreglarse la convención pública solemne de paz sobre las basas Hood, y modificaciones con que la admitieron los Gobiernos de las Repúblicas del Plata, acordadas para restablecer las relaciones de amistad.
En tal estado, el Exmo. Sr. Gobernador ordena a V. E. que en una nota oficial al Exmo. Sr. Ministro de Negocios Extrangeros de S. M. le haga presente estas observaciones, en que funda el Gobierno Argentino el aplazamiento que le ha sido sensible, pero indispensable hacer, del reconocimiento del Sr. Hood como Cónsul de S. M. B. en la Confederación.
Dios guarde a V. E. muchos años.
Felipe Arana
El reconocimiento unitario
Por diplomática que fuera la explicación del incidente, no podía dejar de producir estupor entre los observadores políticos. Inglaterra no solía tolerar desaires de esa especie. Uno de los primeros comentarios rioplatenses fue el de Herrera y Obes, en carta a Lamas, del 22 de julio de 1848, al anunciar la llegada del agente británico rechazado de Buenos Aires:
"Hood vino en el Harpy con su familia. Rosas, como Vd. se hará cargo, no lo quiso recibir, mientras no reciba satisfacciones... Sus reclamaciones reducidas a dinero, importan más de cinco millones de duros, sin contar las exigencias que ha deducido recientemente por el guano, que se ha extraído violentamente de las costas del sur, que pertenecen a la Confederación. Entre las satisfacciones que pide está la devolución de las Malvinas, para las que el gobierno inglés acaba de mandar un gobernador, que ha estado en esta ciudad. Esto lo tengo casi directamente del mismo Hood. ¿Qué cree Vd. que hará la Inglaterra? El caso es un poco apurado... yo no he podido menos que gozar sinceramente al ver tan merecida humillación puesta en práctica con tanta audacia como desprecio". (Herrera y Obes. Correspondencia.t.I.ps.165-168)
Fuentes:
- Irazusta, Julio. Vida política de Juan Manuel de Rosas.t.VII.ps.197-202
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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