Murió
Jorge Antonio
¿Y cómo las consiguió?
Ofreciendo participación en las ganancias de las importaciones. El dólar, en esa
época, estaba a 14 pesos. Nosotros ofrecíamos 7 pesos más, a 21, y vendíamos los
coches a 40. Por supuesto que había que pagar impuestos y flete y un montón de
cosas más. De todas maneras era un buen negocio.
¿Y cómo siguió su relación con Perón, más allá de lo estrictamente profesional?
Bueno, después de eso se generó una gran relación, ya nosotros
trascendimos...nos dedicamos a la exportación de cereales, y tuvimos un gran
éxito. Competíamos con las empresas multinacionales: Bunge & Born, Dreyfus y
Continental de Granos eran nuestros enemigos. Mejor dicho, yo fui el enemigo de
ellos. Nosotros teníamos menos burocracia y dependíamos de nosotros mismos.
Estábamos vinculados al IAPI. Nos presentábamos en sus licitaciones y las
ganábamos todas. Le dimos bastantes dolores de cabeza a Cafiero, porque Cafiero,
que era ministro de Comercio, no quería quedar mal con los exportadores
foráneos, pero nosotros le ganábamos.
¿Él quería favorecer a otras empresas?
Él no quería quedar mal con otras empresas. Él tenía relación con otras empresas
y quería apoyarlas.
¿Pero qué tipo de relación? ¿Comercial o de amistad?
Digamos amistad...
¿Algunos le tenían miedo al obrerismo de Perón?
Había como una especie de duda con respecto al proceso obrero. Nosotros nos
asociamos con los obreros y promovimos su participación en las ganancias y en
las sociedades. Creamos una organización en la cual los obreros y empleados eran
socios nuestros.
¿Cómo era ser un patrón peronista?
Tener sentido de solidaridad. Era creer en el país, y apoyar a la gente para que
la gente nos apoyara a nosotros. Y obtuvimos resultados extraordinarios. La
gente vivía feliz, vivía contenta. Hicimos un plan de viviendas, ahí en González
Catán, donde está la fábrica de Mercedes Benz. Primero hicimos 300 casas pero
cuando vino la “Revolución Libertadora” cerró la fábrica, suspendió el plan de
viviendas, les quitó las casas a los obreros y las repartió entre suboficiales y
funcionarios del gobierno.
¿Y cómo siguió en ese período su relación con Perón?
Fue en aumento. Él me tenía más o menos como su consejero. Un hombre de
consulta, para muchas cosas me consultaba.
¿Qué sabe de la relación de Perón con los nazis fugados?
Él no tenía relación con los nazis. Él tenía relación con el embajador aleman y
con los alemanes. Tenía una gran relación con Freude. Y Freude defendía mucho a
los alemanes, en un principio defendía a los nazis que venían o que pretendían
venir, o que inclusive se habían llegado ya a hacer contacto con la Argentina
porque esto había empezado mucho antes de que terminara la guerra.
¿Y a usted lo tentaron o habló con gente de los nazis?
Entró a trabajar en mi organización un montón de gente, entre ellos Adolf
Eichman.
¿Entró con el nombre falso de Ricardo Clement?
No, todo el mundo sabía perfectamente que era Adolf Eichman y figuraba en la
Mercedes-Benz como Eichman desde 1949 hasta que lo detuvieron en 1960. A nadie
le molestaba, nadie se ocupó de él. Pero no estaba él solo había 36 alemanes
casi todos ingenieros o contadores principalmente ingenieros. Era una de las
condiciones que los alemanes me ponían: que tomara el personal que ellos me
proponían. Todos tenían pasaportes españoles o portugueses.
Otorgados por la famosa red de los conventos ideada por Pio XII y manejada en
Argentina por el cardenal Caggiano
Seguramente.
¿Y qué sintió cuándo se enteró de todos los crímenes cometidos por ese hombre
que había trabajado en su fábrica?
Pensé que era una monstruosidad lo que había hecho Eichman, pero pensé también
que era la guerra y él no hacía más que cumplir órdenes.
Se habla mucho de la corrupción del peronismo.
No había corrupción. En el peronismo no hubo corrupción.
¿Usted puede afirmar que Perón no era corrupto?
No, segurísimo. Yo tengo las pruebas determinantes, nadie puede tener más
pruebas que yo para eso.
Yo nunca tuve un pedido de coima de ningún ministerio, pero tuve algunos
problemas serios con el mismo Cafiero y con Gómez Morales.
¿Qué tipo de problemas?
Me ponían chicanas. Nosotros nos presentábamos a alguna licitación y siempre
había algún pero. Ellos tenían sus relaciones, tenían sus amistades, sus
vínculos, y lógicamente....Eso, al principio. Al final, no. Al final, me
respetaban mucho.
¿Qué pasó con Cafiero?
Yo era una institución en el país y la gente sabía que tenía predicamento ante
Perón. Pero yo tenía una realidad que era una industria espectacular que estaba
naciendo en forma arrolladora. Fabricábamos camiones, fabricábamos tractores y
Cafiero me boicoteaba con todo. Teníamos una exportadora que ganábamos todas las
licitaciones, nos presentábamos y las ganábamos todas pero no porque nosotros
fuéramos mejores sino porque éramos más hábiles. Teníamos una organización
moderna con poca gente, muy fluida. Las organizaciones como Bunge-Born, Dreyfus,
eran unos gigantes con unos costos y unos gastos espectaculares. Nosotros
teníamos poco gasto, teníamos nuestra representación en Nueva York, en
Frankfurt, en París con dos personas en cada país y funcionábamos
espectacularmente bien y a Cafiero eso no le gustaba.
¿Y con Juancito Duarte, el hermano de Evita?
Lo conocí. Muchas veces dijeron que había sido socio mío. Nunca fue socio mío ni
cosa por el estilo. Solamente una vez me pidió tres autos para tres señoritas:
Carmen Idal, Elina Colomer y Fanny Navarro. Eran sus amigas y él los pagó. Me
pidió que se los vendiéramos baratos. Se los vendimos al 50 por ciento del valor
de esa época. Y nos mandaron un cheque por esos valores.
¿Quién le mandó el cheque?
La Secretaría de la Administración de la Presidencia.
O sea que ése sí fue un caso de corrupción...
Si quiere llamarlo así... Pero Juan Duarte se cuidaba muchísimo, él tenía un
terrible cuidado por su hermana. Porque todo lo que él podía hacer repercutía en
la relación de su hermana con el Presidente. Tal vez más abajo alguna cosa podía
haber.
¿Y la muerte de Juan Duarte?
Estaba muy enfermo.
Tenía sífilis...
Tenía sífilis. Se había hecho un tratamiento para adelgazar, había adelgazado
mucho y la sífilis se lo había agravado. La muerte de la hermana le produjo un
impacto. Él y la hermana eran una simbiosis, eran demasiados amigos para ser
hermanos.
Lo que resultó muy sospechoso fue su “suicidio”. Muchos dijeron que, al no
contar ya con la protección de Evita, Perón se lo sacó de encima.
Se sospecha, se sospecha. Hasta dijeron que lo habían matado en la residencia y
que lo llevaron después a la calle Callao donde él vivía. Yo no creo, yo creo
que él se suicidó.
César Fernández Albariño, conocido como el Capitán Gandhi, miembro del aparato
represivo de la Libertadora, apareció un día en el panteón de los Duarte, hizo
abrir el ataúd de Juancito por un especialista que perforó la envoltura de plomo
y a continuación el mismo Capitán, con un cortafierro y un martillo, seccionó la
cabeza, la envolvió en un papel de diario y se la llevó a su despacho con la
excusa de hacer una pericia balística.
¿Cómo fue la última etapa del gobierno de Perón? ¿Cómo la vivió usted?
La viví muy intensamente porque en esa época yo era una especie de ministro sin
cartera. Se me consultaba para muchas cosas y percibí que había un bajón, no un
bajón fuerte, pero un bajón. La muerte de Eva fue para el General un golpe
terrible. Se sintió más solo.
Se sentía la ausencia de Evita...
Había una gran diferencia. Por ejemplo, el espíritu de lucha de ella era una
gran realidad. Ella luchaba y lo apoyaba a Perón en todo y tenía un gran poder
de decisión. Actuaba con coraje, con un gran espíritu de sacrificio, con
seguridad absoluta de lo que hacía. Era totalmente auténtica, totalmente
auténtica, más auténtica que Perón.
¿Y por qué más que Perón?
Porque Perón era un político, un gran político. No se conmovia. Eva se conmovía
y sufría, y sufría por los pobres, y sufría por los necesitados, y sufría por
los niños, y sufría por los viejos. Y así se mató. Así se murió pobrecita
sacrificándose por todos ellos.
¿Hasta qué punto Eva influía en Perón?
Influía, influía. Pero sin lugar a duda, si hablamos de quién influía a quién,
le diré que influía más Perón en Eva que Eva en Perón. Era una mujer
impresionante. Cuando recibió al embajador de España en el `47 que era el
Marques de no se cuanto.... Lo cita y lo hace esperar, lo hace esperar una hora
porque la noche anterior él le había dado una cena a las señoras que formaban la
sociedad de beneficencia. Era su pequeña venganza. Ella no perdonaba.
¿Cómo era la relación con Perón?
Muy respetuosa y cariñosa. Ella vivía enamorada de Perón, y Perón a su manera
estaba enamorada de ella.
¿Por qué el Ejército se opuso a la candidatura de Evita?
Yo era muy amigo de Lucero, el ministro de Guerra, y un día me dijo: “Mire,
Jorge Antonio, a usted el Presidente lo escucha mucho y sería importante, que le
hiciera llegar nuestra preocupación, la de los amigos de él, porque se habla de
la candidatura de la señora para vicepresidente. Eso va a caer muy mal en el
Ejército y a mí me cuesta un trabajo bárbaro parar eso”. Yo le dije: “No me
puedo meter en eso, se trata de una cuestión política y yo odio la política. No
me gusta la política. Yo soy un industrial. Soy un hombre de empresa. De todas
maneras, le agradezco la confianza que me dispensa, pero no me voy a meter en
eso. No opinaré”. Y no opiné.
¿Y usted qué opinaba?
Yo opinaba que las dos cosas eran una monstruosidad. Tanto que Evita fuera
candidata –porque yo ya sabía que ella estaba muy enferma- como que se opusieran
a ello sus propios pares.
¿Qué odiaba de Evita la oligarquía?
Todo. Todo su ser. La envidiaban, por supuesto; envidiaban su juventud, su
posición, su audacia, porque ella poseía esas cualidades.
¿Usted se acuerda de la sublevación de Menéndez? ¿Por qué Perón lo perdona
cuando Evita lo quería fusilar?
Ella quería el escarmiento pero la mayoría de los generales se opuso. Lucero
mismo, que era amigo de Perón, se opuso al escarmiento y bregó por el perdón, es
decir, por la cárcel. Fueron a Río Gallegos donde nosotros estuvimos, les
hicieron un pabellón muy cómodo. Estuvieron detenidos ahí cuatro años y después
fuimos a parar nosotros al mismo lugar.
¿Por qué Evita no fue vicepresidenta?
Porque no la dejan los militares. Fueron y le impusieron a Perón de que no podía
ser. Eva se pelea pero le duela, le duele, le duela terriblemente, y ella
vislumbra que son los militares. En esos días los militares, no paraban de tener
entrevistas con Perón. La negociación fue dura y fue amplia, llevó muchos días.
¿Usted lo vio realmente conmovido a Perón cuando Evita estaba enferma ? ¿Él lo
sentía?
Sí, si lo sentía y lo sintió mucho toda su vida. Una vez me hizo una confesión
–me dice- usted sueña mucho Jorge –le digo- sueño a veces, no mucho pero sueño a
veces.
A mí me pasa una cosa terrible –me dice- sueño todas las noches con Eva, no
sueño con Isabel sueño con Eva siempre sueño con Eva – y yo le dije- eso es muy
bueno, es auténtico, eso habla a favor suyo presidente.
¿Usted por qué cree que comenzó el conflicto con la iglesia?
No existió un conflicto con la iglesia. Existió conflicto con algunos curas
principalmente con Tato y Novoa.
Porque ellos dos fueron los que iniciaron todo el proceso contra Perón. Yo era
muy amigo de monseñor Copelo. Y él vivía una preocupación constante por Novoa y
Tato. Más de una vez me llamó y me pidió que intercediera ante Perón para que no
tomara las ofensas de estos dos hombres como las ofensas de la gente de la
iglesia. Y yo le decía.... “pero hable usted con Perón, tiene que hablar usted
personalmente si usted tiene cabida y Perón lo respeta muchísimo”. Así, de eso
surgen tres o cuatro reuniones con Copelo y la cosa se suaviza un poco. Pero
después Tato y Novoa se enloquecen. Pero vea las vueltas del mundo como
son.....en el año `62 vienen Tato y Novoa a Madrid y me vienen a ver para
pedirme que les consiga una entrevista con Perón que querían pedirle disculpas
por lo que habían hecho.
¿Y usted que hizo?
Yo le dije mire, le digo yo... Perón -les digo yo- tiene tal grandeza que es
capaz de recibirlo, pero yo, si estuviera en el lugar de él, no los recibiría. Y
dicen pero usted haga la gestión que si usted lo hace nos va a recibir –le digo-
sí, mañana a las cinco de la tarde vengan acá a mi oficina que el general los va
a recibir. Le consulté a Perón y me dijo - Sí, como no con mucho gusto Jorge
–dice- pero a estos les voy a cantar las cuarenta. Textuales palabras de Perón.
¿Se encontraron?
Sí, si, si se encontraron y Perón le dijo a Novoa que llevaba la voz de mando
“Esto que me vienen a decir a mí, yo ya lo conocía”. Eso monseñor –le dice- no
me lo tiene que venir a decir a mí porque yo lo conozco. Vayan a la Argentina y
en una homilía o en una misa díganlo pero díganlo ustedes a voz en cuello.
Díganlo en Buenos Aires, díganlo en Santa Fe, en donde tengan ustedes vigencia
pero no me lo vengan a decir a mí porque este es un cuento que yo conozco
perfectamente bien. Les acepto las disculpas y aquí no ha pasado nada, conmigo
no ha pasado nada, pero eso lo tienen que decirlo ustedes en la Argentina.
Los dos se comprometieron a venir a la Argentina y a coordinar con la gente
directiva del peronismo acá para hacer algunas gestiones, que no nunca las
hicieron.
¿Cómo vivió los bombardeos del 16 de junio de 1955 y la caída de Perón?
El 16 de junio a las 3 de la tarde fui a visitar a Perón al tercer piso del
Ministerio de Guerra y le pregunté: “Señor, ¿está bien o está preso?”. Y me
contestó: “Jorge Antonio, estoy bien, entre camaradas, pero no sé lo que pasa en
la calle”. “Hay mucha gente herida y muerta”, le dije. “Fíjese que terrible.
¿Por qué no terminaron directamente conmigo? Solamente unos paranoicos o
degenerados mentales han podido inmolar así tantas vidas inocentes”, contestó.
Y después vino el golpe definitivo. El 16 de septiembre de 1955 Perón me manda a
buscar. Estaba en la residencia, acá en Libertador. “Mire, Jorge Antonio, lo que
ha pasado; quieren una guerra y nosotros no podemos hacer una guerra así. Yo me
voy a ir. Y usted ha estado muy ligado a nosotros y es una representación de lo
que es la industria del peronismo. Usted se ha destacado y lo van a perseguir y
no la va a pasar bien. Si yo me voy, lo invito a que se venga conmigo”. Y yo le
dije: “No, General, yo le agradezco muchísimo, pero me quedo acá y aguantaré las
consecuencias. No tengo nada que ocultar, no tengo nada que temer”.
“Pero ellos no lo van a considerar así. Lo van a considerar como el brazo
derecho mío en lo industrial y en muchas otras cosas”, me respondió. Ya se sabía
que yo era un hombre de consulta. Me quedé y al otro día que él se fue
informaban por radio que me iban a detener, y yo fui y me presenté, y me
detuvieron.
Y de ahí al sur, ¿no?
A un barco, donde estuve 17 días, y de ahí a Ushuaia; a la penitenciaría
primero, donde estuve un mes de rigurosísima incomunicación. Después nos
llevaron a Río Gallegos con otros 16, entre los que estaban Gómez morales,
Cereijo, Méndez San Martín, Gamboa, Nicolini, Aloé, Cámpora, Cooke, Kelly y yo.
Ahí estuve unos dos años hasta que me fugué, me llevé cinco conmigo y me fugué a
Chile. Yo ya estaba cansado de estar preso y sin causa. No tenía ninguna causa
abierta. Todo eran suposiciones. Era todo perfecto, éramos de los primeros en
pagar impuestos en el país, sin lugar a dudas....por más investigaciones que
hicieran. Quemaron una casa en mar del Plata que era mía, intervinieron mi casa,
donde vivía con mi familia, se llevaron todas las cosas que había, la saquearon.
Bueno, intervinieron todas las empresas. Algunas las anularon, otras las
vendieron, otras las mantuvieron cerradas durante cuatro años. Mis cuentas
bancarias fueron confiscadas. Y en el exterior yo no tenía cuentas. Era
demasiado iluso. Así que por más que buscaron no encontraron nada. Nosotros no
teníamos necesidad. Teníamos una trayectoria demasiado clara, abierta, para
tener prejuicios, para tener preocupaciones.
¿Usted lo conoció a Rojas?
Nos visitó en Ushuaia cuando estábamos presos. Para molestarnos. Era un mal
tipo. Había sido agregado militar, agregado naval de Perón en Brasil y Uruguay.
Tenía la medalla de honor justicialista que se la había entregado Espejo en
Puerto Belgrano. Y le había escrito una carta a Eva pidiéndole que lo nombrara
agregado naval en Montevideo porque estaba vacante, y él desde Brasil podía
ocupar los dos puestos. Y Eva se lo consiguió. Creo que los muchachos se
equivocaron de persona cuando mataron a Aramburu.
¿Lo tendrían que haber matado a Rojas?
Claro.
¿Y qué sintió cuando Menem le da un beso a Rojas?
¡Asco! Me llamó el secretario de él Miguel Angel Vico y me dijo: “Venga que se
va a llevar una sorpresa –voy y me dice- sabe con quién está el presidente no?
-No lo sé ni me interesa. Está con Rojas. Le digo- no lo puedo creer. –dice- Sí,
dentro de un ratito se va a ir. Y al ratito se fue Rojas y Menem dice: Pase,
pase. Usted no tiene vergüenza –le digo- señor presidente cómo puede recibir
usted a semejante monstruo, tenga un poco de respeto por los muertos, tenga un
poco de respeto por todos nosotros. La política es la política Jorge –me dice-
esto es lo que hay que hacer. Tenemos que terminar con los odios”.
¿Cómo fue aquella visita de Rojas?
Al único tipo que visitó fue a mí, es decir, la única celda que hizo abrir. Y
fue él, estaba con copas encima. Fue él con López de Bertorano que era el
comandante de Ushuaia, abrieron la celda y me dice “párese” Yo no me paro y le
digo “¿qué, si no me paro me va a meter preso?” (risas) Y me dijo: Usted se va a
pudrir acá adentro porque usted está maltratando a los oficiales, y los está
tratando de carceleros y son oficiales, y debe de tratarlos como oficiales. Yo
le contesté aquí son carceleros y los seguiré tratando como carceleros, y cuando
me canse de estar aquí me iré. Ya me iré de alguna manera pero me iré. – y dice-
No me haga reir, se va a pudrir acá adentro. Al poco tiempo me fugué.
¿Y cómo fue la fuga?
Me dice el mayor: “La mejor manera de fugarnos es llevarnos al jefe de guardia
del penal”. Le dije: “Tenemos que irnos con cuatro o cinco. Tenemos que hacer
una fuga política. Una fuga que produzca un impacto”. Cuando llegó el día de la
fuga y el auto que venía a buscarnos se demoraba, Cámpora dijo una frase famosa:
“Jorge Antonio, ¿por qué no nos fugamos otro día?”. Pero lo convencimos y nos
fuimos con Cooke, Kelly y otros compañeros.
¿Cómo eran las relaciones con la resistencia peronista a partir de ese momento?
Las llevaba Cooke. Cooke tenía una gran relación con la resistencia. Yo tenía
una gran relación con Perón.
¿Qué relación tenía Perón con Cooke? ¿Le creía o lo usaba?
Lo usaba. Le tenía mucha desconfianza. La ideología de Cooke perturbaba a Perón.
Perón no era comunista ni parecido. Y Cooke, su tendencia era bien a la
izquierda. Perón usaba a los hombres de acuerdo a las circunstancias y de
acuerdo a su estrategia. Él llevaba una estrategia de alto vuelo.
Está confirmado que Perón recibió dinero por el acuerdo con Frondizi, el famoso
pacto Perón-Frondizi, por el cual el General ordenaba a los peronistas apoyar a
la UCRI. ¿Se sabe cuánto?
Le llevaron 85.000 dólares a Perón. El propio Frigerio se los llevó.
Yo no quería el pacto, Cooke lo impulsaba. Yo no quería el pacto con los
radicales porque sabía que nos iban a traicionar. Era lógico que nos
traicionaran. Lo que querían era llegar al poder y una vez que estuvieran en el
poder, iban a pactar con los militares o los militares iban a presionar sobre
ellos de tal forma que no cumplieran ninguna de las promesas con nosotros. A mí
Perón me dio una explicación... “mire Jorge –me dijo- si cumplen bienvenido sea,
la próxima vez seremos nosotros los que mandemos en el gobierno. Sí, yo seré
presidente otra vez. Y si no cumplen, porque los militares no los dejan, porque
seguramente no los van a dejar o los van a voltear, entonces vendrá otra etapa
nueva y estarán los militares otra vez y estos caerán, de eso no tenga duda.
Pero mientras tanto pasa el tiempo –le dije yo- qué prisa tenemos Jorge –me
dijo- no tenemos prisa, yo tengo más años que usted y tengo menos prisa. Con tal
que se den las cosas como las veo yo, en las circunstancias que las veo, no
tenemos que apurarnos. Déjelos. Yo no creo que Frondizi cumpla con nosotros pero
la oportunidad del pacto –dice- es una oportunidad. Es una oportunidad de que
nosotros hemos tenido grandeza, nos hemos prestado a la solución de los
problemas que afectan al país. Los militares no van más. Los radicales si llegan
a subir, llegan a ganar las elecciones ellos con Balbín para ser sirvientes de
los militares”. Era lo lógico. Él lo veía con una claridad meridiana. (¿?)
Por aquellos años usted participó del episodio del secuestro de Juan Manuel
Fangio en La Habana...
Así es, así es. Fangio fue raptado saliendo del hotel cuando estaba conmigo en
el año `58. Yo lo acompaño a la puerta del hotel y él sale caminando. Él vivía
en un hotel más chico a dos cuadras del nuestro. Yo veo que se le acercan tres o
cuatro personas e iban conversando. Yo pensé que eran admiradores y no... lo
estaban raptando. Lo raptaron, lo llevaron, lo trataron muy bien y me mandaron
un mensaje a mí que me quedara tranquilo que a Fangio no le pasaba absolutamente
nada, que era una cosa para desprestigiar al gobierno de Batista.
¿Usted compró la casa de Puerta de Hierro?
El terreno lo compro yo y después él se hace la casa. Era muy barato. Costó 100
mil pesetas el terreno y la casa 800 mil pesetas y se vendió en una millonada de
dólares, exactamente 43 millones de dólares.
¿Por qué eran tan malas las relaciones entre Franco y Perón, fue a raíz del
conflicto con la Iglesia?
Efectivamente. Franco le escribe una carta a Perón a finales del `54. Era
embajador.... Manuel Aznar el abuelo del actual presidente que por entonces
vivía aquí con su abuelo. Aznar era íntimo amigo mío, teníamos una amistad de
vernos dos o tres veces por semana con la señora. Entonces un día Aznar me llama
y me dice “Jorge tengo que cumplir una misión terrible. Tengo una carta para
Perón que no me gusta nada”. Más o menos decía así “Querido presidente y amigo,
veo con preocupación los problemas que hay en la Argentina, su país, con la
gente de la iglesia, tema que conozco en profundidad. Le ruego encarecidamente
autorizarme hacer las gestiones necesarias para solucionar ese problema”. -yo le
dije a Aznar- no la presentes, no se la lleves a Perón porque es una carta de
entrometerse en las cosas que están picantes en el país – y dice- lo tengo que
hacer Jorgito, yo soy el embajador. Pidió la audiencia y se la llevó a Perón y
se la entregó. Perón al otro día me llama por teléfono, el secretario –y me
dice- el general lo está esperando –dice- Jorge véngase enseguida –voy a verlo-
Y me dice....Usted es muy amigo del embajador español no es así – le digo- así
es general. Tome lea, lea lo que me ha traído –me dice- y me muestra la carta
que yo ya había visto. General –le digo- Franco es amigo suyo creo -dice- yo
creía que era amigo mío, usted es un metido. Le dice al secretario léale a Jorge
que es lo que le contesto yo a Franco. “Francisco Franco, Madrid España -así
terminante- Recibí la misiva traída por su embajador donde solamente debo
comentarle que los problemas argentinos los resolvemos los argentinos. Firmado
Juan Perón.
Ni lo saludo ni gracias ni nada. Le dije- no mande esa carta presidente no mande
esa carta –dice- Sí, si yo estuviera en su lugar no la mandaría pero si usted
estaría en mi lugar la mandaría –le dije- no lo entiendo pero yo no la mandaría.
Es romper relaciones con un hombre que es amigo suyo que está haciendo un
ofrecimiento auténtico –y dice- No, es interesado qué va a ser auténtico. Y le
dije- con esto pierde un embajador amigo porque este se va y no vuelve más. Y
así fue. Él le llevó la carta a Franco y Franco le ordenó no volver más a la
Argentina, y estuvimos sin embajador de España durante un año y medio.
Usted participó en el intento de regreso de Perón en 1964.
En el avión veníamos Vandor, Framini, Iturbe, Delia Parodi, Lascano, Perón y yo.
Llegamos hasta Río de Janeiro. Yo voy a verlo a Francisco Franco y le pido
autorización para que nos deje salir en un avión de Iberia, y nos dice que sí
pero agrega: “Hijo, yo no sé si a ustedes les va a ir bien en este viaje. Yo
creo que ustedes tienen demasiada ilusión, pero si llega a ir bien, cuando tú
vuelvas seguramente te vamos a condecorar por tu lealtad a tu amigo; pero si
sale mal, los vamos a expulsar a todos de España, menos a Perón. A Perón no lo
puedo expulsar de España porque los españoles son capaces de expulsarme a mí”.
Textuales palabras del generalísimo Franco.
¿Y qué pensaba hacer Perón si llegaba al país?
Pensaba quedarse. Yo había viajado a Uruguay y arreglado con el gobierno de
aquella época para que estuviéramos unos días....Él tenía la ilusión de que
Illia cruzaría y vendría a darle un abrazo y a proponerle un arreglo de
conciliación. Eso es lo que quería Perón, y libertad absoluta después, para
accionar, y un llamado a elecciones definitivas y que gane el que gane.
¿Y no hubo ningún contacto con Illia?
No. El único contacto que hubo fue el pedido del embajador para que nos
fuéramos.
Usted estuvo con Ernesto Guevara en España, en tres oportunidades.
En el ´59 yo fui a Cuba, él era presidente del Banco Central y hablamos de la
Argentina. Él trabajaba de noche, de día descansaba porque tenía sus ataques de
asma. Bueno, en esa oportunidad él estaba en antiperonista, no comprendía a
Perón, no lo entendía. La segunda vez que nos vimos fue en Madrid. Y ya había
cambiado de opinión en forma total y absoluta ya era pro Perón. Porque él había
estudiado a Perón y había visto las dificultades que había tenido Perón en su
vida política, y las políticas internacionales que había tenido que anfrontar
para llevar a cabo una política independiente, una política netamente nacional
¿Él pensaba en Argentina?
Él pensaba en Argentina. Bolivia era un paso.
Y con respecto a Perón, él no quiso verlo. ¿Qué pasó?
No me pidió verlo. Me preguntó muchas cosas de Perón. Dio a entender con
claridad que ahora lo entendía a Perón, que entendía la lucha de Perón, porque a
ellos les había tocado lo mismo. Es decir, no había duda de que Perón se había
ganado un lugar en la historia del país y del continente, que ellos hubieran
querido que Perón viviera en Cuba. Yo creo que Castro hizo mucho para que Perón
fuera a Cuba.
¿Por qué no fue?
No fue porque Perón no era comunista, no quería jugar la última carta.
¿Y Perón sí lo quería ver al Che?
No lo sé. Yo le comenté las dos veces que lo había visto. Y me dijo: “¿Cómo es?
¿Cómo es? ¿Cómo es? Jorge Antonio, ¿qué piensa? ¿Es un tipo inteligente? ¿No es
inteligente?”. Le digo: “Es muy inteligente y muy capaz”. Pero no le pregunté:
“¿Usted quiere verlo?”.
Usted compró Primera Plana a comienzos de los 70, y se advierte que hay una
especie de desplazamiento hacia la izquierda, inclusive en sus editoriales. ¿Era
así, usted estaba cambiando la manera de pensar?
No, no, era mi ideal. Yo dentro del peronismo estaba dentro de la línea
izquierdoide, siempre estaba en lo mismo por eso me jugaron tanto con los
montoneros. Yo tenía más contacto con los montoneros de los que tuvo Perón.
Ellos venían a verme a mí y venían a verme en cantidades.
Primera Plana por aquel entonces era pro-montonera
Si, efectivamente era pro-montonera. Un día me llaman y me dicen: “tenemos que
tener un medio de comunicación Jorge, tenemos que tener un periódico o una
revista haga un esfuerzo y saque una revista –le digo yo- como no, la vamos a
sacar”. Entonces me dicen em Madrid hay un argentino que está acá que tiene una
revista y la quiere vender, se llama Gabrieli. Bueno, la compramos y de ahí
partió la revista con una tendencia hacia la izquierda.
¿Como fue la relación Perón-Montoneros?
Era buena pero Perón los subestimó. Los subestimó porque.... hay una anécdota
muy buena....Un día yo le digo a Perón en Madrid que él tiene una reunión con
unos 50 montoneros, estaba Vaca Narvaja, estaba Perdía, estaba Firmenich creo,
estaba Galimberti... Entonces yo le dije, presidente usted le promete muchas
cosas a estos muchachos y después va ser difícil cumplirles. Les prometía de
todo. Que en la lucha había que estar por todos los medios y había que pelear
contra todo lo que opusiera al peronismo en la vida real del país. Yo le dije:
Cuando usted vuelva al país estos muchachos van a querer mandar – y me dice-
cuando lleguemos a la Argentina Jorge, que vamos a llegar no tenga dudas,
nosotros vamos a llegar y estos muchachos, si se ponen duros, yo voy a darle un
vaso de agua, micrófono, les hablaré y les diré que se vayan a su casa
tranquilos y me dejen gobernar. Y quédese tranquilo que van a cumplir. No van a
cumplir –le dije- se le van a oponer y le van a hacer la vida imposible, y
acuérdese lo que le digo. Yo hablo todos los días con ellos y hablo mucho y
cuando quiero persuadirlos de algo se encabritan y se ponen furiosos, no admiten
un diálogo, quieren mandar. Lo respetan a usted, no se le oponen pero ellos
quieren mandar.
¿Cuando Perón se enteró de la muerte de Aramburu ¿qué le comentó a usted?
“Las pagó”, textuales palabras. Yo lo llamé por teléfono y el me dijo secamente
“las pagó, Jorge”
¿Usted cómo se enteró?
Me llamaron los muchachos a Madrid a la media hora de haberlo matado
¿Y a usted qué sensación le produjo cuando se enteró?
Qué le puedo decir, es un acto monstruoso me entiende. Yo entiendo la justicia
de otra forma pero de todas manera Aramburu se las había ganado. Aunque él no
fuera culpable de muchas cosas apareció como culpable de muchas cosas.
¿Y cómo era su relación con López Rega?
Fue siempre muy mala. Pero hubo algo en lo que tuvo razón. Cuando llegó a España
me vino a ver y me dijo: “Mire, Jorge Antonio, no hay nadie que tenga más
influencia ante Perón que usted. Y Perón lo respeta muchísimo. Pero de ahora en
más esa relación va a cambiar. Va a ser de los tres: Isabel, yo y usted. Vamos a
ser los tres, vamos a trabajar juntos y vamos a controlarlo a Perón, porque hay
que controlarlo mucho, hay que decirle que no debe recibir a alguna gente. Ni a
mucha gente sindical que es mala gente, que yo los conozco perfectamente bien”.
Y yo le dije: “Mire, lo que usted me dice es una insolencia. Ni yo tengo
influencia sobre Perón, ni tengo nada que hacer con ustedes”. Me dijo: “Se va a
arrepentir porque Isabel va a ser la que mande y el que manda a Isabel soy yo. Y
yo vengo a hacer un trato correcto y usted me lo rechaza”. Le digo: “Se lo
rechazo y lo echo a la mierda ahora mismo. Mándese mudar de acá”. Y lo eché de
mi casa.
¿Por qué Perón se sometió a López Rega?
No lo quería, Lo despreciaba. Le resultaba útil y complementario con su mujer.
Con López Rega se evitaba problemas con Isabel. Pero lo despreciaba; decía:
“Este Brujo de porquería no hace más que meterme en líos”.
¿Perón estaba al tanto del funcionamiento de la Triple A?
Sí y no. Sí, porque se tenía que enterar, y no porque no lo quería. Él no quería
esas cosas.
Pero pasaban.
Pero pasaban.
¿Qué opinaba en la intimidad de los montoneros?
Él estaba convencido de que los montoneros le iban a responder siempre. Yo le
aseguré que no. Porque yo tenía mucho contacto con ellos, mucho más que él. Él
les daba directivas y ellos ante él no se explayaban. Ante mí se explayaban con
más claridad. Había misiones que los montoneros cumplieron. Yo le advertí a
Perón: “Mire que esto es riesgoso. No le dé tantas alas en el país porque usted
después va a tener un problema”. Me dijo: “No. Cuando lleguemos al país, Jorge
Antonio, acuérdese lo que le digo, un día me sentaré en la Casa de Gobierno,
llamaré a la juventud, pediré un vaso de agua y les diré que es lo que tienen
que hacer”. Le dije: “Ahí se va a llevar la primera gran desilusión. Ahí se va a
llevar usted el primer susto que le van a dar la juventudes actuales”. Me dijo:
“No. Quédese tranquilo que eso lo manejo muy bien”.
¿Y qué le comentó sobre el famosos 1º de mayo de 1974?...
La noche del 1º de mayo de 1974 me llama Perón a Madrid y me dice: “Lo felicito,
Jorge Antonio, ya se habrá enterado de lo que me hicieron los imberbes. Usted
tenía razón. Es mi deber y obligación recordárselo y reconocérselo. Usted los
conocía mejor que yo”. Le digo: “No es que los conocía mejor que usted. Yo tenía
más trato con ellos que usted. Lo siento mucho”. Ya me había enterado de lo
ocurrido porque lo comentaba la televisión a cada rato en Madrid.
¿Por qué cree que cambia esta relación y pasa de “la juventud maravillosa” a los
“imberbes y estúpidos”?
Porque los imberbes y estúpidos no le llevaron el apunte a él.
¿En qué sentido?
En el sentido de que querían la revolución y se la empezaron a imponer.
¿Por qué no regresó con Perón en 1973?
Dos razones. Era un pacto entre Perón y yo. Él me vino a visitar y me dijo:
“Mire, Jorge, nosotros nos vamos a Argentina. Si usted quiere venir, viene por
su cuenta. Por supuesto, tiene todo mi afecto y todo mi apoyo. Pero yo temo que
le hagan una perrería. Lo de López Rega e Isabel es una cosa muy seria y muy
grave. Yo no estoy seguro si a usted lo van a dejar vivo. Se lo digo con toda
sinceridad y con gran dolor. Yo no lo podré proteger. Éstos a usted lo tienen en
la mira”. Le dije: “Bueno, yo tampoco quiero ir así, Presidente. No quiero ir en
condiciones de convertirme en un problema para usted, que tenga que estar
discutiendo a la fuerza con López Rega o con Isabel”. Yo ya era una figura en el
peronismo, así que le dije que no debía preocuparse, que yo me quedaba y que con
el tiempo vería lo que correspondía hacer. Y luego vine.
¿Perón nunca le pidió ayuda frente al proceder de López Rega?
Me escribió una carta que me entregó su médico, Flores Tascón, donde me decía:
“López Rega ha enloquecido porque no hace más que crearme problemas, Así le irá.
Cuídeme las cartas de Eva”. Porque él me había dejado las cartas que le había
mandado Eva en las últimas horas de su vida. Fue la única correspondencia, y dos
llamados por teléfono preocupado por López Rega, preocupado por el país. López
Rega era un cáncer que Perón tenía encima. Él sabía que yo conocía todos los
secretos.
¿Peró sabía que se iba a morir en poco tiempo?
Sí sabía.
¿Cuándo lo supo?
Cuando lo operaron de próstata él ya supo que era una cosa que no tenía remedio
y no le quedaba mucho tiempo.
Volvió al país sólo para el entierro de Perón.
Vine para el entierro. Estuve unas horas. Me invitó Franco a viajar en el avión
oficial que trajo a la comisión gubernamental encabezada por el ministro de
Defensa de España.
¿Usted corría peligro?
Cuando llegué, en el aeropuerto me estaba esperando el general Carlos Dalatea,
que había sido agregado militar en España, y fuimos directamente al Congreso,
donde estaban velando a Perón. Estuve ahí media hora y a la salida me despidió
el general. Quedamos en encontrarnos a la tarde en casa. Entonces se acercó el
comisario Margaride, que era jefe de la Policía Federal, y me dijo: “Mire, Jorge
Antonio, ¿usted se va a quedar en el país?. Yo le dije: “No sé. ¿Por qué?. Y me
respondió: “Lo siento mucho. Le puedo poner una custodia, le puedo poner dos
miembros de custodia, pero no le doy seguridad porque usted tiene enemigos
poderosísimos acá”. Le dije: “No. Quédese tranquilo que yo no he venido para
quedarme. Ni siquiera he traído ropa para quedarme. He venido a ver a mi amigo
en su última instancia. Así que le agradezco su deferencia, pero no”.
¿Usted le presento a Menem a Perón?
Así fue. Menem viene a Madrid, va a Puerta de Hierro y López Rega no lo deja
entrar y no le consigue la audiencia. Entonces, me viene a ver a mí cuando iba
para Siria con sus padres para casarse. Y me viene a ver a mí y me dice que
quiere verlo a Perón. Sí como no, lo va a ver. Primero porque es peronista y
segundo porque es hijo de árabe igual que yo y con mucho gusto le voy a
conseguir la audiencia. Mañana a las diez de la mañana –le digo- estese aquí que
vamos a verlo a su casa.
Esa tarde vino Perón a mi oficina y le dije que había venido un muchachito
riojano que me parecía inteligente, capaz y que se decía peronista a ultranza.
Que era jefe de la juventud peronista de la Rioja.
Lo llevo yo y está tres horas con Perón.
Menem impresionó muy bien a Perón.
¿Qué le dijo Perón después de la entrevista?
A la tarde de ese día me llama por teléfono y me dice: “ese muchachito que
estuvo esta mañana Jorge se va pronto no? -y me dice- haga lo posible por que se
quede uno o dos días –dice- me interesa mucho hablar con él, me interesa que
tengamos otra charla. -y le digo- pero si yo le digo eso se queda un mes. Bueno
–me dice- con dos o tres días yo me conformo. Entonces lo llamé y le dije mire
Carlos, el presidente me dice que tiene interés de seguir charlando con usted,
así que si se puede quedar uno o dos días.... “Pero me quedo un año –dice- don
Jorge por favor con mucho gusto. Y al otro día se encontraron a las cinco de la
tarde en casa y estuvieron en mi oficina hasta las nueve de la noche. Y al otro
día se volvieron a encontrar a las cinco de la tarde y volvieron a estar hasta
las nueve de la noche. Así que Menem tuvo tres entrevistas con Perón.
Y Perón me dijo lo siguiente cuando me dijo que lo hiciera quedar -me dijo- este
muchacho tiene premio
¿Qué quería decir con premio?
Que era un tipo potable, que era un tipo que servía. Esa era la opinión de
Perón.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
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