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RIVADAVIA
                          

Bernardino Rivadavia

(01) El verdadero nombre.
(02) Las "luces" de Rivadavia.
(03) Voto calificado.
(04) Rivadavia y San Martín.
(05) Los negociados.
(06) El empréstito Baring.
(07) Los apodos de Rivadavia.

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Bernardo González Rivadabia (con “b” larga), que era su verdadero nombre, aunque fuese conocido como Bernardino Rivadavia o simplemente como “Don Bernardino”, o como el “Sapo del diluvio”, su apodo mas conocido, entre otros.


“La luces de Rivadavia”

Don Bernardino había vivido un tiempo en Inglaterra, de donde volvió “henchido de orgullo” como un pavo real. Yerno del Virrey del Pino, le daba una especie de titulo nobiliario y una postura ridícula, y aunque de una cultura regular pero provisto de una palabra rebuscada e inentendible, no tardó en encontrar en estas tierras un séquito de seguidores y admiradores que alimentaban su ego.

Sobre la cultura de Rivadavia, la autorizada palabra de José María Rosa dice:

Bernardino Rivadavia fue tenido por un hombre culto por sus contemporáneos. Más que por un hombre culto, por un sabio: su mote Padre de las Luces no tenía intención irónica. Casi todos creían en el enorme talento y los considerables conocimientos de Rivadavia: hasta San Martín (por lo menos en 1823), y el mismo Rosas en sus cartas de 1830 y 1834, ambos desconfiados por naturaleza de valores ficticios, reconocen su “vasta erudición”. Entre quienes no creyeron en la cultura de Rivadavia, y llegaron a burlarse inexorablemente del Padre de las Luces estuvieron el padre Castañeda hombre de sólida formación filosófica, y Pedro de Angelis, humanista y erudito a toda prueba.

JUAN MANUEL DE ROSAS. La ley y el orden ¿Nuestra opinión?... Rivadavia no escribió un libro, ni dictó una cátedra. Su talento y conocimientos se manifestaron, por lo tanto, en su conversación particular, epístolas, discursos y decretos de gobierno. Nadie ha mencionado una frase feliz o un giro brillante de la conversación de Rivadavia, y sus cartas no pasan de una medianía. Los discursos no revelan precisamente ese enorme talento. En el inaugural de la presidencia, dijo: “...Organizar los elementos sociales que ellos tienen (los Estados) de manera que produzcan cada vez, en menor tiempo, el resultado mayor y mejor. Esto es lo que hay de verdad cuando se dice que se crea, y esto también pone delante de vosotros (los diputados) uno de aquellos avisos de refracción que el Presidente no puede dejar de recomendar el que los señores diputados lo tengan siempre delante de sí, y es el que sólo la sanción que regle lo que existe o para cortar el deterioro o para que produzca todo lo que da su vigor natural tiene efecto, y por consiguiente, obtendrá la autoridad que da el acierto y la duración que sólo puede garantir el bien”. En esta frase se encuentra de todo: anfibología, solecismos, barbarismos, monotonía. Y después de descifrar con trabajo ese aviso de refracción que la Presidencia recomienda a los diputados tener delante de sí, resulta que se reduce a una verdad de Pero Grullo: quitar lo malo y dejar lo bueno.

Quedan sus decretos de gobierno. En el Registro Oficial de Rivadavia han encontrado sus admiradores la prueba de sus conocimientos y su afán civilizador. Aunque sea por las tapas. Alguna vez un diputado o senador comparó a Rivadavia con Rosas, por supuesto en beneficio de aquél, por el número de decretos de gobierno producidos por uno y otro.

En sus decretos de gobierno, Rivadavia enseñaba de todo: para nombrar a un jardinero con 50 pesos mensuales dictaba una cátedra de botánica en quince artículos cuya parte dispositiva se resume: “las funciones del jardinero son... plantar y cultivar todo árbol de utilidad para paseo, combustible y todo género de combustible; plantar y cultivar todo género de flores, árboles frutales, plantas medicinales, granos, pastos y hortalizas”. (Registro Nacional Nº 1998, tomo II, Pág. 135). Crea una Academia de Medicina y Ciencias Exactas para encargarse de “formar una colección demostrativa de la geología y de las aves del país”: tamaña colección de despropósitos no puede ser más estrafalaria, pero está allí en el decreto del 31 de diciembre de 1823. Y no solamente hace danzar juntas a la medicina, a las ciencias exactas, a la geología y a las aves del país para ilustración de los lectores del Registro Oficial, sino que dicta un Reglamento para la Escuela de Partos, en enero de 1824, dando una completa enseñanza de ginecología y obstetricia: el objeto del primer año de estudios es conocer “las partes huesosas que constituyen la pelvis, el útero, el feto y sus dependencias, la vejiga, la orina y el recto”.

En estos decretos administrativos está el sólido pedestal de la cultura de Rivadavia. O nuestros gigantes padres los conocieron solamente por las tapas, como el diputado o senador de marras, o se impresionaron demasiado por la música de las palabras. (extraído de Rosa, J. M. 1969. El revisionismo responde. Ediciones Pampa y Cielo. Buenos Aires)

Rivadavia promulgó los más variados y extravagantes decretos, entre otros el que disponía la persecución de perros en Bs.As. porque uno de ellos tuvo el atrevimiento de ladrar el caballo del Presidente, que, siendo mal jinete, dio con su osamenta en el barro. Esto permitió que al día siguiente, barras de chicos se divirtieran recorriendo las calles de Bs.As. en persecución de “perros ladradores de caballos”, sobre todo si eran el “caballo del presidente”. Sus aires de grandeza, su palabrerío, sus ”luces” (y sus admiradores y aduladores) habían logrado que Don Bernardino trepara hasta la secretaría de la Junta de Gobierno, desde donde ejercería su nefasta influencia. Su falta de patriotismo lo llevó a desinteresarse por las luchas emancipadoras, y se dedicó más vale a ordenar la ciudad y a tratar de aplastar a los brutos caudillos del interior. Esto le llevo a tener algunas “diferencias” con varios, entre otros, con Belgrano y San Martin.

Después de la vergonzosa paz de Rivadavia con Brasil, aquel se ve forzado a renunciar. Enterado San Martín, le escribe a O´Higgins el 20 de octubre de 1827:

“Me dice Ud. no haber recibido más carta mías; se han extraviado, o mejor dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que e tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la maás completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que merecen sus autores....ya habrá sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los ánimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados” (Altamira Roberto. Op.cit. Museo Histórico Nacional. Piccinali.Op.cit. cap. XII) (JS.p.41)

“desgraciadamente en esta cuestión, la conducta del señor Rivadavia desde que fue nombrado Presidente ha tenido la tendencia de acarrear odio y , casi podría agregarse, ridículo a lo que pudiera considerarse una autoridad suprema…; su repentina disolución del ex Gobierno de Buenos Aires …alarmó prematuramente a las otras provincias respecto de su propia suerte y ha determinado que se considerara la cuestión de federalismo o no federalismo, en un momento y de una manera que pudiera hacer muy difícil al Gobierno poner por obra sus planes”. (Informe de Parish a Caninng - Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. H.S.Ferns. p.182)

Rivadavia tenía “adhesión a todo lo que fuera ingles” (Parish, representante británico)

Alberdi, con cierta indulgenicia, dirá que a Rivadavia, "...la nación no de le debe nada sino el perdón de sus agravios en gracia a su buena intención y debilidad".(Alberdi, Juan Bautista. Grandes y pequeños hombres del Plata.Casa edit.Garnier Hnos.) (AGM. Proceso al liberalismo. p.97)


Voto calificado.

También tuvo algunas “diferencias” con Dorrego. Rivadavia era partidario del voto calificado, de la aristocracia, de los comerciantes en cambio Dorrego defendía el voto universal .

Dorrego se opuso al proyecto constitucional rivadaviano de 1826, considerándolo nulo porque se desconocía en él la voluntad general de las provincias. Tambien limitaba el voto negaba el derecho de voto en las elecciones a los menores de veinte años, a los analfabetos, a los deudores fallidos, deudores del tesoro público, dementes, notoriamente vagos, criminales con pena corporal o infamante, pero también los Se presumía que los domésticos y peones estaban bajo la influencia del patrón.

Moreno consideraba que “se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque y levita” y Rivadavia negaba el voto hasta a los “criados a sueldo, peones jornaleros y soldadas de línea”.

Estos pensamientos “ilustrados” contrastan notablemente con el pensamiento de José Gaspar Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo de Paraguay, quien los liberales porteños no se cansaron de criticar. El Dr Francia había impuesto que los representantes fueran electos por todo el pueblo “en uso y ejercicio de los derechos naturales y libres inherentes a todos los Ciudadanos de cualquier Estado, Clase o condición que sean”. y las cualidades a reunir por los elegidos “ no penden del calzado ni de otros adornos externos, porque ellos no tienen la menor conexión con las circunstancias que constituyen el carácter de un hombre de bien y de un honrado patriota” (La Junta a los Cabildos. 26 agosto de 1813 ANA vol.4 cit. A.G.Mellid.p.235)


Rivadavia y San Martín.

Rivadavia, como muchos, con tal de mantener la hegemonía sobre las provincias, prefería desprenderse de territorio patrio porque como diría Sarmiento luego, “el problema de Argentina es la extensión de su territorio”. Así es como se perdería o separarían Tarija, Banda Oriental, Misiones Orientales, Paraguay, etc. Algo que muchos no le perdonarían jamás; entre ellos San Martín, que tenia “luces propias” y un patriotismo mucho mas desarrollado. Chocó “de entrada”, y Rivadavia quedó resentido para siempre desde que San Martín ocupó la plaza de la Victoria, y sin mover un dedo, garantizó que se cumpliera la voluntad del pueblo congregado en contra de la Junta.

Rivadavia le negará todo recurso a San Martín para la guerra de emancipación. San Martín llevaría adelante la lucha por la emancipación, mal que le pesara a Rivadavia, más preocupado por las cuestiones edilicias que por la independencia. San Martín, falto de apoyo en el Ejército del Norte, se recluyó en Mendoza como gobernador y se dedicó a preparar su campaña militar. Formó un ejercito “a pulmón”, con mano de obra mendocina que hizo desde los uniformes y la bandera del ejército hasta los cañones en la fragua de Fray Luis Beltrán. El plan libertador de San Martín consistía básicamente en un movimiento de pinzas sobre los españoles, haciéndolo él por mar y que al mismo tiempo un ejercito auxiliar que avance por el norte. Con ese propósito mandó a Gutiérrez de la Fuente para que ofreciera la jefatura a Bustos (de Córdoba) para que forme un ejército con gente de las provincias del interior, y con la ayuda económica de Bs.As (del puerto). Bustos, pensando que su nombre sonara mal entre los porteños y con tal de ganar la voluntad de Bs.As., manda un emisario para que se entreviste con Rivadavia, ofreciendo ceder el mando a quien designe Bs.As. (….jamás permitirá mi deseo que se paralice una empresa porque no tenga el honor de mandarla………cualquiera sea el jefe prepararé todos los auxilios que estén en mi esfera sin reservar nada a tan sagrado interés – Comunicación de Bustos a Martín Rodríguez) Pero Rivadavia estaba más interesado por las reformas burocráticas y las mejoras edilicias que en la suerte del país y del ejercito Libertador, de manera que, despilfarrando el dinero en cosas superfluas en aquellas circunstancias, dejó “cajoneado” el pedido de fondos, y Gutiérrez de la Fuente se volvió con las manos vacías.

“La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajan nuestras mujeres, y sino andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa” (José de San Martín, al negársele los recursos para la Campaña Libertadora por parte de Rivadavia y Cía.).

Rivadavia, ocupado en dotar de ochavas a la ciudad de Bs. As. negó todo recurso a San Martín, que libraba la guerra de independencia en el Perú. Finalmente San Martín no tuvo más remedio que ceder su lugar a Bolívar en Guayaquil para que concluyera la gesta libertadora. Bolívar no era partidario de la segregación del Alto Perú, pero Sucre (en lugar de Bustos), al mando de Bolívar, formó la “República de Bolivar” (Bolivia) “liberando de argentina” ese territorio. San Martín dejó Perú, cruzó la cordillera y se recluyó en retiro en su chacra de Coria (Mendoza). Pero ni con eso se conformó Rivadavia, y temeroso de que se designara jefe supremo a San Martín, boicoteó por todos los medios la reunión de un congreso constituyente en Córdoba. Un emisario de Bs.As. (el Dean Zavaleta), le hizo saber a San Martín que la gran dificultad para reunir el congreso era su permanencia en el país (por recelos de que se lo designase Jefe Supremo) San Martín decide entonces su viaje a Europa, pero antes de partir hacia Bs.As Estanislao López le advierte sobre el plan para asesinarlo en el camino, y le ofrece una escolta que lo acompañe y lo lleve "en triunfo hasta la plaza de la Victoria".

No obstante la advertencia, San Martín pasa por Bs.As. para irse finalmente el 10 de febrero de 1824. Por fin podía, entonces , reunirse el congreso.

“Rivadavia era incapaz de lealtad, honestidad o siquiera buenas maneras en sus relaciones con los hombres que lo rodeaban con quienes estaba obligado a llevar los negocios de la comunidad. Odiaba a los hombres que eran más notables o tenían más éxito que él. No encontraba nada demasiado maligno que decir sobre San Martín y Bolívar.” (Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. H.S.Ferns. p.178)


Los negociados.

También fue Rivadavia un “comerciante” y uno de los precursores y promotores de los negociados de estos pagos. Como consecuencia del libre comercio, se produjeron, y no casualmente, saldos negativos en nuestra balanza de pagos que originaron nuestra primera deuda externa. Bernardino Rivadavia y Manuel J. García, representantes de la oligarquía porteña, se encontraban en la cúspide del poder, la influencia británica está en su apogeo. Rivadavia solicitó el cargo de Ministro Plenipotenciario de las Provincias Unidas en Francia e Inglaterra, y viajó a Londres para ser designado presidente del directorio de la compañía minera “River Plate Mining Association”. Regresó el año siguiente a Buenos Aires, asegurando que “interpondría su prestigio a favor del negocio” (y que flor de negocio!!!) Llegó a ser al mismo tiempo, Presidente de las Provincias Unidas, y director de al River Plate Mining, de capital mixto inglés – porteño. Se ocuparía entonces de nacionalizar el subsuelo de las provincias, incluidas las minas de Famatina.

El 6 de noviembre le informaba a Hullet (de la Minning):

"El negocio que más me ha preocupado, que más me ha afectado, y sobre el cual la prudencia no me ha permitido llegar a una solución, es el de la Sociedad de Minas ...todas las minas desocupadas de las provincias de Salta, Mendoza y San Juan se encuentran a disposición de La Sociedad. Con respecto a las existentes en La Rioja, cuya importancia es superior a las de las otras provincias, en el transcurso de un corto plazo, con el establecimiento de un gobierno nacional todo cuanto debe desearse se obtendrá. .. ello (ahora) es imposible por la posición en que ha sido colocado el Congreso; la necesidad de un cambio es evidente y las primeras medidas ya han sido tomadas ... Me veo obligado a emplear la mayor circunspección para no comprometer inútilmente mi influencia y no debo decir mas por el momento".

El 27 de enero de 1826 informa:

"Ya no puedo demorar por más tiempo la instalación del gobierno nacional ... tan pronto que sea nombrado procederé a procurar la sanción de la ley para el contrato de la compañía" y el 14 de marzo después aprobada y reglamentada la ley : "Las minas son ya, por ley, de propiedad nacional y están exclusivamente bajo la administración del Presidente de la República" (Del presidente de la República y socio de la Minning) Detalles de estos “negocios” (para otros, por supuesto, no para los argentinos) pueden encontrarse con detalles en “Rivadavia y el Imperialismo Financiero.” (J.M. Rosa. Edición 1969)


El empréstito Baring

También fue el inventor local de “la deuda eterna”. En 1824, siendo Ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, autorizó pedir un préstamo a la Baring Brothers (Inglaterra) por un millón de libras esterlinas. Este préstamo fue impuesto como parte de la estrategia geopolítica de dominación de Gran Bretaña, para condicionarnos económicamente e impedir nuestro crecimiento como Nación independiente. Respondió más a las necesidades inglesas de asegurarse la subordinación colonial que a necesidades locales.

El argumento para pedir el préstamo fue el supuesto propósito de construir un puerto, fundar ciudades y dar aguas corrientes a Bs.As. (nada de eso se hizo finalmente). Con algunas honrosas excepciones y resistencias, se aprobó pedido y se autorizo a un ”consorcio” (Guillermo y Juan Parish Roberston, Braulio costa, Miguel Siglos y J. Pablo Sáenz Valiente) para negociarlo en Londres al 70 % de su valor. La estafa era tan evidente que el principal banquero ingles (Nathan Rostschild) se abstuvo de participar, y finalmente se negoció con la casa Baring. El país se comprometió por una deuda de 1.000.000 de Libras al 6 % de interés anual garantizadas con rentas y hasta con tierra pública. Del millón de Libras se descontó la comisión del “consorcio” (120.000), intereses y “servicios” adelantados, quedando en definitiva un saldo de 560.000 Libras, que debía recibir Bs.As. por el 1.000.000 que se endeudaba. Cuando el gobierno reclama el envío del dinero, Baring remite 2.000 en monedas de oro, 62.000 en letras de cambio (papelitos) y propone por “prudencia de mandar dinero a tanta distancia”, dejar depositado en su banco los 500.000 restantes, pagando 3 % de interés anual. (Un negocio redondo. Pedir dinero, al 6 % y prestarlo al 3 % “al mismo prestamista”) Ni se construyó el puerto ni se puso un solo caño en Bs.As. Se pago catorce veces la deuda, hasta cancelarla en 1.904.

Los Hermanos Baring no eran solamente banqueros, sino funcionarios de los organismos de la política imperial: la Tesorería Británica, el Ministerio de Hacienda, y de la Compañía de Indias. Rivadavia garantizó el pago de esa deuda con las tierras públicas de Buenos Aires (Ley de enfiteusis). Posteriormente extendió la garantía hipotecaria a todas las tierras públicas de la Nación. (“quedan especialmente afectadas al pago de la deuda nacional, la tierra y demás bienes inmuebles de propiedad pública cuya enajenación se prohíbe”).Ya no pudieron venderse tierras públicas con fines de colonización.

Con el mismo propósito el Imperio Británico concedió préstamos a varios países latinoamericanos (México, Colombia, Chile, Perú, Centroamérica) que se estaban independizando de España. Firmaron, también, “acuerdos de comercio y amistad recíprocos”, que otorgaron beneficios a los comerciantes ingleses que dominaban en esas regiones.

Como era lógico suponer, faltó dinero para pagar esa deuda. En consecuencia, en 1828 se liquidó la escuadra naval y se dieron en pago dos fragatas que se estaban construyendo en Inglaterra. De este modo, cuando se produjo la usurpación de las Malvinas por los ingleses, cinco años más tarde, no hubo fuerza naval para contrarrestarla. Obviamente, esto estuvo planificado por los acreedores, y su cómplice, Rivadavia. Los mismos ingleses, admitieron el carácter fraudulento de esta negociación. Ferdinand White, espía inglés, enviado por la Baring al Río de la Plata, condenó los aspectos delictuosos de este acuerdo. Fue una operación usurera, un acto de saqueo y sumisión y el primer acto de corrupción ligado a la deuda externa. Según Scalabrini Ortiz, de la suma recibida, sólo llegaron al Río de la Plata en oro, como estaba convenido, el 4% de lo pactado, o sean 20.678 libras.

¿Quien inventó del dulce de leche? El primer negociador del empréstito Baring fue Manuel José García, ministro de Hacienda de Martín Rodríguez, gobernador de Buenos Aires de 1821 a 1824. Rivadavia, también fue ministro de este gobierno. García utilizó toda su influencia, para que se perdiera el Alto Perú. Fue agente de Rivadavia, cuando se pactó la entrega de la Banda Oriental al Emperador de Brasil. Llevó adelante una política antinacional que favoreció los intereses británicos. Fue por esa época que el ministro inglés dijera “América española es libre y si sabemos actuar con habilidad será nuestra” (George Canning, después de reconocer la independencia de las colonias latinoamericanas en la época en que el grupo rivadaviano concertaba el primer empréstito con la Baring) (Historia universal. Editorial Daimon) Rivadavia hacía “oídos sordos”.

En el conflicto de la Confederación con el Imperio, Argentina había vencido a brasil en Ituzaingo, y faltaba el empujón final. Alvear quería llegar hasta Río de Janeiro, pero los ingleses tenían otros planes. la “Federación del Uruguay”. Era un proyecto británico para formar un Estado reuniendo a la Banda Oriental, Río Grande, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay, que compensara el poderío de la Confederación y del Imperio. Rivadavia, más interesado en el negocio con los ingleses y en someter al interior, hizo regresar el ejército y firmar un tratado vergonzoso a través de García. Las provincias del interior querían terminar una guerra ya ganada, pero Rivadavia estaba más interesado en sus negocios mineros con los ingleses, que en su patria, y prefiere que regrese el ejercito para imponer “la organización a palos” en el interior, aun a costa de ceder la Banda Oriental. Prevalecen las palabras del ministro Agüero de “la paz a cualquier precio” Los federales piden el gobierno y que les dejen a ellos el peso de la guerra pero Rivadavia prefería perder la guerra y la banda oriental, antes que dejarle el gobierno a los federales. e instruye a García para que vaya a Río de Janeiro a terminar la guerra “a cualquier precio”. Fue un arreglo tan vergonzoso que ante la indignación popular Rivadavia intentó usar a García de chivo expiatorio: “no solo ha traspasado sus instrucciones sino contravenido a la letra y espíritu de ellas” que ”destruye el honor nacional y ataca la intendencia y todos los intereses de la República” e intenta desconocer el arreglo.

“El tribuno”, de Dorrego, publica el “Reports” del capitán Head y la correspondencia entre éste y Rivadavia sobre el escandaloso negociado de las minas del Famatina. Se da cuenta de los sueldos según “libros” de la Mining a Rivadavia, las comisiones, trafico de influencias, etc. (Para mas detalles ver JM Rosa Hist.Arg. t IV)

Rivadavia no puede tapar tanta mugre con un pañuelo, y renuncia verborrágicamente:

“Me es penoso no poder exponer a la faz del mundo los motivos que justifican mi irrevocable decisión (también, como para exponer al mundo “los motivos”!!!)...He dado a la patria días de gloria (¿?)…he sostenido hasta el último punto la honra y dignidad de la Nación (menos la honra propia)…Dificultades de nuevo orden que no me fue dado prever (¿?) han venido a convencerme de que mis servicios no pueden en lo sucesivo serle de utilidad alguna (le habrán sido alguna vez?)...sensible es no poder satisfacer al mundo de los motivos irresistibles que justifican esta decidida resolución...(bla bla bla)Quizás hoy no se hará justicia a la nobleza y sinceridad de mis sentimientos, mas yo cuento con que al menos me hará algún día la posteridad, me hará la historia” (¿Sabría anticipadamente que Mitre y Sarmiento se ocuparían de la historia ?)

Dorrego quiere seguir la guerra a toda costa pero hasta el banco de la provincia (manejado por intereses y accionistas ingleses) le niega todo crédito. Regresado el ejército, Lavalle derroca ilegalmente a Dorrego y lo fusila (incentivado por unitarios, del Carril entre ellos)

En semejantes circunstancias llega San Martín de Europa (embarcado por precaución con el apellido materno) a Montevideo y se entera del fusilamiento de Dorrego. San Martín es mal recibido, y Paz (gobernador interino) le escribe a Lavalle (que está en campaña) :”Calcule Ud las consecuencias de una aparición tan repentina”.

Desacreditados los revolucionarios “Decembristas”, le ofrecen a San Martín el Gobierno, para “salvar la revolución con su prestigio”, pero San Martín se rehúsa a aceptar, y en carta a O´Higgins le explica los motivos:

“El objeto de Lavalle era el que yo me encargase del mando del ejército y provincia de Buenos Aires y transase con las demás provincias a fin de garantizar a los autores del movimiento del 1 de diciembre. Pero Usted reconocerá que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones, era absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión, sin que quede otro arbitrio que el exterminio de uno de ellos. Los autores del movimiento del 1 de diciembre son Rivadavia y sus satélites y a Ud le consta los inmensos males que estos hombres le han hecho no solo a este país sino al resto de América con su infernal conducta; si mi alma fuese tan despreciable como las suyas yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres, pero es necesario enseñarles la diferencia que hay entre un hombre de bien y un malvado” (J. de San Martín)

A pesar de todo esto, Rivadavia figurará como un “ciudadano ilustre” y su nombre figurará en calles, pueblos, ciudades y sillones.

¿Qué pensaba San martín sobre Rivadavia? O’Higgins, en una carta que escribió en 1828 a San Martín define a Rivadavia, como “el hombre más criminal que ha producido el pueblo argentino”.

San Martín, con motivo del fusilamiento de Dorrego, se expresó de la siguiente manera:

“Los autores del movimiento del 1º de Diciembre,- se refiere al fusilamiento de Dorrego - son Rivadavia y sus satélites y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho, no sólo al país, sino al resto de América, con “su infernal conducta.”... ...“En nombre de vuestros propios intereses os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestra salud, de los que meditan vuestra ruina…”

Rivadavia no fue ”El hombre de Estado más grande del mundo”, (según Mitre) sino ”El de “Infernal conducta”, (según San Martín) y “El sapo del diluvio” (según Rosas.)

Rivadavia fue un soberbio, un corrupto y un “soberano botarate”. Algunos pretenden justificarlo diciendo que fue un hombre “adelantado a su tiempo” , como si el tiempo tuviera la culpa de las barrabasadas que hizo Rivadavia. Efectivamente fue un adelantado en el tiempo: se adelantó cientos de años en “los negociados mineros”.

Los apodos de Rivadavia.

Su verdadero nombre fue Bernardo González Rivadavia, pero también fue llamado:

“Visionario” Calificativo frecuente de Rivadavia. “Seria de no acabar si se enumerasen las locuras de aquel visionario – y la admiración de un gran número de compatriotas- creyendo improvisare en Buenos Aires la civilización europea con solo los decretos que diariamente llenaba lo que se llamaba Archivo Oficial” (José de San Martín)

“Sapo del Diluvio” “Rivaduvio” “El robespierre renegado” Por el Padre Catañeda. (No hay provenir maravilloso / ni otro contenido más delicado / que librarse del Sapo del Diluvio / El Sapo es Rivadavia o Rivaduvio / o el Robespierre el renegado / …..)

“Solemne Botarate” Así se refiere a Rivadavia Alvear almorzando con Mansilla y un estanciero brasilero de apellido Melo “Ese Rivadavia es un solemne botarate; yo no necesito para hacerlo descender de la presidencia más que presentarme en Bs.As con mi látigo y en el momento se administración caduca y se desploma la frágil armazón que ha levantado; es un botarate” (Memorias de Iriarte)

“Bernardino Primero”: “¡Viva la Religión! ¡Muera el Gobierno! ¡Muera Bernardino Primero! ¡Abajo ese ministro hereje! ¡Viva la Patria!” (Los descamisados en la plaza de la Victoria durante la frustrada revolución de Tagle. “Memorias” de Tomás Iriarte).

“Caribe” Apodo dado en la prensa cordobesa.

“Crispinillo el Trompudo”: Por el Padre Castañeda en su canción “El Teruleque”.

“Doctor Bernardino Garrapata”: El Padre Castañeda en el periódico “Vete Portugués que aquí no es”.

“Don Bernardote Riobombo”: Ídem.

“Duque de Chukisaca”: (Panfleto de la época, al referirse a las negociaciones secretas de Rivadavia tendientes a coronar Rey Constitucional del Río de La Plata al Infante Francisco de Paula de Borbón, asistido por una corte de políticos vernáculos que se titularían Duques, Condes y marqueses).

“Escriba” (Padre Castañeda).

“General Jefe de los Asoleados” (desde la prensa)

“Gran Panzacola” o “Padre de las Luces” en el periódico dorreguista “Correo Político de las Provincias Unidas del Río de la Plata” (1827, 1828)

“Herbolario” (Calificativo del conde de Cabarrús a Don Bernardino Rivadavia a Sarratea en 1816, refiriéndose a la colocación del Rey Borbón en el Río de la Plata) “No poca y funesta parte tienen los proyectos que sugiere desde París el herbolario Rivadavia” Según la Real Academia de la Lengua: Herbolario: adjetivo familiar: “botarate, alocado, sin ceso”

“El nuevo Don Quijote de La Mancha”: del Padre Castañeda al referirse en los panfletos a Rivadavia: “Del nuevo Don Quijote de La Mancha, de la trompa grandísima, del inflado con antiparras, del sapo diluviano, del escuerzo de Buenos Aires, del Rey loco, del Ombú empapado en aguardiente, del Doctor en Ignorancia, de la Sota de Bastos (…) ¡Libera nos Domine!”

“Monstruo Infernal” el periodista Ramón Félix Beaudot desde la prensa cordobesa “La Verdad sin Rodeos”

“Mulato Rivadavia”

“Piloto de Cultura” (Ricardo Piccililli)

Copyright © La Gazeta Federal / Leonardo Castagnino  El autor

                          

Puede consultar también los siguientes documentos:

   * El libertador San Martín

   * Campaña libertadora
         - El plan del Libertador
         - El boicot de Rivadavia y el exilio del Libertador
         - El frustrado regreso de San Martín
  
Fuente: www.lagazeta.com.ar

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