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LOS HERMANOS REINAFÉ
                          


José Vicente Reinafé     


01 Los hermanos Reinafé
02 Francisco; fuga y muerte
03 Fuentes
04 Atículos relacionados

Los hermanos Reinafé

Los Reinafé son cuatro hermanos: José Vicente, José Antonio, Guillermo y Francisco, descendientes de un católico irlandés llamado Guillermo Queenfaith, cuyo apellido evoluciona en la defectuosa pronunciación de los criollos y hasta en el modo de escribirlo, hasta quedar traducido en la forma en que posteriormente se le conoce.

De todos ellos, el único que tiene alguna instrucción, puesto que lo mandan a estudiar a la ciudad, es José Antonio. Guillermo y Francisco se consagran a la vida militar, dentro de la cual alcanzan algunos grados. José Vicente, dedicado casi siempre a los trabajos rurales, es semianalfabeto, "no conoce la sintaxis ni la prosodia. Coloca puntos y comas caprichosamente. Suprime artículos, pronombre, adverbios y conjunciones sin contenerse. Es raro encontrar completa una oración. Sus cartas parecen la conversación de un tartamudo". (Ramón J. Cárcano; Facundo Quiroga, simulación, infidencia y tragedia”)

Antes de que se vean envueltos en la tragedia de su enfrentamiento con Facundo Quiroga, los cuatro son hombres de campo, incultos pero honestos y bien considerados. "Incorporados al partido federal, son adictos, entusiastas y ardientes, participan de las guerras sangrientas contra los unitarios, sirviendo en las frecuentes movilizaciones de la provincia”.

Desde que el general Bustos toma en sus manos el control de la provincia de Córdoba, son partidarios suyos, y con él marchan al destierro, cuando el general Paz lo derrota, emigrando a Santa Fe, donde se incorporan al ejército del brigadier Estanislao López, con quien entablan relaciones. Como son valientes, llaman la atención del gobernador de Santa Fe; y desde que se muestran leales, terminan por inspirarle confianza.

Obras de Leonardo Castagnino Cuando el general Paz cae y las tropas de Estanislao López ocupan Córdoba, los Reinafé llegan peleando en las primeras líneas, siempre valerosamente. Se distinguen no sólo por su valentía, sino también porque saben conducir a su gente. Estanislao López sabe que son "hombres de él"; por eso les entrega el gobierno de la provincia, mientras Facundo, que aún no ha dominado toda la región de Cuyo, tiene que callarse.

De allí viene el resentimiento de Quiroga contra los Reinafé. De que habiendo él enfrentado a Paz en dos batallas, exponiéndolo y aun perdiéndolo todo, ellos llegan cuando el plato está servido y se le quedan con una provincia que considera suya, para ponerla al servicio de Estanislao López. Ya se la van a pagar los Reinafé. Lo jura Facundo, lo entienden ellos, y mientras el primero se prepara a castigar, los otros parecen dispuestos a no permitir que los castiguen.

Los cuatro hermanos son muy unidos. Actúan en mont6n, como si fuesen uno solo. Forman un verdadero clan, que reconoce por jefe a José Vicente, el hombre cuyos escritos "parecen conversación de tartamudo". A él le corresponden siempre las posiciones políticas más destacadas, no porque sea el más inteligente, sino porque ha logrado sentar fama de hombre serio, formal, de juicio ponderable. José Antonio es el intelectual, y también el que se encarga de administrar los bienes de la familia. Reside casi siempre en la ciudad. Se le sabe honesto y hace gala de su falta de fortuna como de un mérito. Después de José Vicente, es el más político, el que reemplaza siempre al otro, con el cargo de gobernador delegado. Guillermo, formado entre las milicias de la provincia, es el más rústico de los cuatro. Sencillo y enérgico, vive desempeñando la jefatura de un departamento en el norte de su provincia. No tiene mayores ambiciones, ni luces que lo faculten para tenerlas.

El jefe del clan, "la cabeza y la espada de aquella familia", es Francisco. El hombre cuya opinión se toma siempre en cuenta. Aquel cuyos conocimientos militares nadie discute. Es quien se hace cargo del general Paz, cuando cae prisionero, para conducirlo a presencia de Estanislao López. Pelea a las órdenes del gobernador de Santa Fe, quien lo nombra comandante militar de Córdoba antes de regresar a su provincia. Realiza una carrera militar brillante, logrando sus ascensos por méritos en campaña hasta el grado de coronel. "Es un espíritu vivaz y astuto, un carácter resuelto y enérgico".

Bajo la inspiración de Francisco, el clan de los Reinafé se maneja en Córdoba sin atender otras indicaciones que las de Estanislao López. No les importa siquiera lo que piensa Quiroga, dueño de todas las provincias que rodean a Córdoba, con la sola excepción de Santa Fe. Conocen los resentimientos y los recelos de Facundo, saben que les sería fácil ponerse de acuerdo con él, si solamente le diesen a entender que están dispuestos a obedecerle. Pero son hombres de López, y no lo niegan en ninguna parte. Por el contrario, lo dicen en voz alta, y lo demuestran en los hechos.

Las circunstancias lo quieren así, y ellos lo aceptan. Son hombres comprometidos, jugados, que viven como en el cráter de un volcán, mientras Quiroga acecha la oportunidad de liquidarlos. López está alerta, siempre listo para cortarle el avance por intermedio de los Reinafé, mientras Juan Manuel de Rosas asiste desde lejos a un entredicho en el que nada tiene que perder, y quizá sí mucho que ganar. Y allí están ellos entonces, dispuestos a todo, menos a que se los lleven por delante, a que les desconozcan la posesión de algo, que les pertenece: su condición de hombres. Las circunstancias los van convirtiendo, cada vez más, en protagonistas potenciales de un drama que se aproxima aceleradamente, y ellos aceptan jugar el rol que allí va a corresponderles, sea cual fuere, como si se tratase de algo que no pueden eludir, porque así lo ha resuelto el destino.

Los hermanos Reinafé son los instigadores de los sucesos de Barranca Yaco. En principio pretenden presentar como culpable a Felipe Ibarra, que lo rechaza en nota categórica. Pretenden involucrar a Rosas y crear disidencias e intrigas entre éste y su protector Estanislao López, que finalmente les suelta la mano.

La culpabilidad de los Reinafé es evidente y notoria en Córdoba. Rosas recibe información de donde deduce claramente el complot de los Reinafé, y se pone en correspondencia con Estanislao López, a quien le indica sus sospechas y deducciones del hecho. Los gobernadores de la Confederación rompen relaciones con la provincia. Salvo Francisco, que logra escapar a Montevideo, los otros tres hermanos Reinafé son tomados prisioneros, y junto a Santos Pérez y otros implicados, conducidos engrillados a Buenos Aires, juzgados y sentenciados a muerte.


Fuga y muerte de Francisco Reinafé

La fuga del coronel Francisco Reinafé aparece rodeada de cierto misterio, y resulta difícil explicársela sino mediante la complicidad de unas cuantas personas, y mediante la posesión, por parte de él, de grandes sumas de dinero, con las que va comprando todos los enemigos que encuentra al frente, o despejando todos los obstáculos que le salen al paso.

¿Por qué, al ir a embarcarse en el puerto de Rosario, el coronel Reinafé es acompañado por las autoridades santafesinas? ¿Han recibido ellas órdenes de hacerlo así, lo hacen por simpatía al prófugo, o éste las compra?

Se sospecha que pueden mediar órdenes del gobernador Estanislao López, en cuya jurisdicción se encuentra, y la suposición no es muy absurda. ¿Acaso no han sido amigos los Reinafé y Estanislao López? ¿No fue por esa solidaridad que conquistan la antipatía de Quiroga y motivan la persecución del mismo?

La verdad es que el coronel Francisco Reinafé llega sin ningún inconveniente hasta Montevideo, donde se le recibe, no como un supuesto criminal, sino como a un importante refugiado político. Durante los primeros días vive en la casa del general Lavalleja, héroe de los uruguayos. Lo visitan y lo agasajan los principales unitarios aquí refugiados. Nadie cree ni quiere creer, o finge no creer que es el autor intelectual de la muerte de Quiroga.

Por propia iniciativa, o siguiendo los consejos de sus amigos, en el momento en que la culpabilidad de sus hermanos surge en forma evidente, trata de aparecer inocente, admitiendo la culpabilidad de ellos.

- Me quería hacer cómplice mi hermano Vicente, siendo él quien lo había mandado matar.

A medida que transcurre el tiempo, los cosas van cambiando. Los unitarios emigrados tratan de esquivarlo. Los amigos uruguayos del primer momento lo hacen a un lado. Le faltan recursos económicos. Cuando uno de sus antiguos ayudantes llega a Montevideo para visitarlo, lo manda de regreso con seis cartas para amigos de Córdoba, a quienes les solicita ayuda económica. Entre estos amigos está su futuro suegro.

La última aventura del coronel Francisco Reinafé, la de su destierro, es sumamente amarga.

"En Montevideo -dice Ramón J. Cárcano- el coronel no siente la cálida acogida de los primeros meses de su fuga. Pronto advierte que los emigrados rehuyen su trato y le vuelven la espalda. No lo estiman ni le temen. No faltan noticias fidedignas de Barranca Yaco. Muchos no reservan el desprecio y empiezan a escupir con safia sobre el proscripto indefenso. Oscuro y desvalido, peregrina por ciudades y pueblos del Uruguay y Brasil, sumido en la miseria del destierro, sin energías morales, sin trabajo ni recursos, batido por la tempestad. Consigue alguna protección del general Rivera y vive a su amparo, atisbando, mejores días. Conoce los cambios políticos operados en Córdoba y sabe que sus mejores amigos están proscriptos o sirven incondicionalmente al gobernador López. Procura, sin embargo, aproximarse a su provincia confiado siempre en nuevos hechos que modifiquen la situación."

Vive así, durante años, pero al aproximarse su vejez, antes de que sea demasiado tarde para un gesto heroico, se enrola en las filas de quienes salen del Uruguay para pelear contra Rosas. Participa en la acción de Cayastá, donde es de los últimos en abandonar el campo después de la derrota. Se bate en retirada y cuando una partida está próxima a capturarlo, él, que no sabe nadar, se arroja a las aguas del río Paraná y muere ahogado.

Leonardo Castagnino

Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor


Fuentes:

- Castagnino Leonardo Juan Manuel de Rosas. La ley y el orden
- Newton, Jorge – Juan Facundo Quiroga, Aventura y leyenda.
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar



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