La revancha de Lamadrid
Gral.Gregorio A. de Lamadrid.
Después del desastre de Oncativo, Facundo huye hacia Buenos Aires seguido por un puñado de hombres, los únicos sobrevivientes libres de su poderoso ejército del día antes. Lo ha perdido un error: el de separarse de la División del general Villafañe, quien llega al campo de batalla cuando todo está terminado, sin poder hacer otra cosa que dar media vuelta y retirarse, para evitar que lo tomen prisionero con toda su gente.
Así culmína la segunda y también la más amarga de las derrotas sufridas por Quiroga. Y así comienza una nueva etapa en el desarrollo de esta sangrienta guerra civil, que parece destinada a no llegar nunca a su término.
El federalismo está vencido en la mayor parte de la extensión del país, en todo el noroeste, desde donde se aleja el caudillo que dominase a voluntad la vasta región durante los últimos años. Y mientras esto ocurre, mientras Facundo se aleja, el general Paz va a tomar posesión de las provincias sometidas a la influencia de aquél: Lamadrid, el enemigo tradicional de Quiroga, ocupa La Rioja con el carácter de gobernador militar y civil; Videla Castillo va a Mendoza; Albarracín a San Juan; el coronel Deheza a Santiago del Estero.
Pocos días después de su llegada, Lamadrid promulga una ley en virtud de la cual "la provincia de La Rioja es dependiente del gobierno de Córdoba, reconociendo al general Paz como jefe supremo, y quedando fuera de la ley, como reos, los generales Quiroga y Villafañe”
Los abusos de Lamadrid en La Rioja, además de caracterizarse por una venalidad indudable, sobrepasan los límites de todo lo que se le atribuye a Facundo. Este, por lo menos, no toma venganza sobre los progenitores de sus enemigos, sino sobre ellos mismos. Lamadrid, en cambio, obsesionado por los tapados de oro y plata de Facundo, al no conseguir que la madre del caudillo confiese dónde se encuentran, la manda arrestar y luego la carga con cadenas.
Existe una carta de Lamadrid, dirigida a un señor llamado Juan Pablo Carvallo, en la que, después de anunciar el lugar donde se encuentra "el gran tapado de onzas", y de indicarle cómo puede obtenerlo, le aconseja que "no diga el número de onzas que son, y si lo dice al darme parte, que sea después de haberme separado una trescientas o más onzas. Después de tanto fregarse por la patria, no es regular ser zonzo cuando se encuentra ocasión de tomar una parte sin perjuicio de terceros".
No se trata de un infundio de los enemigos de Lamadrid, pues el propio general Paz dice en sus memorias, refiriéndose a tales hechos:
"Prescindiré de censurar la terrible irregularidad con que se manejó el negocio de los entierros (tapados) de dinero de Quiroga, y el desgreño con que se expidió un caudal que en aquellas circunstancias y en esas pobres provincias era de cuantía. Según lo expresaba el general Quiroga, el dinero que por él fue suministrado pasaba de noventa mil pesos fuertes, mientras que lo que se me dio noticias por cartas particulares de los coroneles Lamadrid y Plaza, apenas llegaba a treinta y dos mil. Hasta ahora no había dado crédito a lo primero; mas a la vista de las revelaciones que nos hace la Memoria, creo cierta la aserción del general Quiroga."
Las anécdotas relacionadas con abusos cometidos por Facundo no tienen fin, y si bien muchas de ellas corresponden a hechos reales, las inventadas por sus enemigos no son menos. Lo propio puede ocurrir con los abusos de Lamadrid durante su permanencia en la región de los Andes, especialmente en La Rioja y Mendoza.
No se trata, aquí, de recordar los abusos de Lamadrid para justificar los de Facundo en ciertos casos. Pero así como antes se hace referencia a los fusilamientos ordenados por Facundo en La Rioja, después de su derrota en La Tablada, procedamos en igual forma con los que realizan sus enemigos, pues esto, sin justificar a nadie, permite obtener una semblanza de la barbarie que caracteriza a tales tiempos, tanto en el bando federal, como en el unitario.
A raíz del proceso que Lamadrid manda instruir contra Facundo, y en el que las principales acusaciones resultan de lo declarado por los enemigos personales del segundo, un sobrino del general Bustos que está radicado en Mendoza, el doctor Francisco Ignacio Bustos, comienza una serie de publicaciones en las que pone al desnudo todos los abusos de los nuevos gobernantes unitarios: "violación de domicilios y de correspondencia, detenciones arbitrarias de respetable ciudadanos, saqueos de templos"...
Lamadrid, uno de los principales acusados, se impacienta y marcha hacia Mendoza para detener a Bustos, quien huye rumbo a la cordillera. Las autoridades mendocinas lo persiguen, lo detienen y se lo entregan. La esposa del preso se presenta ante Lamadrid e implora perdón de rodillas. Lamadrid fija una multa de seis mil pesos, que la señora de Bustos paga. Pero Bustos no recobra la libertad, porque lo matan cuando va a montar en un caballo que los propios ayudantes de Lamadrid le proporcionan.
En Mendoza, Lamadrid publica un bando por medio del cual exige, en forma conminatoria, que todos los enemigos del régimen unitario entreguen sus bienes al gobierno. Crea un padrón de federales y de prófugos, cuyas pertenencias son saqueadas. Ordena la constitución de un tribunal militar que en el mismo día en que inicia sus actividades condena a muerte a Ciriaco Ortega y a Juan Bautista Sosa. Veinte días más tarde también manda al paredón de fusilamientos a Francisco Quiróz, José A. Garramuño, Francisco Ureña, José A. Arroyo, Felipe Ahumada, Lino Agüero y José L. Funes. Se ordena la confiscación de los últimos efectos que les quedan a los federales, y como casi todos éstos se encuentran prófugos, se encarcela a sus mujeres.
Evidentemente, el general Lamadrid tampoco es lento ni demasiado escrupuloso, cuando llega la hora de su revancha. Quizá no pueda decirse que los abusos que comete sean tan atroces como los que cometiera Facundo en esos mismos lugares, algún tiempo antes. Es evidente, en cambio, que existe una diferencia en la forma de los procedimientos, pues Facundo decretaba por sí y ante sí, cuando no era él mismo un ejecutor directo, la muerte de aquellos que, a su juicio, merecían aquel castigo. Lamadrid, en cambio, no mataba él mismo. Se limitaba a disponer que se fusilase.
La revancha de Lamadrid es llevada a cabo, por él al igual que por muchos de sus subordinados, con el convencimiento de que Facundo no podrá jamás pedirles cuentas de sus actos, porque, refugiado como se encuentra en'Buenos Aires, nunca volverá a poner sus pies en La Rioja, ni en las provincias de Cuyo.
El vuelco que ha dado la situación, en favor de los unitarios y en contra de los federales, después de la derrota sufrida por Facundo en Oncativo, es de tal magnitud y está rodeado de tales circunstancias, que nadie llega a pensar, ni siquiera remotamente, en que el caudillo riojano pueda recuperarse...
Fuentes:
- Newton, Jorge. Facundo Quiroga. Aventura y Leyenda.p.113.125
- Paz, Jose María. Memorias.
- La Madrid, Greagorio Aráoz de. Memorias
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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Fuente: www.lagazeta.com.ar