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LIBERTADOR DON JOSE DE SAN MARTIN
                          

Don José de San Martín
(01) Introducción
(02) San Martin y Rosas
(03) San Martin y los caudillos federales
(04) San Martin y la masonería
(05) Fuentes
(04) Artículos relacionados.

( Escuachar el Himno a San Martín )

"Cuando la Patria esta en peligro todo es lícito, menos dejarla perecer".
(José de San Martín)

"...Para defender la causa de la Patria no hace falta otra cosa que orgullo nacional..."
(José de San Martín)

“La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa nada” (José de San Martín en La campaña Libertadora).

“Unámonos, paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan: divididos seremos esclavos; unidos, estoy seguro de que los batiremos; hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra de honor. Mi sable no saldrá jamás de la vaina por opiniones políticas; usted es un patriota y yo espero que hará en beneficio de nuestra independencia todo género de sacrificios…” (Carta del Gral. San Martín a Estanislao López - 1819).

"La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, no le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta cuanto es creada para conservar el orden , afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La patria no es abrigadora de crímenes". (José de San Martin)

"Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestro disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieren atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la patria. (Carta se San Martín a José Gervasio de Artigas - Capdevilla, Arturo."El pensamiento vivo de San Martín. Bs.As. Edit.Losada 1957)

El Libertador San Martín empleó el término “gaucho” en dos comunicados para referirse a valientes fuerzas patriotas, pero la élite ilustrada porteña, sin embargo, lo suplantó por la expresión “patriotas campesinos” cuando los mensajes se publicaron en la Gaceta ministerial oficial (Cfr. Pérez Amuchástegui, A. J., Mentalidades Argentinas, Eudeba, Bs. As. 1970; Rojas, Ricardo, El Santo de la Espada, Losada, Bs. As. 1950, pág. 165).


SAN MARTIN Y ROSAS (Por Jorge Sulé)

Juan Manuel de Rosas Rosas inicia su segundo gobierno el 13 e abril de 1835 con una mayor recepción popular que la expresada en el primero.

La Suma del Poder Público no significaba la anulación del poder judicial. Este siguió funcionando y las causas se canalizaban y terminaban en ese poder. Rosas no podía, ni físicamente ni operativamente, estar en todas las demandas de todo el país. Sí dictó algunas sentencias en materia de delitos políticos o conexos, lo que hoy se llamaría por aplicación de la ley marcial, en la actualidad también en la órbita del poder Ejecutivo; algunos delitos comunes donde sobraba la instrucción del sumario como ciertos homicidios convictos y confesos; robos tomados “in fraganti” y en causas que hoy llamaríamos federales y no correspondían a los tribunales provinciales como el sumario y la sentencia a los asesinaos de Quiroga, arrestados en Córdoba, o la condena de Camila O´Gorman y el cura Uladislao Gutiérrez, arrestados en Entre Ríos, creando así el fuero Federal que perdura en nuestros días. Tampoco dejó de funcionar la Legislatura dictando las leyes correspondientes. No son muchos los casos en que el gobernador, en el uso legal de la Suma de los Poderes, dictó algunas leyes también en casos de urgencia o encontrándose en receso la Junta de Representantes; aunque dichas leyes después se sometieron a consideración del Poder Legislativo.

En la actualidad se dice que existe la división de los tres poderes: sabemos muy bien que la interferencia del Poder Ejecutivo en la Justicia ha sido permanente y hasta la Suprema Corte de Justicia con frecuencia ha sido nombrada a dedo. En cuanto a las leyes, después de Rosas, el Poder Ejecutivo nunca se cansó de mandar proyectos de ley a la legislatura que las mayorías políticas accidentales las sancionaban, algunas sin mayor examen y otras con modificaciones no sustanciales. Rosas hubiese podido mantener la apariencia de un “equilibrio o división de poderes” e influir secreta y eficazmente en la legislación y en la justicia como lo hicieron todos los sucesores constitucionales, pero no era su estilo. No caminó por el andarivel de la hipocresía.

Por otra parte, Rosas tenía un respeto sagrado por las leyes y si había de gobernar como dictador quiso que el pronunciamiento electoral y la Ley que le confirió la Suma del Poder lo establecieran precisa y terminantemente.

Los empleados públicos eran en su mayoría unitarios; los más comprometidos fueron separados, a los demás se los obligó a llevar la divisa punzó y prestar juramento de fidelidad a la “Santa Causa”. Manera de obligarlos por vergüenza o por miedo.

En el ejército también hubo “purgas”. Separó a los Jefes y oficiales más comprometidos con el partido unitario y a otros les hizo presentar juramento de fidelidad y llevar la divisa punzó. Las cesantías llegaron a la Iglesia, Rosas pidió y obtuvo del Obispo Medrano la separación de algunos curas de cuatro parroquias y sacerdotes de la Curia que se habían pronunciado por el partido unitario. Muy pronto se iniciaron procedimientos para arrestar y enjuiciar a los asesinos de Quiroga. (Los hermanos Reynafé habían huido en distintas direcciones).

San Martín, al tanto de los acontecimientos que se desarrollaban en su Patria, le escribió a Guido otra carta el día 17 de diciembre de 1835, en la que le dijo:

“Grand Bourg cerca de París, 17 de diciembre de 1835

“Señor Don Tomás Guido:

“Mi querido amigo…hace cerca de dos años escribí a Ud. que yo no encontraba otro arbitrio para cortar los males que por tanto tiempo han afligido a nuestra desgraciada tierra que el establecimiento de un Gobierno fuerte o más claro Absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer…25 años en busca de una libertad que no sólo no ha existido sino que en este largo período, la opresión, la inseguridad individual, destrucción de fortunas, desenfreno, venalidad, corrupción y guerra civil ha sido el fruto que la Patria ha recogido después de tantos sacrificios. Ya era tiempo de poner término a males de tal tamaño y para conseguir tan loable objetivo yo miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable, y no dudo que su opinión y las de todos los hombres que amen a su país pensarán como yo…”


Los conceptos de San Martín guardan una correspondencia total con los acontecimientos que se están sucediendo en el país. En la conciencia del Libertador ya se ha aposentado sin conocerlo, la recia figura del Dictador.

En carta a Molina del 27 de abril de 1836 dice sin dudar “…veo con el mayor placer la marcha uniforme y tranquila que sigue nuestro pais: ella sólo puede cicatrizar las profundas heridas que han dejado la anarquía, consecuencia de la ambición de cuatro malvados…”.

San Martín, después de casi dos años del 2° Gobierno de Rosas vuelve a expresar su pensamiento despojado de todo liberalismo, si es que alguna vez lo tuvo, y le manifestó a Guido en carta del 26 de octubre lo siguiente, “…veo con placer la marcha que sigue nuestra patria, desengañémonos, nuestros países no pueden (a lo menos por muchos años) regirse de otro modo que por gobiernos vigorosos…”.

Ese mismo día eran fusilados en la Plaza del Fuerte los hermanos Reynafé, Santos Pérez y algunos soldados de la partida que asesinó a Quiroga.

En la misma Plaza del Fuerte los cuerpos de los Reynafé y Santos Pérez fueron colgados de una horca para que fueran exhibidos al público.

A raíz del bloqueo francés declarado por la flota militar francesa en 1838, San Martín, por iniciativa propia, inicio el 5 de agosto de 1838 la correspondencia personal con Rosas, expresándole su adhesión y ofreciéndose. Así comenzó un intercambio epistolar que no se interrumpió hasta la muerte del libertador.

No es nuestro objetivo analizar las cartas de San Martín a Rosas. Solo exhumaremos algunas de ellas; su conocimiento será más que suficiente para demostrar el total respaldo de San Martín a Juan Manuel de Rosas.

No obstante, no podremos sustraernos a ciertas frases de San Martín en su correspondencia con Rosas porque remarcan la recta elucidación de los hechos, muchas veces desconocidos o tergiversados en nuestra historia.

En la segunda carta que le escribió a Rosas, el 10 de junio de 1839, informado del ataque militar de Francia al que se habían unido los unitarios que estaban en Montevideo, le dice “...Esta conducta (la agresión francesa) puede atribuirse a un orgullo nacional, cuando puede ejercerse impunemente contra un estado débil...pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espiritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condicion peor que la que sufriamos en tiempos de la dominación española: una tal felonia ni el sepulcro la puede hacer desaparecer...”

Los ceroferarios que custodian el Panteón de nuestra Historia Liberal Oficial han sabido escamotear estos conceptos, porque de lo contrario, algunas estatuas no hubieran entrado al recinto, por lo menos con las dimensiones que les han sido otorgadas.

A las dos cartas mencionadas, le siguen la del 30 de octubre dirigida a Arana, para conocimiento de Rosas, en la que desiste de su designación de Embajador en Perú; la del 30 de junio de 1845; la del 2 de noviembre de 1848; la del 29 de noviembre de 1849 y la del 6 de mayo de 1850, tres meses antes de su fallecimiento. Pero como dijimos, no es nuestro propósito analizar todo ese epistolario.

(Ver Rosas y San Martín - Su relación)


SAN MARTIN Y LOS CAUDILLOS FEDERALES (Por Jorge Sulé)

Las jornadas de la preparación independista y el desarrollo espectacular que le demandó su épico esfuerzo del cruce cordillerano y las grandes llamaradas de Chacabuco y Maipú, que consolidaron la independencia de Chile y lo catapultarán hacia el Perú, no evitaron que el Libertador siguiera mirando con honda preocupación las vicisitudes políticas internas de su país.

Por esas épocas, y en un principio, creyó que la causa del espectáculo anárquico que ofrecían las “desunidas Provincias del Plata”, como él las llamara alguna vez, era el proclamado federalismo que exigían las provincias al centralismo porteño y que esa obstinación conduciría a la disolución nacional.

Pero poco a poco fue corrigiendo su punto de mira político. Con su apreciación pragmática y realista, que iba surgiendo de su aprendizaje de las distintas realidades de las tierras americanas, observó que los caudillos provinciales, no obstante sus localismos, no eran centrífugos, por el contrario, aspiraban a la unidad: las autonomías que exigían las hacían en nombre de la Nación a la que se sentían indisolublemente unidas y ligadas.

Su fino olfato político lo convenció que el desenlace de la guerra de la emancipación lo podían concluir favorablemente en la medida que se “gestara una alianza igualitaria entre Buenos Aires y los conductores provinciales”.

Los caudillos entendieron. El centralismo porteño no.

“El centralismo faccioso directorial-unitario, malograba esa posibilidad y posponía la prosecución bélica en aras de su propio sostenimiento político”. Efectivamente: el gobierno había iniciado gestiones en Brasil que estimularían las propias ambiciones territoriales lusitanas: su expansión hacia la Banda Oriental.

Este desatino antinacional de resignar territorios a favor de Brasil, perseguían, entre otras cosas, el deleznable propósito de sacarse de encima al caudillo argentino oriental José. G. Artigas de decisiva influencia en la Banda Oriental y el litoral argentino.

El resultado de estas gestiones fue la invasión de Brasil a la Banda Oriental, conducidas las tropas brasileñas por el general Lecor, con la consiguiente neutralización de Artigas y nuestra mutilación territorial.

Los caudillos del litoral, por ésta y otras razones (los intentos monárquicos gestionados en Europa), resolvieron enfrentar al gobierno porteño. Este llamó a San Martín para que con sus efectivos lo protegiera del envión caudillesco.

Pero San Martín –quizás ya advertido de la verdadera significación de los antagonismos - se negó a concurrir argumentando la prioridad emancipadora sobre cualquier otra cuestión.

En los hechos, les dejó las manos libres a Estanislao López y Francisco Ramírez para que le propinaran una “paliza” a Rondeau, lo que sucedió en la batalla de Cepeda (1820), cayendo así el régimen directorial-unitario que estaba en colusión vergonzosa con Brasil.

No se trata por lo tanto de un simple enfrentamiento entre directoriales y montoneros, ya que estos últimos aparecían luchando por la integridad del patrimonio territorial y los primeros, por razones de subalternas políticas, aparecían con una frivolidad espeluznante desprendiéndose de extensiones inmensas de territorio, regalando con dispendiosa prodigalidad a la corte de Don Pedro del Imperio del Brasil una porción importante de nuestra heredad hispánica.

Para San Martín, la emancipación de la América Española conllevaba inevitable y necesariamente la conservación de su patrimonio territorial y, si fuera posible, su unidad e integración en grandes bloques: esa era su idea-fuerza.

Las formas políticas organizativas deberían corresponderse con esa idea fuerza.

En otras palabras, para San Martín primero estaba su idea fuerza y luego las formas organizacionales que se adaptaren mejor a su prioridad, formas que asegurasen la independencia de España y de cualquier otra nación extranjera y la integridad territorial.

He aquí el silogismo axiológico de San Martín. Esta axiología lo fue acercando a los caudillos, ya que advirtió que en el aferramiento a la tierra que demostraban y el repudio a toda connivencia extranjera y europeizante que expresaban, estaba ínsito su propio ideario, por lo que el acercamiento fue mutuo.

Ambos eran contrarios a la conquista portuguesa sobre territorios rioplatenses y a la instauración monárquica borbónica en el país. San Martín no transigió con ninguna de las ramas de los Borbones, ni la española ni la francesa gestada en las tramitaciones oficiales. Tampoco aceptó dar ventajas a los Braganza mezclándolos en los pleitos internos del país....su visión de los problemas nacionales tenía notorias afinidades con los caudillos; enfrentaban los mismos enemigos y la misma sinuosidad de una política enfeudada a extraños intereses.

Y aunque no se expidiera explícitamente por el federalismo (que lo vio al principio como riesgoso), tuvo una ostensible inclinación personal hacia los jefes federales. Por otra parte, fueron ellos los que le demostraron adhesión y lealtad ante el silencio y la hostilidad que recibió San Martín del gobierno unitario de Buenos Aires.

La correspondencia que tiene con los caudillos y gobernadores federales Guemes, Artigas, Aráoz, Estanislao López, Bustos, Heredia, Ibarra y Facundo Quiroga es harto significativa, amén del sostén en hombres y vituallas que procedían invariablemente de las provincias mientras le eran negados por Buenos Aires.

Esta vinculación “teóricamente entraña el conocimiento del régimen federal; pero políticamente eran la comprensión que San Martín tenía del fenómeno del caudillismo como expresión espontánea y exuberante de las masas y del sentimiento autonómico de los mismos”. Reflexión que parte de un investigador poco proclive a simpatizar con los jefes federales.


SAN MARTIN Y LA MASONERIA (Por Jorge Sulé)

Se ha incursionado bastante sobre este tema. Es hora de hacer un balance.

En el Nº 16 de la revista “Todo es Historia”, de agosto de 1968, una nota del Dr. Enrique de Gandía, haciendo uso de su acostumbrada actitud apodíctica, afirmó rotundamente el carácter masónico de San Martín: ardua e infructuosa tarea, porque tenía que corregir a conspicuos masones como Sarmiento, que explicaron que la Logia Lautaro “No era una masonería como generalmente se ha creído, ni menos las sociedades masónicas comprometidas en la política colonial…”.

También tuvo que enfrentar a su propio maestro, Bartolomé Mitre, Gran Maestre de la Masonería Argentina, que admitió que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era sólo político…” . O tenía que rebatir a masones contemporáneos como Martín Lascano, que negó el carácter masónico de la Lautaro y, por consiguiente, de San Martín, en varias oportunidades.

También el historiador de la Academia Nacional de la Historia tuvo que enfrentar a sus pares de la Corporación, como Juan Canter o Guillermo Furlong Cardiff que, en un valioso estudio aseveró que “San Martín jamás fue masón en el sentido que se le da hoy en día a este vocablo…San Martín perteneció a la Logia Lautaro. Es un hecho indubitable, pero igualmente lo es que esa logia nada tenía de masónica en el sentido heterodoxo de este vocablo fuera de sus formas externas…”.

El artículo del Dr. De Gandía no convenció porque no aportó documento probatorio alguno y, en cambio, originó varias réplicas, una de ellas publicada en el Suplemento Nª 14 de la revista “Todo Es Historia”, en la que el historiador de la Academia Sanmartiniana, Coronel Leopoldo Ornstein, con aquilatada y profusa documentación, desnudó las pretensiones iconoclastas del primero y entibió el entusiasmo de los masones que viven en la Argentina, que nunca pudieron probar el masonismo de San Martín y, por el contrario, muchos de éstos en el siglo pasado y en éste, lo siguieron negando.

Pero a nadie, hasta hace muy poco, en el mundo de los historiadores, se le había ocurrido consultar directamente a las logias centrales europeas de las que dependían las americanas, en cuyos archivos, tendrían que estar registradas tanto las logias como sus integrantes o, por lo menos, sus fundadores, como lo establecen los requisitos de la masonería mundial.

Este camino de metodología directa y contundente lo efectivizó el historiador Patricio Maguire. Fallecido este gran investigador, todo su archivo de documentos históricos inéditos, pasó en custodia al historiador Norberto Chindemi, quien ha dado a luz parte de dicho archivo. Entre estos documentos publicados, se encuentra la correspondencia entre el historiador Patricio Maguire y las Centrales de la Masonería de Inglaterra. Escocia, Irlanda y otras.

Transcribimos textualmente parte de esas correspondencia, que es definitivamente esclarecedora:

Carta de Patricio Maguire a la Gran Logia Unida de Inglaterra

¿Quien inventó del dulce de leche? Madrid, Agosto 7, 1979.

Al Señor Gran Maestre de la
GRAN LOGIA UNIDA DE INGLATERRA
Freemasons May
Great Queen Street WC 2
LONDRES

Estimado señor:

Soy un historiador argentino que investiga los antecedentes de la revolución e independencia de las posesiones españolas en América, con especial referencia a la argentina.

Gran importancia se atribuye a la acción de la denominada Logia Lautaro, existiendo una controversia ya centenaria respecto si constituyó una logia masónica o una logia puramente política (…).

Ningún historiador ha dado a conocer una respuesta basada en documentos.

Todo ha sido deducción pura.

Por esta razón el suscripto recurre a vuestra amable ayuda (…).

(…), podría resultar posible que esa Gran Logia poseyera los archivos de aquella época donde se registraría la existencia, si fueran masónicas, de las logias y sus afiliados.

Las logias cuyos antecedentes procuro hallar son las siguientes:

1) Logia Lautaro (de Buenos Aires y de Chile).
2) Logia de Caballeros Racionales Nª 7, de Londres.
3) Logia Gran Reunión Americana de Londres.
Las dos primeras pueden haber sido fundadas en 1808 y 1811. La tercera, algunos autores señalan su creación hacia 1795.

Las principales personas que presidieron o pertenecieron a esas logias fueron:

1) Francisco Miranda, de Venezuela.
2) Carlos María de Alvear, de Buenos Aires.
3) Simón Bolívar, de Venezuela.
4) José de San Martín, Matías Zapiola y Martiniano Chilavert, de Buenos Aires.
5) Bernardo O`Higgins, de Chile.
6) Luis López Méndez y Andrés Bello, de Venezuela.

Preguntamos:

1) ¿Algunas de las mencionadas logias fueron inscriptas por la Gran Logia Unida de Inglaterra?
2) ¿Podían los masones extranjeros ajenos a la jurisdicción inglesa instalar logias masónicas en Inglaterra durante aquellos años?
3) ¿Existe algún documento de carácter masónico en los Archivos de esa Gran Logia, referentes a las logias o personas antes mencionadas, y de existir, podría obtenerse fotocopia de los mismos, teniendo en cuenta su valor histórico?

Quedaría muy agradecido a las autoridades de esa Gran Logia por cualquier información que pudieran suministrarme.

Patricio Maguire
Mi domicilio hasta el 15 de octubre de 1979:
Lagasca 67 Ap. 309 B
MADRID-ESPAÑA

La respuesta no se hizo esperar, y la contestación llegó de esta manera:

Gran Logia Unida de Inglaterra
Freemasons Hall – Great Queen Street- London
Departamento del Gran Secretario.

21 de agosto de 1979

Estimado Señor:

Su carta del 7 de agosto de 1979, dirigida al Gran Maestro, me ha sido derivada para su contestación.

1) La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en Buenos Aires en 1812 y no tenía relación alguna con la Francmasonería regular.
2) Las tres logias que Ud. menciona en su carta, jamás aparecieron anotadas en el Registro o en los Archivos ni de los Antiguos modernos, ni de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país en este país entonces ni posteriormente.
3) Las seis personas mencionadas en su carta, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fueron miembros de logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra. 4) La gran Logia de Inglaterra no era el único organismo masónico existente durante el período del cual está usted interesado. Existían grandes logias independientes en Irlanda, Escocia, Francia, Holanda y Estados Unidos de América, todas las cuales autorizaban la instalación de logias propias.
5) Nunca han existido medios legales para prohibir que extranjeros en Inglaterra crearan sus propias logias, pero tal acción siempre ha sido considerada por la Gran Logia de Inglaterra como una invasión de su soberanía territorial, y las logias así creadas no serían reconocidas como regulares, ni se permitiría a sus miembros concurrir a las logias inglesas o que los masones ingleses concurrieran a aquellas.
Sinceramente suyo.
J.W Brubbs. Gran Secretario

P. Maguire, Esq.,
Lagasca 67- Ap. 309 B
Madrid, Spain.


En la misma fecha, el historiador Maguire dirigió una carta a la Logia “Quator Coronati N° 2076, que está en la misma sede de la Gran Logia Unida de Inglaterra y que agrupa en su seno a historiadores masones dedicados a la investigación.

El tono y el requerimiento del historiador argentino son similares a los utilizados en la carta anterior.

Espigaremos algunos fragmentos por la similitud de la respuesta.

“...Es una cuestión a la cual recibimos requerimientos de tiempo en tiempo, pero sobre la cual estamos imposibilitados de proveer cualquier evidencia sobre las fuentes primarias debido a que no existió contacto alguno entre la francmasonería regular y esos movimientos dedicados a la independencia de Sudamérica. Las logias a las cuales Ud. se refiere en su carta no eran en ningún aspecto logias masónicas regulares, sino sociedades secretas políticas...”.

Luego, el autor de la respuesta sugiere la lectura de Mitre y transcribe párrafos de su obra en la que el autor argentino se explaya en los mismos términos.

Ya finalizando la carta, expresa:

“Que varios miembros de la Lautaro fueron masones no cabe la menor duda. Uno de mis predecesores John Heron Lepper, quien fue un lingüista español y una autoridad en asuntos de Sudamérica, dijo que él había investigado todo registro probable en Freemasons Hall con el objeto de relacionar aquellos con la logia inglesa, pero sin éxito.
(...) Lamento que mis informes (...) Los archivos por lo tanto, están desprovistos de documentación referente a las entidades y personas que Ud. menciona. Espero que lo manifestado sin embargo pueda servirle de ayuda.

Suyo sincera y fraternalmente
T.O Hauch
Bibliotecario y Curador Sr.

Patricio Maguire
Lagasca 67 Ap. B 309
Madrid, España.


Cartas similares el historiador argentino dirigió a la Gran Logia de Escocia y a la Gran Logia de Irlanda con resultado negativo.

No existe, por lo tanto, rastros en las grandes logias inglesas, escocesas e irlandesas, que pudieran probar el masonismo de la Logia Lautaro y de San Martín. El historiador Maguire no hizo la pesquisa en las logias francesas y holandesas. O bien consideró la indagatoria como improcedente por estar Holanda o Francia fuera de la cuestión o por sospechar que los resultados negativos de las respuestas hubieran sido similares a las obtenidas por Inglaterra.

Por lo tanto, reiteramos que la Logia Lautaro fue una reunión de americanos con exclusivos fines políticos y militares como lo fue en este siglo el G.O.U (Grupo de Obra y Unificación) que programó y llevó a cabo la Revolución de 1943. En otras palabras, existían grupos políticos y militares al margen de la masonería e independientes de su ideología y sus mandatos, con frecuencia opuestos ideológicamente a ella y que se reunían en la prosecución de objetivos políticos y/o militares.


Fuentes:

- Sulé Tonelli, Jorge.
- Obras citadas.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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- El sable de la soberanía.
- El testamento de san Martín.
- "No somos emanadas" (El vaticinio de San Martín)
- San Martin y Rivadavia.
- El frustrado regreso de San Martin.
- Josefa Balcarce y San Martin.

                          

Fuente: www.lagazeta.com.ar

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