Disparando a la criolla
Mientras repasaba sus lecciones de estrategia francesas, mandó a la caballería que “vichara” el ejército enemigo, aunque sin dar batalla. Allá fueron Hornos y Flores con 4.000 jinetes, pero al encontrarse sorpresivamente con el ejército federal se desbandaron inmediatamente a los cuatro vientos. La caballería porteña “despareció como el humo. Sin combatir” dirá el parte de batalla en palabras del propio Mitre. Se cumplía entonces la profecía de Hornos: “Si el general en jefe quiere ganarle a Urquiza a la europea, acabaremos disparando a la criolla”
Mientras tanto Mitre, que ya se había decidido por la táctica francesa del “orden oblicuo”, formó sus tropas en el campo de Cepeda en esa formación defensiva: “ya verán esos gauchos ignorantes – habrá pensado el tísico – lo que es enfrentarse con una técnica “científica”. Atrás suyo puso la caballería que Hornos había alcanzado a salvar “disparando a la criolla”.
Urquiza, que había avanzado apresuradamente sin esperar el parque de municiones atrasado, se encontró de pronto frente al “orden oblicuo” del ejercito porteño, sin poder atacarlo sin municiones. Se quedaron todo el día mirándose, desorientado tal vez Urquiza (como había previsto Mitre) ante la nueva táctica porteña, sin entender porque no aprovechaba Mitre la oportunidad. Es que Mitre, no podía atacar sin romper “el orden oblicuo” ...“a Mitre no se le ocurre nada en el campo de batalla” diría D`Amico, oficial porteño.
¡Victoria...Victoria!
Cuando a media tarde llegó el parque federal, Urquiza avanzó su ejército, pero en vez de hacerlo de frente, (tal vez en un gesto de caballerosidad, por no romperle las filas a Mitre) lo hizo por ambos flancos, rodeando al ejército porteño. Mitre, que vio el Campo despejado, desenvainó su espada y al grito de “¡Victoria, Victoria!” avanzó hacia donde suponía estaba el ejército federal. Pero no tenía en frente ni el ejército federal y ni siquiera molinos de viento con quien pelear, de manera que al llegar la noche, decidió acampar. Estaba completamente rodeado por los federales.
Mitre no tenia idea de lo que había pasado: “recorriendo la línea la saludé vencedora en el campo de batalla” dirá, y entre vivas a Bs.As cantaron el Himno Nacional. Mientras tanto Urquiza, instalado en la propia carpa que Mitre dejó en Cepeda, y tal vez desorientado todavía por el “orden oblicuo”, se preguntaba que había hecho “el farsante general en jefe, cuya impericia se había puesto de manifiesto desde el primer momento” (Urquiza)
La "heroica retirada"
Conesa y Adolfo Alsina, mostrándole al "tísico" los fogones federales, apenas logran convencerlo que estaban vencidos y completamente rodeados por una fuerza sumamente superior.
En consejo de oficiales lograron convencerlo a Mitre de que al menos dejara escabullirse en la noche a Conesa con 2.000 infantes, que recorrieron las 16 leguas que los separaba de San Nicolás en solo 15 horas, menos de la mitad de las 36 horas que empleara Rondeau en su disparada de 1820.
Mitre con su verborragia habitual la llamaría “la heroica retirada”. Algo de razón tenía: recorrer esa distancia a pie, de noche y a campo traviesa, vadeando arroyos y lodazales, arrastrando 10 cañones, y a un promedio de 5,3 km./h., era una verdadera proeza, digna de laureles en otro tipo de competencias.
Mitre, que todavía no se convencía de la derrota, o no quería convencerse, pidió "la lapicera de escribir partes de victoria" y le comunicó a Obligado, en San Nicolás, que a pesar de la “cobarde dispersión de la caballería" había “aniquilado al enemigo” y se retiraba “con la infantería y artillería en completo orden” (por supuesto no le decía nada de todo lo que había dejado atrás: todo el parque casi completo en el campo de Cepeda, incluido 5 cañones al vadear el arroyo del Medio)
El siguiente desorientado fue Obligado, que totalmente confundido con los victoriosos partes adelantados por Mitre, lo esperaba como triunfador en San Nicolás con las fanfarrias, pero al ver llegar las maltratadas tropas y enterarse un poco más, se quedó “como pollo que lo cambian de patio”.
Decidieron entonces embarcar las tropas a Bs.As. y Mitre, aun no vuelto a la realidad, redactaba otro parte de batalla “No había conseguido un triunfo completo” pero lograba “salvar en el Campo de batalla el honor de nuestras armas y las legiones que el pueblo me confió en el día del peligro devolviendo a Buenos Aires todos sus hijos cubiertos de gloria” Nunca se supo a que honor ni a que gloria se refería. Como para confiarle “los hijos en los días de peligro” !!!
Lo que tampoco nunca se supo, es porque Urquiza no aprovechó la fácil ocasión de coparle totalmente todo el ejercito, incluido a Mitre, y lo dejó escapar. Tal vez prefería que sigan los mitristas en Bs.As. antes que surja un federal que le hiciera sombra, o tal vez, prefería dejarlo escapar para vencer fácilmente en la próxima batalla al “farsante general en jefe” (soldado que huye sirve para otra batalla)
El gerrero de Maratón
Los dispersos de la caballería de Cepeda llegaban a Bs.As. esa misma noche con la noticia del desastre, y en la confusión hasta daban por muerto a Mitre, desparecido a Hornos y suicidado a Conesa. Pero Mitre, acostumbrado a las derrotas militares en el campo de batalla y a las victorias militares en el campo literario, se encargaría de levantarle el ánimo a los decaídos porteños.
El 25, tras 32 horas de remo por el Paraná, llega Dardo Rocha a Bs.As. “fatigado pero lleno de patriotismo como el guerrero de Maratón” (No faltaban entre los mitristas las comparaciones heroicas con Carlomagno, Napoleón o “el guerrero de Maratón”) Como Rocha encontró la casa de gobierno vacía, se fue hasta el domicilio de Alsina, que estaba con visitas tratando de tragarse el sapo de la derrota. Como escuchara que traían un parte del “general en jefe” pidió lámparas para leer el parte, y levantado el ánimo imprevistamente, dio la noticia de la victoria a la prensa, y comenzó la euforia de los festejos, equivocados por cierto.
Luego llegaría el segundo parte de Mitre: “Si la fortuna o la composición o número de los elementos puestos bajo mis órdenes no me han permitido obtener un triunfo completo, tengo la satisfacción de haberme batido uno contra cuatro, y de haber salvado casi intactas las legiones que el pueblo me confió en el día del peligro” Lo que no le había permitido a Mitre “obtener un triunfo completo”, no era por deficiencias en “la composición o número de elementos puestos bajos sus ordenes” sino más bien otras cosas que siempre le faltaron. Considerando que el número de hombres en lucha era similar, lo que nunca se supo es si Mitre dijo “haberme batido uno contra cuatro” por agrandar una victoria (de la que estaba convencido equivocadamente), por disimular la completa derrota o porque en el susto de la noche había visto tres fantasmas que se agregaban al ejercito enemigo. Era tal el triunfalismo de Mitre, que hasta dio a publicidad una carta a su esposa, donde le decía que a pesar de verse reducido sus efectivos por la “deserción” de la caballería, le bastaron los dos tercios restantes para “quedar dueño del campo”. No se sabe quien sería el “dueño del campo” de Cepeda, pero la derrota de Mitre fue completa, y su desempeño lamentable y ridículo.
El triunfo Romano
Pero la literatura de Mitre en sus “partes de batalla” habían trasformado para los porteños la derrota en “un triunfo Romano” y sin reparar en el estado de las tropas ni en su reducido número, vivaban al nuevo héroe y su “gloriosa retirada” y hasta se acuñaron medallas conmemorativas con la leyenda “Vencedor de Cepeda – 23 de octubre de 1859” A la hora de diseñar el cuño, seguramente el acuñador debe haber dudado si poner la figura de Mitre o la de Urquiza.
Sin embargo las noticias traídas por los oficiales de la escuadrilla no eran tan alentadoras, y hablaban de un completo desastre militar. Las tropas de Urquiza estaban a las puertas de Bs.As. y de un momento a otro vendría Urquiza a clavar el asador frente al fuerte de Bs.As. sin ninguna dificultad. Así y todo el optimismo liberal no disminuía, y “Tribuna” decía que, sin infantería, “el gaucho entrerriano podría solamente robar vacas, su ocupación favorita” Mientras tanto en Bs.As. circulaban los partes de Urquiza, que modestamente atribuía su triunfo a la “impericia del farsante general”, que le dejan veinte piezas de artillería, dos mil prisioneros, todo el parque, municiones, bagajes y hasta la propia carpa de Mitre. Mariano Varela reclamaba: “que se termine con la farsa, y se diga si Urquiza se viene o no se viene”
Pero el reverso de Mitre, (que lo que perdía en la batalla lo ganaba en la literatura), era Urquiza, que lo ganado en el campo de batalla lo perdía en los tratados y negociaciones posteriores, (que no se cumplirían) mareado ante los argumentos de los doctores. Así es que, con indulgencia, dice que “Ofrecí la paz antes de combatir y de triunfar. Dos mil prisioneros tratados como hermanos, son la prueba que os ofrezco de la sinceridad de mis buenos sentimientos y de mis leales promesas” y tal vez tratando de ganarse el agradecimiento del pueblo porteño (que siempre lo rechazó) agrega que “No vengo a someteros bajo el dominio arbitrario de un hombre. Vengo a arrebatar de vuestros mandones el poder con que os conducen por una senda extraviada. (...) desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos”. De nada le servirían esas palabras grandilocuentes tiradas al vacío, porque los porteños comenzarían a cavar trincheras, no se sabe si para defenderse o “desaparecer”.
Alsina pretende remplazar a Mitre por Conesa para la defensa, pero Mitre, a excepción de las cargas de caballería, resiste cualquier cosa, y la prensa ataca a Alsina y su “gobierno infatuado y ciego” que no había facilitado a Mitre una “composición o número de elementos” suficientes para “completar la victoria.”
Apareció entonces el milagro que necesitaba Bs.As. para que Urquiza no paseara su caballería hasta el centro de la ciudad: Solano López, que ofrecía sus oficios de mediador. Los porteños, viendo de cerca a “la montonera”, aceptaron en principio la mediación, aunque seguía el aire triunfalista en la prensa, que pensaba resistir con los 2000 hombres vapuleados en Cepeda, los 16.000 que Urquiza había puesto a las puertas de Bs.As. Alsina pidió a la legislatura “los medios necesarios para una resistencia heroica”, pero la legislatura, en vez de “los medios necesarios” le mando “una comisión que le exigía la renuncia”, cosa que Alsina presentó en el acto.
La cosa no fue tan fácil en el bando federal; Urquiza, que en principio aceptaba la mediación, no quería detener su marcha mientras los porteños cavaban trincheras apresuradamente. La discusión fue tan agria que Urquiza y López casi se van a las manos. “Se cruzaron palabras inspiradas en hondo descontento – relata Guido – que hubo de degenerar en una seria desavenencia. El Doctor Delfín Huergo, que presenciaba la escena, salió a buscarme y me halló cerca; me pidió encarecidamente que entrase a cortar, si era posible, el progreso de aquel disgusto...y tuve la fortuna de que, aclarados los puntos de disidencia, los ánimos se calmaran.”. Por fin López convenció a Urquiza para que dejase a los liberales en Bs.As. Caro le costaría a Solano López su gesto, sufriendo luego por los mismos actores la guerra del Paraguay .
El "agradecimiento" porteño
Solano López recibió agradecimientos y agasajos por la mediación lograda; Urquiza le regala la espada de Cepeda y Mitre le hace un álbum en su honor. Pero no necesitaría López esperar hasta 1865, (con motivo de la guerra de la triple alianza ) para comprobar la ingratitud porteña. Le bastarían unos pocos días, cuando terminada la mediación, se embarca en el Tacuarí para regresar a Paraguay, y es cañoneado por un buque ingles en la misma rada del puerto de Bs.As. tomándose la revancha por el asunto de Canstatt. López presentó un nota de protesta: “Hollados lo principios del derecho internacional y marítimo, pido a V.E. se sirva aclarar si responde de la inviolabilidad de su rada”. Tejedor contestaría despectivamente que “sus gestiones con la escuadra inglesa no habían tenido resultado” y que el gobierno “no conocía de las relaciones entre la república del Paraguay y el reino de Inglaterra” Probablemente en esta respuesta se inspirarán las generaciones futuras para acuñar la conocida frase popular del “Yo, Argentino” López, después de salvar a los porteños, se volvería a Paraguay por tierra.
Pacto del San José de Flores (11 de noviembre de 1859)
Finalmente se llegaría al pacto del 11 de noviembre de 1859 (San José de Flores), que los porteños no cumplirían, fieles a su tradición de que lo prometido ayer, y firmado hoy, no debía ser necesariamente cumplido mañana.
El pacto de 11 de noviembre, en resumen establece tres cosas principales: 1) la reincorporación de Bs.As a la Confederación 2) cedía la aduana a Bs.As. a la Nación 3 ) se retiraría de la provincia de Bs.As. el ejército de la Confederación 4) elegiría representantes para examinar la constitución. Retirado el ejército de la Confederación, Bs.As. no cumpliría con las otras.
En 1863, dice Alberdi: “El convenio de noviembre y la reforma de la Constitución, que suprimen el gobierno Nacional, entregando a Buenos Aires todos los recursos de la Nación, y sume a ésta, andrajosa y ensangrentada, en el abismo y la anarquía sin fin, son obras del general Urquiza. Él los quiso, por el se mantienen". (Juan B. Alberdi. Escritos Póstumos, tomo IX. Buenos Aires, 1899)
Francisco F. Fernández en las columnas de su “Obrero Nacional” escribía: “ Notemos que en 1859 en ls mismos campos de Cepeda y por la misma causa, las armas federales de toda la Nación, comandadas pro el general Urquiza, obtuvieron un triunfo igual, yendo enseguida hasta las puertas de Buenos Aires, pero ya no a imponer condiciones sino a recibirlas”. (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en lso entreveros jordanistas. Paraná. 1953)
El Washington de Sudamérica
En los quince días convenidos Urquiza embarca su ejército para Entre Ríos con un manifiesto de despedida y disculpa a los federales porteños que dejaba en la estacada. Hablando de “transacción honorable” y que deben dejarse de lado “aspiraciones individuales (...) por interés del país, por los altos principios que han armado la nación” “ por la civilización y la humanidad” , aclarando que la guerra había sido “para borrar las calumnias que se han lanzado contra mi nombre” como si la guerra debiera hacerse para limpiar las calumnias del nombre de Urquiza. Como veremos, no solo no se limpió ningún nombre, sino que luego se ensuciaría más, y no solo de calumnias.
Mitre diría entonces al día siguiente que “Los sucesos han hecho del general Urquiza el hombre más expectable de la República Argentina...” y más tarde lo llamará “El Washington de Sudamérica” (ya lo empezó a envolver alimentando su incorregible vanidad ) Sin embargo dirá también que “...nadie puede jactarse de habernos impuesto la ley…” y algunos porteños inmediatamente disgustados con “quienes transigieron con el vandalaje” querían seguir la guerra contra el “tirano” . No pararían hasta no salirse con la suya imponiendo al resto del país “sus hombres y sus leyes.”
Bibliografía:
- (JMR) Rosa, José Maria : Historia Argentina.
- Saldías, Adolfo . Historia de la Confederación Argentina.
- D´Amico. Carlos . Bs.As., sus hombres su naturaleza, sus costumbres. México 1890
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Fuente: www.lagazeta.com.ar