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ROSAS EN LA HISTORIOGRAFÍA ARGENTINA                           
(Por la Prof.Chely Saravia) (*)


Juan Manuel de Rosas (01) El historiador y su contexto.
     - Leonardo Castagnino, reseña biográfica, obras.
(02) ¿Por qué hablar de Corrientes historiográficas?
     - La Historia condiciona nuestro modo de pensar(nos).
(03) La Historia como parte de lo cotidiano.
     - La Historiografía desde lo vivencial.
(04) ¿Quiénes elaboraron estas versiones de la Historia?
     Clasificación de corrientes historiográficas argentinas.
     Características de:
     -Historiografía decimonónica- liberal- mitrista
     -Nueva Escuela Histórica
     -Revisionismo: etapas
     -Historia Social
(05) La obra: JUAN MANUEL DE ROSAS, Sombras y Verdades.
     Momento histórico de su aparición.
     Objetivos.
     Hipótesis o tesis que se propone demostrar
     Marco teórico desde el que se analiza el tema
     Estructura del libro
     Fuentes
     Conclusión, aportes.
(06) Video de la presentacion
(07) Agradecimientos
(06) Fuentes
(07) Artículos Relacionados

PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
JUAN MANUEL DE ROSAS. SOMBRAS Y VERDADES.

de Leonardo Castagnino.

1. El historiador y su contexto

Leonardo Castagnino oriundo de la provincia de La Pampa, Bachiller e Ingeniero Civil.

Autodidacta en Historia Argentina, particularmente en el período de la Confederación Argentina de Juan Manuel de Rosas. Colaborador en publicaciones y páginas de Internet en temas relacionados con historia.

Editor de la página de Internet La Gazeta Federal (www.lagazeta.com.ar) dedicada a la Historia Argentina, incluyendo acontecimientos históricos, biografías, reseñas, efemérides y cronologías históricas, artículos y relatos sobre hechos poco difundidos por la historia oficial, anecdotarios, etc.

Autor del libro “
Juan Manuel de Rosas, sombras y verdades”, recopilación histórica publicada por Editorial Fabro en 2009. El subtítulo se inspira en una frase del personaje estudiado: “Llegará el día en que desapareciendo las sombras solo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias”.

También autor de las siguientes obras:

- “Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los paises del Plata”.
Este libro incluye una reseña histórica de las actitudes colonialistas de las potencias de la época, las intrigas previas y las causas de la guerra, el desarrollo de los hechos militares y sus consecuencias.

- “Juan Manuel de Rosas. La ley y el orden.

No sé qué circunstancias lo impulsaron hacia la Historia, eso se lo preguntaremos a él, pero leyendo su obra se evidencia su preferencia por escritores del pensamiento popular y nacional. Y el resultado es un relato de la Otra Historia, la de los derrotados, la que no contó la historiografía liberal.

Sombras y verdades, Verdad histórica, Otra historia, son expresiones que hacen alusión al hecho que Rosas apareció como figura central de una corriente historiográfica, el Revisionismo, en la primera mitad del siglo XX, corriente que quebró la hegemonía de la Historia Oficial o Liberal o Mitrista, mostró sus fisuras, develó situaciones ocultadas o simplemente omitidas por los que escribieron la historia de los vencedores de Caseros.


2. ¿Por qué hablar de Corrientes historiográficas?

Por lo antedicho es que considero oportuno hablar de las corrientes historiográficas argentinas, no como simple curiosidad académica sino por las profundas huellas que dejaron en el imaginario colectivo, porque supieron constituir parte del “aparato de pensar los pensamientos” de los argentinos. Esta es la importancia fundamental de la Historia: Condiciona nuestro modo de analizar el presente, de imaginar nuestro futuro como país.

Arturo Jauretche lo explicaba muy bien en “La falsificación como política de la historia” (cap.1 de Política Nacional y Revisionismo Histórico”, Bs As, Ed. Peña Lillo, 1975):

“Para una política realista la realidad está construida de ayer y de mañana, de fines y de medios, de antecedentes y de consecuentes, de causas y concausas. Véase entonces la importancia política del conocimiento de una historia auténtica, sin ella no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro, porque el hecho cotidiano es un complejo amasado con el barro de lo que fue y el fluido de lo que será.”


3. La Historia como parte de lo cotidiano (desde lo vivencial).

La Historia que conocí en mi transcurso escolar primario (fines de los ’60 y principios de los ’70) fue la de la Historia Oficial, Liberal o Mitrista: historia de próceres y héroes que no tenían debilidades ni dudas, que siempre supieron qué convenía a este país y además sabían cómo hacerlo. En casa había una versión negativa de Sarmiento –por aquello de no economice sangre de gaucho- y de Urquiza –por traidor- pero más emotiva que argumentada y además “la verdad” en estos asuntos la tenía la escuela.

En el colegio secundario (1974-78) descubrí con entusiasmo a los caudillos, las montoneras federales, Quiroga, Juan Manuel de Rosas. Por poco tiempo, porque el Proceso los hizo desaparecer.

Como maestra encontré a Rosas en dos efemérides: en los 31 de marzo (1839) en la Batalla de Pago Largo era el tirano sangriento a quien obedecía Pascual Echague, y los 20 de noviembre (1845) en la Vuelta de Obligado era el defensor de la soberanía nacional.

Como habitante de esta ciudad, lo encontré tras el ocultamiento de la fundación de Paso de los Higos en 1829 bajo el gobierno del federal Pedro Dionisio Cabral y la celebración de la creación del departamento de Monte Caseros en 1855.

Es que la difusión de la historia oficial como verdad absoluta desde las últimas décadas del siglo XIX fue tan exitosa, que aún hoy se enseña en las escuelas. Como dice Norberto Galasso: “No extrañe, entonces, que muchos argentinos de hoy no sepan quiénes son, ni en qué lucha insertarse, ni qué gestas del pasado continuar y concluya en el desánimo, en la indiferencia”. Es que desconocer la propia Historia es carecer del instrumental de análisis del presente.


4. ¿Quiénes elaboraron estas versiones de la Historia?

Las corrientes historiográficas argentinas se pueden clasificar en:

- Historiografía decimonónica - liberal – mitrista que originó la Nueva escuela histórica
- Revisionismo, en el que se identifican distintas etapas e ideologías
     . rosista 1930/1945
     . forjista antes de 1945
     . enfrentamientos peronistas- antiperonistas 1945/ 1955
     . peronista 1955/1976
     . de la izquierda nacional desde fines de los ’60
- Historia social

¿Cuáles son sus características?

- La Historiografía decimonónica que originó la Historia Oficial.

La historiografía argentina comienza en la 2da mitad del siglo XIX con un grupo de intelectuales que socializaron su obra historiográfica en redes personales y circuitos político- culturales de la elite:

- Los relatos fundacionales fueron la Historia de Belgrano (1859) y de San Martín(1877) escritos por Bartolomé Mitre y la Historia de la Rca Argentina escrita por Vicente Fidel López. Ambos polemizaban sobre el modo de abordar la historia y de esas polémicas triunfó la posición de Mitre a tal punto que los siguientes historiadores se adscribieron a su línea.

Los textos historiográficos del siglo XIX se caracterizan por:

-La minuciosidad extrema en detalles fácticos, la búsqueda de respaldo en los detalles.

-La crítica sistemática con el objetivo de adquirir autoridad intelectual desacreditando al oponente para construir su propia legitimidad como historiadores.

-El discurso histórico narrativista, acontecimental.

-La discusión metodológica entre Mitre y López (1881/83) y Groussac (1897/1916), terminó funcionando como un esquema de ajuste del conocimiento histórico a partir del cual comenzaron a identificarse criterios de construcción del discurso sobre el pasado:

1-Documentos (pruebas materiales de una narración).
2-Perfectibilidad y provisionalidad del texto historiográfico.
3-Crítica hermenéutica (previa) del documento; fijar criterios de crítica documental y de selección de fuentes.

Ellos crearon la Historia Oficial, la que siempre nos contaron y nos enseñaron, la que escribieron los vencedores de las guerras civiles del siglo XX: oligárquica, porteñista, liberal en lo económico, conservadora en lo político, anticriolla, la historia de aquellos cuyo proyecto de país estaba resumido en el dilema sarmientino CIVILIZACIÓN (lo europeísta- porteño) o BARBARIE (lo criollo- provinciano).

Para ellos civilizar fue desnacionalizar: sustituir a los habitantes criollos, gauchos, indios y mulatos que no servían para su proyecto “civilizador” por inmigrantes europeos; descalificar lo autóctono y admirar lo extranjero; no se trataba de hacer un país para las grandes mayorías sino para los poderosos; se estableció así una condición esencial de la dependencia argentina de intereses ajenos a los nacionales en complicidad con la dirigencia económica y política.

Otros historiadores de fines del siglo XIX y principios del XX: José María Ramos Mejía, Juan Alvarez, Juan Agustín García, Joaquín V. Gonzalez, y dos autores que no generaron una tradición histórica pero que son considerados precursores del revisionismo: Adolfo Saldías y Ernesto Quesada (ambos investigaron y escribieron sobre Rosas y su tiempo (1883 y 1898).

• Nueva Escuela Histórica: Proceso de profesionalización a principios del siglo XX.

La profesionalización de la tarea de los historiadores en Argentina se inició a principios del siglo XX, con un grupo heterogéneo de historiadores a quienes (en 1916 Juan Agustín García) se denominó “Nueva Escuela Histórica”.

Entre ellos se encontraban: Luis María Torres, Emilio Ravignani, Diego Luis Molinari, Rómulo Carbia, Ricardo Levene, Narciso Binayán.

No tenían formación profesional específica (con excepción de Carbia), pero fueron los creadores de la historiografía profesional en la Argentina. Para ello

-Crearon espacios institucionales: la Sección de Investigaciones Históricas creada en 1905 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA (Ravignani fue su director a partir de 1920) se convirtió en Instituto en 1921; y La Junta de Historia y Numismática Americana creada en 1893 (Mitre fue su 1º presidente, y Levene desde 1927) se convirtió en Academia Nacional de la Historia en 1938, publican la Historia de la Nación Argentina en 10 tomos de los que abrevaron los manuales escolares.

-Había una clara articulación entre prácticas hitoriográficas y política: la Academia nucleaba a los conservadores y el Instituto a los radicales.

-Fomentaron la formación de historiadores con la apertura de profesorados.

-Sostuvieron publicaciones que adjudicaron a la historia un carácter científico y un lugar importante en la formación de la conciencia nacional.

Competían por obtener la hegemonía, pero tuvieron en común la forma de entender el oficio de historiador, sentaron las bases de las reglas del oficio con la búsqueda de documentos y el uso sistemático del método de la crítica documental. Y el contenido de su obra fue la Historia Oficial convertida en Política de la Historia. • Revisionismo

Contra esa versión surgió el Revisionismo histórico

Buscando sus características distintivas, Alejandro Cattaruzza considera que los revisionistas son un grupo de intelectuales que intervienen en el encuentro entre cultura (en la que incluye a las instituciones historiográficas) y política, sin posicionamientos uniformes. Desarrollaban sus actividades en función de “cambiar la versión dominante del pasado argentino por otra, más verdadera y más adecuada a los intereses nacionales”.

Identifica etapas:

• en los años ’30 el revisionismo rosista, en 1938 fundan el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas y publican revistas y el boletín del instituto. Sus representantes son Julio y Rodolfo Irazusta, Carlos Ibarguren, Ernesto Palacio, Manuel Gálvez.

• entre 1945 y 1955 el peronismo provocó conflictos internos, y las aguas se dividieron en peronistas y antiperonistas.

• entre 1955 y 1973 el revisionismo peronista, en 1957 Perón publica “Los vendepatria” y adhiere al revisionismo. Y el revisionismo se peroniza. Sus representantes son Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Manuel Gálvez, Fermín Chávez, José María Rosa, Juan José Hernández Arregui, Ortega Peña.

• Desde fines de los ’60 y principios de los ‘70 el revisionismo socialista que recibe aportes de la izquierda nacional integrando la perspectiva marxista al revisionismo (con Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós, Norberto Galasso y Eduardo Astesano). Es la época de gloria del revisionismo, se enseña en las universidades; esta etapa termina en 1976 con el golpe de Estado.

• Pacho O’Donnell dice que asistimos a un nuevo empuje del revisionismo al que algunos llaman neo-revisionismo a partir de la crisis del 2001, que despertó en muchos el interés de comprender el presente a partir de una historia nacional, popular, que no deforme ni retacee. Se encuentra en este grupo, junto a Eduardo Luis Duhalde, Hugo Chumbita, Daniel Balmaceda.

Los representantes de cada etapa figuran a modo ilustrativo, ya que varios pueden clasificarse en más de una de ellas.

En síntesis, desde sus inicios pueden detectarse un “revisionismo de derecha” y un “revisionismo de izquierda”, el primero pone el énfasis en el Rosas del orden, defensor de la soberanía; el segundo en la igualdad de clases, el nacionalismo, el sufragio, características que en opinión de José María Rosa hacían que “el gobierno de Rosas pueda llamarse socialista”.

J.J. Hernández Arregui en su “Imperialismo y Cultura” dio una nómina de revisionistas señalando que a “algunos no les gusta verse en la misma lista”: Scalabrini Ortiz, Jauretche, Doll, Cooke, los hermanos Irazusta, Ibarguren, Palacio, Castellani, José María Rosa, Puiggros, Astesano, Ugarte, Spilimbergo, Ramos.

Para los claustros de la universidad, es decir para los historiadores de la Historia Social, el revisionismo “es más un objeto de estudio que un interlocutor”.

Rasgos que permiten identificar una versión revisionista:

Jorge Oscar Sulé, académico de número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, afirma que se está en el Revisionismo Histórico cuando se han detectado tres factores:

1) El factor externo proyectándose sobre nuestro país y no con fines benéficos.
2) El pueblo que defiende el patrimonio nacional espiritual y material; encontrando los jefes que lo interpretan.
3) Minorías con poder económico, político, cultural y social que juegan de espaldas a los intereses argentinos.

Los historiadores pueden poner el acento en uno u otro factor, pero, siempre que adviertan los tres mencionados, ya están en el Revisionismo Histórico, aunque esto no implica un mismo comportamiento político.

El Revisionismo está acusado de tener fines políticos -pero los que lo acusan también los tienen- y de no haber hecho aportes metodológicos a la historiografía. Su principal aporte es la CRÍTICA HISTÓRICA, válida para la obra de cualquier corriente historiográfica, porque lo que develó el revisionismo es que la Historia Liberal implementó una Política de la Historia que no se limitó a una interpretación del pasado sino a educar a las nuevas generaciones con esa interpretación como verdad absoluta, y para ello se volcó a los manuales escolares, a efemérides, a nombres de pueblos, calles, plazas. Creó un modelo para pensar(nos) favorable a la elite vencedora y lo impusieron.

• Historia Social.

A mediados de la década del ’50 un grupo de cientistas sociales de diferentes disciplinas (historia, sociología, economía)inician una renovación de la historiografía argentina en dos aspectos: enfoque interdisciplinario para actualizar los estudios históricos y construcción de un perfil profesional competitivo (crean centros de Investigación el Instituto Di Tella y el IDES Instituto de Desarrollo Económico Social; publican revistas especializadas y dos compilaciones “Argentina Sociedad de Masas” (1965) y “Los Fragmentos del Poder” (1968). Dejan el discurso narrativo por el analítico; desaparece el discurso polémico; abandonan la historia de hechos (acontecimental) por la historia de procesos, los protagonistas individuales por el colectivo social. Hacen historia política buscando explicaciones desde la historia económica y social. Es la historiografía académica actual, se hace desde la universidad.

Los iniciadores de esta corriente fueron José Luis Romero y Gino Germani. Otros representantes: Alberto Ciria, Guido Di Tella, Tulio Halperín Donghi, Roberto Cortés Conde, Aldo Ferrer.

Los resultados no implican cambios muy importantes en la interpretación del pasado. Entre los historiadores de esta corriente está mal visto manifestar sus elecciones partidarias o ideológicas, aunque algunos no lo pueden ocultar.

Según N. Galasso, con el golpe militar de 1955 que sepultó al revisionismo y a sus representantes, la Historia Oficial se recicló rebautizándose como HISTORIA SOCIAL, que incorporó criterios y técnicas actualizadas en un cambio cosmético. Lo confirma uno de sus principales ideólogos, T.Halperín Donghi, al afirmar (en “Ensayos de historiografía”) que esta corriente se proponía “ilustrar y enriquecer pero cuidando de no poner en crisis a la línea tradicional”.

En síntesis, según la corriente historiográfica a la que se adscriba, Juan Manuel de Rosas fue:

- un tirano que gobernó mediante métodos despóticos, instaurando un régimen de terror e intolerancia política, responsable de numerosos asesinatos políticos, el gobernante que obstaculizó el arreglo constitucional del país;

- un hacendado y agricultor progresista, un líder aclamado por los sectores más pobres de la población, un gobernante sagaz que supo comprender la necesidad de pacificar el país antes de organizarlo constitucionalmente, un defensor de la soberanía nacional frente a las agresiones de las potencias europeas más poderosas.

Resulta muy interesante que historiadores académicos actuales (quiero decir con formación disciplinar y metodológica), en nuevos análisis de este personaje y período histórico, llegan a conclusiones similares a una u otra versión. Es que la historia es siempre una versión, una interpretación, y como dice José Pablo Feinmann:

“Hay tantas interpretaciones de nuestro pasado histórico como proyectos políticos en vigencia coexisten en nuestro presente.”


J.M. de Rosas - L.Castagnino
5. La obra: JUAN MANUEL DE ROSAS. Sombras y Verdades.

Momento histórico de su aparición. Objetivos del libro.

Este libro: “Juan Manuel de Rosas, sombras y verdades” fue editado en 2009. Resulta interesante observar el momento en que se publicó, ya que el contexto histórico siempre –de alguna manera- se hace texto en las acciones, palabras y pensamientos de quienes lo vivenciamos: desde lo que se llamó el “conflicto del campo” se reinstaló el debate político en la sociedad argentina, y se develaron posicionamientos ideológicos y emotivos que nos remiten a la Argentina de mediados del siglo XX.

El historiador Tulio Halperín Donghi dice:

“Cuando surgen nuevos conflictos, todo el pasado también se eriza de nuevos conflictos.”

No es casualidad que don Juan Manuel, calificado de “tirano sangriento” por unos y ensalzado como “defensor de la soberanía” por otros, haya regresado bajo forma de libro en el 2009.

Desde la formación universitaria se defiende una neutralidad académica a la que no quieren llamar “objetividad” por saberla imposible. Se aboga por métodos y técnicas con cuya implementación se llegaría al nivel de cientificidad requerido para ser un “historiador serio”, aceptado, reconocido por los popes de la historiografía de nuestro país. Pero al leerlos, sin embargo, se hacen evidentes sus recortes, sus omisiones, sus elecciones ideológicas en definitiva que, a su pesar, los emparenta con historiadores liberales o revisionistas o marxistas. Es que no hay técnica ni método que anule la subjetividad.

Leonardo Castagnino, el autor, ha recopilado documentos, testimonios y citas de historiadores que investigaron y escribieron sobre Juan Manuel de Rosas, de manera tal de contribuir a la difusión de lo que considera “la verdad histórica” sobre Rosas. Él mismo afirma en el prólogo que este trabajo no pretende ser una “investigación histórica” ni una “historia de Rosas”, ni una “historia de la Confederación”, sino un aporte a la misma. Agrupó documentos de manera tal que de ellos se deduce la personalidad del “Restaurador de las Leyes”.

Este Rosas que nos presenta Leonardo Castagnino no es solamente una construcción histórica de una figura del pasado, es el posicionamiento ideológico del autor, y por lo tanto, un instrumento de observación y de reflexión sobre la política del presente.

No hay posturas inocentes ante Rosas: la interpretación que se realice de este personaje y sus acciones posiciona al intérprete no solamente respecto al pasado, a la historia, sino al presente, a la elección ideológica y política actual. Esta cuestión no menor, aparece velada en la interpretación de algunas corrientes historiográficas. No es el caso del Revisionismo, ni de Castagnino, autor de este libro.

Hipótesis o tesis que se propone demostrar:

Juan Manuel de Rosas, llevado al poder por la necesidad de las difíciles circunstancias que vivía Buenos Aires, investido por la Legislatura con facultades extraordinarias, apoyado mayoritariamente por las clases bajas, tuvo genio y firmeza para defender a la Patria de enemigos internos y externos. Sus adversarios, mayoritariamente hombres de la clase alta, se unieron incluso a extranjeros para sacarlo del poder. Vencido en Caseros, partió al exilio. Los vencedores de Caseros se encargaron de borrar de la historia toda referencia sobre Rosas, el período rosista no existía en la historia. Saldías, hijo de unitarios se propuso investigar sobre el tema, accedió al archivo personal que Rosas había llevado consigo a Inglaterra. El resultado fue la “Historia de la Confederación”, que mereció el reproche de Mitre por no “mantener los viejos nobles odios”, el libro fue condenado al silencio y Saldías sufrió el desdén y el aislamiento (como lo expresara Milcíades Peña “Errar es humano, mentir es mitrista”).

Pero puesto Rosas en el tapete, los historiadores liberales se ocuparon de crear la imagen del Tirano sangriento y ésta fue la historia que se impuso a generaciones de argentinos antes y después de que surgieran los historiadores revisionistas.

Dos líneas enfrentadas a lo largo de la Historia Argentina, dos ideologías, dos proyectos de país. Rosas es la figura que ejemplifica el antagonismo: sus características personales, políticas, y las del período histórico que protagonizó fueron tergiversadas intencionalmente por la historiografía oficial liberal que escribió la versión de los vencedores.

Marco teórico desde el que se analiza el tema:

Castagnino parte de la narración de acontecimientos empleando fuentes primarias y secundarias para analizar la personalidad de Rosas; exalta al personaje que llevó adelante una empresa política nacional y popular para contextualizarlo como un conductor emergente de una situación política y social.

Estructura de la obra:

. El libro consta de prólogo y catorce capítulos. Cada capítulo está dividido en subtemas. Y en ellos aborda cuestiones tan variadas como el nacimiento, la actuación en las invasiones inglesas, su boda, fortuna personal, su casa, la honestidad en el manejo de los dineros públicos, su trato con los indios, su apariencia, vestimenta y trato, astucia, popularidad, su picardía, su intervención en el tema de Malvinas, su actuación política respecto a los opositores, sus consideraciones sobre la Constitución, la agresión extranjera, las implicancias de la batalla de Caseros, el exilio, las opiniones de detractores y de admiradores.

El libro se ocupa así de cuestiones frecuentadas y de otras no tratadas en los libros de historia.

Fuentes:

Las fuentes consultadas por el autor están rigurosamente citadas en forma inmediata al párrafo correspondiente. Y al final de cada capítulo hay una breve referencia de cada autor y obras mencionadas.

Para el desarrollo de su libro, Castagnino recurre a fuentes primarias (cartas, documentos oficiales, manifiestos, decretos, memorias de protagonistas del período analizado, textos publicados en periódicos de la época), y nos acerca las ideas, los sentimientos, las voces de Rosas y de sus aliados y adversarios a través de citas textuales.

En cuanto a fuentes secundarias: cita obras y autores de la talla de Manuel Gálvez, José María Rosa, Fermín Chávez, Ernesto Palacio, Leopoldo Marechal, Pacho O’Donnell.

Transcribe fragmentos, recurre a la cita permanente de fuentes primarias y secundarias, para luego sustentar su punto de vista a medida que va elaborando conclusiones parciales respecto a cada subtema planteado.

CONCLUSIÓN

El estilo es narrativo, relata minuciosamente hechos políticos y anécdotas. Exalta al protagonista y otros personajes, y los relaciona con grupos políticos, sectores ideológicos, clases sociales y los intereses económicos, sociales y políticos subyacentes.

Ameno, planteando conflictos políticos y situaciones de la vida cotidiana de don Juan Manuel, el autor involucra emocionalmente al lector en su relato.

Profusamente documentado, con un lenguaje simple y directo, el autor manifiesta claramente su elección y posicionamiento ideológico desde el inicio de la obra y lo ratifica en cada subtema.

Logra el objetivo que plantea en el prólogo: contribuir, aportar a lo que considera “la verdad histórica” sobre Rosas, sobre su personalidad y sus acciones en el ámbito público en una época de las más tumultuosas y por ende polémicas de nuestro pasado.

Como todos los que nos apasionamos en el estudio de la Historia Argentina, analizando elementos que nos permitan comprender a la vez que construir la historia de nuestro país, creo que Leonardo Castagnino busca a la vez transferir esa valoración del pensamiento nacional y popular a hechos y personajes de la construcción presente de la historia cotidiana.

Aportes

Es meritoria la honesta toma de posición del autor y la utilización de recursos estilísticos que facilitan la comprensión de los lectores para que la Historia sea finalmente herramienta del pensar, dadora de sentido. Produce el empoderamiento de la historia por lectores no especializados, que pueden identificarse con protagonistas y momentos del pasado a la vez que sentirse parte de una historia en construcción. Enorme mérito, porque si la producción no es accesible a un lector no especializado, se condena a la Historia al depósito de objetos inútiles que se guardan por si alguna vez hiciera falta.

El aporte de esta obra es poner en evidencia que, en la interpretación del pasado hierven concepciones ideológicas contrapuestas, como las que disputan en la política del presente.

Fiel a los lineamientos del revisionismo, establece la existencia de una secuencia de hechos y procesos que, aunque aparentemente interrumpidos, son la continuidad de la larga confrontación entre dos proyectos antagónicos de país, sus victorias y sus derrotas.

Leonardo Castagnino, en esta obra, tiene la virtud de su coherencia ideológica y de propósitos y la de su honestidad intelectual: el personaje y el proceso investigado, las fuentes compiladas, tienen siempre el propósito de ofrecer la construcción del pasado oculto por la Historia Oficial.

Profusamente documentado, cita a más de sesenta (60) autores para sustentar su análisis. Su obra evidencia a un hombre que, además de ejercer la profesión que eligió, se permite desarrollar sus inquietudes intelectuales y con interés por comprender los complejos vaivenes de nuestra sociedad y de nuestro país, lo que en estos tiempos en que se alienta la frivolidad, la futilidad, la irreflexión, resulta gratificante y esperanzador.

Si consiguiéramos contagiar y despertar similares inquietudes en muchos jóvenes profesionales, si intentáramos contagiar este interés histórico a los no especialistas , tal vez podríamos recuperar aquella forma de ser pensantes de nuestros mayores (que sabían una historia no escolarizada, que sospechaban de las versiones institucionales porque conocían o intuían la estrecha relación historia pasada- política presente) y comenzar a recuperar para la construcción social de lo cotidiano a quienes están siendo seres pensados (repetidores de opiniones) por los medios de comunicación masiva.

Para lograr esa comunidad de pensantes y no de pensados mucho tiene que hacer la educación sistemática, pero no será suficiente sin el acompañamiento de los medios de comunicación, de las familias, de las instituciones del Estado, de la comunidad que es la que educa en definitiva.

Para terminar, una anécdota: Después de Caseros (1859), cuando en Buenos Aires se debatía la posibilidad de hacerle un juicio a Rosas, el diputado Emilio Agrelo propuso que no hubiera posibilidades de revisión, dijo:

“No podemos dejar el juicio de Rosas a la historia ¿Qué dirán las generaciones venideras cuando sepan que el almirante Brown lo sirvió?¿Que el General San Martín le legó su espada? ¿Que grandes y poderosas naciones se inclinaron a su voluntad? ¡No, señores diputados! ; debemos condenar a Rosas y condenarlo en términos tales que nadie quiera mañana intentar su defensa”.

Agradezco entonces a los revisionistas que asumieron esa defensa, el relato de la Otra Historia, y a Leonardo Castagnino por continuar su difusión a través de su obra,

Graciela E. Sarabia
Monte Caseros, Corrientes, 30 de abril de 2010

(*) Graciela Elvira Sarabia

Nació el 13 de enero de 1961 en Curuzú Cuatiá (provincia de Corrientes).

Es montecasereña por adopción, ya que su familia se trasladó a nuestra ciudad en 1962.

Cursó sus estudios primarios en la escuela Nº 88 “Del Centenario” y sus estudios secundarios en el viejo y querido Colegio Nacional “Ramón J. Cárcano”.

Es Profesora Para la Enseñanza Primaria, egresada de la Escuela Normal “Ramón J. Cárcano”, Profesora en Historia egresada del Instituto Superior del Profesorado “Pbro. Ramón Alfredo Meyer”, Operadora en Psicología Social egresada del Instituto Superior “San José” de la ciudad de Corrientes.

Actualmente cursa el último año de la Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional del Nordeste.

Desde 1998 y hasta 2002 fue redactora - colaboradora de la revista local “Antorchas”.

Su trabajo de investigación bibliográfica “EL SINDICALISMO ARGENTINO. Historia del movimiento obrero argentino desde sus orígenes hasta su acceso al poder” fue publicado en trece números de la revista Octubre, mensuario del Partido Justicialista, desde noviembre de 1999 hasta febrero de 2002.

Se desempeñó como maestra de grado en la Escuela Parroquial “Pbro. Juan Perelló” durante quince años. Allí proyectó y coordinó el trabajo de investigación realizado junto a sus alumnos de 7º grado de la promoción de 1997 “JUAN PERELLÓ FERRER. Un ejemplo de vida” publicado en agosto de 1998.

Desde 1999 ejerce como profesora en el Colegio de Educación Secundaria de Labougle y desde 2001 en el Colegio Secundario de Colonia Libertad.

Fue dos veces electa Concejal de nuestra ciudad. Directora de Cultura durante un breve período intermedio.

Es miembro de la Junta de Estudios Históricos Monte Caseros.

                          

Video de la presentación






Agredecimientos

Agradecemos especialmente a la profesora Arminda E.Rosbaco de Galantini ("Nincha"), fundadora y presidente de la Fundación del Museo de Este, (Monte Caseros, prov.de Corrientes) que tuvo la iniciativa para la convocatoria, organizazión y presentacion del evento.

Ver artículos relacionados:

-
Revisonismo y Liberalismo (Adolfo Saldias)
- Historia Revisionista (José Luis Muñoz Azpiri)
- Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades (L.Castagnino)

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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