La nobleza de Facundo
Una semana después de haber vencido a Lamadrid en la Ciudadela, encontrándose Facundo en la ciudad de Tucumán, su ayudante principal, el coronel Ruiz Huidobro, lleva a su presencia a la esposa del jefe vencido, quien, una vez finalizada la lucha, desaparece del campo de batalla, sin que pueda averiguarse su paradero. El objeto de la visita consiste en poner en manos de Quiroga una carta del general Lamadrid, en la que el vencido, después de aclarar que sus luchas no han tenido por objeto sino el bien de la patria, le manifiesta que ha resuelto retirarse del territorio de la República, a continuación de lo cual agrega:
"Persuadido de que la generosidad de un guerrero valiente como es usted, sabrá dispensar todas las consideraciones que merece la familia de un soldado, que nada ha reservado en servicio de su patria y que le ha dado algunas glorias. He sabido que mi señora fue conducida al Cabildo en la mañana del 5 y separada de mis hijos, pero no puedo persuadirme de que su magnitud lo consienta, no habiéndose extendido jamás la guerra, por nuestra parte, a las familias. Recuerde usted que a mi entrada a San Juan yo no tomé providencia alguna contra su señora. Ruego a usted general, no quiera marchitar las glorias de que está usted cubierto, conservando en prisión a una señora digna de compasión, y que se servirá usted concederle el pasaporte para que marche a mi alcance"...
A la vista de aquella carta, Facundo se enfurece. ¿Qué pretende Lamadríd? ¿Darle lecciones de moral? ¿Prevenirle que no es de caballeros el hacer con los parientes de un vencido lo que Lamadrid hace con los familiares de Facundo en La Rioja?
Maldice contra Lamadrid, contra los unitarios, contra el reumatismo que sigue atormentándolo, y sólo cuando logra calmarse ordena que hagan pasar a la esposa de Lamadrid. No puede negar haberla mandado detener, puesto que la señora está aún bajo arresto. Pero procura disimular su abuso dando algunas explicaciones. Tales como que ordenó detenerla para averiguar si ella sabe algo de los dineros que el general Lamadrid le robó al descubrir algunos tapados. La mujer niega estar al corriente de las cuestiones del marido y, contrariamente a lo que Facundo espera, dada la facilidad con que atemoriza a la gente, se mantiene altiva, digna. Y Facundo, ya a punto de hacer explosión, se domina. Vacila. Luego vuelve a fruncir el ceño y grita:
- ¡Comandante Huidobro! ¡Un salvoconducto para la señora!
Después se dirige a la prisionera:
- ¿Necesita algo? ¿Mi carruaje? ¿Mi escolta? ¿Alguna otra cosa?
La señora de Lamadrid agradece los ofrecimientos, sin aceptarlos, y sale altivamente.
Facundo vuelve a encolerizarse, porque la altivez de los demás, en última instancia, lo ofende. Llama a un amanuense y le dicta una carta para Lamadrid. Cuando aquél ha terminado, lee la carta, hace un gesto de fastidio, la estruja y empieza a escribir otra, de su puño y letra. Un borrador que, ciento treinta años después, aparece entre los papeles de su archivo:
"Tucumán, noviembre 21 de 1831.
Señor general D. Gregorío A. de Lamadrid.
Señor de mi atención.
Sin embargo hace algún tiempo que me hallaba decidido a no contestar a usted ninguna comunicación, hoy me veo precisado a hacerlo, por la que me ha dirigido solicitando el pasaporte para su señora".
"General, usted dice que ha respetado las familias, sin recordar acaso de la pesada cadena que hizo arrastrar a mi anciana madre, y de que mi familia, por mucha gracia, fue desterrada a la República de Chile, como el único medio de evitar el que fuese a La Rioja, donde usted la reclamaba para mortificarla; mas yo me desentiendo de eso y no he trepidado un momento en acceder a su solicitud; y esto no por la protesta que usted hace, sino porque no parece justo afligir al inocente. Es verdad que habiendo tenido aviso que su señora se hallaba en este pueblo, ordené fuese puesta en seguridad, y tan luego como mis obligaciones me permitieron averiguarle si sabía dónde había dejado usted el dinero que me extrajo; habiéndome contestado que nada sabía, fue puesta en libertad, sin que haya sufrido más tiempo que seis días."
"Usted sabe muy bien que tengo sobrada razón para no dar crédito a su palabra, pues tengo muy presentes las protestas que me hizo en el año veintisiete para que le allanase el camino y poder regresar al seno de su familia; lo hizo y no me pesa, aun cuando usted se haya portado del modo más perverso; que usted me hiciese la guerra y procurase mi exterminio, nada tenía de extraño, puesto que estábamos divididos en opinión, pero que usted me insultase fingiendo comunicaciones, son acciones propias de un alma baja."
"General, si mi familia no hubiese sido desterrada, y si mi madre anciana no hubiese sido atormentada con una cadena, ya ustedes a esta fecha hubieran realizado el fin que se han propuesto, y que hoy miran muy distante; digo esto, porque yo pensaba no tomar parte en la guerra, después que fui batido; pero me ha podido decidir en abrazarla con más ardor la injusicia hecha a mi familia."
"No creo que su señora, por sí sola, sea capaz de proporcionarse la seguridad necesaria en su tránsito, y es por eso que yo se la proporcionaré hasta alguna distancia considerable, y si no lo hago hasta el punto en que usted se halla, es porque temo que los individuos que le dé para su compañía, corran la suerte de Melián, conductor de los pliegos que dirigí al señor General Alvarado."
"Adiós, general, hasta aquí a unos días, en que nos veremos, aunque sea desde alguna distancia”.
Juan Facundo, Quiroga".
Lamadrid, en sus "Memorias", y algunos historiadores en sus libros, copiando al anterior, hacen aparecer una carta plena de elogios para el jefe unitario. Pero nadie ha visto el original de dicha comunicación, mientras que el de la que aquí se transcribe existe en el archivo personal del propio Quiroga.
Fuentes:
- Newton, Jorge. Facundo Quiroga. Aventura y Leyenda.p.113.125
- Paz, Jose María. Memorias.
- La Madrid, Gregorio Aráoz de. Memorias
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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Fuente: www.lagazeta.com.ar