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EL CABO, LOS GENERALES Y LOS INFILTRADOS (Segunda Guerra Mundial)
                          

Adolfo Hitler    
Adolfo Hitler


(01)
El trabajo de la infiltracion
(02) La puerta abierta
(03) La puerta cerrada
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.



El trabajo de la infiltracion

Al iniciarse la campaña de Polonia muchos generales y oficiales alemanes en retiro fueron llamados al servicio. Entre ellos, el general Ritter von Leeb, adversario de Hitler, y el general Hammerstein, ex jefe del ejército, apodado el "general rojo" porque era simpatizador de la URSS. Había sido oculto cómplice del general Schleicher, muerto por la Gestapo.

El general Hammerstein recibió el comando de un Cuerpo de Ejército en el Rhin e inmediatamente planeó invitar a Hitler a que visitara a las tropas con la intención de capturarlo. El oficial de Estado Mayor Fabián Von Schlabrendorff se apresuró a poner a los ingleses al tanto de lo que se planeaba y lo refiere de la siguiente manera:

"Al estallar la guerra mi tarea fue informar a los ingleses del plan de Hammerstein. La Embajada Inglesa había sido abandonada ya, pero logré alcanzar a Sir George Ogilvy Forbes, consejero de la embajada y entregarle mi mensaje. El plan de Hammerstein no se realizo. Hitler, que poseía un verdadero instinto misterioso para el peligro personal, canceló de pronto su visita al cuartel general de Hammerstein y poco después ordenó un cambio en el mando: Hammerstein sé encontró una vez más retirado".

Otro ex jefe del Ejército, el general Werner Von Fritsch (quien había sido partidario de un acercamiento con el Kremlin y al que la Gestapo puso en entredicho, aunque luego fue rehabilitado por Hitler), pidió participar de la campaña de Polonia, como comandante de un regimiento. Marchaba tan adelante en un sector expuesto al fuego enemigo, que sus allegados creen que buscaba la muerte, tal vez decepcionado por el fracaso de su carrera. En el cerco de Varsovia cayó herido y murió minutos después. En otro tiempo Von Fritsch había coincidido parcialmente con los infiltrados y participado en los planes para derrocar a Hitler, pero en la campaña de Polonia se concretó a combatir. Entretanto, los infiltrados se hallaban en otros sitios más elevados y más seguros.

Cuando la guerra con Polonia estaba evidentemente ganada, el 19 de septiembre, Hitler habló públicamente en Danzig para hacer un llamado de paz a Inglaterra y Francia. "Yo no tengo ninguna intención agresiva respecto a Inglaterra y Francia. Mis simpatías están con el soldado francés que no sabe muy bien por qué debe combatir". A continuación daba gracias a Dios por la victoria de Polonia y le pedía que hiciera "comprender a los demás pueblos cuán inútil sería esta guerra".

La prensa anglofrancesa contestó diciendo que Alemania sería derrotada y el hitlerismo aniquilado.

Heinrich Himmler    
Jefe de la Gestapo    
Heinrich Himmler

Al mes siguiente, ya terminada la guerra en Polonia, Hitler volvió a hablar, esta vez en el Reichstag (8 de octubre de 1939) y reiteró su ofrecimiento de paz haciendo notar que no existía ningún motivo de guerra entre Alemania, por una parte, y Francia y la Gran Bretaña por la otra.

Alemania no les pedía nada. "Siempre he expresado a Francia mi deseo de enterrar para siempre nuestra vieja enemistad y aproximar a estas dos naciones No he consagrado menor esfuerzo a la realización de un entendimiento angloalemán, mejor dicho, de algo más: de una amistad anglo-alemana. En ningún caso y en ningún lugar he actuado contra los intereses británicos. . .incluso hoy creo que no puede haber auténtica paz en Europa y en el mundo entero más que si Alemania e Inglaterra llegan a un entendimiento. "Si realmente esta guerra debe ser emprendida tan sólo para dar a Alemania un nuevo régimen. . . entonces, millones de vidas humanas serán sacrificadas en vano. No, esta guerra en el Oeste no puede resolver ningún problema. . . "Una cosa es cierta. En el curso de la historia del mundo no ha habido jamás dos vencedores, pero sí muy a menudo sólo perdedores. Que los pueblos y sus dirigentes que comparten esta opinión den ahora su respuesta. Y que los que consideren la guerra como la mejor solución, rechacen mi mano tendida".

Corno marco de ese ofrecimiento, toda la prensa alemana hablaba de paz. Pero casi toda la prensa inglesa, francesa y americana, sujeta a cierta orientación, contestaba ridiculizando las palabras de Hitler. Entonces nadie chistaba en Occidente en pro de la paz.

Dos días más tarde (10 de octubre) Hitler volvió a hablar, en el Palacio de los Deportes, e insistió en su deseo de llegar a un arreglo. "Alemania -dijo- no tiene ninguna razón para hacer la guerra a las potencias occidentales". No existía ningún motivo de fricción entre Inglaterra, Francia y Alemania.

Al día siguiente la prensa alemana seguía hablando de paz y en Berlín hubo rumores de que se iban a iniciar negociaciones. El júbilo era indescriptible. Pero 24 horas después Londres rechazaba despectivamente las propuestas de Hitler. No dejaba ni la más estrecha hendidura para negociar. La prensa inglesa y la prensa francesa (en realidad grandes trusts) azuzaban contra Alemania.

En esas circunstancias, Hitler le dijo al jefe del Estado Mayor General, Franz Halder, que el gobierno inglés no discutiría de paz hasta que fuera derrotado. También les hizo ver a varios generales que habiendo eliminado el frente polaco, Alemania tenía por el momento sólo el frente occidental de los ejércitos francés y británico, Pero que esa situación era temporal. Que en Rusia no se podía confiar. Y que era urgente aprovechar el tiempo. Por tanto, había hecho un esbozo para una futura ofensiva sobre Francia.

Diversos estrategos, incluso británicos, coinciden en que "el cabo" Hitler tuvo una brillante visión estratégica al trazar los principios básicos para la guerra en el frente occidental. Hitler decía que debería evitarse la lucha de trincheras; que las formaciones blindadas deberían ser concentradas y lanzadas hacia la retaguardia del enemigo, en guerra de movimientos; que no deberían perderse en el laberinto de las ciudades, y que el golpe principal debería descargarse a través de Luxemburgo y Bélgica,

Con base en esos lineamientos, Hitler pidió a los jefes del Ejército que prepararan los planes para iniciar la ofensiva lo antes posible.

La Infiltración hizo entonces un nuevo esfuerzo para derrocar a Hitler, lo cual en aquellas circunstancias crearía un caos dentro de Alemania.

El caos lo capitalizaría la URSS.

El general Ludwig Beck (retirado), el general Witzleben (con mando de fuerzas), el Dr. Goerdeler (coordinador de los conjurados), el Dr. Schachf (miembro del Gabinete), así como otros varios en puestos clave, trazaron un nuevo plan para dar el golpe.

Como por sí mismos, no tenían el poder suficiente, concentraron sus esfuerzos en ganarse, parcialmente, al general Brauchitsch, jefe del Ejército, y al general Franz Halder, jefe del Estado Mayor General. Dado que estos dos jefes no eran infiltrados, se intentó seducirlos con variados sofismas. Se les exageraban las fuerzas del enemigo y las debilidades propias.

Alimirante Canaris    
Jefe del contraespionaje alemñán    

Almirante Canaris

En esta tarea de engaño participaba muy eficazmente el almirante Canaris, jefe del Servicio de Contraespionaje, quien por su alto puesto gozaba de particular crédito. Se pintaba un cuadro de derrota inminente, de imposibilidad absoluta de vencer a Francia. Se hablaba de la no peligrosidad del comunismo, de la conveniencia de llevar buenas relaciones con Moscú, etc. Todo dependía de que Hitler fuera eliminado y de que Alemania cambiara su doctrina política: entonces podría vivir próspera y feliz.

Halder y Brauchitsch se habían entusiasmado al ver el triunfo en Polonia (que también se había juzgado imposible), pero volvieron a tornarse escépticos, temerosos, bajo la guerra de nervios a que eran sometidos. Y el cuartel del Estado Mayor General en Zossen cerca de Berlín, se convirtió en un centro de conspiración.

Brauchitsch y Halder accedieron a participar en el golpe, aunque titubeaban. Halder alegaba que no había ninguna unidad del Ejército en que pudiera confiar para lanzarla contra Hitler, y en eso tenía sobrada razón.

Pero la infiltración apremiaba.

A principios de noviembre se inició el traslado de tropas de Polonia hacía el Rhin, para la ofensiva sobre Francia. El general Witzleben decía que podría disponer de algunas unidades para desviarlas hacía Berlín y capturar a Hitler. Halder aceptó quo en el Estado Mayor General se preparara el golpe. Con este objeto se formó una Plana Mayor especial bajo el teniente coronel Roehricht, jefe de la sección de construcción del propio Estado Mayor, y del teniente Grosscurth. El general Stuelpnagel, cuartelmaestre superior, ayudaba en esos trabajos, lo mismo que el general Oster, jefe de la Plana Mayo del Departamento de Contraespionaje, quien era uno de los más activos miembros del Movimiento de Infiltración.

Se previó que inmediatamente después del golpe el general Ludwiq Beck tomara el mando del Ejército. Fueron informados el Dr. Goedeler, coordinador de la infiltración, así como el .general Thomas, jefe del Departamento de Economía Militar, y el general Olbricht, jefe del Departamento General del Ejército. También Londres fue informado de estos preparativos.

Cuando ya el plan estaba casi terminado, el general Halder dijo que había preparado un memorándum que Brauchitsch (jefe del Ejército) le llevaría a Hitler el día 12 de noviembre, para disuadirlo de atacar a Francia, y que sí no se lograba esto, entonces daría el golpe. Halder temía la derrota de Alemania y este sentimiento era cultivado y aprovechado por la Infiltración.

Dr. Carl Friedrich Goerdeler    
Coordinador de los infiltrados    

Dr. Goerdeler

El 12 de noviembre el general Brauchiisch fue a hablar con Hitler para convencerlo de que no atacara. Llevaba el memorándum de Halder y cifras amañadas sobre la escasez de municiones, pero Hitler le dijo de memoria cuáles eran las correctas. Brauchitsch alegó que había mal tiempo. Hitler le repuso que el tiempo sería malo para los dos bandos. Brauchitsch agregó que la moral de la tropa no era buena, que ocurrían deserciones y actos de indisciplina. Hitler lo conminó a concretar dónde y cuándo; él mismo iría a ver lo que ocurría. Brauchitsch se batió en retirada, con evasivas, y Hitler le echó en cara que los más altos jefes no querían combatir, que tenían miedo.

"La guerra -dijo- siempre ha terminado con la destrucción del enemigo. Todo aquel que crea lo contrario es un irresponsable. . . El tiempo trabaja en favor de nuestros adversarios. . . ¿Qué clase de generales son estos a los que hay qué empujar a la guerra en lugar de ser ellos los que lleven la iniciativa? . . . ¿Qué papel puede jugar un país dirigido por esa clase de gente que lo pesa y lo analiza todo? No es posible forjar historia con gente así. Me hacen falta seres rudos, valientes, dispuestos a ir hasta el fin de sus ideas, pase lo que pase. La tenacidad es simplemente cuestión de carácter". . .

Brauchitsch, general de larga preparación académica, se sintió desconcertado y turbado ante aquel Cabo que mostraba tanto arrojo y tanta fe en la victoria. Y regresó deprimido, titubeante, al cuartel del Estado Mayor General. Halder refirió que Brauchitsch ni siquiera pudo de momento hacer una exposición coherente de lo que había ocurrido. La cuestión es que Brauchitsch no se sentía ya con ánimos de participar en el golpe, y Halder (el jefe del Estado Mayor) decía que sí Brauchitsch no daba la orden, él no podía asumir la responsabilidad de hacerlo por sí mismo.

Sin saberlo, Hitler había roto en aquel momento el engranaje principal de la conjura que estaba a un paso de derribarlo.

Los infiltrados estaban furiosos contra los generales Halder y Brauchitsch, que no eran de su círculo, pero a los cuales habían empujado hasta el borde de la acción. El Dr. Goerdeler insistió, pero ellos hablaron de que el país estaba en guerra y aludieron a su juramento a la bandera. Inútilmente Goerdeler trató de convencerlos de que esos pensamientos "carecían de sentido".

El general Thomas, jefe del Departamento de Economía de Guerra, no movilizaba todos los recursos disponibles para el Ejército. En vez de eso quería ampliar las ramas de la conjura y trató de conectar al general Keitel, jefe del Alto Mando, con el Dr. Goerdeler, pero Keitel consideró que eso era perder el tiempo y se negó.

Rudolf Roessler    
El espia en Suiza    

Dr. Roessler

Entretanto, el diplomático Hassell iba a Suiza a informarle a un agente inglés el curso de la conspiración. Otro de los infiltrados, Hans Von Dohnanyi, preparaba un capcioso documento según el cual Inglaterra estaba dispuesta a cederle ventajas a Alemania si Hitler era derrocado. Esto era completamente falso, pero así se trataba de impresionar a los generales adictos a Hitler. El general Thomas mostró ese documento al general Brauchitsch, pero éste ya había reaccionado y dijo que todo eso era traición pura, que Inglaterra no estaba luchando sólo contra Hitler, sino contra toda Alemania, y que si Thomas continuaba en tales actividades lo iba a denunciar, Por otra parte, a las insistencias de Goerdeler contestó que no podía romper su juramento de soldado.

Después de todos esos sucesos se activaron los preparativos para la ofensiva en el frente occidental, que Hitler quería que empezara en noviembre. Algunos miembros del Estado Mayor trabajaban en la compleja planeación, pero no tenían el alma puesta en eso. El general Geo Thomas, del Departamento de Guerra Económica, seguía pensando más en cómo derrocar al régimen que en cómo movilizar al máximo los recursos alemanes

El 7 de noviembre el rey de Bélgica y la reina de Holanda habían ofrecido actuar como intermediarios en busca do la paz, "antes de que estalle la guerra con toda su violencia en Europa occidental".

Ese día Hitler aplazó la iniciación de la ofensiva, en espera de ver si en París y Londres querían hablar de paz.

Claro .que no puede precisarse en qué proporción, pero el hecho de que dentro de Alemania hubiera un movimiento de infiltración tan importante estaba influyendo negativamente en los esfuerzos de paz. Los círculos pacifistas franceses y británicos tropezaban con la oposición de los círculos procomunistas (identificados u ocultos), los cuales hacían hincapié en que el régimen alemán estaba dividido y que su desmoronamiento era inminente, sin necesidad de hacer grandes sacrificios.

En Francia la opinión pública era contraria a la guerra; por eso no se lanzaba ninguna ofensiva contra Alemania y se confiaba en la Línea Maginot. El régimen francés se hallaba prendido por ocultos lazos financieros, masónicos y de altos funcionarios no-franceses. A los partidarios de la paz se les calmaba diciéndoles que Alemania se derrumbaría de un momento a otro. La Infiltración en los altos círculos alemanes daba verosimilitud a esa tesis.

El 8 de noviembre (1939) hubo un atentado dinamitero contra Hitler, en la Cervecería de Munich. Perecieron 7 personas y 63 quedaron heridas, pero Hitler y su comitiva habían salido del local minutos antes.


La Gestapo tuvo barruntos de que en el Ejército había una célula de conspiración y secuestró en Holanda a dos agentes del Servicio de Inteligencia Británico, el capitán Payne Best y el mayor R. H. Stevens, que iban a comunicarse con varios de los conjurados alemanes. Sin embargo, la Gestapo no pudo obtener nombres.

Entretanto, el Dr. Goerdeler comunicaba al Ejército belga que el Ejército alemán se disponía a atacar a Francia pasando por territorio belga. Consecuentemente, los belgas se dedicaron a reforzar sus defensas y a aumentar sus tropas.

En esos días Hitler preparaba la ofensiva, la aplazaba, volvía a fijar fecha y volvía a aplazarla. Percibía rasgos de derrotismo y el 23 de noviembre reunió a los jefes y oficiales del Estado Mayor General. Volvió a insistirles en que en ese momento sólo había un frente contra Alemania (o sea el occidental), pero que eso no podía durar mucho tiempo y que era urgente eliminarlo cuanto antes mediante una ofensiva victoriosa. Rusia no atacaba de momento, pero lo haría en cuanto se sintiera lo suficientemente fuerte. "Nosotros no podremos enfrentarnos con Rusia hasta que no estemos libres en el Oeste". Y en el Oeste no podría ganarse sin atacar.

Después, á solas, Hitler habló con el general Halder, jefe del Estado Mayor General, y con el general Brauchitsch, comandante del Ejército. Les reconvino el "espíritu de derrotismo" que imperaba en el Estado Mayor. Brauchitsch renunció, pero no le fue aceptada su renuncia. Halder reaccionó y tomó algo de confianza. Cuando días después el general Thomas fue á ver a este último para insistir en un golpe contra Hitler, Halder le repuso que no podía hacerse tal cosa porque el país se hallaba en guerra.

Hitler llevaba a rastras al Estado Mayor General.

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Salvador Borrego. Infiltración Mundial, p.83.
- LA GAZETA FEDERAL www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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