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CAMPAÑA DE GRECIA Y LOS BALCANES (Segunda Guerra Mundial)
                          

Grecia y los Balcanes.    
Grecia y los Balcanes


(01)
Carne de cañón
(02) España y el Peñon de Gibraltar
(03) Fuentes.
(04) Artículos relacionados.



Carne de cañón

Iniciado el traslado del ejército alemán de Francia a las bases de partida contra la URSS, los esfuerzos combinados de Stalin, Churchill, Roosevelt y su camarilla se concentraron en agitar a los países balcánicos para que atacaran a Alemania. Y no porque hubiera la más remota posibilidad militar de que triunfaran, sino simplemente para que sirviendo como carne de cañón frenaran y demoraran el inminente ataque germano contra la URSS.

Ya no había entonces —fines de 1940— ninguna duda de que Hitler, como lo había dicho desde 1919, iba hacia el Oriente. El 3 de septiembre los planes de invasión de Rusia sé hallaban ya en su apogeo y fueron revelados a los principales comandantes del ejército. El Diario Secreto de Ciano testifica, en su anotación del 4 de octubre, que en la entrevista Hitler-Mussolini de ese día, en el Paso del Breñero, no se habló de ningún plan para invadir a Inglaterra; Hitler expresó sus esperanzas, de ganarse la amistad de Francia y se mostró "enérgica y extremadamente antibolchevique".

Franklin Delano Roosevelt Ante los inequívocos síntomas de que el ejército alemán erigía bases en el Este para lanzarse contra el marxismo bolchevique entronizado en Moscú, el Presidente Roosevelt, Churchill y Stalin reemprendieron desesperada búsqueda de más países que desangraran y retardaran el golpe de Hitler. Polonia, usada con ese fin en 1939, ya había sucumbido. Francia, Holanda y Bélgica, utilizadas en 1940, estaban también fuera de combate.

Las miradas de los tres estadistas se volvieron hacia los Balcanes. Allí estaban Yugoslavia, Bulgaria y Grecia. Activamente comenzaron a ser azuzadas y se les hicieron fabulosas promesas para que lucharan contra Alemania. En el Medio Oriente, Turquía también fue cortejada con igual fin. La casa Real de Grecia estaba emparentada con la Casa Real de Inglaterra y fue fácil que cediera bases navales a la flota Británica.

Un incidente ajeno a la voluntad de Stalin, Churchill y Roosevelt, vino luego a facilitar sus planes para encender la guerra en los Balcanes. Resulta que ante la penetración soviética en la provincia rumana de Besarabia, Hitler ofreció a Rumania su apoyo para impedir que los rusos avanzaran más. Rumania pidió tropas y Hitler le envió 12 divisiones, pero esto lo mantuvo en secreto hasta última hora y no se lo comunicó ni a Mussolini. (Cuando la guerra con Polonia y cuando la invasión de Francia, Hitler ya había comprobado que en Roma no sabían guardar ningún secreto).

El Duce se molestó porque no se le había informado previamente de los sucesos de Rumania y a su vez comenzó a preparar la invasión de Grecia —para anularla como base británica— sin consultar el caso con Hitler. Ciáno anotó en su Diario el 12 de octubre (1940) que Mussolini había dicho:

"Hitler me presenta los hechos consumados. Tendrá noticia por los periódicos de que habré ocupado Grecia. Creo que esta acción será útil y fácil".

Hitler y Mussolini Algo, sin embargo, se supo en Berlín, y el Secretario de Relaciones Von Ribbentrop se apresuró a comunicarle a Italia "que no será bien vista acción ninguna contra Grecia".

Simultáneamente Hitler preparaba otra entrevista con Mussolini para disuadirlo de ese ataque, pero el Duce descargó repentinamente el golpe el 28 de octubre (1940). 27 divisiones italianas y una poderosa aviación fueron lanzadas desde Albania contra 16 divisiones griegas, pero fracasaron. No había en ellas espíritu de lucha.

Hitler recibió con gran contrariedad la noticia de que Italia había iniciado la invasión de Grecia. Eva Braun dice en su Diario que el Führer comentó: "El Duce me contestó que todos éramos jugadores, en cierto modo, pero no es exacto. No soy un jugador; soy un organizador. La guerra con Grecia era inútil y puede acarrear una nueva orientación. Veremos ahora la fuerza de Gran Bretaña y si los italianos saben pelear; luego, amo a los griegos y creo que cumpliré para Europa lo que Pericles realizó para la pequeña Grecia".

Días más tarde, tras un ligero retroceso motivado por la sorpresa, las tropas griegas se repusieron y rechazaron a los italianos hasta sus puntos de partida, y en ciertos sectores aún más atrás. Esta situación se mantuvo así todo el invierno de 1940-1941.

Como Hitler lo temía, la campaña italiana de Grecia tuvo dos gravísimas consecuencias: primera, al abrirse el frente ítalo griego se facilitaron los planes de Churchill, Stalin y Roosevelt para provocar agitación en los Balcanes y empujar a Yugoslavia contra Alemania. Segundo, España se impresionó profundamente al ver que Italia era sólo una deslumbrante apariencia, y casi la víspera de aliarse al Eje resolvió volverse neutral. La participación de España en la guerra era ya un hecho casi decidido; iba a ser una participación limitada en la que se permitiría a un Cuerpo de Ejército Alemán, al mando del mariscal .Von Reichenau (operación "Félix"),"pasar a través de la península para arrebatar a los británicos el Peñón de Gibraltar, cerrar el Mediterráneo y además conjurar así una invasión aliada de Europa por el Sur, como ocurrió tres años después.


Fraco, Mussolini, Hitler España y el Peñon de Gibraltar

Franco había empezado ya a preparar a la opinión pública. El primero de junio de 1940 se hicieron manifestaciones estudiantiles en Madrid a fin de pedir que el Peñón fuera devuelto a España. El periodista Aznar, intérprete de Franco, escribió ese día: "Queremos y enérgicamente demandamos, que Gibraltar sea devuelto porque es un jirón sagrado del suelo nacional".

El 4 de junio hubo manifestaciones juveniles similares en Barcelona, Salamanca, Valencia, Granada, Málaga y Cartagena. El 17 de julio Franco declaró ante el ejército que la "misión histórica de España, impuesta por sus reyes católicos, fue la de poseer Gibraltar, extender el dominio español en África y el mantenimiento de unidad". Al día siguiente doscientos mil obreros desfilaron ante Franco gritando: "Gibraltar!"

El 31 de julio las propias autoridades británicas previnieron al pueblo inglés que posiblemente en una semana más España se convertiría en aliada de Alemania.

El 23 de agosto (1940), Galeazo Ciano anotó en su Diario Secreto: "El Caudillo Franco habla de la próxima entrada de España en la guerra y dice que ha pedido ya a los alemanes lo que necesita".

El 23 de noviembre Churchill comunicó a Roosevelt que era inminente el paso de tropas alemanas por España para capturar Gibraltar. Pero en vísperas de que tal cosa ocurriera, Franco vio que Italia fracasaba en Grecia, lo mismo que en Noráfrica, y comprendió que Alemania se hallaba sola en una inmensa contienda. Entonces decidió esperar más y dio media vuelta hacia la neutralidad.

Ramón Serrano Suñer, en aquel entonces Ministro de Relaciones Exteriores de España, hizo un viaje a Berchtesgaden para entrevistarse con Hitler. Su misión en ese momento era ya la de aplazar indefinidamente la entrada de España en la contienda. Respecto a esa entrevista, dice que Hitler comenzó: "Los italianos acaban de cometer un gravísimo e imperdonable error al empezar la guerra contra Grecia. Ni siquiera han tenido en cuenta el uso de la aviación, que es la mejor arma que ellos tienen".

Franco y Hitler Luego pidió que España le permitiera atacar a Gibraltar. Serrano Suñer refiere que rehuyó esa petición alegando las dificultades interiores de España y las grandes necesidades de abastecimientos, y que entonces el Führer, con aire muy burgués y con ademán en cierto modo paternal, dijo: "Quiero hablarle como el mejor amigo de España que soy. No quiero insistir. No comparto enteramente sus puntos de vista, pero me hago cargo de las dificultades de este momento".

Tenía entonces la esperanza de que España se decidiría poco más tarde; llegó a creer en un plazo de un mes, pero Franco había ya percibido la incertidumbre del futuro: Italia fracasaba en Libia y en Grecia y se convertía en un lastre para Alemania, y Alemania sola se enfrentaba a una gigantesca combinación de fuerzas enemigas. España ya no iba a modificar su actitud de espectador neutral. Mussolini fue el causante de la pérdida de ese aliado, cuya aportación bélica pudo haber cambiado el curso de los acontecimientos.

El 20 de noviembre de 1940 Hitler le escribió a Mussolini haciéndole ver los inconvenientes del ataque italiano a Grecia. "Hablando en términos generales —le decía— sentimos las consecuencias de un esfuerzo de la tendencia de no comprometerse prematuramente a nuestro favor", como era el caso de España.

El 31 de diciembre volvía a escribirle a Mussolini: "España se ha negado a colaborar con las potencias del Eje... Lo siento, porque de nuestra parte habíamos completado todos los preparativos para cruzar la frontera española el 10 de enero y atacar a Gibraltar a principios de febrero. Esto, en mi opinión, nos hubiera dado, el triunfo en un tiempo relativamente corto. Las tropas destinadas a esta operación habían sido escogidas y adiestradas especialmente. En el momento en que el Estrecho de Gibraltar hubiese estado en nuestras manos, se hubiera acabado definitivamente el peligro de un cambio radical de actitud en África del Norte y África Occidental".

Comentando ese episodio, Churchill dice: "La política del general Franco durante la guerra había sido de sangre fría y completamente egoísta. La gratitud a Hitler y Mussolini no entraron para nada en su cerebro a pesar de la ayuda que les debía... España tenía la llave de todas las empresas navales británicas en el Mediterráneo y ni en nuestras horas más sombrías .había usado esa llave en contra nuestra. Había otra forma sencillísima como el Gobierno de Franco podía habernos descargado este golpe de destrucción. Podía haber permitido que las tropas de Hitler cruzaran la Península y que sitiaran y capturaran Gibraltar para España..."

Pero la alocada invasión italiana de Grecia ocasionó que España prescindiera de su alianza con Alemania. Y además también abrió las puertas de los Balcanes para que fuerzas británicas desembarcaran en Grecia y para que Yugoslavia se alineara en contra de Alemania.

En enero de 1941 el coronel Donavan llevó la representación de Roosevelt a Yugoslavia y alentó al Gobierno a que lanzara al país a la contienda.

El 14 del mes siguiente Roosevelt se comunicó con el gobierno yugoslavo para pedirle que no firmara el pacto de paz y amistad con Alemania. A sabiendas de que era imposible enviarle ayuda y de que si Yugoslavia combatía sería vencida, volvió a alentarla con irrealizables promesas.

El pueblo americano, sin embargo, no apoyaba esa intromisión de Roosevelt en la guerra europea y seguía siendo neutral. Para vencer esa resistencia, el. Secretario de Estado, Cordell Hull, dijo el 24 de abril: "Desgraciadamente muchas personas no se han dado cuenta de la naturaleza de la crisis mundial... Los acontecimientos han demostrado hasta la saciedad que la seguridad de este hemisferio y de la nación exige resistencia dondequiera que la resistencia sea más efectiva".

Ya entonces Hull y Roosevelt sabían con absoluta certeza que Alemania hacía los últimos preparativos para atacar a la URSS y que Estados Unidos y los intereses de todos los países occidentales se hallaban completamente al margen de las metas de Hitler. Pero esto lo ocultaron al pueblo norteamericano a fin de seguirlo empujando a la contienda.

Winston Churchill Por su parte, Churchill secundaba a Roosevelt. "Desde Londres —dice en sus Memorias— hice cuanto me fue posible para poner a Yugoslavia contra Alemania y el 22 de marzo telegrafié al doctor Cvetkovic... Contamos con la indiscutible supremacía de los Océanos, y con la ayuda americana pronto obtendremos una superioridad decisiva en el aire... la historia de la guerra rara vez ha presentado otra oportunidad mejor". Era esa la macabra oportunidad de empujar a la muerte a millares de yugoslavos. Sin embargo, el gobierno yugoslavo percibió la infamia de la maniobra y la rechazó. El 24 de marzo firmó el pacto de paz y amistad con Alemania. Nada perdía con eso, porque Hitler no le pedía nada, y ni siquiera existía conflicto alguno germano-yugoslavo. "Entonces —dice Churchill— envié a nuestro embajador en Yugoslavia, Mr. Campbell, un mensaje que decía: 'No deje usted que se forme una brecha entre su persona y el príncipe Pablo o los ministros. Continúe molestándolos y figurativamente hostigándoles. Solicite audiencias, no acepte respuestas negativas. Aferróse a ellos, indicándoles que los alemanes ya están considerando como supuesta la subyugación del país. No es este el momento de hacer reproches ni de formular despedidas con mucha dignidad". Es decir, la intriga proseguía...

Las organizaciones secretas se movieron desesperadamente. Jefes inteligentes de los 650,000 judíos que habitaban en los Balcanes movieron resortes de agitación pública; los partidos comunistas recibieron instrucciones del Kremlin y el 27 de marzo ocurrió un cuartelazo. El Gabinete yugoslavo fue derrocado, se desconoció el tratado de paz con Alemania, hubo manifestaciones antigermanas y Yugoslavia fue puesta en pie de guerra casi a retaguardia de las fuerzas alemanas que se hallaban en vísperas de atacar a la URSS.

Churchill se presentó gozoso en el Parlamento a dar la "buena noticia". Si. no había triunfos militares, por lo menos el arma de la intriga seguía siendo eficaz. En Moscú se recibió la noticia con vítores y la noche del 5 de abril Stalin ofreció a Yugoslavia una alianza. De ese modo Grecia y Yugoslavia se convirtieron en un nuevo frente de lucha contra Alemania.

Stalín, Roosevelt y Churchill tenían grandes esperanzas en que ese frente montañoso, lleno de bosques, falto de caminos, atascara por mucho tiempo la máquina militar alemana. Para sostenerlo había 42 divisiones aliadas (23 yugoslavas, 15 griegas y 4 británicas) colocadas frente a 31 divisiones que Alemania había distraído de las bases desde las cuales preparaba el ataque a Rusia.

El Estado Mayor General alemán batió un récord de improvisación en este caso y desde Prusia Oriental transfirió tropas que ya se encontraban dispuestas para la embestida contra la-URSS. Fue raro que una improvisación así resultara cronométricamente exacta. Casi todo el equipo blindado que iba a participar en el extremo sur de la invasión de Rusia fue sacado., de sus bases y empleado en esta campaña de emergencia, y consecuentemente la fecha del ataque antisoviético tuvo que aplazarse.

En su desesperada lucha contra el tiempo y los preparativos de Stalin, Hitler volvió a pedir a sus tropas un esfuerzo supremo para vencer rápidamente la crisis en los Balcanes, y la mañana del 6 de-abril (1941) dio la orden para que 20 divisiones se lanzaran contra el nuevo frente. El Mariscal Wilhelm List dirigió al 12º ejército en la principal embestida, que trepando por las accidentadas montañas de Serbia cortó a Yugoslavia por el sur. En cinco días su 2ª división blindada se abrió rabiosamente paso hasta el puerto griego de Salónica.

Esta maniobra fue un golpe fulminante de triple acción. 1o El ejército yugoslavo quedó cortado de los ingleses y los griegos. 2o El frente griego de Macedonia —donde se esperaba una larga lucha en las montañas— fue súbitamente envuelto y cortado de sus bases de abastecimiento. 3o El frente anglo griego de Albania se vio peligrosamente flanqueado y tuvo que batirse en retirada.

Fragmentado así el frente, el ejército yugoslavo fue comprimido en la trampa que se formó entre Belgrado y Skoplje. Al onceavo día de lucha capituló y cayeron prisioneros 335,000 soldados que no llegaron a recibir la prometida ayuda de Roosevelt y de Churchill. Y es que la promesa de esa ayuda, militarmente imposible, sólo había sido un recurso para que la URSS ganara más tiempo mediante la ajena carne de cañón.

El frente griego de Macedonia luchó desesperadamente y el anglo-griego del sur de Albania se batió en retirada para no ser copado. El histórico Paso de las Termopilas y la legendaria Atenas volvieron a ser escenarios de combates. Los británicos retrocedieron hasta reembarcarse por donde habían llegado y el 24 de abril Grecia se quedé sola y también capituló, después de haber perdido 233,000 prisioneros, la mayor parte de ellos en la batalla de cerco librada en Macedonia.

Al concertarse el armisticio, Hitler ordenó que todos los prisioneros griegos fueran puestos en libertad.

La campaña de los Balcanes duró 18 días; 1,676 oficiales y soldados alemanes perecieron, y 3,752 cayeron heridos.

Recapitulando lo ocurrido, Hitler dijo ante el Reichstag el 5 de mayo: "A todos nos asombró la noticia del golpe de Estado, dado por ese puñado de conspiradores, el cual provocó un acontecimiento que permitió al Primer Ministro británico decir con alegría que por fin tenía una buena noticia que dar... Seguramente comprenderéis que cuando oí esto, inmediatamente di la orden de atacar a Yugoslavia... Es intolerable concertar un tratado exclusivamente en interés de la otra parte, y descubrir que no solamente ha sido quebrantado de la noche a la mañana, sino que es respondido con insultos al representante del Reich alemán, con amenazas al agregado militar y al ayudante de éste, con la destrucción de los comercios alemanes, a los que se maltrata y se aterroriza. ¡Dios sabe que quise la paz...! Las fuerzas armadas superáronse a sí mismas en esta campaña. La justicia histórica me obliga a decir que el enemigo, particularmente los soldados griegos, lucharon con valor y desprecio de la muerte. Capitularon únicamente cuando la resistencia se hizo imposible y por tanto inútil... Como alemán y como soldado considero indigno vituperar al enemigo caído... Con la mirada en el Altísimo que guía los destinos de la humanidad, agradezcámosle que haya hecho posible para nosotros alcanzar tantos éxitos con tan poco derramamiento de sangre. Sólo podemos pedirle que no abandone a nuestro pueblo en el futuro... En la era del judaísmo y del capitalismo, el nacionalsocialismo brega por la justicia social y por el buen sentido".

(La teoría del estratega Clausewitz, de que el defensor fortificado en zona montañosa lleva la desventaja, tuvo en los Balcanes una palpable demostración. "Este resultado -—escribió Clausewitz el siglo pasado— contrasta con la opinión común, pero cuántas cosas no hay que la opinión común confunde". La zona montañosa es susceptible de ser envuelta y entonces todo dispositivo de defensa cae como fruta madura)

Aunque Yugoslavia y Grecia habían sido anuladas como bases militares contra el Ejército Alemán, gran parte de los propósitos de la camarilla promarxista se habían realizado. El propio Churchill dice en sus Memorias: "Sabemos que la directiva de Hitler el día 18 de diciembre (1940) había prescrito el 7 de mayo (1941) como la fecha para la invasión de Rusia y que en su furia por la revolución de Belgrado, la aplazó el 27 de marzo durante un mes y posteriormente hasta el 22 de junio".

Mientras Churchill y Roosevelt sacrificaban a Yugoslavia y Grecia para demorar la ofensiva alemana antibolchevique, el Alto Mando Alemán veía con alarma cómo la URSS iba concentrando en su frontera más de 100 divisiones de infantería, 40 motorizadas y 20 de caballería. El jefe del Estado Mayor General Alemán, Franz Halder, dijo posteriormente que sintió recorrer su cuerpo un escalofrío al enterarse de las aterradoras concentraciones soviéticas.

Por otra parte, el Ejército Alemán iba paulatinamente disgregándose y el ataque a la URSS ya no tendría su máxima concentración. Sin contar con las 216,000 bajas padecidas en la lucha desde Polonia hasta Yugoslavia y Creta, ese ejército tenía que vigilar más de un millón de kilómetros cuadrados (1.019,297) de territorio hostil, poblado por 83 millones de habitantes. Tan sólo para esa misión de patrulla Alemania tuvo que distraer íntegramente 63 divisiones, compuestas por 945,000 hombres, según precisa el capitán Stig Waldenstrom en la revista sueca No. 11 "Ny Militar Tidkrift", de 1951. Consecuentemen-te, más de un millón de hombres se restaron a la ofensiva contra Rusia.

Ese fue el provecho que el marxismo obtuvo del sacrificio de los países europeos arrastrados a una guerra que no les concernía y entre los cuales figuraron Polonia en la primera etapa; Noruega, Holanda, Bélgica y Francia en la segunda, y Yugoslavia y Grecia en la tercera. En esa crisis Turquía logró conservar su neutralidad, pese a la tremenda presión diplomática y a las promesas de ayuda que estuvieron haciéndole Roosevelt, Stalin y Churchill.

Nota aclaratoria:

Esto es historia documentada. La transcripción es textual, y no necesariamente implica aceptación, aprobación o coincidencia con lo expresado por cada uno de los autores o documentos transcriptos.
(Ver Nota aclaratoria)


Fuentes:

- Salvador Borrego. Derrota Mundial, p.237.
- LA GAZETA FEDERAL www.lagazeta.com.ar

Copyright © La Gazeta Federal



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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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