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JUAN MANUEL DE ROSAS
  Indice:

01-El Primer revisionista

02-La Constitución

03-Opiniones sobre Rosas

04-Camila O´Gorman

05-La Justicia de Rosas

06-Rosas y el cuatrero.

07-Los siete platos de arroz con leche.

08-Los 25 mates al maestro de Manuelita.

09-Las críticas de doña Maria al Restaurador.

10-Como engañar a un embajador.

11-Julepe.

12-La destitución del santo.

13-Rosas y al vacuna antivariólica.

14-Sonso por zonzo.

15-El sabido correspondente.

16-¿Por qué se exilio Rosas en Inglaterra?

 
J.M. de Rosas - L.Castagnino


Oligarquía:

Oligarca es el patrón entre inferiores.

Nobleza:

Noble es el mejor entre iguales.

Tiranía:

“El tirano, absolutamente hablando, es el que no tiene derecho de dominio, sino que es un intruso injustamente, ni guarda el modo debido de gobierno, y esto es, no ordena al bien común de a multitud que le está sometida sino al bien privado de él mismo” (Santo Tomas de Aquino)

La “dictadura” de Rosas fue “creada” por la Legislatura antes de ser nombrado Gobernador y ratificado por un ( 9500 votos a favor 5 en contra) Algunos querrán negar esto que hasta Sarmiento reconoció en un acto de inusual sinceridad. (“No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar al plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Rosas” . (Sarmiento ) “Debo decirlo en obsequio de la verdad histórica, nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión...que el de Don Juan Manuel de Rosas” (Sarmiento)

¿Fue Rosas un “Tirano”, tal como lo entienden sus detractores y la historia oficial? ”


REVISONISMO

“ Tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con la pretensión de actualizarlas. Comprobación o inspección de una cosa, control de calidad. Dominio o autoridad sobre alguna cosa. Limitación o verificación de una cosa, indagación, análisis y estudio de algo” (Diccionario de la Real Academia Española)

SI ROSAS SE LEVANTARA DE SU TUMBA A CUÁNTOS ESCARMENTARÍA

EL PRIMER REVISONISTA

San Martín recibió honrado los homenajes realizados durante el Gobierno de Rosas, (los primeros recibidos desde su patria), tratándolo por primera vez de Libertador, cuando aun era ignorado y perseguido por algunos personajes, como Rivadavia y Alvear, y Mitre y Sarmiento después, que trataron de ocultar la grandeza de San Marín, debiendo luego admitirlo a su pesar, no sin antes ocultar y “limar” “ciertas aristas y opiniones” del Libertador. San Martín a su vez podría considerarse el primer revisionista :

“El objeto es tributar a Ud. Mis mas sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria de este viejo amigo; como lo acaba de verificar en su importante mensaje del 27 de Diciembre pasado, y que como argentino me llena de verdadero orgullo, al ver la prosperidad, paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. De salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. este apasionado amigo y compatriota. QBSM (José de San Martín, B. Sur Mer, 6 de mayo de 1850)

La historiografía argentina surgida después de Caseros trató de justificar las acciones llevadas a cabo por emigrados argentinos, en contra de su patria, mandando agentes ante las cortes extranjeras propiciando el cercenamiento del territorio argentino o la intervención en el Río de La Plata, y a favor de proyectos pensados a miles de kilómetros. (y a su vez distorsionando y deformando todo lo actuado durante el gobierno de Rosas.) a tal punto que San Martín escribe:

...”pero lo que no puedo concebir es el que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación , Española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer” (San Martín, 5 de agosto de 1838, en carta a Rosas)

Iniciado el bloqueo anglo-francés, San artín ofrece sus servicios a Rosas (11 de enero de 1846) y el 10 de mayo de 1846, conocidos los sucesos de La Vuelta de Obligado, en carta a Rosas le dice considerar a esa contienda ...” de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”.

En Carta a Guido, San Martín le dice: “Diré a Usted que orejeo cada vez que veo dirigirse a nuestra playas a estos políticos (embajadores) y a pesar de lo que se dice de los sinceros deseos de estos dos gobiernos (Inglaterra y Francia) tienen de concluir definitivamente las diferencias con nuestro país, de todos modos yo estoy bien tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que pueden tener estos gabinetes, porque todas ellas se estrellarán contra la firmeza de NUESTRO DON JUAN MANUEL” (Carta de San Martín a Guido, 27 de diciembre de 1847)

Dice el Libertador...”que los argentinos no son empanadas que se comen con solo abrir la boca”, legando luego a Rosas en testamento su sable libertador de medio continente ...” El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. San Martín 3er. Artículo del testamento. “Correspondencia entre San Martín y Rosas” de Font Ezcurra. Edit. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, N°46. Enero Marzo 1997.

Juan Manuel de Rosas constesta a San Martín: "Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo.
Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes."
(Juan Manuel de Rosas - marzo de 1949).

“...como Argentino me llena de un verdadero orgullo al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor, restablecidos en nuestra querida Patria y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles en que pocos estados se habrán encontrado; deseo que al terminar su vida pública se vea colmado del justo reconocimiento del pueblo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. éste su apasionado amigo y compatriota”. “Q.B.S.M.” (Que besa sus manos) Firmado San Martín. Carta de José de San Martín a Juan Manuel de Rosas desde Boulogne Sur Mer del 6 de mayo de 1850. Extraída del libro de Font Ezcurra “Correspondencia entre San Martín y Rosas”. Edit. Plus Ultra. Bs. As. 1965. Revista del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 46

La historiografía oficial trata de ocultar esas opiniones del Libertador y escribir una “Fábula oficial”, opinando además que ….”ni el polvo de tus huesos, la América tendrá”…..


El Cuadernito

Tanto en su época como posteriormente y por distintos historiadores, a Rosas se le recriminó “no haber querido constituir el país” y haberse negado a dictar una constitución. Rosas si embargo pesaba que debía organizarse bajo el “Pacto Federal” y recién cuando el país este libre de conflictos internos y dictadas las leyes provinciales, recién entonces dictar la Constitución Nacional. Sin esas condiciones previas, de nada serviría dictar “un cuadernito”. Para muchos eso solo era “una excusa del dictador”.

En febrero de 1873, Vicente G. Quesada y su hijo Ernesto visitan a Rosas en su destierro inglés. En la ocasión, esto es, veintiún años después de la batalla de Caseros, Rosas pasa revista a su gestión de gobierno y reitera su concepción del gobierno autocrático, de fuerza y paternal.

“Señor –le dijo de repente mi padre-, celebro muy especial esta visita y no desearía retirarme sin pedirle que satisfaga una natural curiosidad respecto de algo que nunca pude explicarme con acierto. Mi pregunta es esta; desde que usted, en su largo gobierno dominó al país por completo, ¿Por qué no lo constituyó usted cuando eso le hubiera sido tan fácil, y sea dentro o afuera del territorio, habría podido entonces contemplar satisfecho su obra con el aplauso de amigos y enemigos?
-Ah!- replico Rosas, poniéndose súbitamente grave y dejando de sonreír- lo he explicado ya en mi carta a Quiroga. Esa fue mi ambición, pero gasté mi vida y mi energía sin poderla realizar. Subí al gobierno encontrándose el país anarquizado, dividido en cacicazgos hoscos y hostiles entre si, desmembrado ya en parte y en otras en vías de desmembrarse, sin política estable en lo internacional, sin organización interna nacional, sin tesoro ni finanzas organizadas, sin hábitos de gobierno, convertido en un verdadero caos, con la subversión mas completa en ideas y propósitos, odiándose furiosamente los partidos políticos; un infierno en miniatura. La provincia de Buenos Aires tenia, con todo, un sedimento serio de personal de gobierno y de hábitos ordenados, me propuse reorganizar la administración, consolidar la situación económica, y poco a poco, ver que las demás provincias hicieran lo mismo. Si el partido unitario me hubiera dejado respirar, no dudo de que, en poco tiempo, hubiera llevado el país hasta su completa normalización; pero no fue ello posible, porque la conspiración era permanente y en los países limítrofes los emigrados organizaban constantemente invasiones. Fue así como todo mi gobierno se pasó en defenderme de esas conspiraciones, de esas invasiones y de las intervenciones navales extranjeras; eso insumido los recursos y me impidió reducir los caudillos del interior a un papel más normal y tranquilo. Además, los hábitos de anarquía, desarrollados en veinte años de verdadero desquicio gubernamental, no podían modificarse en un día. Todas las constituciones que se habían dictado eran de carácter unitario. Pero el reproche de no haber dado al país una constitución, me pareció siempre fútil porque no basta dictar “un cuadernito”, como decía Quiroga, para que se aplique y resuelva todas las dificultades; es preciso antes preparar al pueblo para ello, creando hábitos de orden y de gobierno, porque una constitución no debe ser el producto de un iluso sino el reflejo exacto de la situación del país. Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto escrito de una constitución, que no se requiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios; si tal constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno. El grito de “constitución”, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca”. (JM Rosas)

Fuente: www.lagazeta.com.ar


OPINIONES SOBRE ROSAS

“Creen que soy federal; no señor, no soy de partido alguno sino de la Patria...En fin todo lo que yo quiero es evitar males y restablecer las instituciones, pero siento, que me hayan traído a este puesto.” (Gobernador Juan Manuel de Rosas.1829).

San Martín: “Diré a Usted que orejeo cada vez que veo dirigirse a nuestra playas a estos políticos (embajadores) y a pesar de lo que se dice de los sinceros deseos de estos dos gobiernos (Inglaterra y Francia) tienen de concluir definitivamente las diferencias con nuestro país, de todos modos yo estoy bien tranquilo en cuanto a las exigencias injustas que pueden tener estos gabinetes, porque todas ellas se estrellarán contra la firmeza de NUESTRO DON JUAN MANUEL”. (Carta de San Martín a Guido, 27 de diciembre de 1847)

Lavalle: “Mi honor y mi corazón me imponen remover por mi parte todos los inconvenientes para una perfecta reconciliación...Y sobre todo ha llegado el caso de que veamos, tratemos y conozcamos de cerca de Juan Manuel de Rosas como a un verdadero patriota y amante del orden.” (Gral. Juan Lavalle.1829)

Juan Bautista Alberdi: “Si se perdiesen los títulos de Rosas a la nacionalidad argentina yo contribuiría con un sacrificio no pequeño al logro de su rescate. Hablar de la expectabilidad de Rosas es hablar de la expectabilidad del país que representa”. (Juan Bautista Alberdi. Obras Completas, T.I. Bs.As. 1886. Afirmado originariamente en su “Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho”). “Yo fui enemigo lo recuerdo con disgusto”.(Ver más opiniones de Juan Bautista Alberdi sobre Rosas)

“Rosas y la República Argentina son dos entidades que se suponen mutuamente; él es el que es, por ser argentino; su elevación se supone la de su país; el temple de su voluntad, la firmeza de su genio, la energía de su inteligencia, no son rasgos suyos, sino del pueblo, que él refleja en su persona”. (Alberdi. La Argentina treinta y siete años después de la revolución de Mayo. Valparaíso 1847)

"Bueno Aires, bajo Rosas y después de él, nunca ha mirado la deuda inglesa, como obligación de honor, sino como resorte político para suscitar desavenencias entre Inglaterra y Francia. Rosas sacó mucho provecho de eso, en las cuestiones pasadas. Al favor de esas desavenencias, retuvo su poder y sus monopolios. Pero los copistas de Rosas , ¿qué podrán sacar hoy día de las indisposiciones entre la Inglaterra y la Francia? El reconocimiento de la independencia de Buenos Aires como nación independiente. Muy capaces serían ello de solicitar esa ignominia, antes que obedecer al gobierno de la Nación. Pero, ni conseguirán ganancia alguna con eso los tenedores ingleses de la deuda de Buenos Aires; ni la Confederación se dejaría arrebatar jamás una provincia que le cuesta tan cara". (carta Alberdi a Urquiza, cuando Bs.As. estaba separada de los 13 ranchos).

Domingo Faustino Sarmiento: “No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar (Plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Roas) Debo decirlo en obsequio de la verdad histórica, nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión...que el de Don Juan Manuel de Rosas” .(Domingo F. Sarmiento.“Civilización y Barbarie. Vida de Juan Facundo Quiroga“. Santiago de Chile, 1845).

“Necesito y espero que su bondad me procure una colección de tratados argentinos, hechos en tiempo de Rosas, en que estén los tratados federales que los unitarios han suprimido después, con aquella habilidad con que sabemos rehacer la historia.” (Sarmiento a Avellaneda, 16-12-1865.)

“Remito a su excelencia un ejemplar del Facundo que he escrito con el objeto de preparar la revolución y preparar los espíritus. Obra improvisada, llena por necesidades de inexactitudes, a designio a veces, no tiene otra importancia que la de ser uno de los tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo y preparar el camino de otro nuevo.” (Sarmiento a José María Paz, 22-12-1845.)

"Jovencito, no tome como oro de buena ley todo lo que he escrito contra Rosas". (de Sarmiento a Ramos Mexía)

Florencio Varela: “Se paseaba triunfante por las calles de Buenos Aires, hacía gala de su popularidad, recibía a todo el mundo, era un eco de alegría y de aplausos el que se alzaba por donde él pasaba; su casa era el pueblo, el pueblo lo amaba”. Florencio Varela. (Extraído de la obra de Manuel Gálvez, “La vida de Rosas”. Editorial Tor.

Emilio Ravigniani: “Rosas... llegó un momento en que dominó por completo el escenario del país y su acción trascendió los límites de Argentina... Rosas tuvo amigos entre gente importante y entre los humildes. Mas su prestigio como hombre lo afirmó en estos últimos; entre los importantes se incubaron sus enemigos... A los personajes federales del interior, los envolvió en una trama amistosa tan fuerte y sutil que sin su conocimiento haría inexplicable la acción política desplegada. Con Estanislao López y Juan Facundo Quiroga estructuró la confederación a partir de 1831 sobre la base de un íntimo entendimiento... En la correspondencia sostenida con uno y otro y los respectivos actos de conducta aparenta dos ecuaciones personales diferentes fruto de una conciencia política proteiforme. Es un Príncipe Criollo”. Emilio Ravignani. Jurisconsulto, historiador y Profesor universitario. Uno de los creadores de la Nueva Escuela Histórica. Diputado de la Unión Cívica Radical desde 1936 por tres períodos. Testimonio extraído del libro de Fermín Chávez “La Vuelta de Don Juan Manuel”. Edit. Theoría. Bs. As. 1991.

Ernesto Sábato: “En muchas oportunidades como en una carta a Clarín en 1996, afirmé que es una triste muestra de inmadurez política y espiritual, el exilio póstumo de Juan Manuel de Rosas. Un hombre que luchó por la soberanía nacional contra potentes enemigos de afuera así como contra los argentinos que desde adentro los apoyaban... en esta ciudad de Buenos Aires hay calles que celebran la memoria de el tabaco o exigido salivaderas en los lugares públicos; pero no hay una sola calle y mucho menos una avenida para hombres como Rosas y Quiroga”. Expresiones vertidas por Ernesto Sábato. Físico- matemático, novelista y ensayista. Escritor premiado nacional e internacionalmente.

Leopoldo Lugones: “Batiéndose - ambidiestro formidable – con un brazo contra la traición que ponía en venta la propia tierra...y con el otro contra la invasión que venia a saquear en tierra extraña, echó a la tempestad riendas de hierro que manejó con sus puños de gran jinete de pueblos y de potros. Y por segunda vez se salvó ¡La independencia de América! (Leopoldo Lugones, refiriéndose a Rosas en el artículo “EL SABLE”. Publicado en el periódico “El Tiempo” el 16 de octubre de 1897)

Juan Catriel: “Juan Manuel es mi amigo. Nunca me he engañado. Yo y todos mis indios moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien...” Discurso del cacique pampa CATRIEL en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al poder en su segundo gobierno. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA. Bs. As. 1975.

Nicasio: “Que él había acompañado en cinco campañas a Juan Manuel y que siempre había de morir por él porque Juan Manuel era su hermano y el padre de todos los pobres” Parte del discurso del Cacique Nicasio en Tapalqué celebrando la llegada de Rosas al gobierno por segunda vez. Extraído del libro “Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833”. Recopilado por ADOLFO GARRETON. Edit. EUDEBA.

Cipriano Catriel: “Nuestro hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos”. Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro “Roca y Tejedor” de Julio A. Costa.

José Antonio Terry: “Si hemos de reconocer la verdad histórica convengamos que Rosas fue fiel ejecutor de las leyes de emisiones y seriamente económico dentro de las leyes de presupuesto. Durante su larga administración se quemaron fuertes cantidades de papel moneda y se amortizaron muchos millones de fondos públicos en el cumplimiento de las respectivas leyes. Esta conducta impidió la desvalorización del papel moneda colocó a la plaza en condiciones de fáciles reacciones en los momentos en que las vicisitudes de la guerra lo permitían. El comercio y el extranjero tenían confianza en la honradez administrativa del Gobernador”. José Antonio Terry, “Contribución a la Historia Financiera”. En el centenario de mayo de 1910. Artículo en el Diario La Nación y trascripto en su libro “Finanzas” 2da. Edición, Pág. 442. Terry fue Ministro de L. Sáenz Peña, Roca y Quintana.

Mitre: “Sino queremos seguir exterminándonos los unos a los otros, sin alcanzar por ese medio bárbaro (guerra civil) la uniformidad que solo puede alcanzarse bajo la presión de un gobierno bárbaro como el de Rosas...” (Mitre a Urquiza luego de Pavón. 2-11-1861 JMR.tVI.p.396)

Laurent de l´Ardeche: “Lo que hay de cierto es que el poder de Rosas se apoya efectivamente en el elemento democrático, que Rosas mejora la condición social de las clases inferiores, y que hace marchar a las masas populares hacia la civilización dando al progreso las formas que permiten las necesidades locales. La guerra de los gauchos del Plata contra los unitarios de Montevideo representa en el fondo la lucha del trabajo indígena contra el capital y el monopolio extranjeros y encierra para los federales una doble cuestión: de nacionalidad y de socialismo”. (Palabras de Laurent de l´Ardeche, diputado socialista francés, el 8-01-1850 en le parlamento francés. Publicado en “La Republique” de París el 9-1-1850 y en “La gaceta Mercantil” del 20-4-1850)

Palmerston: “Debemos aceptar la paz que quiere Rosas, porque seguir la guerra nos resulta un mal negocio”. (Dicho por Palmerston en el Parlamento Ingles al pedir la aprobación del tratado Southern-Arana)

De Angelis: “La rada está llena de buques, los almacenes y tiendas rebosan. La aduana ya no sabe donde poner pipas y fardos, ni le alcanza el tiempo para hacer liquidaciones. Cada buque que llega trae onzas y emigrados. ¿Y en la Asamblea Nacional (de Francia) se discute si debe hacerse una expedición para pacificar el Río de la Plata. Y al que pide 3 mil hombres para sujetar a Rosas y a Oribe, se le aplaude y se le dice trés bien, trés bien.?"
“sin agresiones exteriores, quiero decir europeas, el gobierno argentino en la posición que le ha dado la naturaleza es inexpugnable, tiene más de lo que necesita para hacerse respetar”
“Rosas no ataca, pero sabe defenderse, y su política se halla encarnada en frases vulgares pero sentenciosas que acostumbra a repetir: Quien me la hace, me la paga. Quien me busca me encuentra. Y al son que me tocan, bailo.” (De Angelis.Dic 1850) JMR t.1.230)

Delisle: “...Rosas no tiene absolutamente ningún derecho…,no ha sido elegido ni por el conjunto de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ni por Buenos Aires. Ha llegado al poder por la violencia y es mantenido solamente por el terror de sus crímenes…¿Tenéis los medios?…En el combate de Obligado sus fuerzas fueron avasalladas en un instante…Con 3.000 granaderos franceses arrollaríamos en un instante a esos gauchos cobardes...; algunas lanchas cañoneras y 10 millones de francos bastarán…Pero os pediré que agreguéis 4 ó 5 millones más para terminar de una manera honorable y digna de la grandeza de Francia un asunto conducido hasta ahora de manera tan vergonzosa y deplorable. El Paraguay, el Entre Ríos, el Brasil, solicitan una alianza ofensiva y defensiva que no nos costará nada…Podemos asegurarles un provenir contra las asechanzas de la pretendida Confederación Argentina. En un tiempo que estamos tan pobres de gloria y desde tanto tiempo. ¿el gobierno francés no debe aprovechar la ocasión de adquirir un poco de gloria?" (Diputado Delisle en la Asamblea Nacional de Francia. 30-4-1850) JMR La Caída. T.1-225

Prudencio Arnold: “Ni la ausencia, ni la distancia, ni el largo período de tiempo transcurrido desde su viaje a Europa, han borrado un momento de mi memoria el hombre de mi predilección y mis simpatías y cada vez que se pronuncia el nombre de Rosas mi corazón palpita a impulsos de estos mismos sentimientos.” “Su retrato de bulto es el único que hay en la salita de mi casa, en esta ciudad, frente a las ventanas de la calle.” Prudencio Arnold - Un Soldado Argentino. (Carta a Rosas desde San Nicolás-20-04-1873.)

Juan Domingo Perón: “El primero que después de San Martín muere en el exilio por haber defendido dignamente la soberanía popular y la independencia de la Patria. Los que se han dicho sanmartinianos parecen no haber comprendido la lucha contra el colonialismo que realizó Rosas, lo que San Martín vio claro a quince mil kilómetros de distancia. Él le rindió a Rosas, él le rindió a Rosas el mejor homenaje que un soldado puede rendir a otro soldado: su sable libertador...”. Carta de J.D. Perón del 20 de octubre de 1970 al historiador Fermín Chávez publicada por este historiador en su libro “La Vuelta de Don Juan Manuel”. Edit Theoría. Bs. As. 1991.

"Mis queridos padres:
Francia e Inglaterra siempre conspiraron contra nuestro comercio y nuestro adelanto y sino a los hechos:

En 1845 llegó a Buenos la abrumadora intervención Anglofrancesa; se libró el combate de Obligado, que no es un episodio insignificante de la Historia Argentina, sino glorioso porque en él se luchó por la por la eterna argentinización del Río de La Plata por el cual luchaban Francia e Inglaterra por la política brasilera encarnada en el diplomático Vizconde de Abrantes. Rosas con ser tirano, fue el más grande argentino de esos años y el mejor diplomático de su época, ¿no demostró serlo cuando en medio de la guerra recibió a Mr. Hood y haciendo amueblar lujosamente su casa dijo: Ofrézcansela al Mister, seguro de las ventajas que obtendría?

Nos demostró ser argentino y tener un carácter de hierro cuando después de haber fracasado diez plenipotenciarios ingleses consiguió más por su ingenio que por la fuerza de la República que en esa época constaba sólo con 800.000 habitantes; todo cuanto quiso y pensó de la Gran Bretaña y Francia; porque fue gobernante experto y él siempre sintió gran odio por Inglaterra porque ésta siempre conspiró contra nuestro Gran Río, ese grato recuerdo tenemos de Rosas que fue el único gobernante desde 1810 hasta 1915 que no cedió ante nadie ni a la Gran Bretaña y Francia juntas y como les contestó no admitía nada hasta que saludasen al pabellón argentino con 21 cañonazos porque lo había ofendido; al día siguiente, sin que nadie le requiriera a la Gran Bretaña, entraba a los Pozos la corbeta de Harpy y, enarbolando el pabellón argentino al tope de proa, hizo el saludo de 21 cañonazos. Rosas ante todo fue patriota."
(El teniente Perón escribía desde el Arsenal Esteban de Luca, lugar de su destino desde 1917. Original en Archivo de la Familia Perón).

Urquiza: “Buenos Sentimientos le guardan los mismos que contribuyeron a su caída, no olvidan la consideración que se debe al que ha hecho tan gran figura en el país y a los servicios muy altos que le debe y que soy el primero en reconocer, servicios cuya gloria nadie puede arrebatarle”. Justo José De Urquiza. Carta a Rosas del 24 de agosto de 1858. Extraída del libro de Mario César Gras “ Rosas y Urquiza. Sus relaciones después de Caseros “. Edic. Del Autor. Bs. As. 1948.

“Toda mi vida me atormentará constantemente el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el modo en que lo hice, a la caída del General Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara y muerto con el mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos y gravísimos errores, he colocado en el poder.” (Fragmento de carta de Urquiza a un tucumano de 18 años después de caseros, de fecha 3 de marzo de 1870 y publicada a fs, 326. tomo3 de la Historia de los Gob. De las Provincias Argentinas de A. Zinny, ed. 192º - cita de Raúl Rivanera Carlés, Rosas Pág. 13)

Mitre: “Sino queremos seguir exterminándonos los unos a los otros, sin alcanzar por ese medio bárbaro ( guerra civil) la uniformidad que solo puede alcanzarse bajo la presión de un gobierno bárbaro como el de Rosas….” (Mitre a Urquiza luego de Pavón. 2-11-1861 JMR.tVI.p.396)

H.S.Ferns. (Investigador canadiense, residente en Gran Bretaña desde 1949. Decano y docente de la la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Birmingham)

“Bajo la dictadura de Rosas se produjo cierto movimiento de progreso sobre el cual las generaciones posteriores pudieron construir. En la extensa provincia de Buenos Aires se mantuvo la paz durante un largo período de tiempo. La frontera se desplazó hacia el sur y hacia el este, se eliminaron las perturbaciones sociales se conservó la independencia nacional. Había seguridad de la propiedad para todos aquellos que obedecieran a las autoridades públicas. Se respetaron cuidadosamente los derechos de los extranjeros conseguidos por tratados. El desarrollo comercial de la cría del ganado ovino agregó variedad y fuerza a a economía. Fue posible la acumulación de riquezas en manos privadas, tanto nacionales como extranjeras” (H.S.Ferns. Escritor canadiense radicado en Inglaterra. Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.221)

"El régimen del general Rosas no se presentó de pronto al mundo para que se lo admirara o se lo vilipendiara, según el gusto o los intereses, ni asumió repentinamente un carácter definitivo, que lo distinguiera de sus predecesores y de sus sucesores. Surgió lentamente y su carácter se fue formando en gran medida respondiendo a las circunstancias y por designio del personaje que le dio nombre. Como fue durante muchos años la figura central de una controversia política, hasta el punto que terminó por convertirse casi en una figura simbólica. Rosas parecía asumir un carácter moral único. Para el estudioso de las actividades ordinarias de su gobierno, realizadas mes a mes y año a año, su política no presenta contraste de blanco o negro. Cuando dijimos que el general Rosas defendió con ahínco la independencia de la República Argentina, resistiendo a la intervención extranjera y la independencia de la provincia de Buenos Aires dentro de la Confederación de provincias argentinas, dijimos todo lo que puede decirse sobre sus principios. Todo lo demás era cuestión de oportunidad y acomodación de desarrollo y de presiones ejercidas primero y en un punto y luego en otro. Esto acaso explique los repetidos fracasos de sus enemigos, ya que ellos siempre tendieron a juzgarlo por sus declaraciones mas extremas y sus peores actos, lo cual les impidió apreciar sus condiciones para las negociaciones sagaces y solapadas." (Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.222)

"La única Ocasión en que el Gobierno británico fue más allá de las palabras en su trato con al Argentina, esto es durante la turbulenta época del general Rosas, quedó derrotado y admitió con toda franqueza que había sido derrotado." (H.S.Ferns.Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.p.486)

Parish: “He tenido la satisfacción de ver muchas cosas de él. Su poder en el país es tan extraordinario como su modestia y moderación” (informa Parish a Londres) Los miembros del Gabinete de Rosas “son todos hombres honestos y de buena disposición”

Henry Southern: “No es sensato juzgar con ligereza los motivos de un hombre que ha descubierto la manera de gobernar a uno de los pueblos más turbulentos e inquietos del mundo y que lo a hecho con tal éxito que, aunque existan muchos motivos de queja y no poco descontento, cualquier hombre del país consideraría la muerte o aun la caída del general Rosas con la calamidad mas negra. Tal vez sería ciertamente la señal de desorden y de luchas intestinas que reducirían el país a la miseria”(Informe de Henry Southern a Palmerston). Los hechos le darían la razón a Southern, a tal punto que al poco tiempo de la caída re Rosas, el propio Urquiza recocería que:“Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas.Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí” (Urquiza al representante ingles Gore, al partir para reunirse para el encuentro se San Nicolás. Mayo de 1852. J.M.Rosa. Tomo VI. P.34 – H.S.Ferns Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. p.297)

John Murray Forbes (cónsul de EEUU en Bs.As.): “...en comunicaciones anteriores he tratado de hacer un esbozo de este hombre extraordinario…en términos generales es una persona de educación limitada pero se parece a esos extranjeros (farmers) que abundan en nuestro país y son considerados la mejor garantía de nuestra libertad…es sumamente suave de maneras y tiene algo de las reflexiones y reservas de nuestros jefes indios…no hace ostentación de saber pero toda su conversación trasluce un excelente juicio y conocimiento de los asuntos del país y el más cordial y sincero patriotismo…mucho se espera de sus condiciones personales…me declaró que la primera preocupación de su gobierno sería estrechar aún más las relaciones de amistad con el presidente y la nación norteameriana” (comunicación de J.M.Forbes a su gobierno con motivo de la asunción de Rosas al poder)

Herrera a Lamas (Exiliados unitarios en Montevideo, con referencia a la misión Hood) “Hood, que fue en el Alecto, aún no ha sido recibido, y es opinión general que no lo será mientras el Gobernador de Buenos Aires no obtenga la satisfacción completa que solicita de Inglaterra. Crea usted que cuando lo veo proceder de este modo, me reconcilio algún tanto con él, porque al menos nos venga de las humillaciones, de las injusticias y de las maldades de esos orgullosos poderes, que son tan cobardemente guapos con los débiles”

“Todos los chilenos nos avergonzamos que haya en Chile dos periódicos que defienden la legalidad de la traición a su país, y usted sabe quienes son sus redactores”.(General Pinto, ex presidente de Chile, le escribe al ministro plenipotenciario argentino)

“Triunfe la Confederación Argentina o acabe con honor, Rosas, a pesar del epíteto de déspota con que lo difaman, será reputado en la posteridad como el único jefe americano del sur que ha resistido intrépido las violentas agresiones de las dos naciones más poderosas del Viejo Mundo”, decía “O Brado de Amazonas”; De Río de Janeiro, el 13 de diciembre de 1845.

“O Sentinella da Monarchia”, del mismo origen, del día 17, se expresaba así: “Sean cuales fueran las faltas de este hombre extraordinario, nadie ve en él sino al ilustre defensor de la causa americana, el grande hombre de América, sea que triunfe o que sucumba”.

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CAMILA O´GORMAN

La ejecución de Camila O´Gorman fue exigida e incentivada por la prensa Unitaria y hasta del propio clero, y se llevo a cabo por una razón fundamental: En cumplimiento de la ley.

Camila O´Gormann, enamorada del clérigo Gutiérrez, huyen de Bs.As. Además de su relación, prohibida por las costumbres y leyes de a época, estaban sospechados de haber robado las alhajas del templo. Apresados y trasladados a Bs.As Camila fue alojada en una de las mejores celdas de la Casa de Ejercicios, que Rosas hizo pintar y amoblar. Los unitarios, a través de “El Comercio del Plata” comienzan una feroz campaña periodística desde la fuga de los amantes, acusando a Rosas. El periódico con su habitual falta de escrúpulos, tilda a Rosas de permisivo y de fomentar esas actitudes, diciendo inclusive que en Palermo se habla del delito como de una cosa divertida, y que la policía “aparenta” buscar a los prófugos. Rosas consulta con juristas, (entre otros Dalmacio Vélez Sarsfield, futuro autor del código civil) los que, después de haber estudiado el caso en las viejas leyes españolas aún en vigor, acordaron que corresponde la máxima pena. (Rosas, fue siempre fue un empedernido legalista) Recibe además Rosas un pedido del clero, (con palabras violentísimas y por escrito) pidiendo que se haga justicia. Por orden de Rosas, son fusilados en Santos Lugares. Los Unitarios, luego de acusar a Rosas de “permisivo” y “agregar leña al fuego” para precipitar la tragedia, acusan a Rosas de Tirano Sangriento. En su exilio, preguntado del suceso, Rosas asumió la plena responsabilidad de la completa responsabilidad de sus actos de gobierno, afirmando: “Mientras presidí el gobierno de Buenos Aires con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores como de mis aciertos” (06-03-1877).

Los unitarios acusaron a Rosas de permisivo e infame que permitía actos perversos. Luego del proceso, aplicada la ley, y cumplida la condena, acusaron a Rosas de “Tirano Sangriento” . (Las mismas tácticas y argumentos que se sigue usando).


LA JUSTICIA DE ROSAS.

Rosas se había acreditado desde muy joven como habilísimo en todas las faenas que requerían de un perfecto gaucho, hasta tal punto, que ninguno hubiese osado competir con él. En el juego del pato, en las boleadas, en las yerras, en los repuntes y volteadas de ganado salvaje, era el primero, el más osado, el más seguro y lo hacía con tanta gallardía, vestido con el traje pintoresco de paisano, poseyendo elevada estatura y una distinguida belleza personal, que el gauchaje comenzó a observarlo, al principio con curiosidad, más tarde con cariño y terminó por consagrarle esa adhesión inquebrantable que fue la base de su poder.

La fama de este joven de ciudad que domaba, enlazaba y boleaba como el mejor gaucho, que no tenía miedo a la inclemencia del invierno y a quien el sol no detenía en la ramada en pleno verano, cuando era preciso trabajar, empezó a extenderse, como llevada por el viento, de pago en pago. De la pulpería pasó al caserío, de allí a los puebluchos próximos, de éstos a la villa lejana y por fin de ésta a la ciudad, pasando incluso a las tribus del salvaje pampa.

Dos anécdotas de ese entonces marcan la personalidad de Rosas y su profundo conocimiento de la gente de campo. La primera cuenta que él en sus establecimientos había implantado la más rigurosa disciplina, tachada incluso de excesiva por algunos, en cuyo cumplimiento todos reconocían un espíritu de rectitud y justicia que en vano se podría haber buscado en cualquier otro patrón de su tiempo.

El caso es que siendo mayordomo en el campo de Anchorena, el código especial que él mismo había dictado para el régimen interno en las estancias, castigaba con penas de azotes el acto de llevar armas. Cierto día se presentó Rosas armado con un gran facón cruzado en el tirador. La peonada a su paso cuchicheaba maliciosamente en voz baja, pero se cuidaba muy bien de no decirle nada. Un gaucho, sin embargo, se ofreció a ponerle el cascabel al gato y, adelantándose audazmente, le recuerda la prohibición que hay de llevar armas le preguntó, en tono irónico, si también reza para el mayordomo la pena establecida. El caudillo, lejos de molestarse con la irreverente pregunta, felicitó — peón por su franqueza, manifestándose al propio tiempo sorprendido por la atracción que le ha hecho quebrar las disposiciones que todos debían obedecí, pues sólo por error llevaba el puñal al cinto. Pero ya que había violado la ley debía sufrir la pena consiguiente. Su categoría, dijo, le obligaba a obedecer más que a ninguno los reglamentos de la estancia y a ser un ejemplo de respeto. Y se hizo azotar ante la atónita peonada que jamás hubiese podido concebir la posibilidad de un acto como el que estaba presenciando. Pasado el estupor, vino el comentario apasionado, ardiente. Desde aquel instante la justicia de cuanto castigo impusiera ese hombre no tenía discusión.

La segunda anécdota cuenta que, cierto día, Rosas encontró a tres indios en el preciso momento en que le carneaban una yegua, cuyos despojos se estaban repartiendo. Aprovechando la confusión que su repentina aparición causó en los salvajes, le cortó la fuga interponiéndose entre ellos y sus caballos, amenazando de muerte al que intentase escapar. La sorpresa, la arrogancia del jinete, su tono autoritario y su resuelta actitud, intimidaron por completo a los indios, que se sometieron sin decir palabra, al tiempo de que trataron de excusar su acción con el hambre que los atormentaba. El caudillo les habla entonces en tono cariñoso, en su propia lengua -que conoce tan bien como el castellano- afeando el vicio de robar y ofreciéndoles cuanto necesitan para comer ellos y los suyos. Y haciéndolo como lo dice, los invita a que lo sigan y les regala una docena de animales, repitiéndoles al despedirse, lo que ya antes les había dicho: "No roben, amigos. Siempre que necesiten, pidan y yo les daré".

Y así como la peonada en el caso anterior, en esta ocasión son los salvajes los que quedan atónitos ante una acción que nunca podrían haber esperado. Y al llegar a sus toldos refieren a sus asombrados interlocutores el extraordinario suceso del gran jefe blanco que, al correr de toldería en toldería, va esparciendo la fama de noble y generoso del mayordomo de Anchorena, imponiéndose así al espíritu de aquella gente, mucho más fácil de conquistar por la astucia que por el hierro.

( Levene, Gustavo, Nueva Historia Argentina, Ed. Sánchez Terruelo, Bs. As., 1967.- Luna, Félix, Los caudillos, Ed. Peña, Bs. As., 1975. - Saldías, Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Ed. Teruel, Bs. As)

Puede ver también: Cría cuervos...

ROSAS Y EL CUATRERO

“Cuento lo que me contó Miró” (Mansilla)

Estamos en la estancia "del Pino". Mejor dicho: están tomando el fresco bajo el árbol que le da su nombre a la estancia, don Juan Manuel Rosas y su amigo el señor don Mariano Miró (el mismo que edificó el gran palacio de la plaza Lavalle, propiedad hoy día de la familia de Dorrego).

De repente (cuento lo que me contó el señor Miró) don Juan Manuel interrumpe el coloquio, tiende la vista hasta el horizonte, la fija en una nubecilla de polvo, se levanta, corre, va al palenque donde estaba atado de la rienda su caballo, prontamente lo desata, monta de salto y parte... diciéndole al señor Miró: “Dispense, amigo, ya vuelvo”.

Al trote rumbea en dirección a los polvos, galopa; los polvos parecen moverse al unísono de los movimientos de don Juan Manuel. Miró mira: nada ve, Don Juan Manuel apura su flete que es de superior calidad; los polvos se apuran también. Don Juan Manuel vuela; los polvos huyen, envolviendo a un jinete que arrastra algo. Don Juan Manuel con su ojo experto, ayudado por la milicia gauchesca, tuvo la visión de lo que era la nubecilla de polvo aquella, que le había hecho interrumpir la conversación. “Un cuatrero”, se dijo, y no titubeó.

En efecto, un gaucho había pasado cerca de una majada y sin detenerse había enlazado un capón y lo arrastraba, robándolo. El gaucho vio desprenderse un jinete de las casas. Lo reconoció, se apuró. Don Juan Manuel se dijo: “Caray..." De ahí la escena... Don Juan Manuel castiga su caballo. El gaucho entonces suelta el capón con lazo y todo, comprendiendo que a pesar de la delantera que llevaba no podía escaparse por bien montado que fuera, si no largaba la presa.

Aquí ya están casi encima el uno del otro. El gaucho mira para atrás y rebenquea su pingo (a medida que don Juan Manuel apura el suyo) y corta el campo en diversas direcciones con la esperanza de que se le aplaste el caballo a don Juan Manuel.

Entran ambos en un vizcacheral. Primero, el gaucho; después, don Juan Manuel; pero el obstáculo hace que don Juan Manuel pueda acercársele al gaucho. Rueda éste; el caballo lo tapa. Rueda don Juan Manuel; sale parado con la rienda en la mano izquierda y con la derecha lo alcanza al gaucho, lo toma de una oreja, lo levanta y le dice:

– Vea, paisano, para ser buen cuatrero es necesario ser buen gaucho y tener buen pingo... Y, montando, hace que el gaucho monte en ancas de su caballo; y se lo lleva, dejándolo a pie, por decirlo así; porque la rodada había sido tan feroz que el caballo del gaucho no se podía mover. La fuerza respeta a la fuerza; el cuatrero estaba dominado y no podía escurrírsele en ancas del caballo de don Juan Manuel, sino admirarlo, y de la admiración al miedo no hay más que un paso. Don Juan Manuel volvió a las casas con su gaucho, sin que Miró por más que mirara, hubiera visto cosa alguna discernible...

– Apéese, amigo – le dijo al gaucho, y enseguida se apeó él, llamando a un negrito que tenía. El negrito vino, Rosas le habló al oído, y dirigiéndose enseguida al gaucho, le dijo:

– Vaya con ese hombre, amigo.

Luego volvió con el señor Miró, y sin decir una palabra respecto de lo que acababa de suceder, lo invitó a tomar el hilo de la conversación interrumpida, diciéndole:

– Bueno, usted decía...

Salieron al rato a dar una vuelta, por una especie de jardín, y el señor Miró vio a un hombre en cuatro estacas. Notado por don Juan Manuel, le dijo sonriéndose.

– Es el paisano ése...

Siguieron andando, conversando... La puesta del sol se acercaba; el señor Miró sintió unos como palos aplicados en cosa blanda, algo parecido al ruido que produce un colchón enjuto, sacudido por una varilla, y miró en esa dirección. Don Juan Manuel le dijo entonces, volviéndose a sonreír, haciendo con la mano derecha ese movimiento de un lado a otro con la palma para arriba, que no dejaba duda:

– Es el paisano ése...

Un momento después se presentó el negrito y dirigiéndose a su patrón, le dijo:

– Ya está, mi amo.
– ¿Cuántos?
– Cincuenta, señor.
– Bueno, amigo don Mariano, vamos a comer...

El sol se perdía en el horizonte iluminado por un resplandor rojizo, y habría sido menester ser casi adivino para sospechar que aquel hombre, que se hacía justicia por su propia mano, sería en un porvenir no muy lejano, señor de vidas, famas y haciendas, y que en esa obra de predominio serían sus principales instrumentos algunos de los mismos azotados por él. Don Juan Manuel le habló al oído otra vez al negrito, que partió, y tras de él, muy lentamente, haciendo algunos rodeos, ambos huéspedes.

Llegan a las casas y entran en la pieza que servía de comedor. Ya era oscuro. En el centro había una mesita con mantel limpio de lienzo y tres cubiertos, todo bien pulido. El señor Miró pensó: “¿quién será el otro...?"

No preguntó nada. Se sentaron, y cuando don Juan Manuel empezaba a servir el caldo de una sopera de hoja de lata, le dijo al negrito que había vuelto ya:

– Tráigalo, amigo –. Miró no entendió.

A los pocos instantes entraba, todo entumido, el gaucho de la rodada.

– Siéntese, paisano – le dijo don Juan Manuel, endilgándole la otra silla. El gaucho hizo uno de esos movimientos que revelan cortedad; pero don Juan Manuel lo ayudó a salir del paso, repitiéndole – : Siéntese no más, paisano, siéntese y coma.

El gaucho obedeció, y entre bocado y bocado hablaron así:

– ¿Cómo se llama, amigo?
– Fulano de tal.
– Y, dígame, ¿es casado o soltero?... ¿o tiene hembra?...
– No señor – dijo sonriéndose el guaso – ¡si soy casado!
– Vea, hombre, y... ¿tiene muchos hijos?
– Cinco, señor.
– Y ¿qué tal moza es su mujer?
– A mí me parece muy regular, señor...
– Y usted ¿es pobre?
– ¿Eh!, señor, los pobres somos pobres siempre...
– Y ¿en qué trabaja?...
– En lo que cae, señor...
– Pero también de cuatrero, ¿no?...

El gaucho se puso todo colorado y contestó:

– ¡Ah!, señor, cuando uno tiene mucha familia suele andar medio apurado...
– Dígame amigo, ¿no quiere que seamos compadres? ¿No está preñada su mujer?–

El gaucho no contestó. Don Juan Manuel prosiguió.

– : Vea, paisano; yo quiero ser padrino del primer hijo que tenga su mujer y le voy a dar unas vacas y unas ovejas, y una manada y una tropilla, y un lugar por ahí, en mi campo, y usted va a hacer un rancho, y vamos a ser socios a medias. ¿Qué le parece?...

– Como usted diga, señor.

Y don Juan Manuel, dirigiéndose al señor Miró le dijo:

– Bueno, amigo don Mariano, usted es testigo del trato, ¿eh?...

Y luego, dirigiéndose al gaucho agregó:

– Pero aquí hay que andar derecho, ¿no?...
– Sí, señor.

La comida tocaba a su término. Don Juan Manuel, dirigiéndose al negrito y mirándolo al gaucho, prosiguió:

– Vaya amigo, descanse; que se acomode este hombre en la barraca, y si está muy lastimado que le pongan salmuera. Mañana hablaremos; pero tempranito, vaya y vea si campea ese matungo, para que no pierda sus pilchas... y degüéllelo... que eso no sirve sino para el cuero, y estaquéelo bien, así como estuvo usted por zonzo y mal gaucho... – Y el paisano salió.

Y don Mariano Miró, encontraba aquella escena del terruño propia de los fueros de un señor feudal de horca y cuchillo, muy natural, muy argentina, muy americana, nada vio...

Un párrafo más, y concluyo.

El cuatrero fue compadre de don Juan Manuel, su socio, su amigo, su servidor devoto, un federal en regla. Llegó a ser rico y jefe de graduación.

Lucio V. Mansilla

(Tomado de “Rosas, visto por sus contemporáneos” de José Luis Busaniche)

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LOS SIETE PLATOS DE ARROZ CON LECHE. (Autor: Lucio V. Mansilla)

Lucio V. Mansilla, sobrino carnal de Rosas, recibe en Londres la noticia del pronunciamiento de Urquiza. En diciembre de 1851 llega a Buenos Aires. Sombrero de copa, levita muy laga y pantalón muy estrecho.

«Ha llegado el niño Lucio». Urquiza está en camino. -¿Y cómo está mi tío?» «¿Y cómo está Manuelita?», pregunta el recién venido.

Al día siguiente monta a caballo y va a pedir la bendición a su tío.

Llegado allá, pregunta naturalmente por su prima. -La niña está en la quinta.» En efecto, en el llamado jardín de las magnolias está Manuelita rodeada de un gran séquito de admiradores, unos de pie, los otros sentados sobre el césped, «pero ella tenía a su lado, provocando las envidias federales y haciendo con su gracia característica, todo ameleochado, el papel de cavaliere servente», al sabio jurisconsulto don Dalmacio Vélez Sársfield».

Palermo no es el centro social repugnante que dicen los enemigos, aunque el Restaurador campea allí con sus bufones y su extraordinaria ordinariez.

«Rozas no es «un temperamento libidinoso, sino un neurótico obsceno.» Pero su hija es pura y afable. -Llegar, verme Manuelita y abrazarme, fué todo uno.»

Vuelven a los salones. El recién llegado pide ver a su tío. Su prima sale para volver al rato. «Ahora te recibirá.» El joven Lucio, que ha rehusado un asiento en la mesa, porque debe volver a cenar en su casa, espera. Sigue esperando varias horas... La mirada de su prima contesta., «Ten paciencia. Ya sabes lo que es tatita.» Regresa de nuevo, conduce al postulante a través de muchas estancias, diciéndole al fin: «Voy a decirle a tatita». La pieza, sin alfombras, muestra lucientes baldosas, en una esquina, junto a una mesita de noche colorada, una cama de pino colorada con colcha de damasco colorado; en medio, una mesita de caoba con carpeta de paño grana entre dos sillas de esterilla coloradas...

Yo me quedé en pie, conteniendo la respiración, como quien espera el santo advenimiento; porque aquella personalidad terrible, producía todas las emociones del cariño y del temor. Moverme, habría sido hacer ruido, y cuando se está en el santuario todo ruido es como una profanación, y aquella mansión era, en aquel entonces, para mí, algo más que un santuario.

Reinaba un profundo silencio, en mi imaginación al menos; los segundos me parecían minutos, horas los minutos. Mi tío aparece: era un hombre alto, rubio, blanco, semipálido, combinación de sangre y de bilis, un cuasi adiposo napoleónico, de gran talla, de frente perpendicular, amplia, rasa como una plancha de mármol fría, lo mismo que sus concepciones; de cejas no muy guarnecidas; poco arqueadas, de movilidad difícil; de mirada fuerte, templada por lo azul de una pupila casi perdida por lo tenue del matiz, dentro de unas órbitas escondidas en concavidades insondables; de nariz grande, afilada y correcta, tirando más al griego que al romano; de labios delgados, casi cerrados, como dando la medida de su reserva, de la firmeza de sus resoluciones; sin pelo de barba, perfectamente afeitado, de modo que el juego de sus músculos era perceptible... Agregad a esto una apostura fácil, recto el busto, abiertas las espaldas, sin esfuerzo estudiado, una cierta corpulencia del que toma su embonpoint, un traje que consistía en un chaquetón de pafio azul, en un chaleco colorado, en unos pantalones azules también; unos cuellos altos, puntiagudos, nítidos y unas manos perfectas como formas, y todo lim- pio hasta la pulcritud -y todavía sentid y ved, entre una sonrisa que no llega a ser tierna, siendo afectuosa, un timbre de voz simpático hasta la seducción- y tendréis la vera efigies del hombre que más poder ha tenido en América.

Así que mi tío entró, yo hice lo que habría hecho en mi primera edad: crucé los brazos y le dije, empleando la fórmula patriarcal, la misma, mismísima que empleaba con mi padre, hasta que pasó a mejor vida:

-La bendición, mi tío.

Y él me contestó:

-¡Dios lo haga bueno, sobrino!

Sentóse incontinente en la cama, que antes he dicho había en la estancia, cuya cama (la estoy viendo), siendo muy alta, no permitía que sus pies tocaran en el suelo, e insinuándome que me sentara en la silla que estaba al lado.

Nos sentamos... Hubo un momento de pausa, que él interrumpió, diciéndome:

-Sobrino, estoy muy contento de usted...

Es de advertir que era buen signo que Rozas tratara de usted; porque cuando de tú trataba, quería decir que no estaba contento de su interlocutor, o por alguna circunstancia del momento fingía no estarlo.

Yo me encogí de hombros, como todo aquél que no entiende el por qué de su contentamiento.

-Sí, pues -agregó-, estoy muy contento de usted (y esto lo decía balanceando las piernas que no alcanzaban al suelo, como ya lo dije), porque me han dicho -y yo había llegado recién el día antes. ¡Qué buena no sería su policía!- que usted no ha vuelto agringado.

Yo había vuelto vestido a la francesa, eso sí, pero potro americano hasta la médula de los huesos todavía, y echando unos ternos que era cosa de taparse las orejas.

Yo estaba ufano. No había vuelto agringado. Era la opinión de mi tío.

-¿Y cuánto tiempo ha estado usted ausente? - agregó él.

Lo sabía perfectamente. Había estado resentido; no, mejor es la palabra «enojado», porque diz que me habían mandado a viajar sin consultarlo. Comedia.

Cuando mi padre resolvió que me fuera a leer en otra parte el Contrato Social, veinte días seguidos estuve yendo a Palermo sin conseguir verlo a mi ilustre tío.

Manuelita me decía, con su sonrisa siempre cariñosa:

-Dice tatita que mañana te recibirá.

El barco que salía para Calcuta estaba pronto. Sólo me esperaba a mí. Hubo que empezar a pagarle estadías. Al fin mi padre se amostazo y dijo-.

-Si esta tarde no consigues despedirte de tu tío, mañana te irás de todos modos; ya esto no se puede aguantar.

Mas esa tarde sucedió la que las anteriores: mi tío no me recibió. Y al día siguiente yo estaba singlando con rumbo a los hiperbóreos mares. Sí, el hombre se había enojado; porque, algunos días después, con motivo de un empeño o consulta que tuvo que hacerle mi madre, él le arguyó:

-Y yo, ¿qué tengo que hacer con eso? ¿Para qué me meten a mí en sus cosas? ¿No lo han mandado al muchacho a viajar, sin decirme nada?

A lo cual mi madre observó:

-Pero, tatita (era la hermana menor y lo trataba así), si ha venido veinte días seguidos a pedirte la bendición, y no lo has recibido - replicando él:

-Hubiera venido veintiuno.

Lo repito: él sabía perfectamente que iban a hacer dos años que yo me había marchado, porque su memoria era excelente. Pero, entre sus muchas manías, tenía la de hacerse el zonzo y la de querer hacer zonzos a los demás. El miedo, la adulación, la ignorancia, el cansancio, la costumbre, todo conspiraba en favor suyo, y él en contra de sí mismo.

No se acabarían de contar las infinitas anécdotas de este complicado personaje, señor de vidas, famas y haciendas, que hasta en el destierro hizo alarde de sus excentricidades. Yo tengo una inmensa colección de ellas. Baste por hoy la que estoy contando.

Interrogado, como dejé dicho, contesté:

-Van a hacer dos años, mi tío.

Me miró y me dijo:

-¿Has visto mi Mensaje?
-¿Su Mensaje? -dije yo para mis adentros-. ¿Y qué será esto? No puedo decir que no, ni puedo decir que sí, ni puedo decir qué es. . . - y me quedé suspenso.

El, entonces, sin esperar mi respuesta, agregó:

Baldomero García, Eduardo Lahite y Lorenzo Torres dicen que ellos lo han hecho. Es una botaratada. Porque así, dándoles los datos, como yo se los he dado a ellos, cualquiera hace un Mensaje. Está muy bueno, ha durado varios días la lectura en la sala. ¿Qué? ¿No te han hablado en tu casa de eso? Cuando yo oí lectura, empecé a colegir, y como desde niño he preferido la verdad a la mentira (ahora mismo no miento sino cuando la verdad puede hacerme pasar por cínico), repuse instantáneamente:

-¡Pero, mi tío, si recién he llegado ayer!
-¡Ah!, es cierto; Pues no has leído una cosa muy interesante; ahora vas a ver - y esto diciendo, se levantó, salió y me dejó solo.

Yo me quedé clavado en la silla, y así como quien medio entiende (vivía en un mundo de pensamientos tan raros), vislumbré que aquello sería algo como el discurso de la reina Victoria al Parlamento, ¿pues, qué otra explicación podría encontrarle a aquel «ahora vas a ver»?

Volvió el hombre que, en vísperas de perder su poderío, así perdía el tiempo con un muchacho insustancial, trayendo en la mano un mamotreto enorme. Acomodó simétricamente los candeleros, me insinuó que me sentara en una de las dos sillas que se miraban, se colocó delante de una de ellas de pie, y empezó a leer desde la carátula, que rezaba así:

-«iViva la Confederación Argentina!» --¡Mueran los Salvajes Unitarios!. -¡Muera el loco traidor, salvaje Unitario Urquiza!-

Y siguió hasta el fin de la página, leyendo hasta la fecha 1851, pronunciando la ce, la zeta, la ve y be, todas las letras, con la afectación de un purista.

Y continuó así, deteniéndose de vez en cuando, para ponerme en aprietos gramaticales con preguntas como éstas - que yo satisfacía bastante bien, porque, eso sí, he sido regularmente humanista, desde chiquito, debido a cierto humanista, don Juan Sierra, hombre excelente, del que conservo afectuoso recuerdo-

-Y aquí, ¿por qué habré puesto punto y coma, o dos puntos, o punto final? Por ese tenor iban las preguntas, cuando, interrumpiendo la lectura, preguntóme:

-¿Tiene hambre?

Ya lo creo que había de tener; eran las doce de la noche y había rehusado un asiento en la mesa al lado del doctor Vélez Sársfield, porque en casa me esperaban...

-Sí - contesté resueltamente. Pues voy a hacer que te traigan un platito de arroz con leche.

El arroz con leche era famoso en Palermo, y aunque no lo hubiera sido, mi apetito lo era; de modo que empecé a sentir esa sensación de agua en la boca, ante el prospecto que se me presentaba de un platito que debía ser un platazo, según el estilo criollo y de la casa.

Mi tío fué a la puerta de la pieza contigua, la abrió y dijo- -Que traigan a Lucio un platito de arroz con leche.

La lectura siguió.

Un momento después, Manuelita misma se presentó con un enorme plato sopero de arroz con leche, me lO puso por delante y se fue.

Me lo comí de un sorbo. Me sirvieron otro, con Preguntas y respuestas por el estilo de las apuntadas, y otro, y otros, hasta que yo dije: -Ya, para mí, es suficiente.

Me había hinchado; ya tenía la consabida cavidad solevantada y tirante como caja de guerra templada; pero no hubo más; siguieron los platos - yo comía maquinalmente, obedecía a una fuerza superior a mi voluntad...

La lectura continuaba.

Si se busca el Mensaje ése, por algún lector incrédulo o curioso, se hallará en él el período que comienza de esta manera: «El Brasil, en tan punzante situación». Aquí fui interrogado, preguntándoseme - ¿Y por qué habré puesto punzante?

Como el poeta pensé - que en mi vida me he visto en tal aprieto. Me expliqué.

No aceptaron mi explicación. Y con una retórica gauchesca, mi tío me rectificó, demostrándome cómo el Brasil lo había estado picaneando, hasta que él había perdido la paciencia, rehusándose a firmar un tratado que había hecho el general Guido...Ya yo tenía la cabeza como un bombo - y lo otro tan duro, que no sé cómo aguantaba.

El, satisfecho de mi embarazo, que lo era por activa y por pasiva, y poniéndome el mamotreto en las manos, me dijo, despidiéndome:

-Bueno, sobrino, vaya nomás y acabe de leer eso en su casa -agregando en voz más alta-: Manuelita, Lucio se va.

Manuelita se presentó, me miró con una cara que decía afectuosamente -Dios nos dé paciencia» y me acompañó hasta el corredor, que quedaba del lado del palenque, donde estaba mi caballo.

Eran las tres de la mañana.

En mi casa estaban inquietos, me habían mandado buscar con un ordenanza. Llegué sin saber cómo no reventé en el camino.

Mis padres no se habían recogido.

Mi madre me reprochó mi tardanza con ternura. Me excusé diciendo que había estado ocupado con mi tío.

Mi padre, que, mientras yo hablaba con mi madre, se paseaba meditabundo viendo el mamotreto que tenía debajo del brazo, me dijo:

-¿Qué libro es ése?
-Es el Mensaje que me ha estado leyendo mi tío... -¿Leyéndotelo?. . . -Y esto diciendo, se encaró con mi madre y prorrumpió con visible desesperación-: ¡No te digo que está loco tu hermano!

Mi madre se echó a llorar.

Algún tiempo después de esta ocurrencia, el general Mansilla y su hijo Lucio, de paso para Francia, visitan a su pariente en su destierro de Southampton.

Con Rozas, siempre de chaleco colorado, están allí su hijo Juan y su esposa, Manuelita, Terrero y un negrito a quien el amo apoda Míster. Manuelita, que anda aún con su moño colorarlo, y a quien el general Mansilla observa que «ese parche colorado no está bien-, contesta: -No me lo sacaré mientras no me lo manden». Un día, mientras el general y Manuelita están de sobremesa, el joven Lucio, por pedido de aqueIla, va a entretener a su tío, que ha ido a sentarse solo, en una salita próxima. Ambos callan, observándose muy al disimulo.

El ex dictador habla al fin.

-¿En qué piensa, sobrino?
-En nada, señor.
-No, no es cierto; estaba pensando en algo.
-No, señor. ¡Si no pensaba en nada!
-Bueno, si no pensaba en nada cuando le hablé, ahora está pensando ya.
-¡Si no pensaba en nada, mi tío!
-Si adivino, ¿me va a decir la verdad?

Me fascinaba esa mirada que leía en el fondo de mi conciencia, y maquinalmente, porque habría querido seguir negando, contesté:

-Sí.
-Bueno -repuso él-, ¿a que estaba pensando en aquellos platitos de arroz con leche, que le hice comer en Palermo, pocos días antes de que el «loco» (el loco era Urquiza) llegara a Buenos Aires?

Y no me dió tiempo para contestarle, porque prosiguió:

-¿A que cuando llegó a su casa a deshoras, su padre (e hizo con el pulgar y la mano cerrada una indicación hacia el comedor) le dijo a Agustinita: no te digo que tu hermano está loco?

No pude negar, queriendo; estaba bajo la influencia del magnetismo de la verdad - y contesté, sonriéndome:

-Es cierto.

Mi tío se echó a reír burlescamente.

Lucio V. Mansilla, Los siete platos de arroz con leche, Buenos Aires, EUDEBA, 1963. Fuente: "www.elhistoriador.com.ar"


LOS VEINTICINCO MATES AL MAESTRO DE MANUELITA.

Cuenta Gabriel Carrasco, hijo de Eudoro Carrasco, empleado de la Secretaría de Rosas, una anécdota que recoge de su padre y que se refiere al Profesor de música de Manuelita Rosas (le enseñaba piano).

En una circunstancia, don Juan Manuel de Rosas trabó conversación con el Profesor, requiriéndole información sobre los adelantos de Manuelita en sus clases de música, originándose una prolongada conversación con el docente domiciliario...

Rosas, que siempre estaba asistido por una ordenanza que le cebaba mate, invitó al maestro de música, que aunque era poco aficionado a la criolla infusión, aceptó el ofrecimiento que venía de tan alta investidura. Mientras Rosas conversaba animadamente, el mate circulaba sin interrupción entre ambos protagonistas, hasta que en el sexto mate, el maestro, satisfecho, dio gracias al ordenanza.

Cuando Rosas recibe en forma seguida su mate se da cuenta que el maestro lo había abandonado, por lo que le advirtió que no quedaba bien tomar mate sólo, sino con alternancias, por lo que lo invitaba a seguir acompañándolo. El maestro, sin ningún entusiasmo, reanudó la ronda de mates con Rosas que era un gran tomador do esa infusión. Cuando se llegó a los quince mates el maestro estaba más que saturado y próximo a descomponerse, por lo que hizo señales al cebador en un sentido negativo. Rosas, advertido le manifestó que el mate estaba riquísimo y que sería una picardía el dejarlo, más aún, sería casi como una ofensa si lo dejaba sólo con el mate. Estas últimas expresiones, al parecer sonaron muy graves ya que el maestro resignado tuvo que seguir tomando mate.

El pobre hombre estaba hinchado, descompuesto, opilado como se dice, y entre la animada conversación de Rosas y sus miradas imperativas, siguió tomando hasta que Rosas, llamado por sus tareas políticas y administrativas tuvo que retirarse, situación que el maestro totalmente descompuesto aprovechó para retirarse de la casona de Palermo, llegando a su casa en estado deplorable.

A los pocos días, le llega de Palermo un sobre con una carta de Rosas en la que lo felicita por los progresos registrados por Manuelita en el piano, y también había dentro del sobre otro envoltorio; al abrir este último, encuentra veinticinco mil pesos y una nota que decía: “Van mil pesos por cada mate”, una pequeña fortuna. Dicen que el maestro golpeó fuertemente el pie contra el piso y exclamó: “¡Haberme tomado treinta mates!”, olvidando la descompostura de las vísperas.

Fuente bibliográfica: Fermín Chávez. “La Vuelta de Juan Manuel’ Edil. Subsecretaría de cultura de la Dirección Nacional de Escuelas do la Provincia de Buenos Aires. Año 1992.


LAS CRÍTICAS DE DOÑA MARIA AL RESTAURADOR DE LAS LEYES.

María de los Santos Saya de Bengochea, conocida por todos como Ña María, estaba a cargo de un servicio permanente de carretas o diligencias entre San Fernando y Buenos Aires.

Un día, al cruzar el arroyo Maldonado (actual Av. Juan B. Justo y Santa Fe), su carreta quedó atascada: transportaba encomiendas, correspondencia y hasta una pasajera. No había forma de salir del lodazal, por lo que Ña María empezó a protestar contra las autoridades que no cuidaban los caminos: empezó por el juez de paz, siguió por el alcalde y no se salvó de sus feroces imprecaciones el mismísimo gobernador de la provincia, don Juan Manuel de Rosas. De pronto observó un jinete que se le acercó, a quien le pidió ayuda para salir de tan difícil situación. El hombre accedió y mientras escuchaba las airadas protestas de Ña María, sacó su lazo y después de forcejear con su caballo, liberó a la diligencia del fango. Ña María le ofreció veinte pesos, pero el jinete rechazó la gratificación alejándose del lugar.

A los pocos días, Ña María, en su casa de San Fernando, recibió una carta nada menos que del gobernador don Juan Manuel de Rosas, invitándola a visitarlo en su casona de Palermo. Ña María entre intrigada y temerosa concurrió a la audiencia. Atendida personalmente por el Hombre de Palermo, éste le manifestó: “tiene razón Ña María, los caminos están muy malos, habrá que poner mano. Ud. reciba esta suma de dinero por los daños ocasionados…” y además recibió la promesa que sus hijos no serían llamados a la milicia, para poder ayudarla en sus tareas de correo.

Se dice que Doña María de los Santos Saya de Bengochea se convirtió en una furiosa rosista. Fuente: Armando Alonso Piñeiro. La Historia que los argentinos no conocen.


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ARROYO GRANDE - 6 de diciembre de 1842

La picardía de Rosas: como engañar a un embajador

En muchas ocasiones mostraría Rosas su aptitud diplomática, su habilidad para conocer a los hombres, sus agallas, su inteligencia y su fibra de “gaucho pícaro”.

Si bien eran épocas de conflicto entre las potencia europeas (y algunos uruguayos aliados) con la Confederación, el representante ingles iba de tarde en tarde a Palermo en “visita de cortesía”, con la doble intención de recoger información que pudiera obtener en los pasillos o de la propia boca de “su amigo” Rosas, que lo atendía con amabilidad y deferencia.

Enfrentado Rosas al “pardejón” Fructuoso Rivera, estaban ambos ejércitos separados por un río, sin cruzarlo para no quedar en posición desventajosa. Cuenta Saldías una anécdota escuchada de boca de Antonio Reyes, edecán de Rosas, que lo pinta a éste de cuerpo entero.

Rosas llamó a Reyes y le dijo:

- “Dentro de poco vendrá Mr. Mandeville, usted entrará a darme cuenta de que las divisiones del ejército de Vanguardia están a pie, que no se ha empezado a pasar por el Tonelero los pocos caballos que hay, que por esto y la falta de armas el ejército no puede iniciar operaciones. Yo insistiré para que usted hable en presencia del Ministro".

Media hora después entró Mr. Mandeville. Asegurábale a Rosas que se esforzaría para que terminase dignamente la cuestión entablada, cuando se presentó Reyes a dar cuenta de lo que, con carácter urgente, avisaban del ejército de Vanguardia.

- “Diga Ud. -ordenóle Rosas-, el señor Ministro es un amigo del país y hombre de confianza.”

Reyes habló, y Rosas se levantó irritadísimo, exclamando:

-“Vaya Ud., señor, y dirija una nota para el jefe de las caballadas haciéndole responsable del retardo en entregar los caballos para el ejército de Vanguardia, y otra en el mismo sentido al jefe del convoy. Tráigame pronto sus notas, para firmarlas...”

Y como Mr. Mandeville quisiera calmarlo, arguyendo que quizás a esas horas ya todo había llegado a su destino:

-“¡No señor, no puede haber llegado todavía!... y si el "pardejón" supiera aprovecharse... ¡así es como vienen los contrastes, así es como vienen!”, decía Rosas cada vez más agitado.

Mr. Mandeville pidió licencia para retirarse. Inmediatamente Rosas ordenó al capitán del puerto que vigilase los movimientos de la rada. Esa misma noche tuvo parte de que salía para Montevideo un lanchón en el cual iba un hombre de confianza de Mr. Mandeville. Transmitiría lo que el diplomático inglés había escuchado “de boca del Restaurador".

Con la seguridad de un dato inapreciable, el general Rivera se mueve con prontitud ordenando marchar contra Arroyo Grande, que suponía débil y desguarnecido al no llegar los refuerzos de Rosas "retrasados" en el Tonelero. El general César Díaz, entonces oficial de Rivera, se extraña en sus Memorias de que el jefe de las fuerzas franco-uruguayas, a las que se sumaban los unitarios exiliados, ordenase una batalla a todas luces apresurada.

Se lanzó contra el general Oribe, aliado de Rosas, a las primeras horas del alba del 6 de diciembre de 1835, estrellándose contra fuerzas superiores a las suyas en armamentos y posición. Y a las que no le faltaba caballada...

"Todo se perdió", relata Díaz, "hasta el honor." Engañado y completamente vencido, don Fructuoso escapó "arrojando su chaqueta bordada, su espada de honor y sus pistolas". Perdió casi toda la caballada y el parqeu completo.

Fuente:
Saldias, Adolfo. Historia de al confederación Argentina
Rosa, José María. Historia Argentina.t.V.p60)


JULEPE

En 1844, estando tirantes las relaciones entre Brasil y la Confederación Argentina, ante una nota irónica del representante Brasileño en Bs.As. (Ponte Ribeiro), Rosas lo trata de insolente y lo expulsa. El gobierno brasileño manda una nota de disculpas, y el mensajero, antes de desembarcar en Bs.As. - por las dudas - le pregunta discretamente al jefe del puerto “si no se había declarado la guerra a Brasil” . Cuando el funcionario se lo informa a Rosas, comenta: ¡ Que julepe ¡


LA DESTITUCION DE SAN MARTIN DE TOURS.

Por distintos métodos se trató de desprestigiar a Rosas. En 1839 se publica en Montevideo un supuesto decreto firmado por Rosas, dense de decretaba la destitución del santo San Martín de Tours, patrono de Buenos Aires, por desagradecido y traidor. La autoría del documento se le atribuye Dalmacio Vélez Sársfield (unitario) como simple humorada de calumnia:

¡Vida la Federación!

Buenos Aires, 31 de julio de 1839.

Año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 10 de la Confederación Argentina.

Considerando el gobierno:

1º Que este pueblo, puesto desde su fundación bajo la protección del francés San Martín, obispo de Tours, no ha podido lograr hasta el presente verse libre de las fiebres periódicas escarlatinas, ni de las continuas secas y epidemias que han destruido en diferentes épocas nuestros ganados; ni de las crecientes extraordinarias de nuestros ríos que destruyen casi anualmente multitud de obras y edificios litorales de la población; y que aún la viruela ha venido últimamente a desaparecer con el solo descubrimiento de la vacuna, sin que el Patrón haya hecho jamás diligencia alguna eficaz y sensible para librarnos de esta horrorosa calamidad.

2º Que para las invasiones de nuestros indios fronterizos y guerras civiles y extranjeras con que nos hemos visto afligidos, hemos tenido que recurrir, en las primeras a nuestra sola Virgen de Luján: y en las segundas a la Virgen del Rosario y de las Mercedes y a Santa Clara, virgen también, con cuyo único auxilio hemos triunfado, mientras que nuestro Patrón francés se ha estado tranquilo en el cielo sin prestarnos el menor patrocinio como era su deber.

3º Que abandonados hoy por él, cuando nos vemos atacados por enemigos exteriores y poderosos, en que parecía más propia su protección como militar, y prescindiese de toda afección de paisanaje francés, ha descuidado hacerlo con una parcialidad reconocida, y ha sido preciso que San Ignacio de Loyola, con aquel heroísmo noble y caballeresco que le distinguió cuando vivía en el mundo, e inclinado no más que de su inclinación al suelo americano, a suya, población y conquista concurrió con un hermano suyo, y donde sus hijos tuvieron después fundadas unas misiones lucrativas para su orden, y de las esperanzas fundadas que se le han dado de restaurarla en el presente, haya salido en su vez a nuestra defensa en dos veces consecutivas: facilitándonos en sociedad con la Virgen del Rosario la destrucción de un ejército inglés de once mil hombres el 5 de julio de 1807, y varando los buques franceses del injusto bloqueo que estamos sufriendo, como lo hizo el año pasado el 31 del mismo mes de julio, aniversario de su ascensión a los cielos.

4º Que es un deber del Gobierno con la Suma y Omnipotencia del Poder Público que inviste, y en virtud del Alto Patronato que se ha reservado en todas las iglesias de la república para solas estas restauraciones provechosas, restaurar todas las cosas sagradas y profanas, civiles y religiosas en beneficio del Pueblo; purificando la administración de los malos servidores extranjeros unitarios, vivos o difuntos, y premiando los buenos servicios de los buenos servidores de la Causa Santa y Nacional de la Federación.

5º Que los que ha prestado en este orden en el año próximo pasado, y los que esperamos que nos continúe en el presente, el célebre militar español San Ignacio de Loyola, son tanto más meritorios cuanto han sido voluntarios, realzando así noblemente los que prestó su ilustre hermano d. José M. de Loyola en la, conquista del Paraguay; y que, además de todos esos méritos y servicios, se halla hoy arraigado y naturalizado en la República con casa y familia propia, cuya calidad no concurre con el Patrón extranjero que hemos tenido.

Por estas consideraciones

”Ha acordado y decreta:

Art. 1º – Habiendo perdido la confianza del Pueblo y del Gobierno el francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy Patrón de esta ciudad, olvidándonos al presente por sus paisanos los franceses bloqueadores, por el traidor Rivera y demás salvajes unitarios; queda para siempre separado de su empleo de Patrono de Buenos Aires por convenir así a la seguridad pública y a la mejor y más eficaz protección de nuestros derechos en la Santa Causa de la Confederación.

2º Atendida la antigüedad de sus servicios se le acuerda por vía de retiro y jubilación la pensión de cuatro velas de cera a libra, y una misa rezada en su altar propio dc la catedral que recibirá todos los años en su día.

3º Queda nombrado Patrón de la ciudad, el ciudadano naturalizado San Ignacio de Loyola, con el grado y honores de Brigadier General de la República y el uso de la divisa federal.

4º La misma divisa llevarán en adelante todos sus hijos, gozando perpetuamente la pensión de 800 pesos mensuales que se les asigna.

5º El Excmo. Santo Patrón optará todos los años en la catedral las mismas cuarenta horas con sermón que se hacían a su antecesor, sin perjuicio de las que se le hagan en el tiempo propio.

6º Habrá todos los años iluminación pública, fuegos artificiales, palo, sortija y carne con cuero en la plaza desde la víspera, y por tres días consecutivos, a su función; asistiendo las naciones africanas con sus danzas nacionales del candombe y malambo.

7º Su instalación se hará el presente año en la Iglesia Catedral, con asistencia del Gobierno representado por su ministro de Relaciones Exteriores y Culto, y de todas las corporaciones civiles y militares, el día que el Gobierno designare. Bajo el ceremonial siguiente:

Habrá en la víspera y el día formación general del ejército, desde la Casa de los RR. PP. Jesuitas a la catedral, mandada por el Inspector General de Armas.

Los RR. PP. Jesuitas conducirán la víspera en andas la imagen de S. E. el Santo Patrón Federal en una procesión solemne desde su Casa a la Catedral, acompañados por el Reverendo Obispo diocesano, el Senado y clero de la iglesia y todas las comunidades religiosas; asistirán los niños de las escuelas con sus maestros, la cofradía africana de San Benito de Palermo, cuatro generales llevarán las andas, y la tropa en formación le presentará armas a su tránsito haciendo una descarga general al entrar en su nueva iglesia el Santo Patrono. La fortaleza y la almirante harán igualmente un saludo de artillería con sus cañones a media carga.

Mi primer edecán irá delante de las andas a caballo, en una montura del país, con pellón, cojinillo, sobrecincha y todo el correaje de color punzó, y testera y colera del mismo color, llevando el bastón de brigadier para el Santo Patrono y una capa de tafilete con guarniciones doradas con este decreto dentro. La cual será puesta a los pies del Santo luego de colocado en el bautisterio, puesto en sus manos el bastón con una arenga que llevará de memoria uno de mis oficiales mayores que representará al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

8º Comuníquese, publíquese, etc.

”Juan Manuel de Rosas. – Manuel Insiarte.”

Esta humorada, que no debería engañar a nadíe, sirvió sin embargo para que algunos “historiadores” y malintencionados lo usaran como “documento histórico” para demostrar los desvaríos del “tirano”.

Cuado en 1874 se reprodujo malintencionadamente en varios periódicos porteños y en le Times de Londres, el yerno de Rosas, Máximo Terrero creyó conveniente desmentirlo se refutarlo, y le manda copia a Rosas, ya anciano, exiliado en Inglaterra, quien se limitó a contestarle:

“Durante el tiempo que presidí el gobierno de Buenos Aires como su Jefe Supremo, estuve siempre, gracias a Dios, en mi entero juicio. No hubo tal decreto”. (JM de Rosas – 1° de enero de 1875) Le adjuntaba además de su archivo los documentos sobre las festividades anuales a San Martín de Tours, durante todo su gobierno.

Efectivamente Rosas estuvo en “su entero juicio” hasta el final de sus días, como lo demuestran los testimonios de muchos que lo visitaron en Inglaterra, Alberdi entre otros.

Bibliografía

ARANA, Enrique: “Rosas y las Relaciones Exteriores”.
ISERN, Juan: “Los Jesuitas y el Clero Secular”.
ZURETTI, Juan Carlos: “Historia Eclesiástica Argentina”.

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ROSAS Y LA VACUNA ANTIVARIOLICA.

Tras el descubrimiento de América se propagaron enfermedades que eran originarias de cada continente. Así por ejemplo la sífilis, originaria de América, sobre la cual los indígenas tenían ciertas defensas, se propagó en Europa. Lo mismo sucedería con otras enfermedades de origen americano, como el mal de Chagas. A la inversa, los europeos traerían a América otras, como la Viruela, que cauzo estragos entre la población indígena.

Los europeos tenían habían desarrollado ciertas defensas contra la viruela a consecuencia de las epidemias sufridas durante los siglos anteriores al descubrimiento de América. (En el siglo XIV la peste negra redujo en un tercio la población europea). En América en cambio la viruela no era conocida y los indios no contaban con estas defensas inmunológicas, por lo que la propagación de la enfermedad causó mas muertes que toda las guerras de conquista. Mientras entre la población de origen europea la enfermedad causaba una mortandad de 29 %, entre la población indígena alcazaba al 80 %.

La introducción de la vacuna

La vacuna antivariólica había sido descubierta en Inglaterra pro Eduardo Jenner a raíz del cow-pox encontrado en los pezones de las vacas de Gluocester, y la introdujo en Argentina el presbítero Saturnino Segurota en 1805.

El virrey Sobremonte creó el primer centro de conservación de la vacuna, y se dedicaron a difundirla, entre otros Miguel O´Gorman, Cosme Argerich, Francisc Muñiz, Pedro Serrano, Claudio Mamerto Cuenca, Francisco Rodríguez Amoedo, Pablo Villanueva, etc.

En 1829 ya, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires: la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur, dirigidas por Justo García Valdés y luego por el Dr. Saturnino Pineda (Visiconte, Mario, “La cultura en la época de Rosas. Aspectos de la medicina”, Sellarés, Buenos Aires, 1978).

La vacuna en la época de Rosas.

Durante el gobierno de Rosas se incrementó el suministro de la vacuna, llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de la policía también se ocuparon de aplicarla.

En 1830 el gobierno asigna un sobresueldo al médico de la Policía de Campaña de la sección de Luján Dr. Francisco Javier Muñiz y sus ayudantes, quien además descubriría luego (1840) en los pezones de una vaca el cow-pox antivariólico, marcando un hito en la ciencia médica y un reconocimiento mundial de su prestigio.(Archivo General de la Nación, en adelante AGN, S.X.44.6.18).

La vacuna antivariólica llegó también al pueblo de San Nicolás de los Arroyos, designándose en 1830 al Dr. Pedro Serrano para aplicarla. (AGN S.X.44.6.18). En Chascomús el administrador de la vacuna fue el Dr. Pablo Villanueva y en el Fuerte Federación (la actual ciudad de Junín) el Dr. Claudio M. Cuenca que el 3 de mayo de 1837 le informa al gobernador Rosas: “...el médico del Fuerte Federación tiene el mayor gozo al anunciar a V. E. que tanto la tropa como el vecindario de este Fuerte ha cesado la enfermedad epidémica que reinaba (la viruela) y que son muy pocas veces molestados por algunas enfermedades esporádicas muy benignas...” (“La Gaceta Mercantil”, 7 de marzo de 1837).

El licenciado médico García Valdéz administrador general de la vacuna en un informe del año 1836 invitaba a los pueblos de campaña a vacunarse expresando: “...se hace indispensable el citar el celo de los jueces de paz y los curas párrocos a fin de exhortar al vecindario para que se apreste a recibir el gran beneficio de la vacuna que con tanto empeño promueve nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes el Sor. Gobernador...” (“La Gaceta Mercantil”, 6 de marzo de 1837).

Otros médicos en distintos fuertes y cantones cumplieron esta tarea sanitaria desde 1832 en las poblaciones rurales de Quilmes, San José de Flores, Morón, Las Conchas, San Fernando y San Isidro (AGN S.X.6.2.2.) y en las provincias según informe del Dr. García Valdéz del año 1838 (AGN S.X.17.2.1.).

La vacunación de los indígenas.

Si entre la población de origen europea era difícil la difusión por falta de medios o prejuicios, mas aún lo seria entre la población indígena, que sumaba desconfianza, prejuicios y supersticiones.

No se sabe exactamente cuando comenzó a difundirse la vacuna entre los indígenas, pro lo cierto es que el 4 de enero de 1832 Rosas recibió una distinción de la Sociedad Real Jenneriana de Londres, designando a Rosas “miembro honorario” de esa sociedad “...en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la causa de la humanidad, introduciendo en el mejor éxito de la vacuna entre los indígenas del país...”.

Saldías de cuenta que a comienzos de 1826 “...en esas circunstancias se había desarrollado la viruela en algunas tribus. Como resistieran la vacuna, Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, por manera en que en menos de un mes recibieron casi todos el virus” (Saldias, Adolfo, “Historia de la Confederación Argentina”, vol. I,). Sir Woodbine Parish y informa que en uno de los tantos parlamentos efectuados con indígenas por Rosas en la Chacarita de los Colegiales hacia 1831 suministró la vacuna a muchos indígenas que integraban la comitiva de caciques pampas y vorogas. La vacunación en la Chacarita se repite en distintas oportunidades como puede verse en lo informado en “La gaceta mercantil” de la época.

El 17de octubre de 1836 en nota dirigida a Rosas, el Dr. Saturnino Pineda le informa que: “...el día 3 de septiembre a las tres y media recibí de orden verbal de V.E. de asistencia médica (a una comitiva indígena afectados por la viruela) que me fue transmitida por el Sr. edecán coronel don Manuel Corvalán y no obstante de hallarme enfermo con el mayor contento y sin pérdida de tiempo procedí a su cumplimiento...”. y agrega, “...el violento foco de contagio que significa la aglomeración de más de setenta individuos en un mismo lugar algunos con la misma viruela y declarada por lo que el día 9 del mes de que se hace referencia fueron vacunados de brazo a brazo 52 indios entre adultos y niños de ambos sexos para cuyo efecto se condujeron desde la Chacarita a la casa donde se hallaban alojados cuatro niños con vacuna de la más excelente. El 16 fueron reconocidos y en todos los se encontraron granos (reacción positiva) tan hermoso que juzgando por sus caracteres no pude menos que tranquilizarme...” (“La Gaceta Mercantil”, del 19 de octubre de 1836). Rosas destacó dicho informe del Dr. Pineda en el mensaje dirigido a la Legislatura el 1º de enero de 1837.

Para persuadir a los indios que recibieran la vacuna, Rosas, que tenía gran prestigio entre ellos, reunía los caciques y se hacía aplicar la vacuna a si mismo, para que estos la difundieran en sus tribus, como “gualicho el hinca” contra la enfermedad. También apelo a su inteligencia y sagacidad para convencer a los indios, como se comprueba en la carta que le dirige a Catriel. “...Ustedes son los que deben ver lo mejor les convenga. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con mucho cuidado y que la vacuna sea buena, que el médico la reconozca porque hay casos en que el grano que le salió es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien, el grano que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse porque en esto nada se pierde y puede aventajarse mucho. La vacuna tiene también la ventaja de que aún cuando algún vacunado le da la viruela, en tal caso esta es generalmente mansa después de esto si quieren ustedes que vacune a la gente, puede el médico empezar a hacerlo poco a poco para que pueda hacerlo con provecho y bien hecho y para que tenga tiempo para reconocer prolijamente a los vacunados” (Chavez, Fermín, La vuelta de Juan Manuel”, Edic. Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991 o Edit. Theoría, Buenos Aires, 1991). No solamente procuraba la vacunación de los indios, sino que los persuadía además para que permitieran la entrada de médicos a la tribu.

Apeló a su vez a un humanitario “chantaje” al obligar a los indios vacunarse antes de recibir “suministros” que habia comprometido el gobierno. Así lo atestigua Pincén cuando relata que “...Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco; me regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió de ser porque no hubo mas viruela por entonces...” (J.M.Rosa,Hist.Arg.t.VIII).

En carta al Dr García Valdéz el 15 de julio de 182, Rosas le dice “...Sírvase Ud. hacer entender a la Sociedad Real Jenneriana entre lo más satisfactorios triunfos digno de su memoria deben enumerarse la propagación del virus de la vacuna entre los indígenas reducidos y sometidos al gobierno y aseguraba que tomando yo en sus honrosos trabajos la parte que puede caberme en mi actual posición, no perdonaré medio para que la institución de la vacuna sea conservada en este país con todas creces que dependan ya de mi autoridad ya de mi decisión personal...” (Fernández, Humberto “Francisco Javier Muñiz, Rosas y la prevención de la viruela” en “Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas nº 42 enero/marzo 1996.).

A diferencia de este interés por la vacunación de los indígenas por parte de Rosas, en el país del norte, ante una epidemia de viruela, se recogían las mantas infectadas y se redistribuían entre los indios para diezmarlos, en lo que podríamos llamar una “guerra bacteriológica”.

La estadística

Según está documentado, los años que se produjeron brotes de viruela entre la población indígena corresponden a 1615, 1620, 1638, 1642, 1660, 1728, 1780, 1788, 1792, 1805, 1819, 1871, 1875 y 1881. Como puede observarse, hubo una significativa interrupción de los brotes de viruela de 52 años entre 1819 y 1971, período en que precisamente se ubica el gobierno de Rosas, luego del cual se descuido la política indígena, se interrumpieron los “suministros de mercaderías” a los indios, y hasta volvieron los malones.

(Fuente bibliográfica del “Instituto de investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas”)

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ENTREVISTA A JUAN MANUEL DE ROSAS. ("Un encuentro con Rosas". Autor: Salustio Cobo.)

Sr. Don Benjamín Vicuña Mackena París, agosto 14 de 1860.

Mi querido amigo:

Paseándome por el zaguán del hotel, hacía mi composición de lugar, cuando el portero, llamándome la atención hacia una figura de hombre, que, por su inmovilidad y adhesión a la esquina de enfrente, parecía un bajo relieve de la muralla, me dijo:

-¡Ese es el general Rosas!...

Los avispados muchachos de las escuelas que andaban por allí gozando de su asueto del domingo, se dirigían también unos a otros la citada frase del portero y agregaban, señalando el tren de paseo que teníamos a la puerta: "¡Esos son sus caballos!-. Estas mismas frases eran repetidas por todos los transeúntes; mi curiosidad no las desperdiciaba, pues servían como para familiarizarme anticipadamente con el objeto que luego iba a tocar.

Estaba yo como el niño que obligado a entrar en un cuarto a oscuras, hace alto a la puerta y se conforta y se anima con oír hablar por las vecindades.Un paso más y me hallo en plenas tinieblas: Rosas estaba delante de mí. -No esperaba yo respuesta tan elocuente de parte de V. E. díjele por saludo.

-No, nada de eso ... yo vivo aquí de cualquier modo - contestóme.El desprendimiento casi nativo de las etiquetas del poder se veía marcado en el tono con que Rosas profirió esta excusa; la indolencia acomodaticia del huaso, en los modales que la acompañaron, la presteza del que quiere despacharse de un asunto trivial, en el movimiento que hizo al quitarse el sombrero. -¿Qué tal lo pasa, V. E., con la vida de Inglaterra?

-Bien, paisano. A mí me va bien en todas partes, y particularmente con éstos de por acá, a quienes conozco mucho. ¡Treinta años en que no he hecho otra cosa que estudiar al hombre! ¡Y me precio de conocerlo! Así es que ahora estoy escribiendo tres obras, de las que me permitirá que le dé noticia.

-Nada me sería más agradable que enterarme de las meditaciones de V. E.

-Son tres obras y otras que llamo apuntes varios sobre la época de mi gobierno, para lo cual tengo tres cuartos llenos de papeles. -Interesantísimo sería que esos apuntes llegasen a América y yo quisiera que fuesen a poder de los escritores de Chile. (Me acordé en el acto del autor del Ostracismo de los Carreras y futuro comentador de las tristezas de O'Higgins).

-A cualquier parte, menos a Chile -respondióme . ¡Dios me libre! ¡Chile! ¡Chile! Me ha dejado abandonado en mi desgracia. Son unos ingratos todos los gobiernos de América, después que yo la he elevado tanto en el concepto de las naciones europeas. Esos gobiernos han permitido que se me confisquen mis bienes, "cuando yo no he confiscado los de nadie-. ¡Represalias!, dicen. Yo lo único que decreté fué embargos temporales, para mientras los emigrados se mantenían en estado de rebelión contra el gobierno. ¡Que yo he robado! ¡Falso, paisanos Ahí tengo los documentos de todo lo que se ha gastado en mi tiempo, casi todos ellos han sido otorgados por los mismos que están gritando contra mí en Buenos Aires. Día llegará que yo les pruebe que me acusan a mí por las sumas que ellos, y sólo ellos, han recibido. Mío propio y no de nadie es lo que confiscan. Con la amistad que Lord Palmerston me dispensa, bien podría yo, haciéndome súbdito inglés, imponer el respeto a mis derechos. No lo hago por consideraciones que creo deber al pabellón y al gobierno de mi patria, como quiera que se titule. Y como iba a decir a usted, tres son las obras que me ocupo en escribir: la una es sobre la "ley pública”.

-Sírvase V. E. explicarme qué es lo que apellida -ley pública-De la explicación llena de discordancias y de digresiones (aun estas mismas incoherentes) que me hizo Rosas vine a colegir que se propone escribir un libro de "derecho público", a cuya doctrina suscriban documentalmente todas las naciones, en precaución de la divergencia de opiniones que complican la expedición de los negocios y que le han quemado las pestañas al laborioso jefe de la cancillería de Palermo.

Distingue la ley pública de la ley individual (derecho civil) y se propone modificarla principalmente en la parte de derecho testamentario, cuyos principios, a juicio del ex gobernador, debieran ser dictados, antes que por los deberes del estado civil, por la libre espontaneidad de los afectos. Tratando de esta materia y no sé si con la mira de hacer referencia a la ley pública o a la ley individual (porque en una conversación con Rosas es imposible saber de lo que está hablando), agregó, como quien murmura para sí: "Eso que llaman derechos del hombre no engendra sino la tiranía". Ni sé cómo pasó a hablarme -puesto que lo oía sin interrumpirle de su predominio sobre los labradores ingleses.

-Ningún inglés saca tanto del trabajo de los peones como yo de los míos ... ¿Por qué? Porque me ven que yo mismo cojo la azada para darles el ejemplo. Y vea estas manos, paisano, tóquelas... ¡Me pareció que iba a ser lastimado por las uñas del tigre!

-¿Cómo le parece a usted que paso yo todo el día? Así.. dispénseme. - Se quitó la levita y quedó en mangas de camisa.

-¿Por qué mis tropas andaban tan listas y me eran tan fieles? Tres gritos se daban antes de empezar un ataque. Buscó en su memoria las frases que ya tenía en la boca a todo abrir... -Era el primero: "¡Viva la Independencia Americana!”

Yo tuve que hacer un esfuerzo para no parapetarme detrás de la silla en que me hallaba sentado, cuando vi a Rosas empinarse para remedar el diapasón sostenido de su histórico primer grito; y que penetrarme de toda la realidad del momento, para no creer que veía un machete en aquellos brazos echados al aire y casi desnudos. ¡Aquí del mentor de Achiras y de su Telémaco! Quiroga estaba tras de ese fantasma, aparecido en un pestañar de mis ojos; dentro del fantasma debían hervir las furias evocadas de la mazorca. ¡Mi reino por un caballo!, parecía que dijera Rosas en esa transfiguración obrada por su fantasía. ¡Los devotos de cierta incurable de nuestro hospicio habrían de buena gana llamado al exorcista! (Alusión a una pretendida endemoniada). Como expelido el demonio por un cordonazo a traición, Rosas se calmó, se puso la levita, tomó asiento y omitió los otros dos gritos prometidos... se fué el caudillo gobernante, quedó otra vez el gaucho.

-Mi segunda obra es sobre la religión del hombre. Yo soy católico, en la religión apostólica romana, y no por ninguna otra razón sino porque mis padres lo han sido; y así opino que todas las religiones deben respetarse.

Al llegar a este punto de sus literarios trabajos, Rosas me refirió una anécdota de familia, ordenada a demostrar que es imprudente asustar a un enfermo con la presencia de los sacramentos. Y con tal motivo se lamentó de la inseguridad y mal gobierno de la medicina, pasando a hacer mención de su tercera obra, que versa sobre la ciencia médica. Ya bastaba de divagar y era preciso que me pusiese al corriente de sus actuales circunstancias domésticas.

-¿Y qué es de la vida de la señorita Manuelita?

-Me ha faltado; me ha dado un pesar.- se ha casado.

-Siento entonces haber traído el hecho a la memoria de V. E. Se servirá excusarme.

-No, nada de eso, estamos en la mejor armonía. "Máximo, le dije yo, dos condiciones pongo: la primera, que yo no asistiré a los desposorios; la segunda, que Manuelita no seguirá viviendo en mi casa". Y es así que están en Londres, de donde me escriben todas las semanas. No sé qué le dió a Manuelita por irse a casar a los treinta y seis años, después que me había prometido no hacerlo y hasta ahora lo había estado cumpliendo tan bien, por encima de mil dificultades. ¡Me ha dejado abandonado, solo mi alma! Y lo peor es que a ella también le han confiscado sus bienes propios. ¡Semejante rigor con una niña que no ha hecho otra cosa que labrarse el aprecio de todos y ser el encanto de los extranjeros! Muy mal estoy con los gabinetes de América. Ahora las potencias europeas están haciendo con ellos lo que se les antoja. No era así en mi época. ¡Ah! ¡Ah! Todo podrán decir de mí, pero nunca dirán: a Juan Manuel de Rosas le faltó energía. ¡Hasta el último la tuve, paisano! Gobernar treinta años... ¿quién, quién hace eso? ¿Por qué gritan contra mí? ¿Qué he hecho yo? Todo el bien que le he podido hacer a mi patria. ¿Qué hago? Estar resignado en mi desgracia y nada más. Yo no fumo, yo no bebo, yo no almuerzo, yo no como. Todo lo que tomo es una cenita a las diez de la noche, y para eso me la cocino yo con mis manos. ¿Puede darse mayor retiro y mayor prescindencia de todo? Yo podría disponer que la prensa de Inglaterra y de Francia tomasen mi defensa; no lo quiero, y así se lo he dicho a Lord Palmerston. Después de mis días se sabrá todo. He hecho mi testamento. A Lord Palmerston lo dejo por albacea y el encargo que guarde mis restos, unidos a los de mi esposa en Buenos Aires, en el panteón de Southampton, -oponiéndose absolutamente a que los extraiga el gobierno argentino, pues por allá los injuriarían".

Al despedirse le rogué que me permitiese corresponder a su visita. Me dio su negativa, en lo mucha que me preconizó la inviolabilidad de su doméstico retiro y en la eficaz oferta que me hizo de volver repetidas veces a mi hotel, durante los días que yo hubiese de permanecer en Southampton. No obstante, me creí obligado a ir tras de sus pasos a depositar mi tarjeta en el buzón de su vestíbulo. Aquí tienes lo que me ha pasado con Rosas. Tú, mejor que yo mismo, quizás deduzcas de esta entrevista, mirada a la distancia, un juicio aproximativo sobre Rosas.

Puede que adónde no alcanza el rumor de tas palabras llegue más claro su sentido. De mí no sé decir, sino que aquel hombre desapareció de mi vista, como la visión de un sueño, o el reflejo de un celaje. ¡Es tan incomprensible y tan indefinido! Tú, que tienes las prácticas de las cosas históricas de América, ayúdame desde Lima a conocerlo. ¿Qué es Rosas? ¿Convienes en lo siguiente: que para la fisiología es un loco, para la historia un tirano; y para la predestinación puede ser lo que han sido Carlota Corday, Jacobo Clemente, el clérigo Merino y tantos otros instrumentos ciegos del crimen?

Esos nacieron para asesinar a un hombre; ¡puede que Rosas haya nacido para asesinar a un pueblo! Tal vez, ni abrigar sabe el rubor de su crimen, y quién sabe si a la hora de su muerte no dé la misma cuenta de la mazorca que de la San Bartolomé- dió el degollador Gaspar de Tavannes.

El confesor había ya oído, del moribundo, la confesión general de su vida, y ni una palabra siquiera en sus labios de la San Bartolomé. ¡Qué! ¿Nada me decís de la San Bartolomé? "La niro, respondió el Mariscal, como una acción meritoria en Cuya virtud me han de ser perdonadas mis culpas.

Rosas es un malvado, venimos repitiendo todos. ¡Quién sabe si no habrá una voz que salga diciendo: Rosas es un misterio! En lo que si podemos convenir, desde luego, es en que se ha mostrado y aparece todavía no menos grande que Satanás. Bajo del pedestal de la gloria del uno como del de la gloria del otro, pueden escribirse, con igual justicia, estos versos de Voltaire: "Le crime a ses héros, I'érreur a ses maftires. Du vraie zéle et du faux, vains juges que nous sommes Souvent des scélérats ressemblent aux grands hornmes. La tentación del hombre ha inmortalizado al uno hasta entregar su fama a la epopeya; la inmolación de un país inmortalizará al otro; hasta transmitirlo a las maldiciones sin fin de los siglos. Si yo encontrase por ahí a Satanás, ¿cómo mi admiración no habría de querer contemplarlo?

El mismo deseo le manifesté a Rosas, se lo expuse en mi carta de Southmapton; su vanidad me halló razón y el juicio de todos no me la negará. Quedan, pues, justificadas mi carta y la entrevista a que dió lugar. Salud, etc., etc.

Firmado: Salustio Cobo. Carta de Salustio Cobo a Benjamín Vicuña Mackena, 14 de agosto de 1860, en Luis Franco, "El Otro Rosas", Buenos Aires, Reconstruir, 1964.


SONSO POR ZONZO

Ya siendo muy viejo don Juan Manuel, en el exilio de Southampton, conservó no obstante su lucidez y hasta su sentido del humor, prueba de que nunca había sido un personaje sombrío en sus épocas de plenitud, como algunas plumas unitarias o iluministas, con total desconocimiento, trataron de describirlo.

En una oportunidad le escribió a uno de sus ahijados, diciéndole “haijado”con la “h” al principio y no entre la “a” y la “i”, como corresponde. Un tal Ohlsen le escribió desde Buenos Aires, marcándole la falta de ortografía en que al parecer incurría quien había sido otrora el señor todo poderoso de un país sudamericano.

Rosas le contestó humildemente en los siguientes términos: “Frecuentemente padezco esta clase de distracciones, tomando unas letras por otras. Hoy mismo, al repasar la correspondencia que envío a Buenos Aires, para corregirlas, advertí que escribí sonso por zonzo...”. La alusión a la impertinencia del corrector era evidente.

Además le informó que por su mediación había hecho gestiones para incorporar al diccionario de la Real Academia Española muchísimos vocablos llamados argentinismos.

Fuente: Fermín Chávez: Quinientos Años de la lengua en Tierra Argentina. Editado por la Secretaria de Cultura, 1992.

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“EL SABIDO CORRESPONDENTE” (o “El conocido corresponsal”, en Portugués)

Históricamente Brasil ambicionó dominar una margen del Río de La Plata para comunicar su Mato Groso y hasta dominar o ejercer su influencia sobre Paraguay, (parte de “las Provincias unidas del Río de la Plata) al que finalmente le tomó parte del chaco Paraguayo y la Misiones Orientales (con la complicidad de Mitre, por cierto). Esta política los impulsó desde siempre a conquistar también la Banda Oriental, o al menos a lograr su separación de las Provincias del Río de La Pata. También hubo intentos de separar Entre Ríos y Corrientes para formar una “Republica de la Mesopotamia”, por partes del imperio, tal como lo ofrecieron los unitarios de Montevideo a Inglaterra mediante la gestión de Florencio Varela ante Aberdeen (1844) en la corte de Inglaterra, tradicional aliado de brasil desde el siglo XIII. Inglaterra, fiel a su tradición del “divide y triunfarás” y a su “No tenemos perpetuos aliados ni eternos enemigos. Nuestros intereses son lo perpetuo y lo eterno.” (Lord Palmerston) no dio el visto bueno de conquista a brasil, y prefirió la separación en estados menores independientes. “El gobierno no ha traído a la América a la familia real de Portugal para abandonarla y la Europa (Inglaterra) no permitirá jamás que dos estados sean dueños exclusivos de las costa orientales de la América del Sud, desde más allá del Ecuador hasta el Cabo de Hornos” (Lord Ponsonby)

Esta política unitario-inglesa-brasilera, produjo innumerables refriegas con la Provincias del Río de La Plata y con la Confederación Argentina, que llevó hasta la guerra contra el imperio de brasil, derrotado en Ituzaingo por el ejecito Argentino, no obstante lo cual cede la dominación de la banda oriental al brasil, (como si hubiéramos sido derrotados), por obra y gracia de nuestro de nuestro “ilustre” Rivadavia, que prefería tener el ejercito en Bs.As. para aplastar al interior “a palos y cueste lo que cueste” (Agüero). Esta escandalosa capitulación después de la victoria, produjo tal efervescencia y descrédito de Rivadavia, que aunque quiso poner de chivo expiatorio a García, tuvo que abandonar el gobierno. (con lo, a decir verdad, nos libró para siempre del “sapo del diluvio”) “Estando (Rivadavia) en sus últimas boqueadas (last gasp ) pero aún no muerto –informa Lord Ponsonby al Foreign- vio en el rechazo del convenio de García una última esperanza de salvarse apelando a las pasiones patrióticas y presentándose él mismo como el salvador de la Patria”

Dorrego quiso retomar la guerra ganada, pero el banco de Bs.As. (dominado por los accionistas ingleses) le negó todo recuro: "no facilitarle crédito sino por pequeñas sumas para pagos mensuales" (instrucciones de Lord Ponsonby a los accionistas del banco). Convencido Lavalle (la Espada sin cabeza) por los iluminados como Del Carril y Agüero, derrocó y fusiló sin mas trámite a Dorrego, gobernador legal de la Provincia de Bs.As.

Rosas consideraba a Paraguay parte integrante de la Provincias del Río de La Plata, y no pretendió anexarla por la fuerza a la Confederación, sino que le dio el trato de “Provincia”, tratando de atraerla por convencimiento y no por la fuerza. Similar política tuvo con Bolivia y la Banda Oriental, apoyando con el ejercito a argentino al general Oribe, presidente electo del Uruguay y desplazado por al ingerencia brasilera.

Por otro lado Río Grande do Sul trató de independizarse del imperio a través de la revolución de los “farraphos”, que pidieron auxilio a Rosas, y hasta tuvieron intenciones de unirse a la Confederación Argentina.

Esta situación política mantuvo una situación de estado latente de guerra con el imperio, incluido espionaje y contraespionaje de ambas partes, que llevo casi a la guerra con brasil, (ganada de antemano por la evidente superioridad argentina) y que finalmente terminó en el derrocamiento de Rosas por la traición del Urquiza, jefe del ejército de vanguardia, que se pasó con todo su ejercito al bando enemigo en vísperas de la guerra.

Durante esa guerra diplomática de intrigas y de espionaje, Andrés Lamas y Alsina comienzan a recibir, a través Juan Nepomuceno Terrero, información confidencial y reservada desde Buenos Aires, que retransmiten al encargado de negocios de Itamaraty, Rodrigo de Souza da Silva Pontes. Los informes eran remitidos desde Buenos Aires por Pedro Duval a Madero, y a veces directamente a Lamas o al mismo Ponte de Ribeiro en Río de Janeiro.

Los informes eran de tal precisión y detalle, que solo podría conocer alguien muy cercano a Rosas o a sus ministros. Pasaba información relacionada con movimientos del ejército, diplomacia, correspondencia secreta y hasta cosas intimas como el humor del Restaurador. Los informes tuvieron tal credibilidad para los brasileros, que muchas veces guiaron su propia política y sus pasos, a tal punto que el ministro brasilero, por desconfianza, llego a prescindir de sus secretarios para redactar sus informes.

Pero como haría este Pedro Duval para conseguir la información, que siendo un empleado del correo sin acceso al circulo de Rosas, conocía tantos detalles, y trasmitía por correspondencia manuscrita por su letra? Obtendría los informes de algún allegado a Rosas, o algunos de sus ministros o secretarios, Reyes, Pedro de Angelis, Felipe Arana? No se supo que recibiera dinero por el servicio ni como ni con quien sustraía tan valiosa información. Sería algún infiel de Rosas que le daba información? Algún despechado? Lo cierto es que se enviaban informes reservadísimos, por vía Madero-Lamas-brasil y el propio Madero pide a Lamas “mucha reserva y circunspección; está en riesgo un pescuezo y de un bueno y útil servidor”. Madero protegía a su informante directo Duval y a su vez al secreto informante de este.

Pero quien era este secreto informante, tan allegado a Rosas. Las sospechas caían sobre el propio Felipe Arana o su amigo Pedro de Angelis, redactor del “Archivo Americano”. El historiador brasilero José Antonio Soares de Souza deduce que es Pedro de Angelis, vinculado a Pontes, amigo de Madero y Varela y de la confianza de Arana y el propio Rosas. Pero porque lo haría?. Por dinero, por convencimiento o por solo gusto de la intriga y la traición?. Lo cierto es que después de la caída de Rosas, Duval siguió con su empleo en el correo, y de Angelis fue respetado por los vencedores de Caseros, y hasta recibió cierta ayuda económica en brasil.

El historiador José María Rosa da cuenta de una carta descubierta en el Archivo de Rosas que dice textualmente “Llegó hace dos horas la “Carmen” y hasta ahora no tengo ninguna suya. Le pido me informe sobre la misión del nuevo comisionado Terreros. He visto en una carta, de ésa del 20 que han llegado algunos delegados de las provincias ofreciendo todo. Insisto sobre la misión de Terreros y sobre el papel de Southern para trabar la acción de Brasil (que no podrá) y lo que haya comunicado Oribe. Después de lo que escribí a usted solo podré agregarle que lo único que se espera para empezar por todas partes es el regreso del comisionado de Urquiza que se espera en el Golphino por momentos. Resumiendo: el 13 salían del Janeiro dos vapores para conducir al Río Grande 400 hombres de línea (cazadores) para estar en la escuadrilla brasilera. Grenfell esta deseando empezar, y empezará de un modo firme y de frente. Vamos a ver si por ahí ayudan cuando llegue el momento. B” La carta firmada por Nepomuceno Madero (B) y dirigida la sabido correspondente, fechada en Montevideo el 22 de mayo de 1851 fue respondida punto por punto por el sabido correspondente, tal como informa Lamas a Alsina en carta del 27 de mayo: “Llegó esta mañana el Esk con fechas de ayer. El gran corresponsal algo dice (aquí los informes). Por supuesto el corresponsal aconseja, clama y repite que se obre pronto, pronto” (Carta de Lamas a Alsina que se encuentra en el archivo de Montevideo, Legajos de Lamas, caja 89, legajo 19. según el historiador JM Rosa.)

Releyendo la carta en que Madero le pide informes al corresponsal, es evidente que no solamente pide informes, si no que los proporciona: que el comisionado de Urquiza llegará en el Golphino, que salieron 400 hombres para reforzar el ejército brasilero y que el almirante Grenffel estaba dispuesto a dar inicio inmediato de las acciones, etc.

Ahora bien, si la carta remitida por Madero al “corresponsal” (Duval) está en poder de Rosas, y aun así aquel puede responder a Madero sin ser molestado, es evidente (y así lo deduce el JM Rosa en su artículo “El misterio del Sabido Correspondente”) que la carta fue directamente dictada por el Rosas a Duval, (o a alguien que imitara su letra). No era otro que el mismísimo Rosas (por intermedio de Duval, de Angelis y Madero que jugaban de su parte) que valiéndose de los unitarios de Montevideo, trasmitía al imperio informaciones veraces pero intrascendentes y a su vez recibía valiosa información del enemigo. Por intermedio del Sabido Correspondente condicionó las actitudes de brasil, engañado por años en cuanto a las verdaderas relaciones del la Confederación con Inglaterra y Francia, movimiento o preparación de tropas, etc. El impecable José María Rosas en su artículo dice ¡Gaucho pícaro y taimado, que supo engañar a hombres tan hábiles como los diplomáticos del Imperio ¡

JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden Bibliografía:

“Historia Argentina” (José Maria Rosa)
“La Caída de Rosas” (JM Rosa)
“El misterio del Sabido correspondente” (JM Rosa)
“Rosas y la Política Exterior” (Enrique Arana)
“Final de la Guerra Grande” (Manuel Fonseca)
“La Guerra Grande” (Alberto de Herrera)
“Acusación y Defensa de Rosas” (Rodolfo Trostine)

Se permite la reproducción citando la fuente: www.lagazeta.com.ar


¿POR QUE SE EXILIÓ ROSAS EN INGLATERRA?

Muchos que no saben que decir contra Rosas, utilizan el argumento que era “pro-ingles” y “la prueba es que se exilió en Inglaterra”.

Sin embargo la razón por la que fue a Inglaterra es muy sencilla, y prueba lo contrario: Los Ingleses siempre utilizaron la estrategia de “deshacerse del enemigo permitiéndole escapar” (Filosofía Sun Tzu). La usaron muchas veces en la guerras de Europa y la usarían también en América. Rosas respetó a los ingleses de Bs.As. (y los tratados de 1825 de nación favorecida que obtuvieron a cambio de reconocernos la independencia) pero se opuso encarnizadamente al libre comercio y la libre navegación de los ríos, objetivo buscado por los ingleses (y franceses). Los brasileros (aliados de siempre del imperio ingles), en virtual guerra con Rosas, tentaron a Urquiza (jefe del ejército de la Confederación contra Brasil) para que se revele contra Rosas. Urquiza, entre otras razones por ambición personal y económica (que hasta el mismo Sarmiento le echa luego en cara) en alianza con los brasileros derroca a Rosas. Si bien se arrepiente en forma casi inmediata, el error ya estaba hecho y los Ingleses consiguieron su objetivo en gobiernos posteriores.

Ahora bien: porque Rosas fue a Inglaterra?: derrotado Rosas por Urquiza y brasil a Rosas le quedaban dos opciones: entregarse como lo hizo Chilavert, sin resistencia, para ser fusilado por la espalda (por Urquiza), o entregarse a su verdadero vencedor. Rosas optó por esto último y no tuvo un exilio sino una prisión disimulada en una granja de Inglaterra, donde vivió humildemente de su trabajo diario. (Llevó un cajón de papeles y documentos y pero unos pocos patacones en el bolsillo) ¿ Porque lo recibieron los Ingleses? muy sencillo….para “deshacerse del enemigo permitiéndole escapar”, para “tenerlo controlado” y de paso “tener controlados” a los gobiernos de la Confederación…… “o les mandamos nuevamente e Rosas” . Si en cambio lo mataban, lo hubieran convertido inmediatamente en un mito. Si hubiera ido a otro país, podría regresar a la Confederación. Rosas recibió ofertas en ese sentido desde su patria, pero se negó terminantemente a regresar ilegalmente contra un gobierno constituido.

Rosas no fue “enemigo” de los ingleses. El propio cónsul ingles testimonia se respetaron a los súbditos ingleses, sus bienes y propiedades inglesas aún durante el bloqueo Ingles. Rosas no fue “enemigo” de los ingleses: simplemente los puso en su lugar.



El fracaso de esta expedición militar-comercial fue tal, que los anglo-franceses se avendrían a aceptar las condiciones de Rosas hasta en su última coma, desagraviando el pabellón nacional con 21 cañonazos, y como comentara San Martín desde Francia “... los interventores habrán visto.., que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”. En honor a la defensa, San Martín le donó a Rosas el sable libertador.

Leonardo Castagnino

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Fuentes:

- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar



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