Se reanuda la lucha en la Tablada
Gral.Gregorio A. de Lamadrid.
Al ver que Quiroga, con las pocas fuerzas de caballería que le quedan, se interna en un espeso monte, Paz lo considera definitivamente vencido y ordena que sus tropas marchen sobre la ciudad de Córdoba, donde están la infantería y la artillería de aquél, para retomarla. Pero Facundo aún no se considera vencido, y pronto va a dar pruebas de ello.
En horas de la noche, mientras los soldados del general Paz festejan una victoria que aún no lograron por completo, Quiroga abandona el bosque con su caballería, manda salir la artillería y la infantería que tiene en la ciudad, se coloca al frente de todos los efectivos y se dispone a librar una batalla en cuyo éxito nadie puede creer, razonablemente.
Hablando de esta maniobra militar, el general Paz, indiscutible autoridad en la materia, comenta:
"No trepido en decir que es la operación militar más arrojada de que he sido testigo o actor en mi larga carrera. Para apreciarla debidamente ha de suponerse un ejército completamente batido unas horas antes, al que sólo había quedado una fracción que no ha participado de la derrota. Cualquiera creería, y yo mismo participé de esta opinión, que no sería capaz de tomar la ofensiva y buscar al vencedor en el mismo campo de la gloria, para arrebatarle el triunfo por una acción desesperada. Mas fue al contrario y el general Quiroga tuvo bastante audacia y bastante ascendiente sobre sus soldados para traerlos a buscar nuevos peligros y un sacrificio completo. Efectivamente, la posición en que los colocó no podía ser más decisiva y era necesario que venciesen o que quedasen todos a discreción del enemigo".
En la madrugada del 23 de junio, el ejército del general Paz avanza lentamente hacia la ciudad de, Córdoba, sin imaginarse la sorpresa que le espera, descendiendo lentamente por la pendiente que, desde el campo de la Tablada, conduce al río. Avanza en una columna, porque las características del angosto desfiladero no permiten otra cosa, y también porque la falta de luz impide ver bien. Las tropas de caballería, el regimiento 2 dé dicha arma, que es el que lleva la vanguardia y con el cual va el propio general Paz, está ya en el bajo del río. Lo siguen, aun dentro del desfiladero, la artillería y la infantería, cerrando la marcha los milicianos de Tucumán y Córdoba, los cuales, ubicados en el extremo más elevado del desfiladero, aún no dan comienzo al descenso.
De pronto se escucha el ruido de un disparo de cañón; después otro, cuyo proyectil cae cerca de la caballería de Paz.¿Qué ocurre? ¿Es la propia caballería unitaria que cañonea a un grupo cualquiera del enemigo ya disperso? No. Es Facundo, que habiendo comprendido finalmente que no bastan las cargas de caballería para ganar las batallas, usa la artillería que acaba de sacar de la ciudad de Córdoba. El coronel Lamadrid, cuyas tropas reciben el primer impacto en la arremetida de Quiroga, recuerda el episodio en esta forma:
"Algunos de los oficiales tucumanos que iban al flanco derecho de nuesta columna de camino, pues íbamos a cuatro de frente, se habían alejado un poco sobre dicho costado, para reconocer los muchos cadáveres que se descubrían en el campo de batalla, cuando uno de los oficiales descubre a los novecientos infantes que Quiroga había dejado en el pueblo, formados en batalla, un poco más adelante, a vanguardia del flanco derecho de los tucumanos'.
"Dicho oficial, en vez de dar aviso al gobernador del descubrimiento que acaba de hacer, corre a mí y me dice:
¡Mi coronel, vea usted la línea de la infantería de Quiroga! y me la indica con su mano; fíjome bien, pues no estaba bien aclarado el día, y reconozco en realidad la línea enemiga".
"Adviértase que cuando esto sucedía la mitad de nuestro ejército o algo más, había descendido al bajo del río, por el noroeste del pueblo. Mi ayudante parte a escape en alcance del general con dicho aviso, cuando dispáranos Quiroga dos cañonazos a bala y hace dar un fuerte viva a sí mismo por toda la línea. Fue tal la sorpresa que los cañonazos y los vivas a Quiroga produjo en los tucumanos, que se precipitaron todos sobre la cerca que llevábamos a la izquierda y se pusieron en fuga".
Mientras Lamadrid trata de contener a sus soldados en fuga, el general Paz advierte que la cola de su columna es atacada y que, en el caso de ser derrotada, envuelta y en desorden como se encuentra, se precipita sobre el resto de la columna, los arrastrará a todos a una caída inevitable, pues "el camino estaba bordeado de cercos por ambos lados y era un verdadero callejón que no dejaba otra escapatoria a los que quisieran huir del enemigo".
Facundo está casi triunfante, después de su tremenda derrota del día anterior, pero, en última instancia, todo depende de que el general Paz no tenga tiempo de tomar algún desesperado dispositivo de defensa.
Frente a cualquier otro adversario, Facundo habría triunfado. No frente a un táctico y estratega de la capacidad luminosa de Paz, quien no vacila un instante frente al peligro:
"Ordené al coronel Pedernera que siguiese con su regimiento hasta salir de lo más estrecho del desfiladero y encontrar un lugar donde pudiese medianamente maniobrar y esperar allí; y a los batallones de infantería 29 y 59 que rompiesen el cerco de la izquierda, entrasen en el cercado, desmontasen y formasen, dejando expedito el camino"...
A pesar de todo, la situación continúa siendo desesperante, y ahora todo depende de lo que disponga Facundo. Si su maniobra prosigue con la rapidez y con la audacia inicial, Paz está perdido. Pero Facundo vacila. ¿Por qué? Nadie lo sabe; nadie puede ni podrá explicarse jamás por qué se detiene el hombre que termina de ensayar una de las maniobras militares más audaces de su tiempo. El propio Paz permanece atónito ante aquella vacilación, en la que estriba su única posibilidad de salvación:
"El enemigo, contra lo que se temía, hizo alto en la cresta de la altura, después de haber dispersado y puesto en desorden nuestra retaguardia, sin que nuestra artillería, que se hallaba al pie de la pendiente, pudiese hacer fuego desde esta ventajosa posición. El comandante de ella la creyó en tanto peligro que llegó a mandar clavar algunas piezas, que creyó a punto de perderse. La demora del enemigo nos dio tiempo a combinar mejor nuestros medios. Hasta ahora me es difícil explicarme por qué el arrojo sin igual con que el general Quiroga había conducido su atrevida operación, le faltó en aquel momento. Sea que no quisiese dejar la posición, sea que esperase que fuese más claro el día, sin lo cual hubiese sido nuestra situación más crítica de lo que era ya. Hubo momentos en que creí que se escapaba la Victoria de nuestras manos tan inesperado había sido el ataque y tan atrevido su movimiento".
Pero, por una o por otra causa, la verdad es que Facundo vacila en el momento en que tiene que dar más resueltamente el golpe, y que un instante después, cuando quiere intentarlo, ya es tarde, porque el enemigo lo está contraatacando con fuerzas más considerables, desaparecido el peligro de que lo arrollen en el desfiladero.
Cuando las tropas del general Paz ocupan algunas alturas en los bordes del desfiladero, sin que Quiroga advierta que lo hacen, "colocadas las fuerzas en un terreno igual, se traba el más reñido combate. El fuego es vigorosamente sostenido por ambas partes".
La forma en que se suceden las descargas de artillería y fusilería es tal, que el propio Paz tiene que admitir que es "uno de los fuegos mejor alimentados que he presenciado, atendido el número de los contendores".
Durante largo tiempo la suerte de la lucha permanece en suspenso. Las fuerzas de Quiroga no parecen haber sido derrotadas el día anterior, tan elevada es su moral. Pero, a medida que transcurre el tiempo, el panorama cambia.
"Empeñado, según he dicho, el fuego del modo más terrible, empezó al fin a flaquear por parte del enemigo y a triunfar la pericia, ya que no la bravura de nuestros soldados, porque sea dicho en honor de la verdad, los de Quiroga se condujeron del modo más bizarro. Vencidos, perseguidos, acosados por todas partes, arrinconados en las quiebras del terreno, se defendían con la rabia de la desesperación; hubo hombres que, inutilizadas sus armas, las arrojaban y tomaban piedras para defenderse individualmente; y uno de nuestros jefes, experimentado en las guerras de la Independencia, me dijo con este motivo: "Me he batido con tropas más aguerridas, más disciplinadas, más instruidas; pero más valientes, jamás".
"La victoria fue completa. La artillería fue tomada como también toda la infantería que no murió con las armas en la mano. En el campo quedaban más de mil cadáveres enemigos, incluso los de la tarde anterior, que eran la cuarta parte de su fuerza. Mortandad enorme en proporción al número de los combatientes. Además, teníamos como quinientos prisioneros, entre ellos varios jefes y oficiales".
"Quiroga, al fin, despechado, huyó con un grupo de caballería, siempre perseguido por los mismos. Yo, siguiendo sus movimientos, fui a encontrarme con el coronel Lamadrid a dos leguas del campo de batalla, en un terreno sumamente escabroso y cubierto de ese bosque bajo y espinoso que tanto abunda en los alrededores de Córdoba. Era incierta la senda que había seguido el general enemigo, pero del todo probable que llevaba la dirección de la sierra, que lo conducía también a La Rioja".
A pesar de todos estos elogios sobre la bravura del adversario, ese mismo día, quizá en represalia por las ejecuciones de Facundo en Río Cuarto, Paz manda fusilar algunos oficiales prisioneros, sobre el mismo campo de batalla.
En sus Memorias, el general Paz trata de justificar este hecho, alegando que sólo se entera de él cuando los prisioneros ya han sido pasados por las armas. Pero, en otro pasaje del mismo documento manifiesta que es una represalia que sus tropas exigen en términos perentorios. Aunque no único en las guerras civiles, es un hecho lamentable.
De acuerdo con lo que el propio general Paz confiesa en sus "Memorias`, la suerte de Facundo Quiroga no se ha jugado precisamente en la batalla de "La Tablada", sino en un indefinible conjunto de circunstancias vinculadas a ella.
No la ha perdido Facundo con sus torpezas; tampoco la ganó Paz con la precisión de los movimientos dispuestos para los cuerpos militares bajo su mando.
Una sucesión de imponderables se encarga de entrelazar, en el transcurso de pocas horas, los sucesos más diversos, más contrapuestos y también más imprevistos.
Por ambas partes se ha hecho derroche de valor y de pericia. Los dos jefes que han ido a colocarse frente a frente sobre el campo de La Tablada, demostraron igual pericia y valor.
Pero Paz ha cometido menores errores que Facundo, y su triunfo es la consecuencia de ello. Es muy posible que si Quiroga, en lugar de alejarse en dirección opuesta a la que las circunstancias le aconsejan, lo hace en sentido contrario, todo hubiese cambiado. Pero Quiroga ha cometido ese error, y el precio que tiene que pagar por ello se traduce en su derrota.
Facundo pudo triunfar cuando ya estaba derrotado, sin que Paz tuviese posibilidades de evitarlo. Para lograrlo, debió hacer todo lo contrario de lo que hizo. Pero procedió a la inversa y cuando quiso reaccionar contra el error cometido, era demasiado tarde. Y entonces ya no había nada que intentar, nada que fuese posible llevar a cabo para evitar la derrota, consumada.
Un golpe de audacia, uno de esos golpes que muy frecuentemente resuelven sobre el destino de hombres como Facundo, está a punto de darle, en La Tablada, una victoria dentro de su propia derrota. Una vacilación, cuando está próximo a triunfar, lo priva de la victoria y lo obliga a huir rumbo a La Rioja, iniciando así la tercera etapa de su existencia, aquella durante la cual ha de saborear más de una vez el amargo sabor de la derrota.
Al producirse la caída de Facundo en La Tablada, Lavalle ya ha perdido el control de la provincia de Buenos Aires, que pasa a manos de Rosas. Se originan, así, dentro del país, dos frentes: uno, federal, que tiene su base en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes; otro, unitario, con su centro en Córdoba y su jefe visible en el general Paz.
La Tablada es un espisodio trascendente, porque mediante él se logra la consolidación del partido unitario en Tucumán, la incorporación de Salta al mismo frente y la expulsión del gobernador Ibarra de Santiago del Estero. Pero, simultáneamente, la derrota de Lavalle en la provincia de Buenos Aires, federaliza la conducción de este poderoso Estado, que al quedar dependiendo de Rosas, priva al partido unitario de su principal y más rica base de operaciones. Estos hechos alteran fundamentalmente la fisonomía del país, con relación a la de 1820 y 1821
Fuentes:
- Newton; Jorge. Facundo Quiroga. Aventura y Leyenda.p.91.103
- Paz, Jose María. Memorias.
- La Madrid, Gregorio Aráoz de. Memorias
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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Fuente: www.lagazeta.com.ar