Autor del libro “Juan Manuel de Rosas, sombras y verdades”, recopilación histórica publicada por Editorial Fabro en 2009. El subtítulo se inspira en una frase del personaje estudiado: “Llegará el día en que desapareciendo las sombras solo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias”.
También autor de las siguientes obras:
- “Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los paises del Plata”.
Este libro incluye una reseña histórica de las actitudes colonialistas de las potencias de la época, las intrigas previas y las causas de la guerra, el desarrollo de los hechos militares y sus consecuencias.
No sé qué circunstancias lo impulsaron hacia la Historia, eso se lo preguntaremos a él, pero leyendo su obra se evidencia su preferencia por escritores del pensamiento popular y nacional. Y el resultado es un relato de la Otra Historia, la de los derrotados, la que no contó la historiografía liberal.
Sombras y verdades, Verdad histórica, Otra historia, son expresiones que hacen alusión al hecho que Rosas apareció como figura central de una corriente historiográfica, el Revisionismo, en la primera mitad del siglo XX, corriente que quebró la hegemonía de la Historia Oficial o Liberal o Mitrista, mostró sus fisuras, develó situaciones ocultadas o simplemente omitidas por los que escribieron la historia de los vencedores de Caseros.
5. La obra: JUAN MANUEL DE ROSAS. Sombras y Verdades.
Momento histórico de su aparición. Objetivos del libro.
Este libro: “Juan Manuel de Rosas, sombras y verdades” fue editado en 2009. Resulta interesante observar el momento en que se publicó, ya que el contexto histórico siempre –de alguna manera- se hace texto en las acciones, palabras y pensamientos de quienes lo vivenciamos: desde lo que se llamó el “conflicto del campo” se reinstaló el debate político en la sociedad argentina, y se develaron posicionamientos ideológicos y emotivos que nos remiten a la Argentina de mediados del siglo XX.
El historiador Tulio Halperín Donghi dice:
“Cuando surgen nuevos conflictos, todo el pasado también se eriza de nuevos conflictos.”
No es casualidad que don Juan Manuel, calificado de “tirano sangriento” por unos y ensalzado como “defensor de la soberanía” por otros, haya regresado bajo forma de libro en el 2009.
Desde la formación universitaria se defiende una neutralidad académica a la que no quieren llamar “objetividad” por saberla imposible. Se aboga por métodos y técnicas con cuya implementación se llegaría al nivel de cientificidad requerido para ser un “historiador serio”, aceptado, reconocido por los popes de la historiografía de nuestro país. Pero al leerlos, sin embargo, se hacen evidentes sus recortes, sus omisiones, sus elecciones ideológicas en definitiva que, a su pesar, los emparenta con historiadores liberales o revisionistas o marxistas. Es que no hay técnica ni método que anule la subjetividad.
Leonardo Castagnino, el autor, ha recopilado documentos, testimonios y citas de historiadores que investigaron y escribieron sobre Juan Manuel de Rosas, de manera tal de contribuir a la difusión de lo que considera “la verdad histórica” sobre Rosas. Él mismo afirma en el prólogo que este trabajo no pretende ser una “investigación histórica” ni una “historia de Rosas”, ni una “historia de la Confederación”, sino un aporte a la misma. Agrupó documentos de manera tal que de ellos se deduce la personalidad del “Restaurador de las Leyes”.
Este Rosas que nos presenta Leonardo Castagnino no es solamente una construcción histórica de una figura del pasado, es el posicionamiento ideológico del autor, y por lo tanto, un instrumento de observación y de reflexión sobre la política del presente.
No hay posturas inocentes ante Rosas: la interpretación que se realice de este personaje y sus acciones posiciona al intérprete no solamente respecto al pasado, a la historia, sino al presente, a la elección ideológica y política actual. Esta cuestión no menor, aparece velada en la interpretación de algunas corrientes historiográficas. No es el caso del Revisionismo, ni de Castagnino, autor de este libro.
Hipótesis o tesis que se propone demostrar:
Juan Manuel de Rosas, llevado al poder por la necesidad de las difíciles circunstancias que vivía Buenos Aires, investido por la Legislatura con facultades extraordinarias, apoyado mayoritariamente por las clases bajas, tuvo genio y firmeza para defender a la Patria de enemigos internos y externos. Sus adversarios, mayoritariamente hombres de la clase alta, se unieron incluso a extranjeros para sacarlo del poder. Vencido en Caseros, partió al exilio. Los vencedores de Caseros se encargaron de borrar de la historia toda referencia sobre Rosas, el período rosista no existía en la historia. Saldías, hijo de unitarios se propuso investigar sobre el tema, accedió al archivo personal que Rosas había llevado consigo a Inglaterra. El resultado fue la “Historia de la Confederación”, que mereció el reproche de Mitre por no “mantener los viejos nobles odios”, el libro fue condenado al silencio y Saldías sufrió el desdén y el aislamiento (como lo expresara Milcíades Peña “Errar es humano, mentir es mitrista”).
Pero puesto Rosas en el tapete, los historiadores liberales se ocuparon de crear la imagen del Tirano sangriento y ésta fue la historia que se impuso a generaciones de argentinos antes y después de que surgieran los historiadores revisionistas.
Dos líneas enfrentadas a lo largo de la Historia Argentina, dos ideologías, dos proyectos de país. Rosas es la figura que ejemplifica el antagonismo: sus características personales, políticas, y las del período histórico que protagonizó fueron tergiversadas intencionalmente por la historiografía oficial liberal que escribió la versión de los vencedores.
Marco teórico desde el que se analiza el tema:
Castagnino parte de la narración de acontecimientos empleando fuentes primarias y secundarias para analizar la personalidad de Rosas; exalta al personaje que llevó adelante una empresa política nacional y popular para contextualizarlo como un conductor emergente de una situación política y social.
Estructura de la obra:
. El libro consta de prólogo y catorce capítulos. Cada capítulo está dividido en subtemas. Y en ellos aborda cuestiones tan variadas como el nacimiento, la actuación en las invasiones inglesas, su boda, fortuna personal, su casa, la honestidad en el manejo de los dineros públicos, su trato con los indios, su apariencia, vestimenta y trato, astucia, popularidad, su picardía, su intervención en el tema de Malvinas, su actuación política respecto a los opositores, sus consideraciones sobre la Constitución, la agresión extranjera, las implicancias de la batalla de Caseros, el exilio, las opiniones de detractores y de admiradores.
El libro se ocupa así de cuestiones frecuentadas y de otras no tratadas en los libros de historia.
Fuentes:
Las fuentes consultadas por el autor están rigurosamente citadas en forma inmediata al párrafo correspondiente. Y al final de cada capítulo hay una breve referencia de cada autor y obras mencionadas.
Para el desarrollo de su libro, Castagnino recurre a fuentes primarias (cartas, documentos oficiales, manifiestos, decretos, memorias de protagonistas del período analizado, textos publicados en periódicos de la época), y nos acerca las ideas, los sentimientos, las voces de Rosas y de sus aliados y adversarios a través de citas textuales.
En cuanto a fuentes secundarias: cita obras y autores de la talla de Manuel Gálvez, José María Rosa, Fermín Chávez, Ernesto Palacio, Leopoldo Marechal, Pacho O’Donnell.
Transcribe fragmentos, recurre a la cita permanente de fuentes primarias y secundarias, para luego sustentar su punto de vista a medida que va elaborando conclusiones parciales respecto a cada subtema planteado.
CONCLUSIÓN
El estilo es narrativo, relata minuciosamente hechos políticos y anécdotas. Exalta al protagonista y otros personajes, y los relaciona con grupos políticos, sectores ideológicos, clases sociales y los intereses económicos, sociales y políticos subyacentes.
Ameno, planteando conflictos políticos y situaciones de la vida cotidiana de don Juan Manuel, el autor involucra emocionalmente al lector en su relato.
Profusamente documentado, con un lenguaje simple y directo, el autor manifiesta claramente su elección y posicionamiento ideológico desde el inicio de la obra y lo ratifica en cada subtema.
Logra el objetivo que plantea en el prólogo: contribuir, aportar a lo que considera “la verdad histórica” sobre Rosas, sobre su personalidad y sus acciones en el ámbito público en una época de las más tumultuosas y por ende polémicas de nuestro pasado.
Como todos los que nos apasionamos en el estudio de la Historia Argentina, analizando elementos que nos permitan comprender a la vez que construir la historia de nuestro país, creo que Leonardo Castagnino busca a la vez transferir esa valoración del pensamiento nacional y popular a hechos y personajes de la construcción presente de la historia cotidiana.
Aportes
Es meritoria la honesta toma de posición del autor y la utilización de recursos estilísticos que facilitan la comprensión de los lectores para que la Historia sea finalmente herramienta del pensar, dadora de sentido. Produce el empoderamiento de la historia por lectores no especializados, que pueden identificarse con protagonistas y momentos del pasado a la vez que sentirse parte de una historia en construcción. Enorme mérito, porque si la producción no es accesible a un lector no especializado, se condena a la Historia al depósito de objetos inútiles que se guardan por si alguna vez hiciera falta.
El aporte de esta obra es poner en evidencia que, en la interpretación del pasado hierven concepciones ideológicas contrapuestas, como las que disputan en la política del presente.
Fiel a los lineamientos del revisionismo, establece la existencia de una secuencia de hechos y procesos que, aunque aparentemente interrumpidos, son la continuidad de la larga confrontación entre dos proyectos antagónicos de país, sus victorias y sus derrotas.
Leonardo Castagnino, en esta obra, tiene la virtud de su coherencia ideológica y de propósitos y la de su honestidad intelectual: el personaje y el proceso investigado, las fuentes compiladas, tienen siempre el propósito de ofrecer la construcción del pasado oculto por la Historia Oficial.
Profusamente documentado, cita a más de sesenta (60) autores para sustentar su análisis. Su obra evidencia a un hombre que, además de ejercer la profesión que eligió, se permite desarrollar sus inquietudes intelectuales y con interés por comprender los complejos vaivenes de nuestra sociedad y de nuestro país, lo que en estos tiempos en que se alienta la frivolidad, la futilidad, la irreflexión, resulta gratificante y esperanzador.
Si consiguiéramos contagiar y despertar similares inquietudes en muchos jóvenes profesionales, si intentáramos contagiar este interés histórico a los no especialistas , tal vez podríamos recuperar aquella forma de ser pensantes de nuestros mayores (que sabían una historia no escolarizada, que sospechaban de las versiones institucionales porque conocían o intuían la estrecha relación historia pasada- política presente) y comenzar a recuperar para la construcción social de lo cotidiano a quienes están siendo seres pensados (repetidores de opiniones) por los medios de comunicación masiva.
Para lograr esa comunidad de pensantes y no de pensados mucho tiene que hacer la educación sistemática, pero no será suficiente sin el acompañamiento de los medios de comunicación, de las familias, de las instituciones del Estado, de la comunidad que es la que educa en definitiva.
Para terminar, una anécdota: Después de Caseros (1859), cuando en Buenos Aires se debatía la posibilidad de hacerle un juicio a Rosas, el diputado Emilio Agrelo propuso que no hubiera posibilidades de revisión, dijo:
“No podemos dejar el juicio de Rosas a la historia ¿Qué dirán las generaciones venideras cuando sepan que el almirante Brown lo sirvió?¿Que el General San Martín le legó su espada?
¿Que grandes y poderosas naciones se inclinaron a su voluntad?
¡No, señores diputados! ; debemos condenar a Rosas y condenarlo en términos tales que nadie quiera mañana intentar su defensa”.
Agradezco entonces a los revisionistas que asumieron esa defensa, el relato de la Otra Historia, y a Leonardo Castagnino por continuar su difusión a través de su obra,
Graciela E. Sarabia
Monte Caseros, Corrientes, 30 de abril de 2010
(*) Graciela Elvira Sarabia
Nació el 13 de enero de 1961 en Curuzú Cuatiá (provincia de Corrientes).
Es montecasereña por adopción, ya que su familia se trasladó a nuestra ciudad en 1962.
Cursó sus estudios primarios en la escuela Nº 88 “Del Centenario” y sus estudios secundarios en el viejo y querido Colegio Nacional “Ramón J. Cárcano”.
Es Profesora Para la Enseñanza Primaria, egresada de la Escuela Normal “Ramón J. Cárcano”, Profesora en Historia egresada del Instituto Superior del Profesorado “Pbro. Ramón Alfredo Meyer”, Operadora en Psicología Social egresada del Instituto Superior “San José” de la ciudad de Corrientes.
Actualmente cursa el último año de la Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional del Nordeste.
Desde 1998 y hasta 2002 fue redactora - colaboradora de la revista local “Antorchas”.
Su trabajo de investigación bibliográfica “EL SINDICALISMO ARGENTINO. Historia del movimiento obrero argentino desde sus orígenes hasta su acceso al poder” fue publicado en trece números de la revista Octubre, mensuario del Partido Justicialista, desde noviembre de 1999 hasta febrero de 2002.
Se desempeñó como maestra de grado en la Escuela Parroquial “Pbro. Juan Perelló” durante quince años. Allí proyectó y coordinó el trabajo de investigación realizado junto a sus alumnos de 7º grado de la promoción de 1997 “JUAN PERELLÓ FERRER. Un ejemplo de vida” publicado en agosto de 1998.
Desde 1999 ejerce como profesora en el Colegio de Educación Secundaria de Labougle y desde 2001 en el Colegio Secundario de Colonia Libertad.
Fue dos veces electa Concejal de nuestra ciudad. Directora de Cultura durante un breve período intermedio.
Es miembro de la Junta de Estudios Históricos Monte Caseros.