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LA REBELION DE RICARDO LÓPEZ JORDÁN
                          

Ricardo López Jordán
(01) Sus primeros tiempos
(02) Urquiza se da vuelta
(03) Pero esas trampas no enredan
(04) Con todas las letras
(05) Paysandú
(06) Infame espectáculo
(07) Nunca, general…
(08) La rebelión de López Jordán
(09) Muerte del “Quiscudo”
(10) El gobierno de López Jordán
(11) “El loco” Sarmiento
(12) “Males relativamente pequeños”
(13) El Chumbiao
(14) Combate de Sauce
(15) La levita y el chiripá
(16) El genio invisible
(17) La toma de Concepción del Uruguay
(18) Los Rémigton
(19) Combate de Santa Rosa
(20) La lucha continúa
(21) Combate de Ñaembé
(22) El primer exilio de López Jordán
(23) La invasión Jordanista
(24) Combate de Yuquerí
(25) Se rompe el sito de Paraná
(26) La hazaña de La Paz
(27) El “nuevo sistema”
(28) Batalla de Don Gonzalo
(29) “Un loco sublime”
(30) Combate de Puente de Nogoyá
(31) El exilio y las disidencias.
(32) La tercera rebelión
(33) El engrillado
(34) El exilio
(35) Asesinato de López Jordán
(36) Bibliografía.
(37) Artículos relacionados.


Sus primeros tiempos

Ricardo López Jordán nace en Paysandú el 4 de julio de 1824, hijo del medio hermano de Francisco Ramírez. Sobrino del “Supremo Entrerriano” Francisco “Pancho” Ramírez, Ricardo López Jordán recibe sus primeras letras en Concepción del Uruguay. Muy joven pasa a Buenos Aires a proseguir su instrucción. Allí, en tiempos del primer bloqueo francés completa sus estudios de humanidades en el famoso Colegio de San Ignacio que regenteaban los padres jesuitas. Entre sus condiscípulos se cuentan los doctores Guillermo Rawson, Mariano Martínez. Melitón González del Solar, Eduardo Costa, Diógenes de Urquiza, Nicanor Molinas, Lisandro de Latorre (padre) y Luciano Torrent.

En 1841, a los 19 años de edad, se incorpora al ejército federal como simple soldado en la escolta de Urquiza y por su sereno comportamiento en la Isla del Tonelero por enero febrero de 1842, es escogido para pasar al regimiento escolta que organiza el coronel Lucas Moreno figurando desde entonces en las campañas contra Rivera, en primer lugar contra el llamado "Ejército Constitucional".

El 6 de diciembre de 1842, con Oribe enfrentan al ejército unitario de Fructuoso Rivera y lo derrotan completamente en Arroyo Grande en un encuentro que el jefe unitario califica de "contraste inesperado". En este combate fue ayudante de Oribe el teniente Leandro Gómez, nombre del héroe que veinte años después se iba a inmortalizar la epopeya de Paysandú.

Ricardo López Jordán es designado para llevar a don Juan Manuel de Rosas el parte oficial de la victoria. Al recibirlo El Restaurador se le ofrece “para lo que pudiera serle útil”, y el soldado Jordán aprovecha la ocasión para pedirle la libertad de su padre, preso desde noviembre de 1839 al ser tomado en el Paso de las Piedras, luego de haberse incorporado al ejército unitario de Lavalle. Rosas le devuelve la libertad, en esos momentos está defendiendo al país con uñas y dientes, pues tiene que habérselas con la alianza anglofrancesa que apoya los planes. Rosas lo despacha para El Buceo, y López Jordán se incorpora al ejército entrerriano en campaña.

El 14 de febrero de 1846 Urquiza derrota al “Ejército Aliado Pacificador” en Laguna Limpia y el Cabo Ignacio Britos, al mando del Teniente López Jordán, toma prisionero a Juan Madariaga, jefe de la vanguardia correntina. El 27 de noviembre de 1847 lucha al mando de tres escuadrones en el Potrero de Vences. El 6 de julio de 1849 es designado Comandante Militar de Concepción del Uruguay y en octubre de 1850 ascendido a Capitán de Caballería de línea.

Urquiza manifiesta estar “convencido del admirable fino y alta capacidad y heroísmo con que el Exmo. Sor. Gobernador Encargado de las Relaciones Exteriores en todas las épocas ha desempeñado su gloriosa misión”. (Carta de Urquiza a Felipe Arana. 25 de junio de 1845. Ignacio J. Camps. El general don Justo José de Urquiza. Buenos Aires, 1950) Antes de dos meses, la escuadra anglofrancesa arriaría la bandera nacional de cinco barcos de nuestra escuadra.


Urquiza se da vuelta

Justo J. de Urquiza En mayo de 1849 el general Urquiza había llamado a colaborar en su gobierno a don Manuel Leiva, conocido unitario, ex redactor de los periódicos correntinos "La Revolución" y "El Pacificador". Es por esos días que Ferré le había dicho a Leiva: “Yo ya estoy presumiendo que don Justo José de Urquiza ha de ser el que le ha de poner las peras a cuarto a don Juan Manuel”.
Con toda seguridad que más de un jefe entrerriano habría mirado con extrañeza esa colaboración unitaria con Urquiza que se había iniciado a moción de éste.

Urquiza fue “comprado” por el Brasil para que traicionara a su Patria en ese 1852 —cosa que atestigua el mismo Sarmiento, quien escribe el 13.10.1852 a Urquiza desde Chile y le enrostra:

“Yo he permanecido dos meses en la corte de Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, general, y los pactos y transacciones por los cuales entró S. E. en la liga contra Rosas. Todo esto, no conocido hoy del público, es ya del dominio de la Historia y está archivado en los ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay.” (...) “Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (Honorio Hermeto Carneiro Leão, o Indobregavel) referir la irritante escena, y los comentarios: "¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía después de entrar a Buenos Aires quería que le diese los cien mil duros mensuales, mientras oscurecía el brillo de nuestras armas en Monte Caseros para atribuirse él solo los honores de la victoria." (Domingo Faustino Sarmiento, Carta de Yungay, 13.10.1852)

Un escritor urquicista, Leandro Ruiz Moreno, deja escapar esta observación muy seria y comprometedora: “No puede negarse la sutileza de la política brasileña, digna heredera de la lusitana, en el desarrollo previo y posterior de acontecimientos relacionados con la historia de nuestro país, y en este caso, con la campaña contra el General Don Juan Manuel de Rosas” (Leandro Ruiz Moreno, Centenarios del Pronunciamiento de Monte Caseros, tomo I, Paraná, 1952)

Urquiza, por unos patacones ofrecidos por Brasil y en busca de la gloria que la sombra grande de Rosas le impedía, se “pronuncia” contra Rosas en lo que desembocaría en la batalla de Caseros. Leal a su Jefe natural, el caudillo federal Urquiza, y sin mostrar cuestionamientos a su política, acompaña a este en su “pronunciamiento” contra Juan Manuel de Rosas, en que Urquiza, Jefe del ejército de vanguardia de la Confederación, se pasa al enemigo con todo el ejército en vísperas de la inminente guerra con el Brasil: “Vadeamos el Uruguay - recuerda López Jordán – siendo yo el primero con Francisco Caraballo, en pisar el territorio oriental; yo mandaba un escuadrón del Regimiento 1° de Mayo, entonces”.

Su lealtad a Urquiza lo llevó hasta Pavón (17 de septiembre de 1861), donde junto con Juan Saá derrotan a la caballería de Mitre y la persiguen hasta el Arroyo del Medio. Urquiza, vencedor de la batalla, se retira regalando la victoria a Mitre, que fugado, inesperadamente recibe la noticia de su propia “victoria”: ¡No dispare general, que hemos ganado!, dice el parte.

Bartolomé Mitre El 29 de septiembre de 1868 por boca del propio Mitre se devela el “misterio de pavón”, cuando en un banquete de la masonería, recordando la tenida del 21 de julio de 1860 (anterior a Pavón) dirá Mitre en su discurso: “Cuando nos alejamos de las puertas del templo, nuestras espadas salieron de la vaina para cruzarse en los campos de batalla, pero aún sobre esa desgracia y esa matanza, el genio invisible batió de nuevo sus alas…". Fue el mismo “genio invisible” que dirigió la matanza del gauchaje federal de las provincias y el mismo “genio invisible” que armó el genocidio del Paraguay.

Pese a las vagas “explicaciones” y excusas de don Justo, la defección de Urquiza en Pavón, que se retira definitivamente a su “Palacio de San José”, no es fácilmente digerida por muchos jefes federales, entre los que se encontraba el propio López Jordán. Urquiza ya había sido envuelto en la trama liberal del mitrismo y la masonería.

En julio de 1860 Urquiza y Derqui viajan a Buenos Aires invitados por Bartolomé Mitre, que en la fiesta realizada pronuncia en un brindis las siguientes palabras:

“Saludo al general Urquiza que retrocedió ante la revolución de setiembre, y que hoy vuelve desarmado, como si fuera Washington. Al seno del mismo que lo arrojó antes a balazos, inclinándose ante su soberanía y ante su libertad” (Chanetón, Abel. Historia de Vélez Sársfield). Urquiza, se emociona hasta las lágrimas ante las aclamaciones de los presentes. Sin embargo se extrañaría Guido en correspondencia a su esposa: “Quién diría que el general Urquiza y el presidente Derqui se sentarían juntos con el general Mitre y con Sarmiento como íntimos amigos? ¡Mucho he visto y muy raro en cincuenta años de revolución, pero nada ha sido tan inopinado!”

Poco duraría la efusión de estos abrazos. Los protocolos cedían a Derqui las mejores ubicaciones en banquetes y recepciones y “Durante la permanencia en Buenos Aires los celos del general Urquiza con el presidente Derqui aumentaron considerablemente. Un presentimiento y una sospecha constante agitaban al general Urquiza: el temor de que Derqui y Mitre se pusiesen de acuerdo para destruir el prestigio y su influencia” (Juan Coronado, secretario de Urquiza) “El general Urquiza que posee el prestigio de una inmensa fortuna y el prestigio militar y el poder…no se convence que ya no es el presidente de la Confederación y se necesitará mucho tacto del señor Derqui para prevenir que no se convierta en una brecha en cuyo caso Urquiza buscará el apoyo de Buenos Aires” (informe de Thornton a Londres) Pero la brecha ya se había producido, y tal vez siempre existió.

La entrada de Urquiza en la trampa liberal mitrista queda confirmada en la siguiente resolución de la masonería:

1°.-“El Muy Poderoso Consejo y Gran Oriente de la República Argentina, estimado debidamente las eminentes cualidades cívicas u masónicas que adornan a los dignos hermanos Bartolomé Mitre, grado 3°; Juan Gelly y Obes, grado 3°; y Domingo Faustino Sarmiento, grado 18; los eleva a Soberanos Grandes Inspectores grado 33.

2°.- Por las mismas consideraciones, el Supremo Consejo eleva del grado 18 al grado 33 al Respetable Hermano Santiago Derqui; y regularización y reconocimiento en el mismo grado al Hermano Justo José de Urquiza.

3°- Los Hermanos de que habla el artículo que antecede, deben afiliarse como miembros activos de la Logia Obediencia de Supremo Consejo”

(Martín Lascano. Las sociedades secretas, políticas y masónicas en Buenos Aires. 1927)

Evidentemente, el nombre de la “Logia Obediencia” le cae como anillo al dedo a las futuras actitudes de Urquiza. Los hermanos ascendidos son invitados al Templo de la Logia Unión del Plata el 21 de julio, y en presencia de Roque Pérez, Mitre y Urquiza se juramentan y obligan “por todos los medios posibles a la pronta y pacífica Constitución definitiva de al Unidad Nacional” (Martín V. Lascano. Idem). Quedan de esta forma selladas las cadenas de la Confederación a los manejos liberales de porteños y mitristas.

El 29 de octubre, el "hermano" Urquiza invita al "hermano" Mitre al Palacio de San José. Mitre llega a Conceción del Uruguay el 10 de noviembre para celebrar el Pacto de Noviembre, con la esperanzada expectativa de muchos. Pero hay alguien que entiende lo que pasa, y no lo acepta. Es el general Ricardo López Jordán:


Pero esas trampas no enredan

Pero don Ricardo ya parecía recitar los versos que inmortalizara José Hernández en el Martí Fierro:

Pero esas trampas no enredan
a los zorros de mi laya;
que el ministro venga o vaya,
poco le importa a un matrero.
yo también deje las rayas...
en los libros del pulpero.

“El general López Jordán – cuenta Juan Coronado – que era entonces Ministro de Gobierno de Entre Ríos, y a quien los deberes de la etiqueta lo obligaron a acompañar hasta San José al general Mitre y su comitiva, se volvió al Uruguay en el acto de llegar, no obstante el calor sofocante que hacía, y se volvió prediciendo lo que iba a salir de la reunión aquella. Este joven e ilustrado general, que es el más capaz e inteligente de los militares que tiene la provincia y que acaso está destinado a figurar en primera línea en la República, tenía la ventaja de de conocer las miserias y la nulidad del general Urquiza, tan bien como las miras de los enemigos de la igualdad federal” (Juan Coronado. Misterios de San José. Buenos Aires, 1866)

Nada bueno saldrá del cónclave. Los periódicos hablaban de “La trinidad gubernativa” pero cada uno llevaba agua para su molino. Mitre le obsequiaba el bastón de gobernador de Bs.As. a Urquiza y este lo quería convencer a Mitre que gobernaran prescindiendo de Derqui; mientras tanto, "el dormilón" Derqui haraganeaba en su cama y recibía a Mitre en reuniones misteriosas.

Coronado, secretario de Urquiza, relata que: “En la mañana del 14 de Noviembre el General Urquiza entró en la secretaría cuando dormían todos los huéspedes de San José, y no encontrándolos allí nos mandó a llamar. El general se encontraba sofocado por la rabia y necesitaba hablar para desahogarse. Ocurrimos a su llamado. Después de preguntarle cómo había pasado la noche nos dijo: Mal. No he dormido sino una hora, o más; tengo la cabeza preocupada con tanta picardía. Esperando una explicación sobre el sentido de esas palabras, guardamos silencio. Después de un pequeño intervalo, el general continuó: ¿No se ha fijado usted en el manejo de estos pícaros? Hace cuatro días que están en mi casa, y hasta ahora ni uno ni otro me han hablado una palabra de política, ellos creen que no me fijo, pero se engañan. Dos veces he entrado en el cuarto del Doctor Derqui y lo he encontrado hablando con Mitre. Cuando me han visto han cambiado de conversación. Y he estado tentado de hacerles saber que no soy lo que piensan". (Coronado, Misterios de San José).

Ricardo López Jordán
A nada bueno podría llegarse:

“En resumen la conferencia que tanto ha llamado la atención se ha reducido a comer pasear y bailar. El presidente dormilón ha dormido en efecto…el general Mitre ha tomado Campo. Si desaliento había antes de la conferencia, si todos temían por la situación, esos temores han aumentado considerablemente”. (de la Peña a J.M. Gutiérrez)

“La conferencia de San José no nos ha dejado contentos. Parece que el general ha tenido serias y muy desagradables palabras con el presidente. No han quedado mejor entendidos que antes, al contrario, se ha reconocido por el ámbito Mitre y por el presidente que el triunvirato con el Capitán General no puede durarles” (Lucero a Pujol)

Así es como Urquiza, abroquelado en su “Palacio de San José”, defendiendo su patrimonio o su glorioso título de “Washington Sudamericano”, traiciona definitivamente la causa federal, manteniéndose prescindente de las luchas de los pueblos del interior, y de la masacre de la “guerra de policia” que los ejércitos nacionales de línea harían sobre los federales, siguiendo la política de Mitre-Sarmiento, incluido el asesinato de el general Angel Vicente Peñaloza, “El chacho”, cuya muerte festeja Sarmiento de la siguiente forma:

"...he aplaudido la medida, precisamente por su forma. Sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y ponerla a la expectación, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses". (Carta de Sarmiento a Mitre)

Creyendo aún que Urquiza asumiría su rol de Jefe Federal se pronunciaría contra la política porteña, el “Chacho” le envía varias cartas a don Justo esperando recibir órdenes, pero éste, lejos de acudir en su ayuda, se mantiene imperturbable en Entre Ríos, dando argumentaciones que muchos federales ya no le creían.


Con todas las letras

López Jordán se lo dirá con todas las letras en carta a Urquiza en diciembre de 1863: “Me resta sólo decir a V.E. que inmediatamente que se me comunique el decreto contestaré como V.E. lo desea y que en ningún caso se olvide lo que han hecho con del Chacho los salvajes unitarios”

En vísperas de la Guerra del Paraguay, Urquiza coquetea con su compadre Francisco Solano López, a quien promete ayuda contra la política agresiva de los porteños. López, por entonces aliado del gobierno blanco Oriental, tiene como meta mantener el equilibrio en el Río de La Plata, por lo que se dispone a defender a eso gobierno contra las agresiones mitristas y brasileñas. Muchos jefes federales apoyan a Paraguay, entre ellos Benjamín Virasoro en Corrientes y Pascual Rosas de Santa Fe. Don José Rufo Caminos se mantiene en contacto con los jefes federales y el ministro Vázquez Sagastume mantiene intensa actividad La correspondencia va y viene entre Asunción y San José. Don José Caminos lleva a San José el 22 de octubre un pliego de de Sagastume que dice textualmente:

“Si el general Urquiza acepta cualquiera de de las condiciones arriba expresadas, puede acreditar cerca del gobierno paraguayo un comisionado suficientemente autorizado, para el establecimiento de un tratado entre él o su gobierno, El Estado Oriental y República del Paraguay.
Será preferible a ningún otro, que el comisionado fuera S.E. el señor Sagastume o el general Virasoro o el general López Jordán”.


Pero para ganar tiempo, Urquiza da largas al asunto, y José Caminos, convocado a Asunción, le informa al ministro Berges que “El general Urquiza acepta la cooperación ofrecida, y se complace en contar con ella, pero declara no ser llegada la oportunidad de hacer ningún movimiento en la República” y le hace trasmitir al mariscal Solano López, que “es su vanguardia con Entre Ríos y Corrientes; que será su valuarte mientras él influya en el país y que los porteños no le tocarán de las provincias para expediciones sobre el Paraguay ni un solo hombre, como no lo harán de Entre Ríos y Corrientes” (Ramón J. Cárcano. Guerra del Paraguay. Vol.I.Bs.As.1941)

Pero Urquiza cumpliría una vez más su papel de traidor y vende a buen precio 30.000 caballos al ejército brasilero, se convierte en “vivandero” del ejército, y pasa a cobrar su traición al banco de Buenos Aires.(Ver "La defeccion de Urquiza" en la Guerra del Paraguay)


La toma de Paysandú

Ante la primera acción de guerra de la Triple Alianza, el ataque a Paysandú, Urquiza permanece impasible en Entre Ríos, ante el clamor de los federales entrerrianos que se salían de la vaina por acudir en ayuda de sus “hermanos orientales”. Muchos ya no confiaban de don Justo, y algunos cruzan el Uruguay, entre ellos Rafael Hernández, hermano del autor del Martín Fierro, quien salva milagrosamente su vida luego de la caída de Paysandú. “La heroica Paysandú” resiste por varios días el ataque de tropas muy superiores, incluido el bombardeo de la escuadra brasilera abastecida en pleno día en la rada de Buenos Aires por el gobierno de Mitre, quien se decía “neutral”.

El padre Ereño le reclama a Urquiza: “Estoy llorando, Sor. Gral. de rabia y de desesperación a presencia del crímenes tan atroces que se perpetran bajo capa de libertad y civilización en el año 64” (Fermín Chávez. José Hernández, pluma y espada de la Confederación Argentina.)

El jefe colorado le pide a Urquiza que le venda unos “caballos marca flor” que necesita, y don Justo le contesta el 16 de diciembre por intermedio de Melitón Lescano: “Nuestro amigo Enrique Castro me escribe pidiéndome unos caballos de mi marca y le contesto que yo no mando caballos marca flor a los aliados de los macacos”. Sin embargo el estanciero de San José no perdería la venta y en la carta a Lescano lo ordena que buscase 10 o doce caballos “por ahí” y se los enviara al jefe colorado. Tampoco perdería el negocio de caballos con “los macacos” a quienes más tarde le vende prácticamente toda la caballada entrerriana.

El 1° de enero de 1865 comienza la matanza, y el “Diario del sitio y defensa” da el siguiente detalle:

“A la una de la tarde es muerto de un balazo de fusil el coronel Tristán Azambuya. Así, sin disminuir pelea, viene la noche. La mitad de la guarnición ha quedado fuera de combate, y por falta de gente no es posible enterrar nuestros muertos queridos. ¡Duerman en paz al pie de los débiles y arruinados muros que con tanta valentía defendieron! ¿Cuántos seguirán mañana? ¡Pero morir por la patria es gloria! Somos dignos de Artigas y de los Treinta y Tres. Nuestra sangre no ha degenerado”. (Julio Cesar Vignale. Consecuencias de Caseros. 1946)

Entre Ríos entera se desespera por la agresión a Paysandú ante la pasividad del señor de San José, y un testigo urquicista, Julio Victorica, ante los estragos de los cañones brasileños, comenta: “La contemplación paciente de semejante cuadro era insoportable. Entre Ríos ardía indignado ante el sacrificio de un pueblo hermano, consumado por nación extraña. El general Urquiza no sabía ya cómo contener a los que no esperaban sino una señal para ir en auxilio de tanto infortunio” (Julio Victorica. Reminiscencias históricas, en Revista de Derecho, Historia y Letras, tomo VI. Buenos ires, 1900) Urquiza permanecía imperturbable.


Infame espectáculo

Leandro Gómez El poeta Guido y Spano califica los sucesos como “infame espectáculo”. Paysandú resiste heroicamente durante varios días hasta quedar prácticamente derrumbada totalmente por el bombardeo de la escuadra brasilera, y los incendios y saqueos unitarios. Defendida hasta las últimas consecuencias y hasta el completo agotamiento de hombres, armas y municiones, finalmente Leandro Gómez se rinde, y comienza la matanza de la Paysandú rendida.

Leandro Gómez se rinde con un puñado de hombres ante el Jefe de la tercera brigada de Río Grande, quien le indica que será conducido ante le barón de Tamandaré. Un testigo presencial describe los hechos:

“El jefe brasileño dobla una calle y se encuentra con un oficial de Flores, el comandante Francisco Belén, acompañado de treinta hombres; éste se dirige al jefe brasileño e invocando el nombre del general Flores, le exige la entrega del general Gómez; éste se resiste, el otro insiste. El jefe brasileño le dice que el Barón es garantía de la capitulación, y por último le pide orden por escrito de Flores.

En ese interín llegó Goyo Suárez y a nombre del general Flores pide nuevamente la entrega del general Gómez y sus compañeros; el jefe brasileño los entrega.

Comandante Belén, recíbase Ud. de esos hombres – dice Goyo Suárez – Echan a andar y llegan a un portón de fierro. Belén da la vos de “Aquí nomás”. Por la parte de adentro de eso portón se ejecuta el terrible suplicio de la víctima ilustre…Lo estropean, lo desnudan y lo cosen a puñaladas. Uno de los Mujica (Eleuterio) le descarna la pera, estando aún vivo el general. Los compañeros siguen la misma suerte: reciben la muerte a puñaladas y balazos”
(Julio Cesar Vignale. Consecuencias de Caseros. 1946)

Bartolomé Mitre De esta forma actuaba “la civilización”, y el diario la “La Nación” del 3 de enero de 1865 leemos: “La gran cuestión para nosotros no es saber si Leandro Gómez le tiene miedo a las balas. Es saber lo que mejor conviene a la libertad y a la civilización en el Río de La Plata. Quiroga, el Chacho, López Quebracho, el fraile Aldao, eran hombres muy valientes ¿Qué ha dado a su valor a la civilización de los pueblos argentinos?” (Ver "Civilización y Barbarie" )

Al menos le reconocía la “valentía” de aquellos hombres. Por otra parte me pregunto que ha dado a los pueblos argentinos la “cobardía” de Mitre, que presenciando la batalla de Caseros escondido en un monte cercano, al ser preguntado por parte del general Cesar Díaz las razones de su actitud, Mitre le confiesa: “Estoy economizando sangre”.

“Vive en Entre Ríos un anciano coronel Espíndola, a quien en otro tiempo le oí decir que en Caseros encontró al comandante Mitre, con su batería, detrás de un monte y que habiéndole preguntado por lo que allí hacia, Mitre le contestó: Estoy economizando sangre” (Alfredo F. de Urquiza. “Campañas de Urquiza. Rectificaciones y ratificaciones históricas. Buenos Aires. 1924) (Atilio Garcúa Mellid.Proceso al Liberalismo Argentino.p.301)


Nunca, general...

Estos hechos aberrantes ante la pasividad de don Justo abren más la brecha en las disidencias dentro del partido federal, y los testimonios de protesta por la actitud de Urquiza le llegan de distintos lados, como la carta que el coronel Navarro le hace llegar desde Nogoyá:

Mi querido general:

Acabamos de saber con profundo sentimiento la toma de Paysandú y la muerte de sus principales jefes.
Los atentados y crímenes que cada día cometen los infames brasileños, no llenan de coraje y solo ansiamos el momento de vengar la sangre de los mártires de Paysandú.
Los amigos creemos y esperamos que V.E. no podrá mirar con calma las bárbaros crímenes de los brasileros”


Pero Urquiza se mantiene imperturbable y ya no se borraría de los oídos federales que observaban y escuchaban impotentes desde la otra orilla, el tronar de los cañones de Paysandú. Mitre le miente a Urquiza diciendo que no quiere al guerra, y le miente a la Nación ocultando una declaración de guerra que ya tenía en mano, para poder actuar como “país agredido”. Este ocultamiento premeditado puede consultarse en las investigación históricas realizadas entre otros por José Maria Rosas y Fermín Chávez.

El desprestigio de Urquiza ante los federales de Entre Ríos ya era grande, y ante la orden a López Jordán de convocar soldados para formar en el ejecito para la guerra del Paraguay, los bravos entrerrianos se niegan a marchar hacia el norte, produciéndose rebeliones y dispersiones. Nuevamente don Ricardo López Jordán se lo dirá a Urquiza con todas las letras:

“Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos a pelear a porteños y brasileros. Estamos pronto. Esos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano” (Chávez. Fermín. Vida y muerte de López Jordán.p.133)

Desde Córdoba Emilio Mitre informa como va la formación del “batallón voluntarios” que “al fin de cuentas – dice- han de ser voluntarios como aquellos de la independencia que iban al Ejército atados codo a codo” (Revisa de la Biblioteca Nacional, tomo XXI, N° 52) y el gobernador de La Rioja coronel Julio Campos en correspondencia al Ministro de Guerra le dice “No me pida tropa de línea…Cuando precisen fuerza o milicias de la s provincias no pidan contingentes porque la sola palabra basta para introducir alarma y despoblar puebles enteros…pidan por batallones o compañías pero no se valgan de la palabra contingente” (Ibid.)

Muchos se opusieron a esa guerra infame, entre otros el autor del Martín Fierro, José Hernández y Juan Bautista Alberdi, y los “voluntarios” se revelaban en Entre Ríos, Corrientes, Catamarca, San Juan y casi todas las provincias del interior, con la rebelión de batallones enteros, entre otros el conocido "desbande de Basualdo". La división Victoria y la división Gualeguay se niega a marchar. Cuando Urquiza se ausenta para conferenciar con Mitre, recibe la noticia del desbande por la madrugada en la estancia de Gregorio Castro. Se han desbandado 3.00 soldados de caballería que regresan sus pagos al grito de “¡Viva Urquiza!...¡Muera Mitre!...Compañeros, el Capitán General se ha ido a su casa y es necesario que también nosotros nos vayamos; no sean tontos, no se dejen engañar” (Archivo General de la Nación. Legajo Urquiza, julio de 1865)

Urquiza quiere parar la hecatombe y acude personalmente o por órdenes pero no logra reunir sino algunos grupos, y termina licenciando las tropas y enviando una comisión a dar explicaciones a Mitre sobre lo sucedido, quien a su vez le informa a Gelly y Obes:

“El general Urquiza ha sido víctima de miserables intrigas de algunos de sus jefes, entre los que parece haber sido cabecilla López Jordán. El mismo Lavaysse, que se encontraba en el cuero de ejército entrerriano, y que ha presenciado todo, comenta multitud de hechos sediciosos de López Jordán, que, de ser ciertos, arrojarían sobre él una culpabilidad muy seria; mientras que la la vez ha sido testigo presencial de los esfuerzos hechos por el general Urquiza para cortar un mal que ya no tenía remedio”

De esta forma Mitre, basándose en “parece” y en dichos de terceros “que, de ser ciertos”,...aprovecha la volada para tratar de introducir una cuña de división en las filas federales. No lo logra, y Urquiza sigue confiando en su leal López Jordán, como lo demuestran las órdenes que posteriormente le imparte. La rebelión no es cosa de López Jordán. Los Jefes federales y el sentimiento del mismo pueblo se niegan a la guerra contra Paraguay. El propio López jordan advierte a Urquiza sobre las intensiones de Mitre, y el 31 de julio, desde Paraná, el mismo López Jordán le escribe a Urquiza:

“Desde que salí de San José he venido tratando siempre de cumplir con los encargos que V.E. me hizo, en el Tala, Nogoyá y hasta la Victoria, que aunque no he ido he mandado a un hombre amigo mío y que V.E. conoce mucho, es Burgos, de las Isletas, con recomendación de hablar con la gente y ver que dice, y aconseja; hoy he estado con él; mi dice que es voz general entre la gente que se vino, que se reunirán donde V.E. ordene, pero que no van para arriba. Aquí no hago otra cosa que ver a todo el mundo y hablarle de la necesidad de reunirse, llegado el momento, sin entrar en ninguna clase de explicaciones de para qué ni con qué objeto, sino concurrir al llamamiento que V.E. nos hará a su tiempo – creo que conseguiremos algo más así. Debo prevenirle a V.E. que como la situación es vidriosa, no faltan explotadores en todo sentido; unos levantan noticias con el objeto de dividirnos, otros con hacerle aparecer a V.E. como autor de todo lo ocurrido; otros a mi, y otros, y son los más, que V.E. va a entrar a perseguir a una porción de los jefes y oficiales a quienes se les atribuye participación en lo ocurrido – yo he asegurado a muchos que se deje estar en sus casa prontos par la primera orden y que no hagan caso a nadie, que V.E. me ha asegurado no proceder contra ninguno. Esto he hecho porque creo interpretar bien su pensamiento y si desgraciadamente no fuese así, yo espero que V.E mi lo diga pues tengo el mismo interés que V.E. e este negocio, puesto que he de estar a su lado en la buena o mala suerte que corra como lo he dicho antes de mi salida” (Archivo General de La Nación)

El 2 de agosto Patricio Cullen lo anoticiaba con cola de paja al ministro de Guerra: “He sabido de un modo positivo que el general Ricardo López Jordán ha dicho en el Paraná que el Ejército Entrerriano se reunía pero que no marchará a pelear contra los paraguayos - le prevengo esto y que también se reserve mi nombre” (Revista de la Biblioteca Nacional, tomo XXI, N° 52)

También Urquiza recibe malas noticias; desde Gualeguay, el 19 de setiembre, el coronel Juan Luis González le escribe para informarle sobre las actividades de Francisco F. Fernández, que había regresado de Basualdo: “Se deja decir ese individuo que en Paraná, Nogoyá y Victoria, de jefes para abajo todos están contra V.E., y que si esta marcha nos es en contra de Mitre, que ellos no salen de sus departamentos”. (Manuel E. Macchi)

Urquiza convoca entonces efectúa una convocatoria en Yuquerí, y el 28 de setiembre se encuentra en el puerto de Concepción del Uruguay dispuesto a embarcarse con infantería y artillería con destino a Concordia. Apenas desembarca en Cambá Cuá, al frente de 6.000 hombres marcha hasta Arroyo Toledo tratando de colocarse en posición de marchar hacia el norte: pero sucede lo impredecible. El 8 de noviembre a la noche, comienza el desbande del 2° Regimiento de Gualeguaychú ante la presencia del mismo Urquiza que no puede impedir el desbande de los soldados antiliberales.

Afirma Julio Victorica que después de Basualdo y Toledo hubo fusilamiento de desertores en San José, pero no tuvieron efectos positivos. Por el contrario, era un nuevo motivo de disconformidad contra el supuesto “jefe federal”. En San José el vocabulario se torna conocido: “vagos” y “malentretenidos”, mientras muchos criollos que se niegan a incorporarse, se refugian en al banda Oriental.

Justo José de Urquiza Urquiza no da brazo a torcer y por carta del 3 de setiembre, don Justo ordena a López Jordán: “Respecto a los autores de la deserción de Nogoyá y del Paraná se hace necesario capturarlos, procesarlos y remitirlos tanto, como digo, los de Nogoyá como los de María” (Archivo López Jordán. Paraná) y posteriormente en términos parecidos le dice: “Hoy se han fusilado tres después de haber sido sumariados y condenados por consejo ordinario. Quiero que persiga y remita a éste Cuartel General a los oficiales Lara, Retamar y un yerno del Cnel. Gutiérrez, instigadores de los desertores de Toledo”. No se andaba con chicas don Justo y con fecha 8 de diciembre le comunica nuevamente: “Le recomiendo muy particularmente que, con la mayor reserva, averigüe quienes fueron los que , en Basualdo Toledo, imitando el aullido de los perros y de los zorros, daban la señal para la deserción y los que sean autores, capturados y remitidos a este Cuartel General” (Archivo López Jordán) Seguramente tendrían los autores de los aullidos, el mismo fin que los “sumariados y condenados por consejo ordinario” hacia unos días en San José.

No se limita a eso don Justo, y da órdenes a Galarza que se encuentra en Diamante, (y a otros jefes federales en toda la provincia): “Todo vago, todo ladrón y principalmente todo matrero debe ser perseguido, poniéndolo a disposición del general López Jordán.”

Don Ricardo, que aún se mantiene a las órdenes de Urquiza, remite bajo custodia al capitán Álvarez, hijo político del coronel Gutiérrez, y en carta del 7 de diciembre sale en defensa de salvarlo del castigo seguro:

“En obsequio de la justicia debo prevenir a V.E. que este oficial ha observado una conducta digna en el tiempo que ha servido a mis órdenes - y creo con fundadas razones que puede V.E. haber tenido con respecto de él, algún informe incierto – pues he hablado con muchos soldados del Diamante de los desertados y de los que no desertaron y he hecho esfuerzos por descubrir si habían recibido sugestiones de algún oficial, pero nada he podido conseguir - sobre todo tengo en que fundarme para no creerlo capaz de cometer semejante crimen.
Yo creo, Sor. General, que V.E. se satisfará de esta verdad y si así sucede como espero, V.E. me haría un servicio en enviármelo porque utilizaría sus servicios en su Departamento”
(Archivo General de la Nación)

Otras cartas de López Jordán atestiguan su intención de salir en defensa de los acusados. Urquiza, desbordado de rabia al ser desobedecido, actúa fuera de control. En el folleto titulado “Biografía del Coronel de la Nación Manuel Navarro”, firmado por Varios Entrerrianos y editado en Buenos Aires en 1871, podemos leer: “El año 65 después del desbande del Ejército Entre-Riano en Basualdo, principió a mandar una infinidad de desgraciados de los que habían desertado y allí eran en el acto degollados. Así sucedió a Arismendi, Ramírez y tantos otros” (Varios Entrerriano: Biblioteca Museo Mitre)

Algunos aprovechan para dirimir asuntos personales y el padre Ereño, al enterase que es acusado de incentivar la rebelión, el 12 de febrero de 1866 se dirige a don Justo desafiándolo a que demuestre lo afirmado. López jordán se retira a su campo particular.

Juan Bautista Alberdi mantuvo con Mitre una agria polémica publica en la que entre otras cosas, refiriéndose al propio Mitre, le enrostró la siguiente frase: “Si al menos hubiera yo tomado una escarapela, una espadas, una bandera de otro país, para hacer oposición al Gobierno del mío, como en Monte Caseros lo hizo otro Argentino contra Buenos Aires, con la escarapela Oriental, como oficial Oriental, bajo la bandera oriental y alienado con los soldados de brasil..” y opinando luego además sobre la política del mitrismo agrega:

“Para gobernar a la República Argentina vencida, sometida, enemiga, la alianza del Brasil era una parte esencial de la organización Mitre-Sarmiento; para dar a esa alianza de gobierno interior un pretexto internacional, la guerra al Estado Oriental y al Paraguay, viene a ser una necesidad de política interior; para justificar una guerra al mejor gobierno que haya tenido el Paraguay, era necesario encontrar abominables y monstruosos esos dos gobiernos; y López y Berro han sido víctimas de la lógica del crimen de sus adversarios”. (Juan Bautista Alberdi)

"En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales, Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política abstracta, en la leyenda, en la biografía de los argentinos. Sobre la revolución de Mayo, sobre la guerra de la independencia, sobre sus batallas, sobre sus guerras ellos tienen un Alcorán, que es de ley aceptar, creer, profesar, so pena de excomunión por el crimen de barbarie y caudillaje” (Juan Bautista Alberdi. Escritos póstumos. Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sudamérica. Buenos Aires. 1899)

El propio José Hernández, autor del Martín Fierro, dirá luego: “Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor”


La rebelión de López Jordán

El desprestigio de Urquiza era grande entre muchos federales. Ya nadie creía en sus palabras y sus actitudes eran consideradas por muchos como la muerte del partido federal. Aquí están las causas de la primera rebelión de López Jordán, en quien los federales entrerrianos veían a su jefe natural.

Existen tres proclamas revolucionarias redactados por el ex-secretario de Urquiza, Francisco F. Fernández. En la tercera parte del “Manifiesto a los Pueblos Argentinos y Repúblicas Americanas” puede leerse entre otros párrafos:

“Me ilusioné de que el general Urquiza retrocediera de su culpable política tan poderosa en al balanza de los destinos públicos, tan decisiva, que no le exigimos sino su prescindencia, para nosotros y para el país. Me ilusioné en efecto: desde Pavón no hizo otra cosa que fraternizar con los enemigos de la patria y venderle su porvenir, engañar como a niños ls esperanzas de los pueblos, de sus amigos, de sus viejos veteranos, a quienes le debía cuanto era. ¡Se burlaba hasta de las lágrimas de las víctimas que entregaba al puñal del unitarismo!” (Archivo López Jordán. Texto completo del documento en Fermín Chávez. “El revisionismo y las montoneras” Buenos Aires 1966)

En un nuevo Pavón Urquiza entrega al gobierno de Corrientes al unitarismo porteño. El 1° de noviembre el general Cáseres le escribía a López Jordán desde su estancia de Feliciano: “Los sucesos de Corrientes han tenido, amigo mío, un término fatal para nuestra causa y para nuestros amigos y paisanos míos. Tres mil correntinos han abandonado sus intereses y familias – todo por la injusticia del Gobierno Nacional y las sucias maquinaciones de infames desleales” (Archivo López Jordán) entre los que se encontraba el propio Urquiza. Los correntinos do llamaban “el gran embustero”. También había entregado don Justo la cobranza de la renta provincial en contrato privado (contrato Fragueiro) que provoca mutiples reacciones.

Como si esto fuera poco, desde Uruguay, el ex-redactor de “La Reforma Pacífica) le informa a López Jordán el 1° de diciembre:

"Figúrese como será la cosa cuando Julio Victorica le dijo días pasados a un amigo, hablando de don Justo, como lo nombra siempre: “es o está como una pera de agua ya pasada, deshaciéndose”; “todo el mundo conspira contra el pobre”. Pobre general Urquiza; se le va a cumplir lo que le dije en la mesa, delante de toda su familia, del general Virasoro, de los señores Nuñez, Icart, etc.
“V.E. ha olvidado a sus amigos probados, y se ha entregado a sus enemigos desconocidos, pues va a ser presa de los dos partidos” En el día no conozco un amigo que lo defienda."
(Archivo López Jordán)

Pero don Justo ignoraba estos consejos y advertencias. Ya era muy tarde para zafarse de las redes del liberalismo. Sarmiento visita Entre Ríos en forma oficial; el vapor que lo lleva hasta Concepción del Uruguay lleva en su proa nada menos que el sugestivo nombre de “Pavón”. ¡No es más que otra locura de Sarmiento! – dirá alguien – y mientras muchos federales no lo pueden creer, “el loco” es recibido por una escolta ordenada por Urquiza, vestidos de punzó. Sarmiento confiesa que por primera vez se siente Presidente.


Muerte del “Quiscudo”

El 11 de abril de 1870, una partida de federales compuesta inclusive por peones de don Justo, toman por asalto el Palacio de San José, resultando muerto éste en la refriega, que trata de rechazar empuñando un arma de fuego. La muerte no queda clara. López Jordán siempre negará que la muerte de Urquiza era el objetivo de la rebelión, sino su retiro voluntario del gobierno y de la política y talvez su retiro a país extranjero, sin perjuicio en su persona. Así lo afirman distintos testimonios, entre otros el de Francisco F. Fernández, que dá testimonio verbal a Juan Angel Martínez donde ratifica que el propósito de la Junta Revolucionaria fue capturar a don Justo por sorpresa:

"Después de estos sucesos, - dice el escritor entrerriano – y de los desastres de Peñaloza, Saá y Rodríguez en las Provincias, los hombres de pensamiento y de acción se fueron agrupando en torno a López Jordán, cuya figura se fue destacando como la del caudillo político y militar destinado por los acontecimientos a ponerse al frente de una campaña de reivindicación contra el gobierno personalista del señor Mitre.

Para llevar a cabo este pensamiento era siempre un obstáculo el general Urquiza, cuyo prestigio no había sido anulado, no obstante su falta de resolución para emprender la campaña proyectada por sus correligionarios y amigos.

No era “falta de resolución de don Justo”;era precisamente “su resolución” de cumplir su palabra empeñada con la masonería después de Pavón, cumpliendo al pie de la letra su papel de “Washington sudamericano” asignado por Mitre.

“Entonces se pensó en una solución
– continua el testimonio de Fernández citado por el historiador entrerriano – que consistía en exigirle que abandonase toda actuación y se retirara a Europa con un pretexto cualquiera, declinando así toda responsabilidad por los sucesos que sobreviniesen.

Caso de que Urquiza no accediese a esta exigencia se resolvió apoderarse de él violentamente y luego imponerle su renuncia y embarcarlo para Europa”
(Juan Angel Martínez: Formación política argentina. Buenos Aires. 1924)

Varios testimonios coinciden en tal sentido con lo dicho por Francisco F. Fernández. Lo descripto por Martínez está libre de sospechas por el hecho de haber actuado éste en la época militando en contra le López Jordán. Los apologistas de Urquiza han tratado de tildar a los hombres de la partida como de mala calaña. Sin embargo los testimonios indica lo contrario (Ver Fermín Chávez: Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría.p.185. Buenos Aires 1970) Del mismo modo la historiografía liberal acusa a López Jordán por la muerte de Justo y Waldino Urquiza, cometidas en realidad sin la aprobación ni el conocimiento de éste (Ibidem.p.188)


El gobierno de López Jordán

El 14 de abril, López Jordán asume como gobernador designado por la Legislatura.

La historiografía liberal ha tratado de dejar sentado que López Jordán asume el poder por la fuerza. Sin embargo fue elegido por la Legislatura, ya asi lo reconocen testimonios, entre otros el de don José Sagastume, ministro de Urquiza, quien el mismo día 14 de abril de escribe: “Espero verlo mañana o pasado en ésta pues esta noche me han hecho el honor de llamarme a una reunión particular de la Cámara y he podido apreciar la opinión de la mayoría” (Archivo López Jordán)

También dan testimonios los legisladores: “Puedo asegurar en mi nombre y en el de la mayor parte de mis Colegas, cuyos sentimientos íntimos estoy en aptitud de conocer, que los Diputados de Entre Ríos dimos nuestro voto al General López Jordán inspirados en nuestra propia conciencia, en el verdadero interés del Pueblo. Le dimos el voto porque reconocimos en él el único hombre capaz de dirigir felizmente los destinos del Pueblo. Se lo dimos consecuente con las simpatías que siempre le hemos profesado, y que el Pueblo todo le demostró de un modo muy significativo en el año 1864” (Benito G. Cook)

También lo atestigua la prensa escrita: “Al llegar a la Asamblea dio un abrazo al presidente y pronunció un discurso prometiendo la s más amplias garantías. Un Pueblo inmenso estaba en al Plaza del Uruguay. La Cámara que hizo este nombramiento decretó sin embargo honores fúnebres al Gral. Urquiza” (La Capital. Rosario, edición del 20 de abril de 1870)

Sobre la persona de don Ricardo da testimonio Nicasio Oroño: “Cuando las convulsiones políticas de la República me arrojaron de Santa Fe, y después de 10 años de expatriación, volví a la provincia de Entre Ríos, tuve la ocasión de conocer al señor López Jordán: hallé en él una personalidad simpática, un buen amigo, un hombre de progreso, uno de los jefes más distinguidos del Ejército de aquella provincia, un espíritu despejado que acusada en él un joven consagrado al estudio y al cultivo de sus facultades intelectuales”

En ocasión de asumir el cargo, López Jordán dice entre otras cosas: “Tal es mi programa, señores diputados, y tales los propósitos que y sentimientos que abrigo, resumidos todos en aquella bandera del porvenir de libertad, de progreso y de civilización, a cuya sombra trabajaré por los verdaderos intereses de la Patria. He deplorado que los patriotas que se decidieron a salvar las instituciones, no hubieran hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante misa ojos los hermosos horizontes de las pueblos libres y felices” (Aníbal S. Vázquez. López Jordán. Rosario 1940)

Eran precisamente las palabras que no podía admitir Sarmiento y su teoría “caudillaje antiprogresista”, y la muerte de Urquiza daría a la política porteña la excusa perfecta para someter al último bastión federal, sin importar los métodos; ya habían sometido de ese modo a las provincias del interior y arrasado al Paraguay.

Después de la asunción del nuevo gobernador de Entre Ríos, el pueblo entrerriano en mayoría acepta y apoya nueva situación, sin producirse venganzas ni desorden alguno, tal como lo confirman distintos testimonios, entre otros el del propio Capitán del Puerto de Gualeguay, don Bartolomé L. Cordero, hermano masón de Urquiza, que en carta del 17 de abril al Ministro de Guerra le expresa literalmente: “Apreciado Señor. Las circunstancias porque pasa esta provincia me hacen dirigirme particularmente a V.E. para decirle que todo ha pasado ya sin haber habido el más pequeño desorden en este Departamento, como en todos ellos, pues esta provincia a dado prueba de buen juicio. Todo queda tranquilo habiendo ya todos los departamentos aceptado las situación, prestando obediencia al nuevo Gobierno y ofreciendo su cooperación para garantir el orden y tranquilidad de la provincia”. (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.303)

También se dirige a similares términos al Ministro Gainza, don Francisco Crespo, estanciero y legislador de Gualeguay:

“Querido Martín: ya tienes a la fecha conocimiento de la revolución que estalló en esta provincia encabezada por el general López Jordán y de la que resultó muerto el Cap. Gral. Dn. Justo José de Urquiza. No pertenezco al os que la hicieron ni remotamente la esperaba, pero simpatizo con ella porque espero tendremos un gobierno más liberal y menos despilfarrado que el anterior.
La tranquilidad que reina en toda la provincia. La prontitud y alegría con que fue recibida y cumplida la primera orden del nuevo Gobernador, mandando se disolvieran las fuerzas que mandara reunir el anterior en los departamentos y el empeño que se nota en todos los pueblos de la provincia para tranquilizar los ánimos y mantener el orden público; me hace creer que piensa como yo la mayoría del pueblo entrerriano.
Tal vez se diga a ustedes que en la elección del general López Jordán ha habido cohecho o presión pero esto es falso, y no se tiene que hacer un gran esfuerzo para comprenderlo. Nadie ignora que el que encabezó una revolución sería puesto al frente de los destinos del pueblo donde ésta ha tenido lugar; es lo que sucede en general en todos los países de mundo. Ahora bien: no pudiéndose negar que ha podido salir del Uruguay todo el que ha querido, desde que lo han hecho las personas más allegadas al general Urquiza; claro está que el diputado que no quería votar por López Jordán puedo irse si no tenía bastante valor cívico para negarse y si no lo hizo y votó a favor de él fue porque le gustaba”


Y como adelantándose a los hechos agrega: “Tengo también la persuasión de que se pretenderá hacer creer en ésa que López Jordán e el poder es una amenaza para el Gobierno Nacional, yo no lo creo; antes que todo es argentino y ambiciona (me cosnta9 ara su patria engrandecimiento, libertad, civilización y respeto a la Constitución que él cumplirá en todo aquello que tiene obligación como gobernador de Provincia para con el Gob° Central” (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.304)

Pero las miras de sometimiento de Entre Ríos estaba desde antes de la rebelión, y la provincia había sido infiltrada por agentes liberales del gobierno central. Esto queda en evidencia en muchos testimonios y los agentes liberales comienzan a moverse para aprovechándose de la situación y promoviendo la intervención de la provincia. Entre otros puede citarse la carta dirigida al Ministro de guerra el 15 de abril por parte de Patricio Texo, comerciante y antiguo cónsul brasilero, acusando a los federales correntinos de “federales mazorqueros” con intenciones de insurreccionar las provincias contra le Gobierno Nacional “aprovechándose del mal gobierno administrativo que hacía el General de de estar agarrando gente para remitir al contingente que debía mandar esta provincia”

Estas palabras en cierta forma justifican la revolución contra el “mal gobierno” de Urquiza, no obstante lo cual agrega:

“El general López Jordán no ha pensado otra cosa desde Pavón que hacerse la cabeza del partido federal-mazorquero de acuerdo con los de Corrientes y los blancos del E° Oriental, y hoy lo han conseguido. Por consiguiente es de suma necesidad que el gobierno nacional mire con atención la situación de esta Provincia y preste protección al Partido Liberal que hay aquí, el que hoy está unido con el partido del general Urquiza y así no sólo establecerá un orden de respeto a la autoridad nacional y de progreso que secunde la marcha de paz, dé progreso y dé garantías al actual Presidente de la República. Cuánto ganaría el país en que el gobierno Nacional influyese en que Dn. Apolinario Benítez como entrerriano viniese a dirigir los destinos de esta provincia que la haría prosperar y sería una garantía para el Presidente” (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.301)

Todo argumento es válido a los fines liberales, y para completarlo, le pide al Ministro que envíe un vapor de guerra al puerto de Paraná “para mejor garantías, pues está unido y de acuerdo el partido nacional con los partidarios del Gral. Urquiza y es buena oportunidad para que el Sr. Presidente influya en establecer un Gobierno en esta provincia verdaderamente nacionalista, pues de lo contrario si se sobrepone el partido de López Jordán retrocederemos a la época de Ramírez que es la que ellos están proclamando” . ¡Que ironía el furcio del “liberal” que pide el estableciendo de un gobierno “verdaderamente nacionalista”! ¿Habrá querido decir “verdaderamente centralista”?


“El loco” Sarmiento

Sarmiento (Biografía) Sarmiento envía tropas hasta Gualeguaychú al mando de Emilio Mitre en el vapor Pavón, para mayor escarnio de los entrerrianos. Los jordanistas mantienen la cordura, y la prevención. El día 17 el propio López Jordán envía una nota a Mitre para ratificarle la total normalidad de la provincia, deplorando sin embargo las medidas militares adoptadas pro Sarmiento, y repite que Entre Ríos “no aspira mas que ha obtener los beneficios de la paz en el reinado de la Constitución” (Archivo General de la Nación. Documento 6.304) El mismo día la Legislatura presidida por Fidel Sagastume aprueba lo actuado por López Jordán y a su vez Francisco F. Fernández, en la misma fecha, lo pone al tanto de las novedades a Mariano Querencio:

“La invasión o intervención del Gobierno Nacional fue rechazada enérgicamente por al Cámara en masa y por la población: pero los unitarios no buscan sino un pretexto, como tu sabes. Precauciones, pues, de todo género” (Archivo Museo Histórico Nacional, documento N° 10.284) Es evidente que Fernpandez sabia lo que hablaba; y los hechos le darían lo razón.

En segunda nota dirigida a Emilio Mitre, que se mantiene embarcado frente a la desembocadura del Gualeguaychú, López Jordán le expresa:

“Quisiera el señor Comisionado Nacional persuadirse, y hacerlo asi presente al Exime. Gobierno de la Nación que el Entre Ríos no abriga ni puede abrigar el propósito de comprometer la neutralidad de la República en la lucha que se desenvuelve en el Estado Oriental, ni el de turbar la tranquilidad del país saliendo en su marcha de la esfera que señala la Ley” (Aníbal S. Vázquez. op.cit. Las notas intercambiada pueden verse en La República. Buenos Aires, 22 de abril de 1870)

Pero de nada servirá la mesura jordanista; ni siquiera la renuncia que ofrece López Jordán con tal que se respete al autonomía provincial, según testimonio de Clodomiro Cordero y del doctor Juan A. Mantero. Los liberales y el propio Sarmiento ya tiene la determinación de someter a la provincia por al armas, para llevarlas a su esfera de intereses, como ya lo habían hecho con las demás provincias y el Paraguay. Entre Ríos era el último bastión federal que resistía. López Jordán era empujado a defenderse por las armas ante la intransigencia porteña.

El 19 de abril de 1870, Sarmiento dicta un decreto designando al general Emilio Conesa jefe del Ejercito de Observación qe deberá actuar desde Paraná, y el mismo día Emilio Mitre desembarca 500 plazas traido en dos vapores hasta Gualeguaychú. Apenas toca tierra Emilio Mitre se saca la careta y emite una proclama de donde se deducen claramente las intenciones del gobierno central: “ha determinado el gobierno nacional enviarme a esta provincia como un comisionado, almando de una fuerte división de las tres armas, para apoyar la justicia que debe hacerse en ese atentado inaudito…”

Los verdaderos propósitos quedan definitivamente develados si leemos las instrucciones reservadas de Sarmiento, que el ministro Dalmacio Vélez Sársfield le hace llegar en documento al ministro Martín de Gainza:

“El pensamiento del Presidente es que se apuren todos los medios para impedir que se organice el poder de López Jordán, porque es una reacción sanguinaria que tiene por objeto conmover toda la República y trastornar el orden establecido. V.E. lleva por encargo conocer bien la situación, ver el aspecto que las cosas presentan y acordar el medio de estar en comunicación e inmediata con el ejército.
V.E. cuidará de no tomar resolución de reembarcarse sino después de agotar los medios para conservarse en la posición ocupada y en la expectativa cierta de fuerzas tales que hagan más tarde difícil o peligroso la retirada. Para ello V.E. tendrá presente que desconociendo el Gobierno de López Jordán, la guerra es inevitable y debe empezar, si es posible, por golpes de nuestra parte que inundan respeto al enemigo y no aparezcan nuestras armas esquivando al acción. Por lo tanto: si por razones insuperables hubiese de ordenarse el reembarco, el general procurará un fuerte reconocimiento, dispersando toda fuerza que tenga a la vista para herir la conspiración. Un combate, pues, sería de desear procurarlo”


Este documento muestra descarnado un Sarmiento que nunca pudo dominar, ni moderar siquiera, sus pasiones ni sus palabras, y prefiere una guerra que juzga “inevitable” y “un combate que seria de desear procurarlo”. Sin embargo López Jordán no pierde su natural cordura e insiste en el retiro de las tropas nacionales que por recomendación del presidente el al Legislatura “Me ha encargado igualmente manifestarle a V.E. la necesidad de insistir en el retiro de la fuerzas nacionales del territorio de la Provincia…”

Pero nada perturba los propósitos del partido liberal; ni siquiera un petitorio que cuatrocientos extranjeros de Concepción del Uruguay dirigen a Sarmiento haciéndole ver la tranquilidad que reinaba en la provincia y lo infundado de la intervención armada. Tampoco conmueve la determinación del gobierno central, la comunicación de Bartolomé Cordero que el 20 de abril le ratifica al ministro Gainza el orden reinante en la provincia. (Archivo Museo Histórico Nacional, documento N° 6.306)

El 21 de abril, el diario La Prensa anuncia la llegada a Buenos Aires del buque Saturno, con el general Nicolás Vega y el doctor Antonio Zarco enviados ante Sarmiento, pero “el loco” no los recibe sino a través del ministro Varela, quien por toda respuesta el indica que llevasen a Entre Ríos las proclamas de Sarmiento. Mientras tanto los agentes liberales en la provincia continúan sus maniobras de perturbación y especulación, tratando literalmente de “comprar” a los jefes federales.

López Jordán siente el apoyo popular, y viendo amenazada la autonomía y agredida la provincia, no titubea más:

“Entrerrianos – dice su proclama del 23 de abril - Os acabo de dar libertad y derecho. Nuestros eternos enemigos no los quieren reconocer, trayéndonos la guerra, y aquí me tenéis con la lanza en la mano para defenderlos. Si queréis ser libres venid a acompañarme, donde ya dos mil leales entrerrianos me rodean dispuestos a morir antes que dejares ultrajar. Nuestra guerra no es sino en sostén de la autonomía de Entre Ríos, que desconocen y pisotean invasores acostumbrados a hacer lo mismo con todas las provincias. Y una prueba de ello es que se han respetado las autoridades y las rentas de la Nación, así como los fueros y propiedades nacionales, todo lo cual entraba en los propósitos de mi gobierno.
¡Entrerrianos! Vuestros representantes me han elegido para defender vuestro gobierno, vuestros representantes y la Constitución. ¡La guerra pues! Esto manda el honor y la libertad”
y en un manifiesto del mismo día agrega:

“Entre Ríos protesta su ninguna responsabilidad en al guerra que le trae sin razón ni derecho; y hace responsable ante la Patria a los que la han promovido, para que con la justa condenación de los buenos caiga también sobre ellos la responsabilidad de la sangre que va a derramarse y de los incalculables sacrificios que la lucha va a imponer al país”. Pero “el loco” Sarmiento nunca se sintió responsable por la sangre de gauchos derramada, y “los promotores” de al guerra tal vez se sintieran responsables ante otros, pero no “ante la Patria”.

Una vez más la cordura jordanista propone un arreglo, presentado por los doctores Clodomiro Cordero y Onésimo Leguizamón, bajo las siguientes bases elaboradas por el doctor Mantero:


“Males relativamente pequeños”

El general López Jordán, según nos lo ha comunicado, renunciará al cargo de Gobernador de la Provincia que inviste sobre las siguientes bases:

1_Retiro de las fuerzas nacionales del territorio de toda la Provincia, en los términos que definitivamente se convenga.
2_Ninguna ingerencia del Gobierno Nacional en la elección del nuevo Gobernador Provisorio.
3_Intervención y garantía de una nación amiga de la República Argentina para lae efectividad del convenio a cuyo efecto se invitará al representante extranjero que se acuerde, para presentar su referida garantía.

Pero precisamente lo que buscaba el partido liberal era la “ingerencia del Gobierno Nacional”, y no solo en “la elección del nuevo Gobernador”, sino en todos los aspectos políticos y económicos. Para ello cuenta el gobierno central con dos poderosos argumentos que usará a lo largo de la historia para someter a las provincias del interior: las armas y el dinero corruptor. Prefiere entonces una gerra abierta con una provincia argentina para someterla, más allá de los “males relativamente pequeños” que sucedan, y asi se lo hace saber “el loco” pro nota de Emilio Mitre:

“No puedo concebir cómo personas ´de la ilustración´ de de los señores Leguizamón y Cordero, hayan creído que el Gobierno Nacional aceptaría ´por evitar males relativamente pequeños´, la absurda teoría cuyas funestas consecuencias saltan a los ojos de cualquiera que una provincia cualquiera pueda exigir en ningún caso que se retiren de su territorio las fuerzas de la Nación que en él se hallan establecido”

Más claro imposible: los hombres “de la ilustración” no pueden “concebir” que una provincia pretenda que “se retiren de su territorio las fuerzas de la Nación” que tratan de oprimirla, y juzga a la guerra entre provincias como ´males relativamente pequeños´

“El loco” cuenta con lo recursos y fondos de la Contaduría General de la Nación y los usa para corromper a la provincia, instruyendo a los agentes Héctor Varela y Eduardo Bautista Legarreta para que no ahorren en medios y pesos fuertes, como lo expresa textualmente este último:

“Púseme en camino, vi a todos los jefes de Oeste del río Gualeguay, y conseguí que se declarasen abiertamente por nuestra causa: invadí con manifiestos la provincia, mandé todas las cartas a sus destinos, hice las proclamas de varios jefes, di dinero a los principales, a los oficiales y a todos aquellos más necesitados, y en veinte días un ejército de tres mil hombres se incorporaba al general Conesa en le Paraná.
Navarro me firmó recibos por sumas de dinero que por su recomendación entregué a otro e hizo firmar al comandante Romero, recibiendo el mismo Navarro la principal parte representada de esos recibos, y repartiendo yo a mi entera satisfacción y voluntad el resto”
(Archivo del Museo Histórico Nacional.documento N° 6.311)

No hacen falta muchas más palabras para entender el procedimiento liberal de estos hombres que no ahorraban medios ni dinero para corromper y someter. Legarreta explica como algunos jefes le costaron “hasta 1.500 pesos fuertes”. Algunos costaron más, como Galarza, que según carta de Dámaso Salvatierra a Jordán le dice: “He oído que el general Galarza (traidor) ha hipotecado su establecimiento de campo y su casa y que ha recibido de la casa Benítez, veinte mil pesos para aprontes, ue equivale al precio en que se ha vendido” (Archivo López Jordán)

Muchos Jefes se mantienen leales al movimiento jordanista, como se lo hace conocer a López Jordán el general Cáceres el 25 de abril desde Federación, y entre otros don Francisco Crespo, que tentado por Gainza a reemplazar a Jordán .e responde: “No te equivoques, mi querido amigo; ni yo ni diez yo, ni nadie, puede contrabalancear en esta provincia el prestigio del general López Jordán”.

Al día siguiente Caminos se comunica por carta con López Jordán simulando lealtad, pero éste es advertido por su esposa, Dolores López Jordán, sobre la defección de Navarro, Hereñu y Caminos. Tentado Apolinario Almada entre otros por parte de Galarza, se mantiene leal desde arroyo Gato. Juan F. Mur le escribe desde Uruguay a López Jordán una hermosa carta cuyos párrafos vale la pena recordar:

“Estos imbéciles confunden la épocas. En su atolondramiento por el rudo golpe de Ud. recibido, se imaginan que el presente es igual que el tiempo que se fue. Necios, creen que están con ´el ermitaño de San José´, a quien con palabras melosas y mentida promesas engañaban como a indio Calfucurá, a fin de que le entregasen maniatados a su partido a sus amigos: lo que el muy pícaro ejecutaba al pie de la letra. Pero olvidan estúpidamente que hoy se las tiene con todo un partido federal de la República…
Aquí hay muchos intrigantes, y no será que los hayan llamado a ocupar esta plaza desguarnecida: traen plata, y con la plata se compran traidores; pero con fuego se derrite la palta y arde el papel”.
(Archivo López Jordán) Evidentemente Mur sabía muy bien lo que decía.

Los federales mal armados, no podrán resistir los recursos y armas más modernas con que cuenta el ejército nacional, no obstante lo cual están dispuestos a vender cara su derrota: vencidos puede ser, pero sometidos jamás.


El Chumbiao

El 20 de mayo a la cinco de la madrugada, el conocido gaucho “El Chumbaio” (Jerónimo Romero) y 300 hombres dan un golpe de audacia en Paraná, despertando a los gritos a la infantería nacional dormida, y retirándose sin tomarla. Mas allá de la importancia de la acción, el hecho demostraba a las tropas nacionales que eso no sería un paseo militar.


Combate de Sauce

El mismo día se produce en las puntas del arroyo Sauce el primer encuentro de importancia entre las fuerzas nacionales y las jordanitas. El choque que duró un par de horas, y que según el parte del ejército nacional, arrojó un total de 150 muertos y heridos. Las tropas jordanistas desaparecieron de la escena, desconociendo los nacionales sus movimientos. Para esta época se encontraban operando la provincia, junto al general Emilio Conesa, conocidos jefes del ejército nacional: Mitre, Gelly y Obes, Rivas, Arredondo, De Vedia y Ayala. Junto a Conesa, tomando parte en la acción del Sauce; estuvieron jefes veteranos de muchas batallas, de reconocido prestigio: Joaquín Viejo Bueno, Leopoldo Nelson, Nicolás Levalle, Teofilo Ivanowski, Alvaro Barros y Eduardo Racedo entre otros.

Para fines de mayo Conesa se ubicaba en arroyo Obispo y luego en Espinillo. Para el 2 de junio se encuentra en arroyo las Conchas, departamento de Paraná. Emilio Mitre y Rivas en Gualeguaycito; Gely y Obes en Goya. Las tropas nacionales se mueven tratando de dar una encerrona a las tropas jordanistas y obligarlas a dar un combate franco, pero López Jordán conoce bien el terreno y se mueve rápidamente, de modo tal que los nacionales no pueden saber ni por donde anda. No les sería fácil a las tropas nacionales, con mayores recursos, dar una batalla definitiva contra las movedizas caballerías jordanistas, que conocían como la palma de su mano el terreno que pisaban.

El 29 de julio cae Federación en poder de los jordanistas y el 5 de julio Vidal le escriba a Gelly y Obes: “De López Jordán nada sabemos, nos dicen que está aquí con Gallo, otros en la costa de Gualeguaychú y otros que no ha pasado” (Revista de la Biblioteca Nacional.t.XXII.n° 53.Bs.As.) El caudillo en cambio estaba en el norte de la provincia.


La levita y el chiripá

Mientras se desarrollan las acciones militares los agentes liberales no descansan tratando de ganar adeptos y “pasados” mediante la propaganda y el soborno.

“Fueron triunfos – decía Alberdi – de los recursos contra la escasez y falta de ellos. Ése fue el triunfo de Sarmiento y Cía. sobre Urquiza, sobre López Jordán, sobre el Chaco, etc.; triunfo de Buenos Aires, no de sus instrumentos” (Juan B. Alberdi. Escritos póstumos,t.V. Buenos Aires. 1897)

Fragueiro le escribía Gainza: “Por primera vez van a ponerse frente a frente, la levita que representa la civilización y el chiripá de la barbarie; a eso podría decir Ud. replicar que la inteligencia e ilustración se sobreponen a aquellos, pero recuerdo aquello de que “Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos”…y no estamos en ese caso, porque los gauchos en esta Provincia so dos terceras parte; y de aquí parte muy justamente el temor que tenemos muchos amigos al afrontar la cuestión…"

La carta demuestra así que “los ilustrados”, la “civilización de la levita”, se consideraban así mismo “los buenos”, no obstante lo cual se recocían en minoría y sentían miedo pese a la abundancia de recursos.


El genio invisible

Bartolome Mitre El 20 de junio de 1870, por sugerencia de liberales entrerrianos, Sarmiento nombre gobernador a don Apolinario Benítez. Tres semanas después López Jordán envía una nota al Senado de la nación con una propuesta de Paz, pero “batiendo sus alas el genio invisible” de Bartolomé Mitre, que considera a López Jordán un reo quien se le niega hasta el derecho a ser escuchado. En esos días el jefe política de Concepción del Uruguay, coronel urquicista Carlos Sourigues, le expresa a Emilio Mitre: “Señor, esta población es toda ella afecta a López Jordán, contados son los que piensan como nosotros”


La toma de Concepción del Uruguay.

López Jordán se desliza hábilmente entre las tropas nacionales, que no pueden dar con él, y el 10 de junio de 1870 se presenta de improviso frente a Concepción del Uruguay con su vanguardia de 400 hombres de caballería, al mando de los mayores Robustiano Vera y Nicomedes Coronel. La guardia de la ciudad estaba a cargo de Claro Ortiz y en la plaza están detenidos los jordanistas Benicio González y José Vicente Díaz.

Los defensores son 300 soldados de línea bien armados y los atacantes son unos 1.000 hombres. Durante más de una hora se lucha en Concepción y en un momento, frente al colegio fundado por Urquiza, el fuego es tan intenso como lo fuera en 1852 contra el unitario Madariaga. Concepción no resiste y Ortiz es tomado prisionero por las fuerzas revolucionarias, haciéndose cargo entonces de la defensa el coronel Sourigues, quien dirige la defensa desde la torre del colegio, hasta ser abatido por una bala que le atraviesa el corazón. La verdad histórica es que no se produce ni la más mínima venganza, y los jefes vencidos son devueltos sin condiciones a Buenos Aires. El parte de la victoria jordanista no nos deja dudas:

“Las vidas de los jefes enemigos han sido respetadas, amparadas y protegidas pro las tropas vencedoras.
A excepción del coronel Sourigues, no ha perecido ningún jefe en la contienda, salvándose los presos políticos doctor José V. Díaz y coronel Benicio González.
Desde ayer, la población nacional se ha presentado en masa se ha presentado al general Jordán, figurando entre los presentados el brigadier Amada, quien tomó parte en el ataque”.



Los Rémigton

El 11 de junio el ministro de Guerra Gainza recibe desde Montevideo una nota de Carlos Kirschbaum, agente de la casa Remigton de los Estados Unidos, ofreciendo al gobierno argentino la “novedad” de los fusiles y le solicita una demostración ante oficiales del ejército. (Archivo del Museo Histórica Nacional, documento n° 6.351)

El 12 de junio de 1870, 4.000 jordanistas al mando de Almada y Juan Luis González se apodera de Gualeguaychú, expulsando a su guarnición que al mando de Reinaldo Villar abandona el pueblo.

La guerra no se presenta fácil ni favorable par los liberales, y los 16.000 hombres enviados por Sarmiento no son suficientes para dominar la valerosa y movediza caballería jordanista que por entonces dominaba las mayorías de los pueblos: Villaguay, Federación, Diamante, Victoria, Nogoyá y Gualeguay, esta última tomada el 18 de junio por 800 hombres al mando de Carmelo Campos.


Combate de Santa Rosa

Los 16.000 hombres con que cuenta el ejercito nacional no son suficientes para doblegar a al provincia de Entre Ríos. Las fuerzas jordanistas no pueden ser ubicadas por cuanto se mueven hábilmente en un terreno que conocen palmo a palmo y el propio López Jordán fecha sus comunicaciones desde el “Cuartel General en Marcha".

En una carta el teniente Fotheringham, el entonces coronel Roca le decía: “Si López Jordán no se quiebra el pescuezo en alguna rodada, no veo muy bien cuando ni cómo se concluirá esta campaña”, a lo que el joven oficial comenta: “No se si sería elogio a rapidez de movimiento del rebelde, o pequeña burla a nuestra lerdura” (Ignacio Fotheringham. La vida de un soldado)

Por otro lado la aumenta deserción de la caballería de los nacionales mientras se incorporan al ejército jordanista. El 30 de julio una comunicación del coronel Vidal a Gelly y Obes da cuenta de esta situación: “Ud, sabe, General que la fuerza desertora de Corrientes que es ya numerosa se presentará si López Jordán invade, que allí mismo hay un partido que es de él, que la actualidad política de la Provincia es mala, que están para romper los partidos disidentes y que si no tomamos las todas las precauciones posibles en esa Provincia pagaremos bien caro nuestra imprevisión”.

En los meses de julio, agosto y septiembre de 1870 los jordanistas tiene preponderancia en la provincia, incluida la prensa como “El independiente” de Concepción, , “La Nueva Era” de Gualeguay, “el Obrero Nacional” de Nogoyá, y “El avisador” de Gualeguaychú. Este último en su edición del 27 de agosto nos da una clara muestra de la modalidad de actuar de “la civilización”: “Por cartas venida del Paraná de fecha 9, nos avisan que el coronel Ayala, Jefe de dicha plaza, ha jurado poner en el primer cantón a la esposa e hijos del general López Jordán, para, en caso de ataque, sean las primeras víctimas”. (Ejemplar en poder de Aníbal S. Vázquez. Paraná)

Sarmietno Pero Sarmiento no se anda con chiquitaje, y el 16 de agosto envía al congreso un pedido de autorización para formar otro ejército de 5.000 hombres. La cámara de diputados aumenta la apuesta autorizando a crear un ejército de 20.000 hombres para agregarlo al que ya se encuentra en la provincia. El Senado rechaza el pedido por falta de fondos, pero “el loco”, lejos de amilanarse, recurre a las tropas acantonadas en la frontera con los indios.

Mientras tanto López Jordán, insurrecciona Goya incorporando 800 hombres a sus filas y el 16 de septiembre con 2.000 hombres ataca y pone en completa fuga en Quebracho a las tropas nacionales. Planea insurreccionar la provincia de Santa Fe en combinación con Silvestre Hernández y Juan Pablo “mascarilla” López, cuyo movimiento se ve frustrado por la detención de ambos.

Para los primeros días de octubre de 1870 el ejército nacional de Ignacio Rivas se encontraba en las puntas del arroyo Yeruá. Gelly y Obes opera en el Departamento de Nogoyá, y para el 11 de octubre estaba en el arroyo Clé, mientras Riva llegaba hasta el arroyo Santa Rosa, afluente del Gualeguaychú, tratando de dar alcance a López Jordán.

El día 12, al cruzar el arroyo Santa Rosa, Rivas recibe aviso de parte del coronel Vidal que decía tener a su frente tres columnas jordanistas y que otras tres venían en dirección del flanco izquierdo del ejército nacional, estaba formado por una brigada de infantería al mando del coronel Ivanvosky, la segunda brigada con cuatro piezas de artillería ”prusiana” y una de montaña a las ordenes de Bernal, y regimiento formado al mando entre otros de Gamarra, Irinaco Ramírez y Luis María Campos, con cuatro piezas de artillería al mando de Bustamante, más las fuerzas de reserva.

Alrededor de la 8 de la mañana suena el primer disparo de cañón. Las fuerzas jordanistas, con unos 3.000 hombres de caballería atacaron por la izquierda, sin poder ser contenidos por la artillería. Según el parte de Rivas las cargas de caballería se suceden “con ímpetu salvaje y con su habitual gritería”. Los “civilizados” llamaban “ímpetu salvaje” a la valentía jordanista, pero Rivas luego rectifica su apreciación: “Quiero hacer un acto de justicia - dice Rivas- , al valor del enemigo digno de mejor causa, muy principalmente a la caballería, que ha dado algunas cargas hasta con desesperación”

Los nacionales dan por ganada la batalla, adjudicándose cuatro veces menos pérdidas que el enemigo. El parte del coronel jordanista Pedro Seguí da sin embargo la siguiente versión:

Defendemos la Soberanía de la Provincia
Campamento en marcha, octubre 13 de 1870
Señor Sargento Mayor Don Antonio R. Descalzo

Ayer 12 lo batimos al ejército que comandaba Rivas. El combate principió a la 7 y media de la mañana. Nuestras caballerías triunfaron completamente como se esperaba, quedando reducida la del enemigo a un pequeño número, pues a la primera carga se le desbandaron 400 o 500 hombres y lo que es más, de a pié.
Ya Ud. sabe que con los cañones se pone siempre al abrigo de una derrota completa; así fue ayer. Los tuvimos encerrados por espacio de 4 1/2 ó 5 horas que duró el combate y no siendo posible competir con sus cañones, emprendimos nuestra retirada, y hoy volvemos sobre ellos a hostilizarlos para facilitar el desbande.
Las pérdidas de nosotros son insignificantes, pues no pasaron de 20 muertos y heridos. El enemigo no puede vanagloriarse de estos porque sus pérdidas son considerables. Entre desbandados y prisioneros y muertos alcanzará de 700 a 800 hombres. Todas sus caballadas están en nuestro poder y las que no lo están se han disparado y por consiguiente están a pie, como le digo, y en estado de no poderse mover por muchos días de allí. Pedro P. Seguí.


Francisco Horacio Francou, en su libro “El ama de mis pagos” (Vol.I. Buenos Aires. 1966) nos brinda algunos detalles muy interesante, sobre todo en la manera de proceder de “civilizados y bárbaros”: “La batalla mas famosa de las libradas fue la de Santa Rosa, a unos 4.000 metros del arroyo del mismo nombre y en el campo Irungaray, frente a lo de Pascual Irungaray. Esos campos eran de Aurelio Jorge y allí había un enorme “corral de palo a pique” de ñandubay, para encerrar la hacienda “baguala” que abundaba por esos tiempos sin alambrados. Los colorados (así se llamaban dos del gobierno), acamparon cerca del corral y los blancos (así se llamaban los de López Jordán) lo hicieron en el campo de Santa Medarda. La noche anterior a la batalla, el jefe del Estado Mayor, coronel Gallo (abuelo materno de Rogelio Carricarte) tenía reunidas cinco mil yeguas para lanzarlas a toda carrera, con cueros secos atados en las colas, contra los cuadros de los colorados. López Jordán no aceptó el plan, porque dijo que era contrario a la leyes”

A los jordanistas probablemente los llevó a la derrota precisamente el honorable hecho de respetar las leyes que otros no respetaban.

El 7 de octubre, pocos días después de Santa Rosa, López Jordán recibe una significativa carta del autor del Martín Fierro, José “Matraca” Hernández:

"En la lucha que Ud. se halla comprometido no hay sino una sola salida, un solo término, una disyuntiva: o la derrota o un cambio general de situación en la República. Cualquier opinión contraria a ésta, será un error político grave, que lo detendrá a usted en su marcha, para perderlo al fin.
Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido, debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor. Opino pues que para no empequeñecer su movimiento, debe usted tamar esa reacción como punto de mira política. Hacen diez años que Ud. es la esperanza de los pueblos, y hoy, postrados, abatidos, engrillados, miran en Ud un salvador”
(Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná. 1953)


La lucha continúa

Para el 31 de octubre las tropas de Gelly y Obes se encuentra en Nogoyá, “en el centro del campo” – de informa a Rivas – pero no pueden encontrar por ningún lado a las tropas jordanistas que se mueven hábilmente por el terreno: “La noticias que aquí se dan del Enemigo – le informa Rivas desde Alcaráz – son que hace tres días pasó su retaguardia pero no se conoce aún su dirección: algunos nos han dicho que van al Paraná y otros que el 13 van a librar batalla con usted” (Revista de la Biblioteca Nacional)

El 12 de noviembre López Jordán ataca a Gelly y Obes, quién ve doblada su artillería, siendo salvado por la llegada de Rivas, pero días después los jordanistas entran en Gualeguaychú tras 18 horas de combate.

López Jordán hace gestiones de paz en Buenos Aires por intermedio de varios representantes, entre ellos Oroño y Evaristo Carriego, y el 11 de noviembre "La Prensa" publica una carta conciliadora del caudillo entrerriano. A nada se llega con estas gestiones.

Los jordanistas planean dar un golpe en colaboración con elementos correntinos y santafesinos donde debe estallar un movimiento contra el gobernador. Una columna al mando de López Jordán marcharía hacia Corrientes.

El 7 de diciembre de 1870 el diario "La Prensa", bajo el título “Expedición rebelde”, anuncia esta gentil noticia: “De Entre Ríos se avisa que López Jordán prepara una expedición sobre Corrientes. Constaría de mil quinientos hombres que irán bajo la orden del ex gobernador de aquella provincia, el célebre D. Evaristo López. Llevará a su lado al ex Redactor del “Río de la Plata” en esta capital D. José Hernández. Tome nota el Gobierno y dicte las medidas del caso” (Se refiere al autor del Martín Fierro, que se había incorporado al ejército jordanista.)


Combate de Ñaembé

El 26 de enero de 1871, el gobernador correntino es reforzado por el 7° de línea al mando de Julio A. Roca y un batallón de artillería al mando de Domingo Viejobueno, aguardando en Ñaembé con 3.000 hombres a las tropas jordanistas que habían cruzado al frontera correntina, con 6.000 de caballería, entre las que iba José Hernández.

Inicia el combate la caballería jordanista al mando del coronel Segui, quedando Jodán a cuatro kilómetros de distancia. La caballeria jordanista parecia arrollar a los liberales pero la tropa correntina logra ponerla en desbande, provocando el desgraciado hecho de envolver a la propia caballería de López jordán que de este modo se ve impedido de maniobrar. El combate dura varias horas hasta que las tropas jordanistas en derrota se desbandan, en una batalla “...en que jugó papel importante el azar...” (general Francisco M. Vélez. Ante la posteridad. Personalidad marcial del tenerte General Julio A. Roca. Buenos Aires 1938)

López Jordán, imprevistamente derrotado por un ejérito de lías mejor armado, que talvez no esperaba en esa posición, enfila su caballo para Entre Ríos, donde todavía batallan las tropas jordanistas de Carmelo Campos.

El diario la Capital de Rosario del 2 de febrero de 1871 nos da la versión periodística de este galope del caudillo entrerriano:

“A distancia de una legua del campo de batalla unos soldados de al guardia de Esquina le bolearon el caballo al general Jordán, pero como no mosqueara el caballeo no se logró el golpe de bolas.
A distancia de cuatro leguas Jordán bajó en la estancia de una familia de Corrientes; pidió un vaso de agua y dirigiéndose a los que los acompañaban dijo: “Lo que siento es ue un puñado de muchachos sean los que me han derrotado”. Concluidas estas palabras que pronunció con viva emoción, sus ojos se arrasaron de lágrimas, sacó un pañuelo y las enjuagó”


Talvez en esa ocasión, don Ricardo recordara las palabras que escribiera Juan Manuel después de Caseros: “si más no hemos hecho...es que más no hemos podido”


El primer exilio de López Jordán

Derrotado en Ñaembé, el caudillo cumple otra hazaña: en una noche se viene desde Yuquerí y ocupa Colón, tomando prisionero a al comandante de la plaza. Luego marcha hacia Federación y el 6 de marzo a la madrugada cruza el Río Uruguay a la altura de Rincón de Santa Eloisa, acompañado por Pedro Seguí, Robustiano Vera, Mariano Querencio y otros. Cientos de federales obligados a abandonar sus familias se exilian en la costa oriental, entre ellos José Hernández, y soportar las penurias del exilio de los derrotados. Otras sufrirán cárceles y grillos en la banda occidental.

Sarmiento impone un gobierno para Entre Ríos. Sigue sin embargo la efervescencia federal en al provincia que no acepta la imposición centralista. El 13 de marzo la legislatura nombra a Emilio Duportal, que no cambia las cosas, y el 26 de agosto renuncia al cargo. También lo hace su ministro Félix A. Benítez, con una nota muy expresiva:

"Las aves carniceras de siempre vuelven a clavar sus garras insaciables en esta desgraciada víctima.
Los Victorica y Urquiza deciden hoy los destinos de la Provincia ligados a elementos homogéneos que todos conocemos.
Estos hombres han traído envuelta a la República Argentina en una guerra fraticida de muchos años, como no buscan sino oro y predominio, no se desviarán de anegarnos nuevamente en sangre, si así les conviene.


"Una prueba viva de lo expuesto es la elección de Dn. J.R.Baltoré, último ministro del tirano Urquiza, autor del contrato Fragueiro y cómplice de todas las rapiñas y explotaciones vergonzosas que la Provincia ha sido víctima por más de 30 años de despotismo, practicada por elementos oficiales; es decir, pro la Guardia de Seguridad de este Departamento, por las Guardias Nacionales capitaneadas por sus jefes y dirigidas por un club político que se compone de todos los elementos susodichos".
A Duportal lo sucede el liberal Leónidas Echagüe pero las cosas no mejoran en la provincia. Por el descontento generalizado en la provincias, tanto de liberales como jordanistas, se habla de una nueva invasión de los emigrados. El gobierno entrerriano pide al gobierno central que interceda para que se traslade a Río de Janeiro a López Jordán, que por entonces se encontraba en Santa Ana do Livramento, mientras pide al senador Oroño que interceda ante el caudillo entrerriano, quien le contesta por carta:

“Esos rumores y esas alarmas no nacen, pues, de los propósitos de invasión. Ellos tienen su origen en los desiertos del gobernador Echague y el las provocaciones que se hacen a mis amigos políticos, persiguiéndolos en su persona e intereses. Si usted no fuese senador al Congreso, y si no residiese en la provincia de Buenos Aires, donde se disfruta de todas las garantías que la Constitución acuerda, es seguro que si no encontraba justificada una invasión a esa provincia, encontraría por lo menos fundada y legítima la resistencia de parte de los que somos objeto de las hostilidades de ese gobernante.” (Nicasio Oroño. Escritos y Discursos. Buenos Aires. 1920)

El 28 de febrero de 1872, en carta fechada en Río Grande, López Jordán le escribe a Juan Bautista Alberdi, donde le expresa su satisfacción de verlo “separado del círculo de los hombres centralistas que dominan el país” y le solicita su colaboración: “me hace abrigar la mayor esperanzas - le dice – de llegado el caso necesario, no se negará Ud. a ayudarnos con su valioso contingente, a fin de establecer el orden en nuestro país y hacer efectiva nuestra carta Constitucional". (Archivo del Dr. Carlos María Querencio. Buenos Aires)

Las negociaciones fracasan, entre otras cosas, ante la negativa liberal a aceptar como ministro a José Hernández, propuesto por el jordanismo. El descontento en la provincia se ve reflejada carta enviada el 22 de marzo a Martín Gainza por parte del coronel Miguel Guarumba, que siendo unos de los jefes decididamente partidarios del gobierno nacional, no nos deja dudas:

Mi querido coronel:

Grave y triste situación por la cual atraviesa la provincia de Entre Ríos en estos momentos. La marcha del Gobierno reprobada por el pueblo y la insistencia de aquel en sostener a un ministro, hace que tanto los órganos que responden al Partido Liberal, como aquellos en que está encarnado el elemento de López Jordán, formen en la misma cruzada, y pidan unidos, aunque con distintos fines, la disolución de su ministerio"
. (Archivo Museo Histórico Nacional, documento 7.793)

Por su parte el diputado provincial proliberal, Belisario López, nos describe con detalle la situación provincial, en carta que remitía al ministro Gainza desde Concordia el 13 de setiembre:

“Querencio, Carlos, aún no regresó de su viaje a Santa Ana, a donde fue, como lo comuniqué a V.E. en mi anterior, acompañado de su hermano y de algunos otros oficiales de Jordán.
Yo me pierdo en conjeturas.
Entre tanto, Sr. Ministro, me persuado cada momento que el Gobierno Nacional pierde completamente su influencia en al provincia el desgobierno general se extiende a todos los ramos de la Administración y las violencias que se practican en todos los Departamentos, sangrientas muchas de ellas traen el desencanto al espíritu y la desesperación se manifiesta con una energía asombrosa por le emigración que hay a cada momento.
Fray Bentos, Paysandú, Salto, Guaviyú, Constitución y Santa Rosa en el Estado Oriental, Santa Fe , Rosario y otros puntos en el río Paraná, son una prueba de ello, todas esas poblaciones están asilando a los que huyen de las persecuciones del Gobierno; mientras tanto, la Provincia militarizada sin que nadie se de cuenta del por qué, los hombres arrancados a su labor diaria al extremo de que ya no han quedado peones en los establecimientos de campo que no estén en los campamentos, dan una triste y lamentable idea de esta situación y lo más curioso de todo es que cuando algunos se preguntan qué es lo que hay, los encargados del Gobierno dejan caer como al descuido y en silencio al oído de nuestros paisanos, esta frase:”todo esto es por orden del Gobierno Nacional” y el respeto tenido al gobierno nacional por las conducta que observan todos sus representantes y más notablemente V.E. durante al guerra, desaparecen en vista de tanto desmán, cuando ni se oye su voz para alentar a los que sufren.
Estoy hablando con un joven inglés, amigo mío, que tiene un importante establecimiento de campo, aquí cerca, y me dice hace un momento, que es tanta la desesperación de ls moradores que él opina que cualquiera que inicie un movimiento será seguido”

(Archivo Museo Histórico Nacional, documento 7.794)

El gobierno provincial mete presos a opositores, mientras se continúan los hechos de violencia y persecución. El 1° de diciembre en la plaza principal de Paraná, gente del gobierno ataca a opositores del Club del Pueblo, lo que provoca la protesta de casi todo el vecindario, incluidos 200 extranjeros residentes, y el 5 de diciembre una partida de 40 hombres da muerte al opositor coronel Wenseslao Taborda en Rosario del Tala.

...
y después dicen que es malo,
el gaucho si los pelea.

(Martín Fierro)


La invasión Jordanista

Los liberales siguen con las intrigas y persecuciones en la provincia de Entre Ríos, y la cosa no da para más. El 1° de mayo de 1873, López Jordán y hombres como Mariano Qurencio, Eustaquio Leiva, Carmelo Campos y otros, cruzan el Uruguay a al altura d Alto Uruguay y Barra del Palmar. Más tarde se les uniría el oriental Francisco Caraballo. El 3 de de mayo toman victoria y varios pueblos caen en poder de los jordanistas, entre ellos Gualeguay, Rosario del Tala, Nogoyá, La Paz Y Victoria, mientras quedan en poder del ejército nacional Paraná, Concepción del Uruguay y Concordia.

Se incorporan hombres de renombre al ejército entrerriano y para el 22 de mayo López Jordán se encuentra en Costa de Bargas y más tarde en Arroyo Don Cristóbal, en el centro de la provincia, trata de organizar su ejército de 9.000 hombres y conseguir armas para enfrentar al ejército nacional que se prepara para batirlo.

La prensa de Buenos Aires anuncia otra locura de Sarmiento: el 28 de mayo da entrada a la cámara un proyecto poniendo precio de 100.000 pesos a la cabeza de López Jordán, de 10.000 pesos para Mariano Querencio, y de 1.000 pesos cada uno para quienes “entreguen a autores de excesos cometidos en la revolución”...así nomás,... “al boleo”.
El Congreso no quiere ser cómplice de la locura de Sarmiento y rechaza el proyecto.
Mientras tanto el gobierno provincial toma represalias contra simpatizantes jordanistas, despidiendo empleados públicos, incluida una Ley de expropiación de bienes a los integrantes del ejército jordanista. Esta ley sería recordada ochos años después por el diputado antijordanista Juan Ángel Martínez que pidió la derogación de la misma, expresando “Yo conozco leyes hechas expresamente para despojar de sus hogares a los argentinos que se permitían pensar en distinto modo que los hombres que gobernaban”

Siguen llegando tropas y jefes nacionales a Entre Ríos, mientras López Jordán no puede conseguir armamento, tal como consta en la correspondencia del caudillo que expresa “...el Ejército Entrerriano se compone de toda la Provincia en masa con una decisión admirable, que la infantería toma creses y que por falta de fusiles no remonta tanto como yo lo deseo, pues sin embargo de tener mucho armamento comprado, aún o ha podido llegar...” (carta a Carlos María Querencio. Archivo Dr. C.M.Querencio)

Juan B.Alberdi (biografía) Mientras tanto Juan Bautista Alberdi, desde Francia le dice a su amigo Gregorio Benitez en carta fechada el 19 de junio de 1873. “Ya no cabe misterio sobre el carácter y alcance de la revolución de Entre Ríos. Le mando la proclama de López Jordán, del 1° de mayo, repartida a todos los periódicos de buenos Aires y Montevideo. Por ajenos que a los partidos en que está dividido del de Buenos Aire sean al origen de ese movimiento, son simpáticos al él los partidarios de Alsina, de lo cual resulta que una parte del gobierno argentino aprueba la revolución, y otra la condena” y en nueva carta fechada el 6 de julio agrega: “Los papeles de Buenos Aires anuncian la salida del ministro Gainza para Entre Ríos, a tomar el mando de las fuerzas del gobierno. Es un palo visible a Mitre, y maniobra del todo electoral. No hay una sola persona, grande o chica, que no considere la cosa de Entre Ríos como la crisis mas grave que haya surgido en el plata desde la caída de Rosas”


Combate de Yuquerí

Un decreto provincial deja sin efecto todos los actos administrativos dictados por Sarmiento y el 28 de junio los jordanistas al mando de Carmelo Campos vencen completamente en Yuquerí a los nacionales, que dejan en el campo 80 muertos, 22 prisioneros, armamento, una bandera y varios estandartes.

Los nacionales, con mayores medios y armas, embarcan en dos vapores el regimiento 5° y 7° de Línea al mando de Nicolás Levalle y recuperan La Paz, impidiendo la llegada de armas al ejército jordanista y frustrando además un levantamiento en Santa Fe que se produciría por esos días.

El 29 de agosto López Jordán le escribe a Carlos María Querencio desde Arroyo Pueblito, Nogoyá, que no le ha llegado el armamento: “Ni Collin ni Olave, ni ningunota venido, y su carta me da la primera noticia de haberse ellos movido para acá. ¡Sabe Dios lo que suceda realmente! Esta contrariedad me hace perder un tiempo precioso, y calcule como estaré yo cuando veo que con mil fusiles ya hubiera dado cuenta de esa canalla. ¡Tener doce mil hombres, y no poder ir a buscarlos!” (Archivo del Dr. C.M.Querencio)


Se rompe el sito de Paraná

El día 30, tropas nacionales sorprenden en maniobras a Eustaquio Leiva, que se desbanda, levantando el sitio de Paraná. El 3 de setiembre el ejército nacional ocupa Diamante, quedando en manos jordanistas Nogoyá, Gualeguay, Victoria y Gualeguaychú. Jordán fija su campamento en el Sauce, entre Rosario del Tala y Nogoyá. No contando con armamento suficiente elude la batalla y se desplaza hacia el Este y luego al Norte de la provincia, mientras Gainza ocupa Nogoyá, controlando Diamante, Victoria, Gualeguay y Gualeguaychú.


La hazaña de La Paz

El 31 de octubre de 1873 los jordanistas al mando del intrépido Benicio González protagonizan una verdadera hazaña, retomando la plaza de La Paz y poniendo en vergonzosa fuga al teniente coronel Méndez. El Jefe Político del Departamento, Anselmo G.Campero, le informa en parte al ministro Gainza:

“...los hechos que en el día 31 de octubre último, cubriéndonos de vergüenza, motivaran el abandono que del pueblo de La Paz hicieron nuestras fuerzas legales, operado por los rebeldes que no encontrando resistencia, tuvieron la facilidad de fusilarnos a mansalva desde la barranca del río cuando pesarosamente habíamos llegado a la orilla del agua, obedeciendo al jefe militar de la Plaza, que después de haber arrebatado la Falúa dejando en tierra a los Gardia-Marinos ordenó retirada en términos de la más acabada derrota, sobre la costas del río, mientras él y el Juez de Paz, señor Vidal, con dos embarcaciones que negaron socorro a muchos afligidos, se alejaron hasta la orilla opuesta a observar cómo fusilaban a nuestras fuerzas y cómo el benemérito comandante del vapor Rosetti protegía a metralla el salvamento de los que, heridos o ilesos, escapaban de la carnicería del enemigo.” (Leyes, Decretos y Acuerdos de al Provincia de Entre Ríos, tomo XIII. Concepción del Uruguay. 1876)

De los quinientos hombres de al guarnición de La Paz, llegaron a Paraná 180. Ricardo Méndez pide consejo de guerra para que se lo juzgase, a raíz del cual se le da la baja del ejército.


El “nuevo sistema”

Ayala y Viejobueno siguen concentrando armas y caballadas en Nogoyá pero no pueden dar con el caudillo entrerriano que se mueve hábilmente con sus tropas. Por esos días, recordará años después Fotheringham: “El enemigo bien montado, como a entrerrianos corresponde, formaba un ejército revoloteador: estaba aquí, allí, en todas partes, y buscándolo no se hallaba en ninguna” (Ignacio H. Fotheringham. La vida de un soldado o reminiscencias de la frontera. Buenos Aires 1908) Pero el ejército contaba con un arma que pesaría fuerte sobre las caballerías y las tropas jordanistas mal armadas, muchas veces faltos de fusiles y con lanzas y sables: “En el Paraná nos dieron fusiles Remington – dice Fotheringham – que por primera vez iban a ser ensayados en una guerra de hermanos. Con semejante arma el éxito estaba asegurado”

Para ver el contraste en el modo de actuar entre los “civilizados” de “levita” y las tropas jordanistas que supuestamente representaban “la barbarie” de los de “chiripa”, baste recordar que López Jordán no aprobó el procedimiento propuesto por el coronel Gallo en el combate de Santa Rosa, por no ajustarse a “las leyes de la guerra”, y también se negó a usar las balas explosivas que le regalaron los oficiales franceses Collins y De Fries, incorporados al ejército jordanista en junio de 1873; en efecto, dichas balas fueron probadas en una cabeza de vaca por el coronel Agustín Martínez, y al ver López Jordán los efectos destructivos de las mismas, se limitó a expresar:

“Yo nunca haría uso de semejantes proyectiles, porque lo que debe buscarse en la guerra es inutilizar al enemigo, no destruirlo” (La política. Buenos Aires, 20 de noviembre de 1874)

Como hemos visto y como veremos luego, los “civilizados” no compartían las opiniones, los pruritos ni los procedimientos de los federales.

En la segunda quincena de noviembre, Sarmiento se traslada a Paraná, llevando algunas ametralladoras de media tonelada. Gainza decide dar inmediata movilización contra López Jordán y marcha hacia Gualeguay, pero Ayala le avisa que la vanguardia jordanista se encuentra el La Paz. El 21 de noviembre, desde Nogoyá, Ayala le da aviso a Gainza mediante telegrama: “Ametralladoras salieron hoy temprano con una escolta de cuarenta hombres de infantería y caballería. Lo saluda y deseándolo felicidad. Juan Ayala”

Los primeros días de noviembre el ejército liberal acampa en María Grande y el 8 avistan la vanguardia jordanista compuesta por 2.000 hombres al mando Carmelo Campos, que derrotan en El Talita: estaban probando “los Rémington”. Días despues se llevaría a cabo la “carnicería” de Don Gonzalo.

López Jordán mantiene divididas sus tropas, con 3.000 hombres de caballería ligera que al mando del general Caraballo hostilizan a Vedia y otra división al mando de Carmelo Campos que hace lo propio con Gainza en Nogoyá, mientras el propio López Jordán con el grueso de ejército se mueve hacia Corrientes con al estrategia de atraer a Vedia para provocar la deserción de la tropa correntina al verse cerca de sus pagos, de donde había sido arrancada.


Batalla de Don Gonzalo

El 8 de diciembre de 1873 recibe López Jordán un parte que le anuncia la derrota de Carmelo Campos en el Talita, y decide vadear el arroyo Don Gonzalo, que según testimonio de Fotheringham en esa época estaba desbordado.

“En el acto de tener conocimiento del desastre sufrido por el general Campos – relata López Jordán – traté de efectuar el pasaje del arroyo Don Gonzalo, y lo emprendí luchando dificultades incalculables, empleando en él lo que faltaba de la tarde y toda la noche” (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná, 1953)

El día 9 de diciembre de 1873 se entabla la batalla de Don Gonzalo. Los “nacionales” lanzan el primer ataque a las cuatro y media de la tarde, resistido durante dos horas y media, que obligan a Gainza a replegarse sobre sus batallones de infantería. Pero no alcanzarían las lanzas, las bayonetas y el coraje entrerriano para resistir la artillería “prusiana” y los fusiles del “nuevo sistema”: “Cuatro pequeños batallones - relata López Jordán – estaban sufriendo el fuego nutrido y mortífero de cuatro grandes batallones de línea enemigos, armados de rico armamento de ´nuevo sistema´ y arrojándonos millares de balas explosivas” (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná, 1953) Eran las mismas “balas explosivas” que el caudillo entrerriano se negaba a usar para “no destruir” al enemigo.

Y hablando de “no destruir” al enemigo, veremos ahora que pensaban al respecto los “civilizados de Levita”: El Teniente Saturnino E. García, que peleó en Don Gonzalo, afirma que el coronel Juan Ayala ordenó después de la batalla “fusilamientos sobre el tambor” y numerosas muertes a lanzazos, de tal modo que las bajas jordanistas aumentaron considerablemente después de la batalla. (Avelino J. Benítez. Perfiles de una vida. Buenos Aires. 1948)

¡Linda manera de actuar de los señores liberales!...El entrerriano Domingo Tarragona, le hace cargo a Ayala en carta abierta a Sarmiento fechada en el distrito Alarcón de Gualeguaychú, el 10 de diciembre de 1878:

“Los sucesos de San Juan concluyeron con Cepeda y Pavón, sin otro recuerdo que aquel célebre parte del general Sáa dando cuenta de las numerosas víctimas que había hecho “a lanza seca” mientras que los de 1870 y 73 dejaron cubierto el suelo entrerriano de sangre humana, cuyo olor mortífero aún tiene oprimido nuestros pulmones, y órdenes en que está patente el deseo de venganza, como aquellas sus cartas a gobernador Gelabert de Corrientes para fusilar y matar sin forma de juicio a todos los que fuesen jordanistas, y que Gelabert en un momento lúcido parece que tuvo hasta la repugnancia de ejecutar; los proyectos sangrientos y crueles que rechazó el Senado, ofreciendo primas que debían pagarse con los ahorros del pueblo, por las cabezas de López Jordán, los Querencios, etcétera, y los fusilamientos, sin forma de juicio, que quizá obedeciendo sus órdenes, ejecutó con bárbara impiedad y sangre fría el general Ayala, festejado la victoria y carnicería de “Don Gonzalo” en 1873” (Archivo del Dr. Carlos M. Querencio)


Obras de Leonardo Castagnino “Un loco sublime”

Ignacio Hamílton Fotheringham nació en Southampton en 1842; se vinculó con Rosas y luego se trasladó a Buenos Aires con el propósito de trabajar en las estancias de Juan Nepomuceno Terrero. Aquí se incorporó al ejército y luchó como voluntario en la guerra del Paraguay. Posteriormente prestó servicios en la frontera y, en 1873, peleó, ya como oficial, contra el ejército entrerriano rebelde, comandado por Ricardo López Jordán. Volvió luego a las fronteras del sur y sureste de Córdoba, y en 1874 estuvo junto al general Roca, para batir al revolucionario Arredondo. Hizo la campaña del desierto junto a Levalle y en 1880 actuó nuevamente en los ejércitos antimitristas. En 1883 fue nombrado gobernador del Chaco y, en 1888, lo fue de Formosa. Alcanzó el grado de general de brigada y en 1908 publicó “La vida de un Soldado o Reminiscencias de las Fronteras”. A él le debamos muchos relatos y descripciones de los hechos sucedidos durante la rebelión jordanista, como el relatado por el mismo refiriéndose a un hecho sucedido después de la batalla de “Don Gonzalo”, digno de una historia romántica que no puede dejarse perder.

Después de la batalla de “Don Gonzalo”, en que las tropas liberales “armados de rico armamento de nuevo sistema, y arrojando millares de balas explosivas” provocaron el desbande de las tropas federales, Ignacio H. Fotheringham, que fue protagonista de dicha batalla, cuenta el siguiente relato heroico que no puede quedar en el olvido, y cuyo protagonista bien pudo ser cualquiera de los criollos que peleaban por la autonomía de sus provincias arriesgando su pellejo sin pedir nada a cambio:

“Solo, bien montado en un hermoso caballo moro – relata el autor de “La vida de un soldado” – se vino sobre el 10 de línea, pasando al lado de la caballería de Undavarrena, un jinete entrerriano, gallardo mozo, de no sé de donde ni nadie sabrá nunca; se golpeó en la boca, hizo rayar su flete y descargando una pistola que llevaba en la diestra, dio media vuelta y a todo escape regresó de donde vino. No he visto audacia e insolencia igual. Un hermoso acto y por hermoso quedó impune pues no quise que le hicieran fuego los granaderos, que ya iban a hacer una descarga; y se fue sombrero negro de cinta roja, traje de terciopelo; la cola del caballo hecha nudo entrelazada con cintas rojas. ¡Que curios tipo! No sé si sería un loco, pero si lo era, era un loco sublime”.


Combate de Puente de Nogoyá

López Jordán se incorpora a la columna de del general oriental Caraballo y avanza rumbo a Rosario del Tala con 1.500 hombres salvados del desastre de Don Gonzalo. A cierta altura manda a Caraballo en dirección a Nogoyá mientras él se dirige a Gualeguay intentando reorganizarse y recoger armas, pero el 22 de diciembre son derrotados por Villar los 600 hombres que ocupaban el Puente de Nogoyá.

En este hecho el jefe federal reúne a sus hombres para imponerlos de la verdadera situación, llegando todos a la conclusión que convenía abandonar la provincia para ahorrarle nuevos sacrificios inútilmente: “No tenia con qué armar 500 hombres – dice el caudillo – no había recibido durante toda la campaña ni un solo alfiler ni un gramo de pólvora, y no podía, por consiguiente, continuar en la esperanza de recibir en adelante” (Aníbal S. Vázquez. op.cit.)

Enfila por lo tanto su caballo rumbo al oriente para cruzar el Uruguay por Cupalén, la noche del 24 al 25 de diciembre. El vapor Garibaldi le captura algunos hombres, entre otros José María Piedrabuena y José Eulogio “Chengo” Amarillo. Días más tarde se le unirán otros hombres que vadean el río a la altura de Gavirú.


El exilio y las disidencias.

Se producen disidencias entre los federales emigrados, entre ellos por parte de los hermanos Carlos Maria y Mariano Querencio que le recriminan al caudillo invadir al provincia sin el armamento necesario, y en no eludir batalla a la espera de que estallase en Cuyo una revolución encabezada pro Juan Sáa. Pero la revolución no se produce y las armas que debía enviar Querencio no llegan, produciéndose el desenlace de Don Gonzalo pone fin a los planes rebeldes.

Manteniéndose leal José Hernández, aún así le critica al caudillo haber confiado la dirección política de la Banda Oriental “a un hombre sin práctica y sin vistas políticas”, según se desprende de correspondencia que “Matraca” fecha el 15 de febrero de 1874 en Montevideo y que le dirige al caudillo que para entonces se encontraba en Santa Ana do Livramento, en cuya carta le dice entre otros conceptos:

“Recibí y me he impuesto con satisfacción, las dos muy estimables de Ud. fhs 18 de enero y 5 del actual. He creído que la publicación de un manifiesto le era indispensable, pues los sucesos, los enemigos, y los malos amigos, le han hecho a Ud. una atmósfera sumamente desfavorable.
Pero yo que me jacto de ser su amigo, que he puesto mi cabeza a su servicio, no espío situaciones; y soy siempre el mismo, bien sean ellas favorables o adversas”


Con la carta llegan los borradores de un manifiesto redactado por Hernández que aparece en La Patria, de Montevideo, el 10 de marzo de 1874, y más tarde aparece impreso un “Manifiesto de los emigrados Entre-Rianos contra el general López Jordán” de un “Comité de Montevideo”, acompañado de las firmas de muchos supuestos disidentes, muchas de las cuales son negadas públicamente por los firmantes. Entre los leales, además de Hernández, se mantienen dos hombres de indudable capacidad, como son el doctor Mariano Martínez y Juan Coronado, ex secretario de Urquiza y padre de Martín Coronado.

Jordán se mantiene en Santa Ana hasta febrero de 1875, en que se dirige a Paysandú y el 12 de marzo del mismo año se traslada a Montevideo. Recibe correspondencia, entre otros de parte de Robustiano Vera que se alegra por “El justo interés, el ardiente y natural deseo de su apreciable familia por tenerlo a Ud. en Montevideo...” no obstante le puntualiza que nos es bueno dedicarse demasiado a la familia descuidando el partido. En otra correspondencia a López Jordán le dan noticias sobre el caballo del caudillo: “Su caballo Nambí lo ha prestado Taborda para correr carreras y Ramón Godoy que es quien lo tiene, lo ha querido jugar en diez pesos” (Archivo López Jordán. Paraná)


La tercera rebelión.

Durante casi todo el año 1876 se mueve una nueva insurrección jordanista. Consta en el Archivo López Jordán numerosa correspondencia, alguna en clave, entre ellas una fechada el 3 de febrero por Juan Coronado donde le dice “...no se duerma y haga sentir su influencia política en Entre Ríos”

El 25 de noviembre López Jordán vadea nuevamente el río Uruguay por al barra de Pos Pos y pisa nuevamente suelo entrerriano con unos 40 jefes y oficiales, entre ellos su hijo Ramón López, Desiderio Olivera, Nico Coronel, Robustiano Vera y Claro Palacios.

Los jordanistas distribuyen tres vibrantes proclamas, entre ellas la de López Jordán que dice entre otras cosas:

“Los proscriptos que escaparon de la carnicería de Don Gonzalo, al acogerse al indulto bajo la fe de la autoridad nacional era para ser víctimas, en sus intereses y en sus vidas, de la venganza rencorosa e insaciable del Dr. Febre, cuyo despotismo y rapacidad viene esparciendo el escándalo en todos los ámbitos de la República”
(El Nacional, 29 de noviembre de 1876. También en “El pueblo porteño, Buenos Aires, 30 de noviembre de 1876. Colección Museo Mitre)

El entonces presidente Avellaneda decreta el estado de sitio en las tres provincias (Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes) aprovechando la volada para encarcelar a opositores y molestos. El 27 de noviembre un puñado de jordanistas, entre los que se cuenta el célebre matrero Calandria, atacan el pueblo de Gualeguay, pero la audacia no puede suplir falta de armamento. Mientras tanto el caudillo se dirige rumbo a Tala y Nogoyá logrando burlar la vigilancia y alistando unos 500 hombres, y con esas fuerzas pobremente armadas se dirige al norte de la provincia, llegando a Alcaracito la primera semana de diciembre, donde los sorprende la división del general Juan Ayala, derrotando a las últimas lanzas federales.

Los derrotados se dispersan buscando estancias de amigos en los pagos de Montiel, siendo algunos capturados por Ayala, quien siguiendo la costumbre liberal “civilizada” y la suya propia, los pasa por las armas sin juicio previo.

Al teniente Cecilio Berón lo entrega su amigo Juan Ramírez mientras aquel dormía, y llevado a La Paz, Ayala lo hace conducir hasta su campamento de Don Gonzalo y el 12 de diciembre lo hace fusilar sin consejo de guerra, junto a Agustín Viana. Según sumario que se instruyó en La Paz con motivo de este fusilamiento, surgió que Ayala estuvo predispuesto contra Cecilio Berón “por una derrota que sufrió en Hernandarias en al cual el finado tuvo la generosidad de dejarlo escapar siendo la fuerza de Berón inferior a la de Ayala” (Angel Berón de Astrada. Casos concretos del general Juan Ayala. Buenos Aires 1888. Colección Biblioteca Nacional)

Unos años más tarde un diario de Buenos Aires nos brinda nuevos detalles del proceder civilizado de estos hombres del ejército liberal:

“El coronel Berón fue capturado después de Alcaracito. No era un prisionero ni se encontraba con las armas en al mano. Estaba enfermo y fue delatado. Conducido a presencia del general Ayala con una barra de grillos a los pies y los brazos atados por la espalda, fue mandado fusilar inmediatamente.
No hubo defensa ni proceso. El coronel Verón pidió algunos momentos para despedirse de su esposa, y no le fue permitido este último consuelo. La esposa concurrió con sus pequeños hijos al lugar de la catástrofe y reclamó el cadáver. El verdugo disputó aquellos tristes restos. “Mejor es que se lo coman los perros y los caranchos”, fue su respuesta.”
(La Patria Argentina. Buenos Aires, 26 de enero de 1879)

El capitán Casco, acusado de jordanista, estaba preso en un cuartel de Paraná, y pocos días después del fusilamiento de Berón, es reclamado por una partida enviada por Ayala, que hace entregar al preso, para ser degollado a poca distancia del cuartel. (Idem, 23 de enero de 1879)

Parece mentira como ciertos “historiadores” ágiles y estrictos para juzgar ciertos hechos, ignoren u oculten hechos como éstos, y aun salidos a la luz, traten de disimularlos y justificarlos.

López Jordán no es fusilado porque escapa a al garras del asesino sanguinario Ayala. El 1º de diciembre como a las 10 de la mañana, el alcalde Francisco Zarate recibe aviso de que un grupo de rebeldes se encuentra en Paso Algarrobito de arroyo Las Tunas. Con un grupo de vecinos armados sorprenden al grupo durmiendo, logrando escapar solo Robustiano Vera que salta en pelo a un caballo sin que puedan darle alcance, a raíz de lo cual logran escapar algunos más, no así Ricardo López Jordán. Conducido hasta Curuzú Cuatiá por una partida de 50 hombres, lo hace pasar a la estancia “El Prasio” y el día 16 de diciembre era entregado a bordo de la cañonera “República”.En Buenos Aires Olegario Andrade, enrolado en el oficialismo, desde La Tribuna, pide castigo para el vencido, y sacando leña del árbol caído, la prensa anuncia que la familia Urquiza acusaría al reo de asesinato y otros crímenes.


El engrillado

López Jordán es engrillado en Paraná y alojado en una celda pared de por medio con la catedral. En Buenos Aires se rumorea que el defensor sería Dardo Rocha, siendo en definitiva el doctor José María Moreno. La causa tiene diversas alternativas, entre otras la recusación del juez federal doctor Zarco, por parcialidad manifiesta, ya que en telegrama llamaba “forajido del 11 de abril” al caudillo. El 6 de enero el caudillo es trasladado en el vapor “Lujan” a Rosario y alojado en una celda de la aduana, asumiendo la defensa Nicanor González del Solar, quien solicita la libertad de Jordán bajo fianza del general Benjamín Virasoro, pero el juez Zubiría dictamina que no ha lugar. El procurador general Eduardo Costa aconseja en cambio darle la excarcelación y en la vista correspondiente expresa:

“La circunstancia de haber asumido su responsabilidad en una proclama, es el único cargo que se le hace, y él ha negado que esta circunstancia importara asumir la responsabilidad el asesinato y declararse asesino, lo que a la verdad difícilmente se concibe que hubiera podido ser su mente. El ha explicado que fue solo su intención asumir aquella responsabilidad en vista de la situación creada y ponerse a su frente para evitar los males consiguientes a la anarquía” (La Capital, de Rosario, edición el 26 de marzo de 1879) López Jordán no sume jamás la responsabilidad del asesinato y la misma Suprema Corte - en fallo dictado el 22 de marzo - expresa que los cargos hechos al ex gobernador entrerriano no se hallaban justificados de modo alguno.

La prensa de Buenos Aires ventilaba el proceso; un artículo titulado "La hiena", publicado en "La Patria" Argentina del 29 de marzo de 1879, expresa lo siguiente:

“Jamás declaró Jordán que él fuera el autor de la muerte de Urquiza, muerte que Sarmiento festejó interiormente. Lo que hizo (Jordán) fue hacerse solidario de la revolución que la produjo como un accidente de ella. Si declaró la guerra a la nación, fue porque el Presidente puso a Entre Ríos en ese extremo lamentable. Apenas llegó aquí la noticia de la muerte de Urquiza, Sarmiento, sin más averiguación, resolvió intervenir y al efecto lanzó su proclama declarándolo. Muerto Urquiza, a quién tenía un terror pánico, aprovechó la ocasión que se le presentaba de "meterle el diente" a Entre Ríos, haciendo cómplice a la Nación del único propósito que tenía en vista, y que era hacer servir aquella provincia a la imposición de Dr. Avellaneda para Presidente de la Republica" (Colección La Patria. Biblioteca Nacional)

Vemos como los "civilizados ideales sarmientinos" no son tales. Esta acusación al juego sucio político de Sarmiento es posible encontrarla en otros escritos de la época, "casualmente" poco conocidos; entre ellos, las 'Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre Ríos' de Alejo Peyret

Ricardo López Jordán

El caudillo encarcelado recibe correspondencia de amigos. En octubre de 1878 otra muestra de amistad dada por una comisión que se forma en Buenos Aires con objeto de dar ayuda económica los hijos del caudillo; está integrada por Evaristo Carriego, José Hernández y Carlos Guido y Spano, entre otros. Desde Buenos Aires le escribe Francisquillo Fernández; le manifiesta que aguarda la llegada de Ricardo López Jordán (hijo) al colegio, donde lo recibirá como a un hijo propio por considerar al caudillo como su propio padre, agregándole que " De Larroque ni de nadie espere en Buenos Aires ni agua, ni Ud. ni ninguno. Esto está sembrado de sal" y en la post data le pregunta si "¿recibió el dinero?", lo que da cuenta de la precaria situación del caudillo.

El Presidente Avellaneda recibe diversos pedidos de libertad para el reo; uno de ellos, el del coronel Lorenzo Latorre, quien solicita "a favor de la familia de la esposa del general López Jordán que acaba de perder a su anciano padre, el Sor Puig y que se encuentra en la más afligente situación; y mi pedido tiene por objeto interesar la conmiseración de V.E. por la libertad del General, después de su larga y penosa prisión. V.E. daría con ese paso, una nueva prueba de su larga y generosa política, obligando a la gratitud de una larga familia que ha sido objeto de largos infortunios" (Eduardo de Salterain Herrera). (Eduardo de Salterain Herrera)

En la tarde del 11 de agosto de 1879 el preso es visitado por su esposa Dolores Puig y sus hijos Eduardo, Pepa y Lola, solicitando aquella pasar la noche en la celda para atender a don Ricardo por estar enfermo. Así lo hizo, en compañía de sus hijos. La mañana del día 12 llegó; sólo permanecía en la celda la esposa de don Ricardo, doña Dolores Puig. Uno de los guardias, la noche anterior, había visto retirarse a una mujer acompañada por una niña. Evidentemente la mujer no era otra que don Ricardo, que en fuga romántica se escabullía a la vista de un oficial y 22 soldados que lo custodiaban. El sumario correspondiente fue publicado en La Capital de Rosario, ediciones del 23 al 30 de agosto de 1879.

Se allanan varios domicilios en Rosario, entre otros el del abogado defensor González del Solar sin ningún resultado. La prensa da noticias sensacionalistas y rumores de distinto tenor. El articulista de "El Correo Español" de Buenos Aires da cuenta de que la esposa del Caudillo convenció a éste de que una turba atacaría la cárcel para apoderarse de él, siendo esa la causa de la evasión, y agrega en el artículo:

“Algunos órganos se ceban con el mártir entrerriano: dan por probados el cúmulo de crímenes y delitos que el odio, la saña, la mala fe han ido amontonado sobre su cabeza y presentándolo como un monstruo de la naturaleza. ¡Y la fiera sanjuanina goza de plena liberad, y se permite insultar al mundo con su procaz lenguaje!”

"Algunos órganos se ceban con el mártir entrerriano: dan por probados el cúmulo de crímenes y delitos que el odio, la saña, la mala fe han ido amontonado sobre su cabeza y presentándolo como un monstruo de la naturaleza. ¡Y la fiera sanjuanina goza de plena libertad, y se permite insultar al mundo con su procaz lenguaje!" Hay diversos rumores; unos lo dan en Montevideo, otros en Buenos Aires y otros, camino a Mendoza o en casa del doctor Querencio. Un artículo de "La libertad" hace notar que los partidos políticos explotan el suceso, cada cual a su modo, pero que "nadie se hace cargo", llegando a la conclusión de que "López Jordán ha fugado porque no tenía otra cosa que hacer, dado el extremo en que lo habían colocado. Tanto quisieron hacer con él que el exceso de martirio y la perspectiva de un suplicio tenían que obligar al hombre a jugar el todo por el todo en defensa de su vida" (Reproducido por La Capital, 21 de agosto de 1879).

Del sumario instruido se desprende que la evasión se produjo con al ayuda de Pedro Romero, un entrerriano valiente y decidido, oficial suyo, que lo visitaba con frecuencia.

La policía busca en todos los rumbos sin dar con el evadido, telegrafiando un curioso retrato de López Jordán:

“Hombre de cincuenta y cinco años, aunque demuestra más edad, casi calvo, frente arrugada que sufre contracciones al hablar, boca y dientes grandes, teniendo el defecto de pronunciar la letra “a” con acentuación muy marcada, como si uno de los dientes le impidiera pronunciarla suave. Debe tener barba y de tenerla, la llevará abierta, aunque no muy larga, Ojos muy grandes y vivos. Nariz regular. Orejas un poco chicas y muy puntiagudas en la extremidad superior, siendo bastantes separadas del cráneo. Estatura regular. Hombros y cuerpo fornido, auque hoy está delgado. Al hablar, tiene la costumbre de echar el sombrero atrás, y la cabeza”

Fermín Chávez en su obra “Vida y muerte de López Jordán” acota que “Ese modo de echar atrás el sombrero y la cabeza era el gesto familiar y épico de un Entre Ríos que el nieto de doña Tadea Jordán sentía subir de su cintura como un puñal del alma”


El exilio

López Jordán se mantiene entre amigos en Fray Bentos, mientras el Presidente Uruguayo resuelve su pedido de asilo. A tal fin, éste le escribe a Avellaneda en términos tales que, sin negar una extradición en caso de solicitarse, "se vería en la necesidad de atender aquel reclamo" y deja entrever en su nota algunos conceptos que dan cuenta de su predisposición a conceder el asilo político, citando algunas circunstancias como que López Jordán es ciudadano oriental nacido en Paysandú, y estando su prestigio deteriorado, no representa ya un peligro político. Las suspicacias del Presidente Uruguayo dan el resultado esperado por éste; no se lleva a cabo el pedido formal de extradición.

Alguna prensa toma partido, aún sin ser parte, como el "Il corriere Italiano de Buenos Aires" que en su edición del 12 de diciembre publica: "López Jordán. Il celebre rivoluzionario entrerriano se trova a Nuova Parmira nella República Orientale, dove tranquilamente s'è dato alla coltivazione del bestiame". Es el mismo "Corriere" que defendía las fechorías del corsario italiano Giuseppe Garibaldi, "El chacal de los tigres anglosajones".

Como era de esperar, varios movimientos políticos de Buenos Aires, tratan de llevar agua para su molino, ganando las simpatías del caudillo que aún conservaba prestigio entre los federales, especialmente en el litoral. Don Ricardo se mantuvo fiel a sus ideales federales y se mantuvo prescindente y guardando la prudente distancia necesaria.

Entre los que trataban a toda costa ganarse la adhesión de don Ricardo, estaba Julio A. Roca, “el zorro”; Francisco F. Fernández - ahora adherido al Roquismo -, ex secretario de López Jordán con quien conserva amistad, y programando un viaje para visitar al caudillo entrerriano, le escribe una carta al “zorro”:

Buenos Aires, Diciembre 15 de 1879
Sr. Gral. Julio A. Roca
Como te lo anuncié, partiré a visitar al Gral. López Jordán, presidiendo la comisión a amigos. Llevo al proscripto el consuelo de tu amistad y patriotismo, recordando cuanto en su obesquio me tienes dicho; pero, te escribo, a última hora, por si algo quieres agregar al obsequio que para él me has remitido, y afectuosas palabras que para él me tienes encomendadas. Te quiere tu amigo y condiscípulo.
Francisco F. Fernández

El “zorro” no desperdicia la oportunidad de agregarle unas líneas a dicha carta:

"Mi querido Francisco: me refiero a cuanto te tengo protestado de mucho tiempo atrás, a favor de nuestro compatriota el Gral. López Jrdán. Creo en él como en un amigo sincero, en un elemento de orden, en un elemento de paz; y te consta cuanto es mi deseo, si subo a la Presidencia, de gobernar con el pueblo y con la Ley.
Estréchale la mano en mi nombre y pídele el último esfuerzo en el infortunio.
Te deseo buen viaje.
Tuyo afectísimo.

Le faltó solamente adjuntarle una ficha de afiliación al roquismo y una boleta de urna, y es increíble como el “zorro” borraba con el codo lo escrito con la mano unos años antes en carta al entonces Presidente Sarmiento:

“Verdaderamente ha sido una suerte y lo es por el país, Señor Presidente, que este caudillo vulgar y sanguinario no posea una sola chispa militar, y que no tenga más razón del rol que desempeña que ser la personificación y el representante genuino de esa masa de población que aún permanece bárbara en Entre Ríos y el de haber sido puesto en camino por ser su víctima el general Urquiza” (Francisco M. Vélez. Ante la posteridad – Personalidad marcial del Teniente General Julio A. Roca. Buenos Aires. 1838)

En esta carta, no solamente insulta al noble caudillo, sino que además le niega “chispa militar” a quién los tuvo con el corazón en la boca, casi desarmado, recorriendo toda la provincia sin poder batirlo, tal como lo atestigua el propio Roca en comunicación escrita a Ignacio H. Fotheringham durante la campaña contra Entre Ríos en que ambos participaban del bando liberal: “Si López Jordán no se quiebra el pescuezo en alguna rodada, no veo muy bien cuando ni cómo se concluirá esta campaña”, (Ignacio Fotheringham. La vida de un soldado)

Como acota Fermín Chávez en su obra “Vida y muerte de López Jordán”, seguramente el caudillo, al leer al carta, habrá pensado: “Buena treta del zorro Roca”. El caudillo no entra en el pial, porque siendo hombre de campo, era conocedor de los zorros que se acercan al corral de ovejas, con piel de cordero.

En Fray Bentos el caudillo recibe visita y correspondencia de sus amigos y hombres más fieles. El 24 de diciembre, desde Gualeguaychú, su amigo Ramón Nievas le avisa que en el próximo vapor le envía dos caballos:

“...el blanco se lo manda Casal, el colorado Lorenzo Barrios, vecino de ésta e hijo de la Victoria; el colorado es caballo de marcha incansable, granero y manso a toda prueba; el blanco es parejero; deseo que ellos le sirvan y llenen el deseo de subir Ud. un caballo de esta infortunada Patria” (Archivo López Jordán.) No hace falta agregar comentario a las palabras sencillas de este criollo que trataba de cubrir en parte las añoranzas de su amigo en desgracia. Para conocer la situación del caudillo en el exilio, basta con leer otra carta del mismo Nievas, en que le remite una boquilla de fumar, a fin de salvar “la falta de la que se le quebró a Vd. cuando estaba en el Rosario”

A mediados de febrero de 1880 el general López Jordán esta en Montevideo, y la prensa anuncia que piensa trasladarse a Nueva Palmira para administrar un establecimiento de campo. El 1° de abril de 1881, el diario "La Republica" de Buenos Aires, titulando “La vuelta de López Jordán”, da cuenta que “D. Ricardo López Jordán se ha presentado al Gobierno de Corrientes, pidiendo una concesión de 20 leguas de tierra en Misiones para establecer una colonia, de la que él va a ser gerente. Con este motivo, el Gobierno de Corrientes consultó aquí si podía hacérsele esa concesión, y se le contestó que estando López Jordán bajo jurisdicción de los tribunales, ellos lo llevarían a la Cárcel Pública si volviese a territorio argentino” Los tribunales y los gobiernos “liberales” siempre impartiendo “estricta justicia”...sobre todo con aquellos caídos y exiliados que expusieron su tranquilidad, su fortuna y su pellejo luchando por la Patria.

López Jordán se mantiene fiel a sus viejos amigos y federales entrerrianos, prescindiendo de las luchas políticas y tentaciones del roquismo y del juarismo, como también de la vorágine “liberal mercantilista” que tallaba en Buenos Aires.

En 1888 el presidente Juárez Celman decreta una amnistía para los emigrados políticos, y en diciembre del mismo año el cadillo entrerriano se traslada a Buenos Aires, sin más ambiciones que la relación con sus hijos Dolores, Josefa, Ricardo, Eduardo, Ramón, Mercedes y Sara. Relacionado con viejos amigos, solo aspira a su reincorporación al ejército nacional, al que pertenecía.


Asesinato de López Jordán

Ricardo López Jordán

La tarde del 22 de junio de 1889, en que se dirigía hacia el domicilio de su amigo Dámaso Salvatierra, lo hace por al calle Esmerada hacia el sur, y al pasar frente al N° 562, pasando Tucumán, un hombre joven se le acerca por detrás, sin ser advertido por el caudillo. La prensa vespertina consigna la siguiente noticia:

“Con verdadero pesar llevamos a conocimiento de nuestros lectores el atroz atentado consumado contre el general López Jordán, hoy, a las 12 menos cinco. El general transitaba por la calle Esmeralda entre Lavalle y Tucumán, y al saludar al coronel Leyría, que en ese momento cruzaba por la vereda opuesta, se vio de pronto y por detrás atacado por un individuo alto, moreno, de poblado bigote negro, que dice llamarse Aurelio Casas, entrerriano, casado, quien descerrajó sobre el General dos tiros de pistola Lafaucheaux, fuego central calibre 12, una de cuyas balas penetró en la parte posterior de la cabeza, cerca de la oreja derecha, atravesando la masa encefálica. El General cayó instantáneamente y fue conducido a la farmacia de José Menier, cita en al calle Esmeralda y Tucumán…” (Sud-Americana, Buenos Aires, 22 de junio de 1889)

El matador es arrestado y declara haberlo hecho en venganza por la muerte de su padre, Zenón Casas, oficial “florista”, durante la segunda rebelión jordanista. Las noticias de la época y el proceso del imputado dejan muchos cabos sueltos y suspicacias sobre el lamentable hecho:

En primer lugar la muerte de Zenón Casas, padre del asesino y según el declarante motivo de venganza, no es cierta:

“Si se tiene en cuenta que Zenón Casas, según los datos personales que he obtenido, fue primero partidario de López Jordán y después su enemigo político, y si se tiene presente la versión que corre en Entre Ríos, de que yendo Casas en viaje al Uruguay, con una partida de diez hombres, estos mismo lo ataron y le dieron muerte para librarse de su mando, se comprenderá cuan injusta es la responsabilidad o la imputación que se ha hecho a López Jordán de la muerte de este hombre. Esta injusticia es más resaltante, si se recuerda, que so pretexto de la muerte de este hombre y la partida que lo acompañaba, fue muerto por las fuerzas del Gobierno, el comandante Camejo…” (Dictamen del Agente Fiscal. Fallos y disposiciones de la Excma. Cámara de Apelaciones de la Capital. Publicados por Luis S. Aliaga y Daniel J Frías, tomo IX. Buenos Aires, 1896)

En el mismo Dictamen se consignan algunos detalles sugestivos: “…los testigos Andrés Pigneto y Luis A. Leompart, que oyeron decir que el procesado se encontraba en Buenos Aires, porque lo había traído don Justo Urquiza; y por otra parte, José Abella, que declara: que además de tener conocimiento que Justo Urquiza buscaba a Aurelio Casas, afirma que fue visto por el citado Urquiza, para que matara al general López Jordán, y Felipe Limo, que afirma también saber que el citado Urquiza hacía diligencias para dar con el paradero de Aurelio Casas”

Por su parte la familia Urquiza le hace llegar a la familia del matador, una fuerte suma de dinero en concepto de “donación”. La gente comenta sobre esta “donación” y en una hoja sin pié de imprenta publicada en Gualeguaychú se lee la siguiente noticia:

“Sin comentario”. Se ha promovido una suscripción entre lso miembros de la familia Urquiza para regalar 70.000 pesos a la esposa del sujeto Aurelio Casas, el asesino del general Ricardo López Jordán.
El doctor Diógenes Urquiza ha suscripto la mitad de esa suma, es decir, 35.000 pesos nacionales. Cuando el criminal conozca esta noticia, se convencerá que su esposa y sus hijos van a salir de la miseria en que han estado hasta ahora”
(Fermín Chávez, Vida y muerte de López Jordán)

Leonardo Castagnino
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Bibliografía:

- Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría
- Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. Eudeba. Bs.As. 1978
- Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As.
- Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo - La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974.
- Federico de la Barra. La vida de un traidor. Emp. Reimpresora y Adm. de Obras Americanas. Bs.As.1915
- La Gazeta Federal
- Obras citadas
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

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