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BATALLA DE ITUZAINGÓ (Guerra contra el Imperio de Brasil)
                          

Batalla de Ituzaingo Estallada la guerra con el Imperio del Brasil, el general Carlos María de Alvear fue designado jefe del Ejército Republicano. Este se hizo cargo de sus fuerzas en septiembre de 1826; las mismas alcanzaban a 7.000 hombres. Las acciones bélicas se iniciaron al comenzar el año, y hubo varios hechos exitosos para las armas patrias: toma de Bagé, victorias de Bacacay y Ombú.

La batalla de Ituzaingó o batalla del Paso de Rosário se desarrolló en lo que actualmente es el centro-oeste del estado de Río Grande del Sur (en la época del combate el área estaba litigada entre Argentina y Brasil).

Fue un enfrentamiento ocurrido el 20 de febrero de 1827 entre las tropas aliadas de los insurrectos orientales y el Ejército Argentino, por una parte, y las tropas del imperio del Brasil por otra, enfrentados por el control de la Banda Oriental en manos brasileñas desde 1820.

Fue una victoria táctica de los aliados, y dio nacimiento a la Convención Preliminar de Paz que se firma en 1828, reconociendo como Estado libre, independiente y soberano al Uruguay, poniendo fin al ciclo militar de la primera época de la historia uruguaya.

La historiografía brasileña llama a este combate batalla de Passo do Rosário ya que ocurrió en las cercanías del vado del Rosario, a pocos kilómetros al este de la ciudad hoy brasileña de Rosário do Sul entonces en las Misiones Orientales.

Las acciones

Siete días después del triunfo de Juan Lavalle frente a las fuerzas del general Bento Manuel en la batalla de Bacacay, y cuatro después del triunfo del general Lucio Norberto Mansilla en la batalla del Ombú -que dispersó con 350 hombres a caballo y 1.800 efectivos de infantería a la caballería de Bento Manuel, elite de la tropa imperial— Carlos de Alvear atrajo al grueso de las fuerzas imperiales, mandadas por el marqués de Barbacena, a un enfrentamiento en la vera del río Santa María (curso alto del río Ibicuí, antiguo límite entre Uruguay y Brasil).

El 20 de febrero los ejércitos chocaron; fue un encuentro sangriento, destacándose el valor de Lavalle, Brandsen y Paz, que mandaron varias cargas de caballería. La victoria argentina fue total; los brasileños perdieron 1.200 hombres, y los argentinos 500. Pero además los vencidos se retiraron en absoluto desorden; aunque pudieron rehacerse, serían luego batidos en Caamacuá y Yerbal. Ituzaingó definió la victoria en esta guerra; sin embargo, no sería aprovechada en las negociaciones de paz.

La acción fue una total sorpresa para las tropas brasileñas, que hasta el día anterior perseguían a las fuerzas conjuntas argentino-orientales. El Santa María separaba el territorio montañoso (donde las caballadas aliadas poco valor táctico tenían) de los terrenos más llanos con buenos pastizales al sur del río. El ejército aliado buscaba campos con forraje adecuado, mas la imposibilidad de vadear el río por estar crecido obligó a efectuar una contramarcha de veinte kilómetros en la noche previa a la batalla recorriendo un camino ascendente que permitía posicionar al ejército aliado en igualdad de condiciones con el oponente.

Como los brasileños estimaron erróneamente que los aliados habían cruzado el río en la tarde anterior su marcha fue descuidada y desprolija. Barbacena envió el grueso de su infantería en tres columnas a atacar el primer cuerpo del ejército aliado, comandado por Lavalleja, que estaba ubicado con la artillería en el centro del campo de batalla. Una vez próximos a éste, Alvear ordenó la carga de la caballería, hasta entonces oculta, sobre el flanco izquierdo de los brasileños.

Posicionados sorpresivamente frente a un ejército bien formado y dispuesto para la batalla, los voluntarios que componían este flanco, al mando del mariscal José de Abreu, se desbandaron. El flanco derecho imperial se replegó también, cruzando el río por el vado, y dejando sólo a la columna central, entre los que se contaban 2.000 mercenarios experimentados de origen austríaco y prusiano, para resistir las sucesivas cargas dirigidas por el teniente coronel Federico Brandsen —ascendido póstumamente a coronel, tras caer en batalla—, el general Juan Lavalle y el general José María Paz, que fueron decisivas.

Luego de intentar pasar la línea defensiva argentina durante 6 horas sin éxito, y siendo bombardeado por la artillería, el ejército imperial se retiró para no ser atacado por la infantería que todavía no había intervenido y para no ser rodeado.

El desorden del batido ejército imperial permitiría a las tropas republicanas triunfar en las batallas de Yerbal y Camacuá antes de replegarse.

Resultados de la batalla

En total, 7.700 efectivos republicanos (1.800 de infantería, 5.400 jinetes y 500 artilleros) detuvieron el ataque de la fuerza imperial compuesta por 10.000 hombres. Sin embargo, debido al mal estado de los caballos, no se pudo perseguir por mucho tiempo a los derrotados.

El imperio sufrió 200 muertos, entre ellos el mariscal Abreu, 150 prisioneros y 800 extraviados. Las Provincias Unidas sufrieron 139 bajas de caballería y 9 de los Cazadores de Infantería.

Entre los pertrechos abandonados por el Ejército Imperial se encontraba un cofre conteniendo una partitura entregada por el Emperador al Marqués de Barbacena para ser interpretada tras la primera victoria aliada; en conmemoración del hecho, el ejército aliado se apoderó de ella, y bautizada como marcha de Ituzaingó se interpreta cuando la bandera de Argentina se traslada en actos oficiales, y es uno de los tres atributos que ostenta el presidente de la República Argentina, bastón de mando, banda presidencial y marcha de Ituzaingó.

Lo ganado por las armas en el campo de batalla, seria cedido por Rivadavia en el campo diplomático; dió dando instrucciones para que se firme "la paz a cualquier precio"




Ver más "batallas y combates" en el indice: BATALLAS

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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