Home
Home



Columna del "Rosarino"


Temario.


03.
Manuel Ugarte - Un hombre de sueños
02. Ley Saenz Peña - La primera vez
01. A 45 años del derrocamiento de Frondizi

 
   


LEY SÁENZ PEÑA

LA PRIMERA VEZ

El 31 de Marzo de 1912, la Provincia de Santa Fe es el escenario de la aplicación, por primera vez, de la denominada Ley Sáenz Peña de sufragio universal (masculino) secreto y obligatorio (Ley Nacional de Elecciones Nº 8.871).

El sufragio secreto evitaba el tráfico de votos y se aplicaba, asimismo, el sistema de lista incompleta: la mayoría obtenía 2/3 de los cargos y el tercio restante lo ocuparía la primera minoría.

Señala Fernando Sabsay en “Presidencias y Presidentes constitucionales argentinos“ (Colección Fin del Milenio): “Roque Sáenz Peña asumió la primera magistratura el 12 de octubre de 1910, acompañado por Victorino de la Plaza como vicepresidente. El hecho más destacable de su gestión fue la Ley General de Elecciones, a la que aplicó todo su esfuerzo y dedicación: el voto pasaba a ser universal, secreto y obligatorio. El nuevo presidente estaba decidido a cambiar las prácticas políticas que se venían utilizando. La prepotencia política y los matones de comités habían alejado a la ciudadanía de los comicios. La libertad de sufragio llevaría al electorado a las urnas. La ley Sáenz Peña inició ese proceso, esa fue la más importante obra de su gobierno y su aporte imperecedero a la política nacional”.

Roque Sáenz Peña afirmaba: "En este momento decisivo y único vamos jugando el presente y el porvenir de las instituciones. Hemos llegado a una etapa en que el camino se bifurca con rumbos definitivos. O habremos de declararnos incapaces de perfeccionar el régimen democrático que radica todo entero en el sufragio o hacemos otra Argentina, resolviendo el problema de nuestros días, a despecho de intereses transitorios que hoy significarían la arbitrariedad sin término ni futura solución".

Las conversaciones reservadas entre Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen indican que éste último manifestó: "El Partido Radical no busca ministerios, únicamente pide garantías para votar libremente en las urnas". El Caudillo radical diría más adelante: "El gobierno nos da garantías; dejaremos la abstención y concurriremos a las urnas".

Y así, en Santa Fe, intervenida por el conservador Anacleto Gil, tres fórmulas se candidatean: la Coalición Conservadora, con Marcial Candioti y Alberto Paz, la UCR con Manuel Mencheca y Ricardo Caballero, y la Liga del Sur con Lisandro de la Torre y Cornelio Casablanca. El día del comicio la afluencia fue multitudinaria.

Eran necesarios 32 electores para consagrar gobernador, obteniendo la Unión Cívica Radical, 34 (25.000 sufragios); con los que logró la mayoría, y la Liga del Sur la minoría (17.000 votos).

La Unión Cívica Radical condujo la propaganda con habilidad y eficacia levantando la bandera de la pureza del sufragio, la lucha contra el fraude y los privilegios de la vieja oligarquía, para atraer y apoyarse en la gran masa de la clase media, obreros y jornaleros del campo, prestigiando hombres nuevos, reclutados en diferentes actividades y círculos. Su excelente disciplina y el entusiasmo de sus partidarios le permitió alzarse con el triunfo.

Durante el gobierno del Doctor Manuel Menchaca, (médico y farmacéutico), y a pocos meses de haber asumido, estalla el movimiento campesino conocido como el Grito de Alcorta, (25 de junio de 1912). Era esta zona del sur santafesino, maicera por excelencia. Los agricultores comenzaron una huelga que tuvo importantes repercusiones en nuestro país. Fue la primera protesta agraria, que originó las bases de un nuevo derecho rural donde se promovieron formas de economía social en la explotación y comercialización de los productos del campo y se creó la Federación Agraria Argentina.

Al llegar a nuestro país, los inmigrantes tuvieron varias alternativas: convertirse en colonos (que les abriría el paso para llegar a ser propietarios de las tierras) o ubicarse como arrendatarios, sin la posibilidad de transformarse en propietario, llevando circunstancias adversas como los resultados de la cosecha y las obligaciones que les imponían los propietarios: trillar con la máquina que éstos le indicaran, venderle a él la cosecha y adquirir los artículos de primera necesidad en un comercio determinado. El malestar imperante, se agravó con la crisis de 1909 y las malas cosechas de 1910.

Si bien la causa inmediata de la huelga estaba basada en la mala situación económica de los agricultores, el verdadero fundamento fue la ausencia de una legislación agraria que equilibrara las desiguales relaciones jurídicas entre los propietarios que poseían los medios de producción y los colonos, que no contaban más que con su fuerza de trabajo. Los arrendatarios no tenían la menor seguridad en su trabajo, en cualquier momento podían ser desalojados del campo en que trabajaban y despojados de sus máquinas y útiles de labranza. Cualquier mejora que introdujeran en la chacra, quedaba a beneficio del patrón. A tal efecto Juan B. Justo, en una exposición concisa, llegó a la conclusión de que “había que asegurar al agricultor la inembargabilidad de sus elementos de trabajo, indemnizarlo por las mejoras realizadas en el campo, asegurarle la libertad de cosechar con las máquinas que creyera conveniente, abolir los impuestos que gravaban la producción, eximir del pago de la contribución directa a la pequeña propiedad rural y dar alojamiento digno a los obreros del campo”.

Juan B. Justo, defendió a los agricultores en el Parlamento Nacional, y fue suya la primera voz que se hizo oír en la Cámara denunciando a terratenientes e intermediarios subarrendadores como explotadores de los agricultores. Sus interpelaciones a los Ministros de Agricultura Adolfo Mujica en 1912 y a Alfredo Demarchi en 1918, constituyen valiosos documentos históricos que fijan claramente la situación del campo argentino en aquella época. Justo fue el autor del primer proyecto de ley de arrendamientos presentado en nuestro Parlamento Nacional, el 4 de agosto de 1913.

La huelga duró cuatro meses aproximadamente. El movimiento se propagó sobre la base de la unánime solidaridad que se estableció durante el conflicto.

El Diario La Prensa informaba que a pesar de las resistencias patronales y la represión policial de las manifestaciones la huelga se fue extendiendo y, por consecuencia, se comenzó a descalificarla buscándole tintes extremistas.

La intervención del Gobierno Provincial de Santa Fe (Menchaca - Caballero) hace que los terratenientes se avinieron a mejorar las condiciones de contratación con los chacareros arrendatarios.

“El Grito de Alcorta fue mucho más que una huelga justa y el triunfo de una reivindicación del trabajo. Fue el primer paso que se dio en la historia Argentina para corregir las relaciones de propiedad rural imperantes en nuestro país. Fue el origen de organizaciones de economía social y representaciones de intereses gremiales que generaron una racional explotación de la tierra y distribución de su producto y procuró vincular sus intereses de sector con el interés nacional y la defensa de las instituciones democráticas”. Un capítulo especial, merece el referirse al Vicegobernador de ese entonces, Doctor Ricardo Caballero.

Héctor Nicolás Zinni, historiador y librero, que se erigió en una referencia local después de publicar "Rosario de Satanás", profundo y metódico, escribió un libro sobre la vida y obra de Ricardo Caballero, diciendo de él: “"Defendió los intereses del pueblo" y “fue uno de los personajes más emblemáticos de un país yrigoyenista”.

Señala Zinni en un reportaje: “me impresionó su personalidad. Yo lo conocí cuando tenía siete años de edad y él me curo de una afección. Mi padre gozaba de su amistad y gracias al doctor Caballero hubo un pan más en la mesa familiar, cuando hizo entrar al autor de mis días como bibliotecario en la Facultad de Medicina de Rosario. Mi padre era uno de los poetas del Centro de Estudios Argentinistas Juan Manuel de Rosas que había fundado el doctor Caballero y que tenía más de 30 filiales aquí y en el sur de Córdoba. Ahí nomás de haber empezado a conocer los versos criollos de mi viejo, Caballero, gran activista, lo tomó prácticamente bajo su tutela”.

”Mi obra - dice Zinni - refleja la imagen pura, luchadora y rebosante de ideales de quien fuera caudillo argentinista - siempre en defensa del hijo de nuestra tierra, además de eminente, altruista y galardonado profesional médico de vida espartana, quien, además de haber sido miembro fundador de la Facultad de Medicina de Rosario, de la Biblioteca Clásica de dicha Facultad y creador de la cátedra de Historia de la Medicina, ocupó dos veces la banca de Diputado y otros dos períodos la de Senador de la Nación, además de haber sido un muy buen escritor, un excelente narrador y un eminente catedrático; defendió desde su banca en las oportunidades que se le brindaron, los intereses del pueblo que lo había elegido, entre ellos la tan resistida en su momento Ley de Jubilaciones y otras no menos notables iniciativas que lo tuvieron como protagonista”.

El Doctor Ricardo Caballero tomó parte en las revoluciones de 1893, 1903 y 1905, siendo encarcelado por ello. Intimo amigo de Hipólito Irigoyen, fue Jefe Político de Rosario, solucionando numerosos conflictos obreros a favor de los mismos en los tiempos que los sindicatos no existían.

Fue Presidente de la Caja Nacional de Ahorro Postal y contó entre sus numerosas y calificadas relaciones y amistades con la de Homero Manzi, quien lo hizo personificar por el actor Juan Carrara en la película "El último payador".

En estos tiempos difíciles, se hace necesario el rescate de figuras de tamaña talla, para la consolidación de un pensamiento y una acción en salvaguarda de nuestra memoria histórica y de nuestro futuro como Nación.

La Ley Sáenz Peña se volvería a aplicar por segunda vez el 2 de Abril de 1916, en que ganó la presidencia de la Nación el Doctor Hipólito Irigoyen, a la que pudo acceder porque el Doctor Ricardo Caballero - quien ya había fundado la Unión Cívica Radical de Santa Fe - le envió los 19 electores que le faltaban, siendo evidente que si esto no se hubiese dado, en una actitud desinteresa y de gran adhesión a Irigoyen, otra hubiera sido nuestra historia nacional a partir de allí.

Osvaldo Vergara Bertiche


A 45 AÑOS DEL DERROCAMIENTO DE FRONDIZI.



¡OH... CASUALIDAD!

Como no vamos a utilizar la interjección “oh”, si ésta expresa “muchos y muy diversos movimientos del ánimo, y más ordinariamente asombro, pena o alegría” (Diccionario de la Real Academia Española)

Y el caso que nos ocupa, no nos causa asombro, sino pena, porque los destinos de la Patria han dependido de ciertas ¿casualidades? como “La crueldad inteligente”, que para Maquiavelo, “puede ser un atributo del buen gobierno cuando el monarca necesita asentar su autoridad, a fin de evitar el mal mayor del desgobierno”.

Y este preámbulo sirve ya que en 1926, el entonces estudiante Arturo Frondizi, mientras cursaba quinto año, publica su primer artículo periodístico en el boletín del colegio sobre “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo. (www.agendadereflexion.com.ar - número 273). ¡Oh casualidad!

A 45 años (29 de Marzo de 1962) de la caída del gobierno no precisamente bien gobernado de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) vale la pena resaltar algunas cuestiones inherentes.

“Anticapitalista y antiimperialista aún, en 1956, Frondizi se convirtió a la libre empresa; librepensador, declaró su fe católica y apoyó la enseñanza libre. Antiperonista no hacía mucho, resultó electo por los votos peronistas, y, lo que es peor, a base de un programa que no está totalmente desprovisto de referencias negativas al régimen derrocado; así sucedió a pesar de que los peronistas lo colmaron de insultos hasta la víspera de la orden del líder. Electores y opositores desconfiaron desde el primer día del nuevo presidente. La fama de maquiavelismo y duplicidad de Frondizi, cuyas sucesivas sinceridades resultaban sospechosas, comenzó antes de que asumiera sus funciones”. (Alain Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina, Tomo II: 1943-1973, Buenos Aires, Emecé, 1982, página 151).

El partido liderado por Frondizi, una de las dos fracciones en que se había dividido la Unión Cívica Radical en marzo de 1957, no participó de la elaboración del programa de gobierno.

Lo que se ha dado en llamar “frondizismo” se generó por fuera del partido, en un equipo técnico liderado por Rogelio Frigerio y conformado por jóvenes y “brillantes” empresarios.

Es que Frondizi y Frigerio estaban convencidos de que era posible llevar a cabo un “esfuerzo orgánico” para realizar un cambio estructural de fondo en el país a partir de importantes inversiones y técnicas modernas que llevarían “naturalmente” a un aumento de la producción, al pleno empleo y a la “desaparición” de conflictos sociales.

Desde 1955 en adelante, todos creían que se podía poner en marcha una serie de esfuerzos destinados a destruir al peronismo para crear una alternativa civil de apoyo mayoritario; fue en vano.

Al mismo tiempo nadie logró recuperar ni la prosperidad ni el crecimiento sostenido que se había dado desde 1946; “la inflación crónica y los repetidos ciclos de recesión y recuperación detuvieron su proceso hacia la industrialización”.

“Las divisiones sociales y políticas se hicieron cada vez más tensas y violentas, y los sucesivos gobiernos fueron incapaces de impedir la progresiva decadencia institucional. Las alianzas político militares se hicieron constantes; las Fuerzas Armadas fueron asimilando esta necesidad de ciertos grupos civiles de contar con el apoyo militar, y los gobiernos de facto se fueron institucionalizando, hasta derivar en el sangriento Proceso de Reorganización Nacional”.

Es que el derrocamiento del gobierno democrático nacionalista popular de Perón implicó el cierre de un ciclo histórico.

Desde entonces se sucedió una época de "empate" entre fuerzas, alternativamente capaces de vetar los proyectos de las otras, pero sin capacidad real y suficiente para imponer perdurablemente los propios.

Ese “empate político" se vio reflejado, por sobre todo, en los ciclos periódicos de las llamadas “crisis” económicas.

En honor a la verdad, las “crisis” no eran tales, ya que desde cualquiera de ellas se puede retroceder. En la Argentina se había entrado en un profundo proceso de “decadencia” del que ya resultaba, a todas luces vista, imposible de detenerlo en un marco que no fuera “revolucionario”, en definitiva retornar a la “revolución inconclusa” que se había puesto en marcha desde el mismo 17 de Octubre de 1945 y que fuera interrumpida en Setiembre de 1955.

Así, desde entonces, el poder económico fue compartido entre la oligarquía vacuna-agraria pampeana (proveedora de divisas y por lo tanto dueña de la situación en los momentos de inestabilidad externa) y los sectores hegemónicos del capital internacional. La burguesía industrial, (en retroceso constante) quedaba solamente “volcada” hacia un mercado interior cada vez más con menor capacidad adquisitiva.

Los que “terminaron” con “La Segunda Tiranía” creían que con tiempo y “educación democrática” se podría integrar a los peronistas a la “sociedad” que pergeñaban, que ya no era, ni tan siquiera la discursiva “ni vencedores ni vencidos”, sino una predominantemente intolerante y antinacional.

El “gorilaje” de pelambres distintas, condenaban a un ridículo silencio a las mayorías populares.

“La regla tácita operante durante esta época señalaba que el peronismo no debía gobernar ni podía ocupar espacios de poder relevantes. Quien, por táctica o principios republicanos, diera lugar a su retorno a posiciones de poder, aunque fueran parciales, sería desplazado por el método tradicional de los cambios críticos: el golpe de Estado”. Con el Gobierno de Pedro Eugenio Aramburu, las clases dominantes deciden "poner la casa en orden" terminando con todo tipo de políticas ambiguas.

La historia es conocida: proscripción total del peronismo y prohibición del uso de sus símbolos; intervención de la CGT, como así de la mayoría de los sindicatos; persecución y cárcel de dirigentes y militantes políticos y gremiales; anulación de la Constitución de 1949, entre tantas otras “fechorías”, como los fusilamientos de 1956.

“Procurando desarmar lo más posible el aparato de la organización obrera peronista, el gobierno de Aramburu sentó la base institucional para el proceso que se abriría con Frondizi: el reemplazo de trabajo por capital en el desarrollo industrial, esto es, el despojo de los derechos sociales peronistas en función de la acumulación de capital y la eficiencia de la economía”.

Perón, demostrando la fuerza y capacidad de conducción que desde el exilio mantenía, en 1958, desde Madrid, indica al Movimiento Nacional Justicialista votar por el radical disidente y desarrollista Arturo Frondizi.

Por otra parte es necesario señalar que el candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo, el Doctor Ricardo Balbín, era el “candidato oficioso” de los sectores más antiperonistas de las fuerzas armadas. Así, el 23 de Febrero de 1958, con el peronismo proscripto, con 4.070.398 (44,79%) votos, contra 2.617.693 del opositor (28,80%), Arturo Frondizi se hace cargo del Poder Ejecutivo Nacional.

El “voto en blanco” que para la Convención Constituyente de 1957 alcanzó 2.115.861 votos (25%), y que resultó “ganador”, cosa inédita en la historia política en nuestro país, en ésta última (1958) obtuvo 841.400 (9,26%), que sin duda alguna también fueron sufragios peronistas.

La UCRI en 1957 alcanzó 1.847.603 sufragios. Queda claro como el “voto auténticamente peronista” dio el triunfo a Frondizi en 1958.

El ideario desarrollista concebía al capital extranjero como el elemento dinamizador del desarrollo, “debidamente orientado por el estado en beneficio de los intereses nacionales”, logrando así que la antinomia entre capital externo y nacionalismo económico dejara de tener sentido.

“Las condiciones de acumulación e inversión insuficientes provocaban en los países subdesarrollados la ausencia del capital necesario para la instalación de las industrias básicas y la construcción de las obras de infraestructura. De esta manera, el capital extranjero debía contribuir al desarrollo de la explotación petrolera, la siderurgia, la energía eléctrica, la petroquímica, etcétera” (Fanor Díaz, Conversaciones con Rogelio Frigerio, Buenos Aires, Colihue-Hachette, 1977, páginas 111-114)

El programa económico frondi-frigerista incluía los siguientes pasos: “a) incrementar la tasa de acumulación de capital interno; b) fomentar el ingreso de capital y tecnología extranjeros; c)sustituir importaciones; d) diversificar exportaciones; e) ejecutar una política fiscal y monetaria subordinada al fin económico del desarrollo; y f) orientar las inversiones hacia los rubros más productivos” (Rogelio Frigerio, Crecimiento económico y democracia, Buenos Aires, Paidós, 1983, páginas 74-75).

En este programa la primera prioridad la tenía el petróleo, la segunda el acero, la tercera era recuperar la capacidad exportadora del país. “El desarrollismo habían acuñado la fórmula: petróleo + carne = acero”.

Es cierto que después de Perón, el sector industrial se había reducido a pequeños capitalistas y talleres artesanales de baja eficiencia y competitividad, pero con una gran capacidad de empleo. Las grandes corporaciones del país, que cubrían las áreas de industria y servicios públicos, eran todavía propiedad del Estado.

En Diciembre de 1958 se promulga la Ley de Inversiones Extranjeras que trajo como consecuencia la radicación de capitales, principalmente norteamericanos, por más de 500 millones de dólares, concentrándose el 90% en las industrias químicas, petroquímicas, metalúrgicas y de maquinarias eléctricas.

Y es desde ese momento que se consolida un nuevo actor político: el capital extranjero inserto en la industria. La burguesía industrial de carácter nacional debe, desde entonces, amoldarse a sus decisiones. Al mismo tiempo relega el liderazgo a la gran burguesía oligárquica, convirtiéndola en socia para, fundamentalmente, los momentos de “crisis”.

La política quedó subordinada a una nueva clase dirigente: la burguesía gerencial, que empezó a conformar un nuevo Establishment.

La consecuencia inmediata de esta política fue la fuerte declinación de los salarios, del poder adquisitivo de los trabajadores y la pauperización del conjunto de la población.

Todo olía a entrega. Entrega al imperialismo yanqui.

Los contratos con ocho compañías petroleras extranjeras y la privatización del frigorífico Lisandro de la Torre desbordaron toda expectativa de cambio; quedaba como síntesis la traición; el maquiavelismo estaba en marcha.

Ante la creciente oposición y una recesión galopante, con poco espacio para maniobrar, Frondizi, encontrándose entre la espada y la pared, cede a todos y cada uno de los planteos militares.

Así declara el Estado de Sitio y luego el plan de represión CONINTES para desmovilizar a los trabajadores.

Al mismo tiempo legalizaba al Partido Peronista para competir en las elecciones de 1962 para gobernaciones provinciales; el peronismo gana en cinco distritos y esto fue intolerable para los militares, por lo que decidieron, lisa y llanamente, el derrocamiento de Frondizi, poniendo en vigencia, nuevamente, el más virulento antiperonismo, al mejor estilo de los años ‘55 y ‘56.

No debemos olvidar que en el mes de Enero de 1962, a raíz del anuncio de que Andrés Framini competiría por la gobernación de la provincia de Buenos Aires con Juan Domingo Perón como compañero de fórmula (vicepresidente), hizo a la reacción del Gobierno Argentino señalando que éste (Perón) era un “prófugo de la justicia” y porque los “principios de su régimen eran incompatibles con aquéllos de la Revolución Libertadora”.

“Luego se supo que el ministro del Interior del presidente Frondizi, Alfredo Vítolo, había firmado un documento con los jefes militares, garantizando que no se permitiría a Perón volver al país”.

A fines de enero de aquel año, Vítolo anunciaba que el gobierno rechazaría la candidatura del ex-presidente exiliado. Paralelamente, el juez electoral Leopoldo Isaurralde - de abierta filiación oficialista - declaraba que Juan Perón no podía ser candidato por no tener residencia en el país, no estar en el padrón y ser un fugitivo de la justicia. Para que nada quedara librado al azar, al mismo tiempo el cardenal Antonio Caggiano recordaba que la excomunión del “tirano prófugo” estaba en vigencia.

Proscritos Perón y el peronismo, finalmente se oficializó la fórmula bonaerense con Andrés Framini y Marcos Anglada, que concurrieron bajo las siglas de la Unión Popular, al igual que en la Capital Federal. En Córdoba, La Pampa, Chaco, Jujuy y Tucumán el movimiento prohibido lo hizo bajo la sigla del Partido Laborista; en Mendoza, Santiago del Estero y Entre Ríos, con el nombre Tres Banderas; en Neuquén como Movimiento Popular Neuquino; en Río Negro como Partido Blanco; en Misiones como Partido Justicialista y en Chubut y Santa Cruz como Partido Populista.

En febrero el presidente Arturo Frondizi ya había sido sometido a una intensa presión militar para el rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, que el gobierno argentino efectivizó, en el marco del bloqueo declarado por los yanquis. Pero las Fuerzas Armadas no tolerarían ahora un gobernador peronista: Frondizi (que había confiado en una derrota peronista), al día siguiente de las elecciones, decretó la intervención de Buenos Aires y las provincias ganadas por el justicialismo, y anuló los comicios.

El día 21 las 62 Organizaciones gremiales anuncian una huelga general en repudio de las intervenciones. El día 27 el presidente declara “no me suicidaré, no renunciaré y no me iré del país”.

Pero el 29, frente al primer movimiento de tropas, renuncia, es arrestado en Olivos y trasladado a Martín García.

El día 30 asume la presidencia José María Guido; hasta entonces el presidente del Senado (Senador por Río Negro) juraba ante la Corte Suprema de la Nación en el Palacio de los Tribunales como nuevo presidente.

La maniobra urdida por el ministro de Defensa de Frondizi, Rodolfo Martínez, y el ministro de la Corte Suprema, Julio Oyhanarte, en la que no estuvo ajeno Roberto Etchepareborda, último ministro de Relaciones Exteriores, tomó de sorpresa al poder militar, a los sindicatos y a la sociedad argentina.

Será un gobierno títere, una fachada tras la cual gobernarán efectivamente los militares.

Mi Abuela de política no sabia nada, pero como vieja era sabia, y como sabia siempre decia que “al que a hierro mata...”

Aunque esto no justifica a los militares golpistas, “gorilas” de pura cepa, como Poggi, Toranzo Montero y compañía.

(Colaboracion de: Osvaldo Vergara Bertiche)

Ver otros
Pactos y tratados de la Confederacion Argentina

Fuente: www.lagazeta.com.ar






Inicio