Muerte del “Quiscudo”
El 11 de abril de 1870, una partida de federales compuesta inclusive por peones de don Justo, toman por asalto el Palacio de San José, resultando muerto éste en la refriega, que trata de rechazar empuñando un arma de fuego. La muerte no queda clara. López Jordán siempre negará que la muerte de Urquiza era el objetivo de la rebelión, sino su retiro voluntario del gobierno y de la política y talvez su retiro a país extranjero, sin perjuicio en su persona. Así lo afirman distintos testimonios, entre otros el de Francisco F. Fernández, que dá testimonio verbal a Juan Angel Martínez donde ratifica que el propósito de la Junta Revolucionaria fue capturar a don Justo por sorpresa:
"Después de estos sucesos, - dice el escritor entrerriano – y de los desastres de Peñaloza, Saá y Rodríguez en las Provincias, los hombres de pensamiento y de acción se fueron agrupando en torno a López Jordán, cuya figura se fue destacando como la del caudillo político y militar destinado por los acontecimientos a ponerse al frente de una campaña de reivindicación contra el gobierno personalista del señor Mitre.
Para llevar a cabo este pensamiento era siempre un obstáculo el general Urquiza, cuyo prestigio no había sido anulado, no obstante su falta de resolución para emprender la campaña proyectada por sus correligionarios y amigos.
No era “falta de resolución de don Justo”;era precisamente “su resolución” de cumplir su palabra empeñada con la masonería después de Pavón, cumpliendo al pie de la letra su papel de “Washington sudamericano” asignado por Mitre.
“Entonces se pensó en una solución – continua el testimonio de Fernández citado por el historiador entrerriano – que consistía en exigirle que abandonase toda actuación y se retirara a Europa con un pretexto cualquiera, declinando así toda responsabilidad por los sucesos que sobreviniesen.
Caso de que Urquiza no accediese a esta exigencia se resolvió apoderarse de él violentamente y luego imponerle su renuncia y embarcarlo para Europa” (Juan Angel Martínez: Formación política argentina. Buenos Aires. 1924)
Varios testimonios coinciden en tal sentido con lo dicho por Francisco F. Fernández. Lo descripto por Martínez está libre de sospechas por el hecho de haber actuado éste en la época militando en contra le López Jordán. Los apologistas de Urquiza han tratado de tildar a los hombres de la partida como de mala calaña. Sin embargo los testimonios indica lo contrario (Ver Fermín Chávez: Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría.p.185. Buenos Aires 1970) Del mismo modo la historiografía liberal acusa a López Jordán por la muerte de Justo y Waldino Urquiza, cometidas en realidad sin la aprobación ni el conocimiento de éste (Ibidem.p.188)
El gobierno de López Jordán
El 14 de abril, López Jordán asume como gobernador designado por la Legislatura.
La historiografía liberal ha tratado de dejar sentado que López Jordán asume el poder por la fuerza. Sin embargo fue elegido por la Legislatura, ya asi lo reconocen testimonios, entre otros el de don José Sagastume, ministro de Urquiza, quien el mismo día 14 de abril de escribe: “Espero verlo mañana o pasado en ésta pues esta noche me han hecho el honor de llamarme a una reunión particular de la Cámara y he podido apreciar la opinión de la mayoría” (Archivo López Jordán)
También dan testimonios los legisladores: “Puedo asegurar en mi nombre y en el de la mayor parte de mis Colegas, cuyos sentimientos íntimos estoy en aptitud de conocer, que los Diputados de Entre Ríos dimos nuestro voto al General López Jordán inspirados en nuestra propia conciencia, en el verdadero interés del Pueblo. Le dimos el voto porque reconocimos en él el único hombre capaz de dirigir felizmente los destinos del Pueblo. Se lo dimos consecuente con las simpatías que siempre le hemos profesado, y que el Pueblo todo le demostró de un modo muy significativo en el año 1864” (Benito G. Cook)
También lo atestigua la prensa escrita: “Al llegar a la Asamblea dio un abrazo al presidente y pronunció un discurso prometiendo la s más amplias garantías. Un Pueblo inmenso estaba en al Plaza del Uruguay. La Cámara que hizo este nombramiento decretó sin embargo honores fúnebres al Gral. Urquiza” (La Capital. Rosario, edición del 20 de abril de 1870)
Sobre la persona de don Ricardo da testimonio Nicasio Oroño: “Cuando las convulsiones políticas de la República me arrojaron de Santa Fe, y después de 10 años de expatriación, volví a la provincia de Entre Ríos, tuve la ocasión de conocer al señor López Jordán: hallé en él una personalidad simpática, un buen amigo, un hombre de progreso, uno de los jefes más distinguidos del Ejército de aquella provincia, un espíritu despejado que acusada en él un joven consagrado al estudio y al cultivo de sus facultades intelectuales”
En ocasión de asumir el cargo, López Jordán dice entre otras cosas: “Tal es mi programa, señores diputados, y tales los propósitos que y sentimientos que abrigo, resumidos todos en aquella bandera del porvenir de libertad, de progreso y de civilización, a cuya sombra trabajaré por los verdaderos intereses de la Patria. He deplorado que los patriotas que se decidieron a salvar las instituciones, no hubieran hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante misa ojos los hermosos horizontes de las pueblos libres y felices” (Aníbal S. Vázquez. López Jordán. Rosario 1940)
Eran precisamente las palabras que no podía admitir Sarmiento y su teoría “caudillaje antiprogresista”, y la muerte de Urquiza daría a la política porteña la excusa perfecta para someter al último bastión federal, sin importar los métodos; ya habían sometido de ese modo a las provincias del interior y arrasado al Paraguay.
Después de la asunción del nuevo gobernador de Entre Ríos, el pueblo entrerriano en mayoría acepta y apoya nueva situación, sin producirse venganzas ni desorden alguno, tal como lo confirman distintos testimonios, entre otros el del propio Capitán del Puerto de Gualeguay, don Bartolomé L. Cordero, hermano masón de Urquiza, que en carta del 17 de abril al Ministro de Guerra le expresa literalmente: “Apreciado Señor. Las circunstancias porque pasa esta provincia me hacen dirigirme particularmente a V.E. para decirle que todo ha pasado ya sin haber habido el más pequeño desorden en este Departamento, como en todos ellos, pues esta provincia a dado prueba de buen juicio. Todo queda tranquilo habiendo ya todos los departamentos aceptado las situación, prestando obediencia al nuevo Gobierno y ofreciendo su cooperación para garantir el orden y tranquilidad de la provincia”. (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.303)
También se dirige a similares términos al Ministro Gainza, don Francisco Crespo, estanciero y legislador de Gualeguay:
“Querido Martín: ya tienes a la fecha conocimiento de la revolución que estalló en esta provincia encabezada por el general López Jordán y de la que resultó muerto el Cap. Gral. Dn. Justo José de Urquiza. No pertenezco al os que la hicieron ni remotamente la esperaba, pero simpatizo con ella porque espero tendremos un gobierno más liberal y menos despilfarrado que el anterior.
La tranquilidad que reina en toda la provincia. La prontitud y alegría con que fue recibida y cumplida la primera orden del nuevo Gobernador, mandando se disolvieran las fuerzas que mandara reunir el anterior en los departamentos y el empeño que se nota en todos los pueblos de la provincia para tranquilizar los ánimos y mantener el orden público; me hace creer que piensa como yo la mayoría del pueblo entrerriano.
Tal vez se diga a ustedes que en la elección del general López Jordán ha habido cohecho o presión pero esto es falso, y no se tiene que hacer un gran esfuerzo para comprenderlo. Nadie ignora que el que encabezó una revolución sería puesto al frente de los destinos del pueblo donde ésta ha tenido lugar; es lo que sucede en general en todos los países de mundo. Ahora bien: no pudiéndose negar que ha podido salir del Uruguay todo el que ha querido, desde que lo han hecho las personas más allegadas al general Urquiza; claro está que el diputado que no quería votar por López Jordán puedo irse si no tenía bastante valor cívico para negarse y si no lo hizo y votó a favor de él fue porque le gustaba”
Y como adelantándose a los hechos agrega: “Tengo también la persuasión de que se pretenderá hacer creer en ésa que López Jordán e el poder es una amenaza para el Gobierno Nacional, yo no lo creo; antes que todo es argentino y ambiciona (me cosnta9 ara su patria engrandecimiento, libertad, civilización y respeto a la Constitución que él cumplirá en todo aquello que tiene obligación como gobernador de Provincia para con el Gob° Central” (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.304)
Pero las miras de sometimiento de Entre Ríos estaba desde antes de la rebelión, y la provincia había sido infiltrada por agentes liberales del gobierno central. Esto queda en evidencia en muchos testimonios y los agentes liberales comienzan a moverse para aprovechándose de la situación y promoviendo la intervención de la provincia. Entre otros puede citarse la carta dirigida al Ministro de guerra el 15 de abril por parte de Patricio Texo, comerciante y antiguo cónsul brasilero, acusando a los federales correntinos de “federales mazorqueros” con intenciones de insurreccionar las provincias contra le Gobierno Nacional “aprovechándose del mal gobierno administrativo que hacía el General de de estar agarrando gente para remitir al contingente que debía mandar esta provincia”
Estas palabras en cierta forma justifican la revolución contra el “mal gobierno” de Urquiza, no obstante lo cual agrega:
“El general López Jordán no ha pensado otra cosa desde Pavón que hacerse la cabeza del partido federal-mazorquero de acuerdo con los de Corrientes y los blancos del E° Oriental, y hoy lo han conseguido. Por consiguiente es de suma necesidad que el gobierno nacional mire con atención la situación de esta Provincia y preste protección al Partido Liberal que hay aquí, el que hoy está unido con el partido del general Urquiza y así no sólo establecerá un orden de respeto a la autoridad nacional y de progreso que secunde la marcha de paz, dé progreso y dé garantías al actual Presidente de la República. Cuánto ganaría el país en que el gobierno Nacional influyese en que Dn. Apolinario Benítez como entrerriano viniese a dirigir los destinos de esta provincia que la haría prosperar y sería una garantía para el Presidente” (Archivo Museo Histórico Nacional. Documento N° 6.301)
Todo argumento es válido a los fines liberales, y para completarlo, le pide al Ministro que envíe un vapor de guerra al puerto de Paraná “para mejor garantías, pues está unido y de acuerdo el partido nacional con los partidarios del Gral. Urquiza y es buena oportunidad para que el Sr. Presidente influya en establecer un Gobierno en esta provincia verdaderamente nacionalista, pues de lo contrario si se sobrepone el partido de López Jordán retrocederemos a la época de Ramírez que es la que ellos están proclamando” . ¡Que ironía el furcio del “liberal” que pide el estableciendo de un gobierno “verdaderamente nacionalista”! ¿Habrá querido decir “verdaderamente centralista”?
“El loco” Sarmiento
Sarmiento envía tropas hasta Gualeguaychú al mando de Emilio Mitre en el vapor Pavón, para mayor escarnio de los entrerrianos. Los jordanistas mantienen la cordura, y la prevención. El día 17 el propio López Jordán envía una nota a Mitre para ratificarle la total normalidad de la provincia, deplorando sin embargo las medidas militares adoptadas pro Sarmiento, y repite que Entre Ríos “no aspira mas que ha obtener los beneficios de la paz en el reinado de la Constitución” (Archivo General de la Nación. Documento 6.304) El mismo día la Legislatura presidida por Fidel Sagastume aprueba lo actuado por López Jordán y a su vez Francisco F. Fernández, en la misma fecha, lo pone al tanto de las novedades a Mariano Querencio:
“La invasión o intervención del Gobierno Nacional fue rechazada enérgicamente por al Cámara en masa y por la población: pero los unitarios no buscan sino un pretexto, como tu sabes. Precauciones, pues, de todo género” (Archivo Museo Histórico Nacional, documento N° 10.284) Es evidente que Fernpandez sabia lo que hablaba; y los hechos le darían lo razón.
En segunda nota dirigida a Emilio Mitre, que se mantiene embarcado frente a la desembocadura del Gualeguaychú, López Jordán le expresa:
“Quisiera el señor Comisionado Nacional persuadirse, y hacerlo asi presente al Exime. Gobierno de la Nación que el Entre Ríos no abriga ni puede abrigar el propósito de comprometer la neutralidad de la República en la lucha que se desenvuelve en el Estado Oriental, ni el de turbar la tranquilidad del país saliendo en su marcha de la esfera que señala la Ley” (Aníbal S. Vázquez. op.cit. Las notas intercambiada pueden verse en La República. Buenos Aires, 22 de abril de 1870)
Pero de nada servirá la mesura jordanista; ni siquiera la renuncia que ofrece López Jordán con tal que se respete al autonomía provincial, según testimonio de Clodomiro Cordero y del doctor Juan A. Mantero. Los liberales y el propio Sarmiento ya tiene la determinación de someter a la provincia por al armas, para llevarlas a su esfera de intereses, como ya lo habían hecho con las demás provincias y el Paraguay. Entre Ríos era el último bastión federal que resistía. López Jordán era empujado a defenderse por las armas ante la intransigencia porteña.
El 19 de abril de 1870, Sarmiento dicta un decreto designando al general Emilio Conesa jefe del Ejercito de Observación qe deberá actuar desde Paraná, y el mismo día Emilio Mitre desembarca 500 plazas traido en dos vapores hasta Gualeguaychú. Apenas toca tierra Emilio Mitre se saca la careta y emite una proclama de donde se deducen claramente las intenciones del gobierno central: “ha determinado el gobierno nacional enviarme a esta provincia como un comisionado, almando de una fuerte división de las tres armas, para apoyar la justicia que debe hacerse en ese atentado inaudito…”
Los verdaderos propósitos quedan definitivamente develados si leemos las instrucciones reservadas de Sarmiento, que el ministro Dalmacio Vélez Sársfield le hace llegar en documento al ministro Martín de Gainza:
“El pensamiento del Presidente es que se apuren todos los medios para impedir que se organice el poder de López Jordán, porque es una reacción sanguinaria que tiene por objeto conmover toda la República y trastornar el orden establecido.
V.E. lleva por encargo conocer bien la situación, ver el aspecto que las cosas presentan y acordar el medio de estar en comunicación e inmediata con el ejército.
V.E. cuidará de no tomar resolución de reembarcarse sino después de agotar los medios para conservarse en la posición ocupada y en la expectativa cierta de fuerzas tales que hagan más tarde difícil o peligroso la retirada.
Para ello V.E. tendrá presente que desconociendo el Gobierno de López Jordán, la guerra es inevitable y debe empezar, si es posible, por golpes de nuestra parte que inundan respeto al enemigo y no aparezcan nuestras armas esquivando al acción.
Por lo tanto: si por razones insuperables hubiese de ordenarse el reembarco, el general procurará un fuerte reconocimiento, dispersando toda fuerza que tenga a la vista para herir la conspiración. Un combate, pues, sería de desear procurarlo”
Este documento muestra descarnado un Sarmiento que nunca pudo dominar, ni moderar siquiera, sus pasiones ni sus palabras, y prefiere una guerra que juzga “inevitable” y “un combate que seria de desear procurarlo”. Sin embargo López Jordán no pierde su natural cordura e insiste en el retiro de las tropas nacionales que por recomendación del presidente el al Legislatura “Me ha encargado igualmente manifestarle a V.E. la necesidad de insistir en el retiro de la fuerzas nacionales del territorio de la Provincia…”
Pero nada perturba los propósitos del partido liberal; ni siquiera un petitorio que cuatrocientos extranjeros de Concepción del Uruguay dirigen a Sarmiento haciéndole ver la tranquilidad que reinaba en la provincia y lo infundado de la intervención armada. Tampoco conmueve la determinación del gobierno central, la comunicación de Bartolomé Cordero que el 20 de abril le ratifica al ministro Gainza el orden reinante en la provincia. (Archivo Museo Histórico Nacional, documento N° 6.306)
El 21 de abril, el diario La Prensa anuncia la llegada a Buenos Aires del buque Saturno, con el general Nicolás Vega y el doctor Antonio Zarco enviados ante Sarmiento, pero “el loco” no los recibe sino a través del ministro Varela, quien por toda respuesta el indica que llevasen a Entre Ríos las proclamas de Sarmiento. Mientras tanto los agentes liberales en la provincia continúan sus maniobras de perturbación y especulación, tratando literalmente de “comprar” a los jefes federales.
López Jordán siente el apoyo popular, y viendo amenazada la autonomía y agredida la provincia, no titubea más:
“Entrerrianos – dice su proclama del 23 de abril - Os acabo de dar libertad y derecho. Nuestros eternos enemigos no los quieren reconocer, trayéndonos la guerra, y aquí me tenéis con la lanza en la mano para defenderlos. Si queréis ser libres venid a acompañarme, donde ya dos mil leales entrerrianos me rodean dispuestos a morir antes que dejares ultrajar.
Nuestra guerra no es sino en sostén de la autonomía de Entre Ríos, que desconocen y pisotean invasores acostumbrados a hacer lo mismo con todas las provincias. Y una prueba de ello es que se han respetado las autoridades y las rentas de la Nación, así como los fueros y propiedades nacionales, todo lo cual entraba en los propósitos de mi gobierno.
¡Entrerrianos! Vuestros representantes me han elegido para defender vuestro gobierno, vuestros representantes y la Constitución. ¡La guerra pues! Esto manda el honor y la libertad” y en un manifiesto del mismo día agrega:
“Entre Ríos protesta su ninguna responsabilidad en al guerra que le trae sin razón ni derecho; y hace responsable ante la Patria a los que la han promovido, para que con la justa condenación de los buenos caiga también sobre ellos la responsabilidad de la sangre que va a derramarse y de los incalculables sacrificios que la lucha va a imponer al país”. Pero “el loco” Sarmiento nunca se sintió responsable por la sangre de gauchos derramada, y “los promotores” de al guerra tal vez se sintieran responsables ante otros, pero no “ante la Patria”.
Una vez más la cordura jordanista propone un arreglo, presentado por los doctores Clodomiro Cordero y Onésimo Leguizamón, bajo las siguientes bases elaboradas por el doctor Mantero:
“Males relativamente pequeños”
El general López Jordán, según nos lo ha comunicado, renunciará al cargo de Gobernador de la Provincia que inviste sobre las siguientes bases:
1_Retiro de las fuerzas nacionales del territorio de toda la Provincia, en los términos que definitivamente se convenga.
2_Ninguna ingerencia del Gobierno Nacional en la elección del nuevo Gobernador Provisorio.
3_Intervención y garantía de una nación amiga de la República Argentina para lae efectividad del convenio a cuyo efecto se invitará al representante extranjero que se acuerde, para presentar su referida garantía.
Pero precisamente lo que buscaba el partido liberal era la “ingerencia del Gobierno Nacional”, y no solo en “la elección del nuevo Gobernador”, sino en todos los aspectos políticos y económicos. Para ello cuenta el gobierno central con dos poderosos argumentos que usará a lo largo de la historia para someter a las provincias del interior: las armas y el dinero corruptor. Prefiere entonces una gerra abierta con una provincia argentina para someterla, más allá de los “males relativamente pequeños” que sucedan, y asi se lo hace saber “el loco” pro nota de Emilio Mitre:
“No puedo concebir cómo personas ´de la ilustración´ de de los señores Leguizamón y Cordero, hayan creído que el Gobierno Nacional aceptaría ´por evitar males relativamente pequeños´, la absurda teoría cuyas funestas consecuencias saltan a los ojos de cualquiera que una provincia cualquiera pueda exigir en ningún caso que se retiren de su territorio las fuerzas de la Nación que en él se hallan establecido”
Más claro imposible: los hombres “de la ilustración” no pueden “concebir” que una provincia pretenda que “se retiren de su territorio las fuerzas de la Nación” que tratan de oprimirla, y juzga a la guerra entre provincias como ´males relativamente pequeños´”
“El loco” cuenta con lo recursos y fondos de la Contaduría General de la Nación y los usa para corromper a la provincia, instruyendo a los agentes Héctor Varela y Eduardo Bautista Legarreta para que no ahorren en medios y pesos fuertes, como lo expresa textualmente este último:
“Púseme en camino, vi a todos los jefes de Oeste del río Gualeguay, y conseguí que se declarasen abiertamente por nuestra causa: invadí con manifiestos la provincia, mandé todas las cartas a sus destinos, hice las proclamas de varios jefes, di dinero a los principales, a los oficiales y a todos aquellos más necesitados, y en veinte días un ejército de tres mil hombres se incorporaba al general Conesa en le Paraná.
Navarro me firmó recibos por sumas de dinero que por su recomendación entregué a otro e hizo firmar al comandante Romero, recibiendo el mismo Navarro la principal parte representada de esos recibos, y repartiendo yo a mi entera satisfacción y voluntad el resto” (Archivo del Museo Histórico Nacional.documento N° 6.311)
No hacen falta muchas más palabras para entender el procedimiento liberal de estos hombres que no ahorraban medios ni dinero para corromper y someter. Legarreta explica como algunos jefes le costaron “hasta 1.500 pesos fuertes”. Algunos costaron más, como Galarza, que según carta de Dámaso Salvatierra a Jordán le dice: “He oído que el general Galarza (traidor) ha hipotecado su establecimiento de campo y su casa y que ha recibido de la casa Benítez, veinte mil pesos para aprontes, ue equivale al precio en que se ha vendido” (Archivo López Jordán)
Muchos Jefes se mantienen leales al movimiento jordanista, como se lo hace conocer a López Jordán el general Cáceres el 25 de abril desde Federación, y entre otros don Francisco Crespo, que tentado por Gainza a reemplazar a Jordán .e responde: “No te equivoques, mi querido amigo; ni yo ni diez yo, ni nadie, puede contrabalancear en esta provincia el prestigio del general López Jordán”.
Al día siguiente Caminos se comunica por carta con López Jordán simulando lealtad, pero éste es advertido por su esposa, Dolores López Jordán, sobre la defección de Navarro, Hereñu y Caminos. Tentado Apolinario Almada entre otros por parte de Galarza, se mantiene leal desde arroyo Gato. Juan F. Mur le escribe desde Uruguay a López Jordán una hermosa carta cuyos párrafos vale la pena recordar:
“Estos imbéciles confunden la épocas. En su atolondramiento por el rudo golpe de Ud. recibido, se imaginan que el presente es igual que el tiempo que se fue. Necios, creen que están con ´el ermitaño de San José´, a quien con palabras melosas y mentida promesas engañaban como a indio Calfucurá, a fin de que le entregasen maniatados a su partido a sus amigos: lo que el muy pícaro ejecutaba al pie de la letra. Pero olvidan estúpidamente que hoy se las tiene con todo un partido federal de la República…
Aquí hay muchos intrigantes, y no será que los hayan llamado a ocupar esta plaza desguarnecida: traen plata, y con la plata se compran traidores; pero con fuego se derrite la palta y arde el papel”. (Archivo López Jordán) Evidentemente Mur sabía muy bien lo que decía.
Los federales mal armados, no podrán resistir los recursos y armas más modernas con que cuenta el ejército nacional, no obstante lo cual están dispuestos a vender cara su derrota: vencidos puede ser, pero sometidos jamás.
El Chumbiao
El 20 de mayo a la cinco de la madrugada, el conocido gaucho “El Chumbaio” (Jerónimo Romero) y 300 hombres dan un golpe de audacia en Paraná, despertando a los gritos a la infantería nacional dormida, y retirándose sin tomarla. Mas allá de la importancia de la acción, el hecho demostraba a las tropas nacionales que eso no sería un paseo militar.
Combate de Sauce
El mismo día se produce en las puntas del arroyo Sauce el primer encuentro de importancia entre las fuerzas nacionales y las jordanitas. El choque que duró un par de horas, y que según el parte del ejército nacional, arrojó un total de 150 muertos y heridos. Las tropas jordanistas desaparecieron de la escena, desconociendo los nacionales sus movimientos. Para esta época se encontraban operando la provincia, junto al general Emilio Conesa, conocidos jefes del ejército nacional: Mitre, Gelly y Obes, Rivas, Arredondo, De Vedia y Ayala. Junto a Conesa, tomando parte en la acción del Sauce; estuvieron jefes veteranos de muchas batallas, de reconocido prestigio: Joaquín Viejo Bueno, Leopoldo Nelson, Nicolás Levalle, Teofilo Ivanowski, Alvaro Barros y Eduardo Racedo entre otros.
Para fines de mayo Conesa se ubicaba en arroyo Obispo y luego en Espinillo. Para el 2 de junio se encuentra en arroyo las Conchas, departamento de Paraná. Emilio Mitre y Rivas en Gualeguaycito; Gely y Obes en Goya. Las tropas nacionales se mueven tratando de dar una encerrona a las tropas jordanistas y obligarlas a dar un combate franco, pero López Jordán conoce bien el terreno y se mueve rápidamente, de modo tal que los nacionales no pueden saber ni por donde anda. No les sería fácil a las tropas nacionales, con mayores recursos, dar una batalla definitiva contra las movedizas caballerías jordanistas, que conocían como la palma de su mano el terreno que pisaban.
El 29 de julio cae Federación en poder de los jordanistas y el 5 de julio Vidal le escriba a Gelly y Obes: “De López Jordán nada sabemos, nos dicen que está aquí con Gallo, otros en la costa de Gualeguaychú y otros que no ha pasado” (Revista de la Biblioteca Nacional.t.XXII.n° 53.Bs.As.) El caudillo en cambio estaba en el norte de la provincia.
La levita y el chiripá
Mientras se desarrollan las acciones militares los agentes liberales no descansan tratando de ganar adeptos y “pasados” mediante la propaganda y el soborno.
“Fueron triunfos – decía Alberdi – de los recursos contra la escasez y falta de ellos. Ése fue el triunfo de Sarmiento y Cía. sobre Urquiza, sobre López Jordán, sobre el Chaco, etc.; triunfo de Buenos Aires, no de sus instrumentos” (Juan B. Alberdi. Escritos póstumos,t.V. Buenos Aires. 1897)
Fragueiro le escribía Gainza: “Por primera vez van a ponerse frente a frente, la levita que representa la civilización y el chiripá de la barbarie; a eso podría decir Ud. replicar que la inteligencia e ilustración se sobreponen a aquellos, pero recuerdo aquello de que “Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos”…y no estamos en ese caso, porque los gauchos en esta Provincia so dos terceras parte; y de aquí parte muy justamente el temor que tenemos muchos amigos al afrontar la cuestión…"
La carta demuestra así que “los ilustrados”, la “civilización de la levita”, se consideraban así mismo “los buenos”, no obstante lo cual se recocían en minoría y sentían miedo pese a la abundancia de recursos.
El genio invisible
El 20 de junio de 1870, por sugerencia de liberales entrerrianos, Sarmiento nombre gobernador a don Apolinario Benítez. Tres semanas después López Jordán envía una nota al Senado de la nación con una propuesta de Paz, pero “batiendo sus alas el genio invisible” de Bartolomé Mitre, que considera a López Jordán un reo quien se le niega hasta el derecho a ser escuchado. En esos días el jefe política de Concepción del Uruguay, coronel urquicista Carlos Sourigues, le expresa a Emilio Mitre: “Señor, esta población es toda ella afecta a López Jordán, contados son los que piensan como nosotros”
La toma de Concepción del Uruguay.
López Jordán se desliza hábilmente entre las tropas nacionales, que no pueden dar con él, y el 10 de junio de 1870 se presenta de improviso frente a Concepción del Uruguay con su vanguardia de 400 hombres de caballería, al mando de los mayores Robustiano Vera y Nicomedes Coronel. La guardia de la ciudad estaba a cargo de Claro Ortiz y en la plaza están detenidos los jordanistas Benicio González y José Vicente Díaz.
Los defensores son 300 soldados de línea bien armados y los atacantes son unos 1.000 hombres. Durante más de una hora se lucha en Concepción y en un momento, frente al colegio fundado por Urquiza, el fuego es tan intenso como lo fuera en 1852 contra el unitario Madariaga. Concepción no resiste y Ortiz es tomado prisionero por las fuerzas revolucionarias, haciéndose cargo entonces de la defensa el coronel Sourigues, quien dirige la defensa desde la torre del colegio, hasta ser abatido por una bala que le atraviesa el corazón. La verdad histórica es que no se produce ni la más mínima venganza, y los jefes vencidos son devueltos sin condiciones a Buenos Aires. El parte de la victoria jordanista no nos deja dudas:
“Las vidas de los jefes enemigos han sido respetadas, amparadas y protegidas pro las tropas vencedoras.
A excepción del coronel Sourigues, no ha perecido ningún jefe en la contienda, salvándose los presos políticos doctor José V. Díaz y coronel Benicio González.
Desde ayer, la población nacional se ha presentado en masa se ha presentado al general Jordán, figurando entre los presentados el brigadier Amada, quien tomó parte en el ataque”.
Los Rémigton
El 11 de junio el ministro de Guerra Gainza recibe desde Montevideo una nota de Carlos Kirschbaum, agente de la casa Remigton de los Estados Unidos, ofreciendo al gobierno argentino la “novedad” de los fusiles y le solicita una demostración ante oficiales del ejército. (Archivo del Museo Histórica Nacional, documento n° 6.351)
El 12 de junio de 1870, 4.000 jordanistas al mando de Almada y Juan Luis González se apodera de Gualeguaychú, expulsando a su guarnición que al mando de Reinaldo Villar abandona el pueblo.
La guerra no se presenta fácil ni favorable par los liberales, y los 16.000 hombres enviados por Sarmiento no son suficientes para dominar la valerosa y movediza caballería jordanista que por entonces dominaba las mayorías de los pueblos: Villaguay, Federación, Diamante, Victoria, Nogoyá y Gualeguay, esta última tomada el 18 de junio por 800 hombres al mando de Carmelo Campos.
Combate de Santa Rosa
Los 16.000 hombres con que cuenta el ejercito nacional no son suficientes para doblegar a al provincia de Entre Ríos. Las fuerzas jordanistas no pueden ser ubicadas por cuanto se mueven hábilmente en un terreno que conocen palmo a palmo y el propio López Jordán fecha sus comunicaciones desde el “Cuartel General en Marcha".
En una carta el teniente Fotheringham, el entonces coronel Roca le decía: “Si López Jordán no se quiebra el pescuezo en alguna rodada, no veo muy bien cuando ni cómo se concluirá esta campaña”, a lo que el joven oficial comenta: “No se si sería elogio a rapidez de movimiento del rebelde, o pequeña burla a nuestra lerdura” (Ignacio Fotheringham. La vida de un soldado)
Por otro lado la aumenta deserción de la caballería de los nacionales mientras se incorporan al ejército jordanista. El 30 de julio una comunicación del coronel Vidal a Gelly y Obes da cuenta de esta situación: “Ud, sabe, General que la fuerza desertora de Corrientes que es ya numerosa se presentará si López Jordán invade, que allí mismo hay un partido que es de él, que la actualidad política de la Provincia es mala, que están para romper los partidos disidentes y que si no tomamos las todas las precauciones posibles en esa Provincia pagaremos bien caro nuestra imprevisión”.
En los meses de julio, agosto y septiembre de 1870 los jordanistas tiene preponderancia en la provincia, incluida la prensa como “El independiente” de Concepción, , “La Nueva Era” de Gualeguay, “el Obrero Nacional” de Nogoyá, y “El avisador” de Gualeguaychú. Este último en su edición del 27 de agosto nos da una clara muestra de la modalidad de actuar de “la civilización”: “Por cartas venida del Paraná de fecha 9, nos avisan que el coronel Ayala, Jefe de dicha plaza, ha jurado poner en el primer cantón a la esposa e hijos del general López Jordán, para, en caso de ataque, sean las primeras víctimas”. (Ejemplar en poder de Aníbal S. Vázquez. Paraná)
Pero Sarmiento no se anda con chiquitaje, y el 16 de agosto envía al congreso un pedido de autorización para formar otro ejército de 5.000 hombres. La cámara de diputados aumenta la apuesta autorizando a crear un ejército de 20.000 hombres para agregarlo al que ya se encuentra en la provincia. El Senado rechaza el pedido por falta de fondos, pero “el loco”, lejos de amilanarse, recurre a las tropas acantonadas en la frontera con los indios.
Mientras tanto López Jordán, insurrecciona Goya incorporando 800 hombres a sus filas y el 16 de septiembre con 2.000 hombres ataca y pone en completa fuga en Quebracho a las tropas nacionales. Planea insurreccionar la provincia de Santa Fe en combinación con Silvestre Hernández y Juan Pablo “mascarilla” López, cuyo movimiento se ve frustrado por la detención de ambos.
Para los primeros días de octubre de 1870 el ejército nacional de Ignacio Rivas se encontraba en las puntas del arroyo Yeruá. Gelly y Obes opera en el Departamento de Nogoyá, y para el 11 de octubre estaba en el arroyo Clé, mientras Riva llegaba hasta el arroyo Santa Rosa, afluente del Gualeguaychú, tratando de dar alcance a López Jordán.
El día 12, al cruzar el arroyo Santa Rosa, Rivas recibe aviso de parte del coronel Vidal que decía tener a su frente tres columnas jordanistas y que otras tres venían en dirección del flanco izquierdo del ejército nacional, estaba formado por una brigada de infantería al mando del coronel Ivanvosky, la segunda brigada con cuatro piezas de artillería ”prusiana” y una de montaña a las ordenes de Bernal, y regimiento formado al mando entre otros de Gamarra, Irinaco Ramírez y Luis María Campos, con cuatro piezas de artillería al mando de Bustamante, más las fuerzas de reserva.
Alrededor de la 8 de la mañana suena el primer disparo de cañón. Las fuerzas jordanistas, con unos 3.000 hombres de caballería atacaron por la izquierda, sin poder ser contenidos por la artillería. Según el parte de Rivas las cargas de caballería se suceden “con ímpetu salvaje y con su habitual gritería”. Los “civilizados” llamaban “ímpetu salvaje” a la valentía jordanista, pero Rivas luego rectifica su apreciación: “Quiero hacer un acto de justicia - dice Rivas- , al valor del enemigo digno de mejor causa, muy principalmente a la caballería, que ha dado algunas cargas hasta con desesperación”
Los nacionales dan por ganada la batalla, adjudicándose cuatro veces menos pérdidas que el enemigo. El parte del coronel jordanista Pedro Seguí da sin embargo la siguiente versión:
Defendemos la Soberanía de la Provincia
Campamento en marcha, octubre 13 de 1870
Señor Sargento Mayor Don Antonio R. Descalzo
Ayer 12 lo batimos al ejército que comandaba Rivas. El combate principió a la 7 y media de la mañana. Nuestras caballerías triunfaron completamente como se esperaba, quedando reducida la del enemigo a un pequeño número, pues a la primera carga se le desbandaron 400 o 500 hombres y lo que es más, de a pié.
Ya Ud. sabe que con los cañones se pone siempre al abrigo de una derrota completa; así fue ayer. Los tuvimos encerrados por espacio de 4 1/2 ó 5 horas que duró el combate y no siendo posible competir con sus cañones, emprendimos nuestra retirada, y hoy volvemos sobre ellos a hostilizarlos para facilitar el desbande.
Las pérdidas de nosotros son insignificantes, pues no pasaron de 20 muertos y heridos. El enemigo no puede vanagloriarse de estos porque sus pérdidas son considerables. Entre desbandados y prisioneros y muertos alcanzará de 700 a 800 hombres. Todas sus caballadas están en nuestro poder y las que no lo están se han disparado y por consiguiente están a pie, como le digo, y en estado de no poderse mover por muchos días de allí. Pedro P. Seguí.
Francisco Horacio Francou, en su libro “El ama de mis pagos” (Vol.I. Buenos Aires. 1966) nos brinda algunos detalles muy interesante, sobre todo en la manera de proceder de “civilizados y bárbaros”: “La batalla mas famosa de las libradas fue la de Santa Rosa, a unos 4.000 metros del arroyo del mismo nombre y en el campo Irungaray, frente a lo de Pascual Irungaray. Esos campos eran de Aurelio Jorge y allí había un enorme “corral de palo a pique” de ñandubay, para encerrar la hacienda “baguala” que abundaba por esos tiempos sin alambrados. Los colorados (así se llamaban dos del gobierno), acamparon cerca del corral y los blancos (así se llamaban los de López Jordán) lo hicieron en el campo de Santa Medarda. La noche anterior a la batalla, el jefe del Estado Mayor, coronel Gallo (abuelo materno de Rogelio Carricarte) tenía reunidas cinco mil yeguas para lanzarlas a toda carrera, con cueros secos atados en las colas, contra los cuadros de los colorados. López Jordán no aceptó el plan, porque dijo que era contrario a la leyes”
A los jordanistas probablemente los llevó a la derrota precisamente el honorable hecho de respetar las leyes que otros no respetaban.
El 7 de octubre, pocos días después de Santa Rosa, López Jordán recibe una significativa carta del autor del Martín Fierro, José “Matraca” Hernández:
"En la lucha que Ud. se halla comprometido no hay sino una sola salida, un solo término, una disyuntiva: o la derrota o un cambio general de situación en la República. Cualquier opinión contraria a ésta, será un error político grave, que lo detendrá a usted en su marcha, para perderlo al fin.
Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido, debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del Jefe Traidor.
Opino pues que para no empequeñecer su movimiento, debe usted tamar esa reacción como punto de mira política.
Hacen diez años que Ud. es la esperanza de los pueblos, y hoy, postrados, abatidos, engrillados, miran en Ud un salvador” (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná. 1953)
La lucha continúa
Para el 31 de octubre las tropas de Gelly y Obes se encuentra en Nogoyá, “en el centro del campo” – de informa a Rivas – pero no pueden encontrar por ningún lado a las tropas jordanistas que se mueven hábilmente por el terreno: “La noticias que aquí se dan del Enemigo – le informa Rivas desde Alcaráz – son que hace tres días pasó su retaguardia pero no se conoce aún su dirección: algunos nos han dicho que van al Paraná y otros que el 13 van a librar batalla con usted” (Revista de la Biblioteca Nacional)
El 12 de noviembre López Jordán ataca a Gelly y Obes, quién ve doblada su artillería, siendo salvado por la llegada de Rivas, pero días después los jordanistas entran en Gualeguaychú tras 18 horas de combate.
López Jordán hace gestiones de paz en Buenos Aires por intermedio de varios representantes, entre ellos Oroño y Evaristo Carriego, y el 11 de noviembre "La Prensa" publica una carta conciliadora del caudillo entrerriano. A nada se llega con estas gestiones.
Los jordanistas planean dar un golpe en colaboración con elementos correntinos y santafesinos donde debe estallar un movimiento contra el gobernador. Una columna al mando de López Jordán marcharía hacia Corrientes.
El 7 de diciembre de 1870 el diario "La Prensa", bajo el título “Expedición rebelde”, anuncia esta gentil noticia: “De Entre Ríos se avisa que López Jordán prepara una expedición sobre Corrientes. Constaría de mil quinientos hombres que irán bajo la orden del ex gobernador de aquella provincia, el célebre D. Evaristo López. Llevará a su lado al ex Redactor del “Río de la Plata” en esta capital D. José Hernández. Tome nota el Gobierno y dicte las medidas del caso” (Se refiere al autor del Martín Fierro, que se había incorporado al ejército jordanista.)
Combate de Ñaembé
El 26 de enero de 1871, el gobernador correntino es reforzado por el 7° de línea al mando de Julio A. Roca y un batallón de artillería al mando de Domingo Viejobueno, aguardando en Ñaembé con 3.000 hombres a las tropas jordanistas que habían cruzado al frontera correntina, con 6.000 de caballería, entre las que iba José Hernández.
Inicia el combate la caballería jordanista al mando del coronel Segui, quedando Jodán a cuatro kilómetros de distancia. La caballeria jordanista parecia arrollar a los liberales pero la tropa correntina logra ponerla en desbande, provocando el desgraciado hecho de envolver a la propia caballería de López jordán que de este modo se ve impedido de maniobrar. El combate dura varias horas hasta que las tropas jordanistas en derrota se desbandan, en una batalla “...en que jugó papel importante el azar...” (general Francisco M. Vélez. Ante la posteridad. Personalidad marcial del tenerte General Julio A. Roca. Buenos Aires 1938)
López Jordán, imprevistamente derrotado por un ejérito de lías mejor armado, que talvez no esperaba en esa posición, enfila su caballo para Entre Ríos, donde todavía batallan las tropas jordanistas de Carmelo Campos.
El diario la Capital de Rosario del 2 de febrero de 1871 nos da la versión periodística de este galope del caudillo entrerriano:
“A distancia de una legua del campo de batalla unos soldados de al guardia de Esquina le bolearon el caballo al general Jordán, pero como no mosqueara el caballeo no se logró el golpe de bolas.
A distancia de cuatro leguas Jordán bajó en la estancia de una familia de Corrientes; pidió un vaso de agua y dirigiéndose a los que los acompañaban dijo: “Lo que siento es ue un puñado de muchachos sean los que me han derrotado”. Concluidas estas palabras que pronunció con viva emoción, sus ojos se arrasaron de lágrimas, sacó un pañuelo y las enjuagó”
Talvez en esa ocasión, don Ricardo recordara las palabras que escribiera Juan Manuel después de Caseros: “si más no hemos hecho...es que más no hemos podido”
El primer exilio de López Jordán
Derrotado en Ñaembé, el caudillo cumple otra hazaña: en una noche se viene desde Yuquerí y ocupa Colón, tomando prisionero a al comandante de la plaza. Luego marcha hacia Federación y el 6 de marzo a la madrugada cruza el Río Uruguay a la altura de Rincón de Santa Eloisa, acompañado por Pedro Seguí, Robustiano Vera, Mariano Querencio y otros. Cientos de federales obligados a abandonar sus familias se exilian en la costa oriental, entre ellos José Hernández, y soportar las penurias del exilio de los derrotados. Otras sufrirán cárceles y grillos en la banda occidental.
Sarmiento impone un gobierno para Entre Ríos. Sigue sin embargo la efervescencia federal en al provincia que no acepta la imposición centralista. El 13 de marzo la legislatura nombra a Emilio Duportal, que no cambia las cosas, y el 26 de agosto renuncia al cargo. También lo hace su ministro Félix A. Benítez, con una nota muy expresiva:
"Las aves carniceras de siempre vuelven a clavar sus garras insaciables en esta desgraciada víctima.
Los Victorica y Urquiza deciden hoy los destinos de la Provincia ligados a elementos homogéneos que todos conocemos.
Estos hombres han traído envuelta a la República Argentina en una guerra fraticida de muchos años, como no buscan sino oro y predominio, no se desviarán de anegarnos nuevamente en sangre, si así les conviene.
"Una prueba viva de lo expuesto es la elección de Dn. J.R.Baltoré, último ministro del tirano Urquiza, autor del contrato Fragueiro y cómplice de todas las rapiñas y explotaciones vergonzosas que la Provincia ha sido víctima por más de 30 años de despotismo, practicada por elementos oficiales; es decir, pro la Guardia de Seguridad de este Departamento, por las Guardias Nacionales capitaneadas por sus jefes y dirigidas por un club político que se compone de todos los elementos susodichos".
A Duportal lo sucede el liberal Leónidas Echagüe pero las cosas no mejoran en la provincia. Por el descontento generalizado en la provincias, tanto de liberales como jordanistas, se habla de una nueva invasión de los emigrados. El gobierno entrerriano pide al gobierno central que interceda para que se traslade a Río de Janeiro a López Jordán, que por entonces se encontraba en Santa Ana do Livramento, mientras pide al senador Oroño que interceda ante el caudillo entrerriano, quien le contesta por carta:
“Esos rumores y esas alarmas no nacen, pues, de los propósitos de invasión. Ellos tienen su origen en los desiertos del gobernador Echague y el las provocaciones que se hacen a mis amigos políticos, persiguiéndolos en su persona e intereses.
Si usted no fuese senador al Congreso, y si no residiese en la provincia de Buenos Aires, donde se disfruta de todas las garantías que la Constitución acuerda, es seguro que si no encontraba justificada una invasión a esa provincia, encontraría por lo menos fundada y legítima la resistencia de parte de los que somos objeto de las hostilidades de ese gobernante.” (Nicasio Oroño. Escritos y Discursos. Buenos Aires. 1920)
El 28 de febrero de 1872, en carta fechada en Río Grande, López Jordán le escribe a Juan Bautista Alberdi, donde le expresa su satisfacción de verlo “separado del círculo de los hombres centralistas que dominan el país” y le solicita su colaboración: “me hace abrigar la mayor esperanzas - le dice – de llegado el caso necesario, no se negará Ud. a ayudarnos con su valioso contingente, a fin de establecer el orden en nuestro país y hacer efectiva nuestra carta Constitucional". (Archivo del Dr. Carlos María Querencio. Buenos Aires)
Las negociaciones fracasan, entre otras cosas, ante la negativa liberal a aceptar como ministro a José Hernández, propuesto por el jordanismo. El descontento en la provincia se ve reflejada carta enviada el 22 de marzo a Martín Gainza por parte del coronel Miguel Guarumba, que siendo unos de los jefes decididamente partidarios del gobierno nacional, no nos deja dudas:
Mi querido coronel:
Grave y triste situación por la cual atraviesa la provincia de Entre Ríos en estos momentos. La marcha del Gobierno reprobada por el pueblo y la insistencia de aquel en sostener a un ministro, hace que tanto los órganos que responden al Partido Liberal, como aquellos en que está encarnado el elemento de López Jordán, formen en la misma cruzada, y pidan unidos, aunque con distintos fines, la disolución de su ministerio". (Archivo Museo Histórico Nacional, documento 7.793)
Por su parte el diputado provincial proliberal, Belisario López, nos describe con detalle la situación provincial, en carta que remitía al ministro Gainza desde Concordia el 13 de setiembre:
“Querencio, Carlos, aún no regresó de su viaje a Santa Ana, a donde fue, como lo comuniqué a V.E. en mi anterior, acompañado de su hermano y de algunos otros oficiales de Jordán.
Yo me pierdo en conjeturas.
Entre tanto, Sr. Ministro, me persuado cada momento que el Gobierno Nacional pierde completamente su influencia en al provincia el desgobierno general se extiende a todos los ramos de la Administración y las violencias que se practican en todos los Departamentos, sangrientas muchas de ellas traen el desencanto al espíritu y la desesperación se manifiesta con una energía asombrosa por le emigración que hay a cada momento.
Fray Bentos, Paysandú, Salto, Guaviyú, Constitución y Santa Rosa en el Estado Oriental, Santa Fe , Rosario y otros puntos en el río Paraná, son una prueba de ello, todas esas poblaciones están asilando a los que huyen de las persecuciones del Gobierno; mientras tanto, la Provincia militarizada sin que nadie se de cuenta del por qué, los hombres arrancados a su labor diaria al extremo de que ya no han quedado peones en los establecimientos de campo que no estén en los campamentos, dan una triste y lamentable idea de esta situación y lo más curioso de todo es que cuando algunos se preguntan qué es lo que hay, los encargados del Gobierno dejan caer como al descuido y en silencio al oído de nuestros paisanos, esta frase:”todo esto es por orden del Gobierno Nacional” y el respeto tenido al gobierno nacional por las conducta que observan todos sus representantes y más notablemente V.E. durante al guerra, desaparecen en vista de tanto desmán, cuando ni se oye su voz para alentar a los que sufren.
Estoy hablando con un joven inglés, amigo mío, que tiene un importante establecimiento de campo, aquí cerca, y me dice hace un momento, que es tanta la desesperación de ls moradores que él opina que cualquiera que inicie un movimiento será seguido”
(Archivo Museo Histórico Nacional, documento 7.794)
El gobierno provincial mete presos a opositores, mientras se continúan los hechos de violencia y persecución. El 1° de diciembre en la plaza principal de Paraná, gente del gobierno ataca a opositores del Club del Pueblo, lo que provoca la protesta de casi todo el vecindario, incluidos 200 extranjeros residentes, y el 5 de diciembre una partida de 40 hombres da muerte al opositor coronel Wenseslao Taborda en Rosario del Tala.
...
y después dicen que es malo,
el gaucho si los pelea.
(Martín Fierro)
La invasión Jordanista
Los liberales siguen con las intrigas y persecuciones en la provincia de Entre Ríos, y la cosa no da para más. El 1° de mayo de 1873, López Jordán y hombres como Mariano Qurencio, Eustaquio Leiva, Carmelo Campos y otros, cruzan el Uruguay a al altura d Alto Uruguay y Barra del Palmar. Más tarde se les uniría el oriental Francisco Caraballo. El 3 de de mayo toman victoria y varios pueblos caen en poder de los jordanistas, entre ellos Gualeguay, Rosario del Tala, Nogoyá, La Paz Y Victoria, mientras quedan en poder del ejército nacional Paraná, Concepción del Uruguay y Concordia.
Se incorporan hombres de renombre al ejército entrerriano y para el 22 de mayo López Jordán se encuentra en Costa de Bargas y más tarde en Arroyo Don Cristóbal, en el centro de la provincia, trata de organizar su ejército de 9.000 hombres y conseguir armas para enfrentar al ejército nacional que se prepara para batirlo.
La prensa de Buenos Aires anuncia otra locura de Sarmiento: el 28 de mayo da entrada a la cámara un proyecto poniendo precio de 100.000 pesos a la cabeza de López Jordán, de 10.000 pesos para Mariano Querencio, y de 1.000 pesos cada uno para quienes “entreguen a autores de excesos cometidos en la revolución”...así nomás,... “al boleo”.
El Congreso no quiere ser cómplice de la locura de Sarmiento y rechaza el proyecto.
Mientras tanto el gobierno provincial toma represalias contra simpatizantes jordanistas, despidiendo empleados públicos, incluida una Ley de expropiación de bienes a los integrantes del ejército jordanista. Esta ley sería recordada ochos años después por el diputado antijordanista Juan Ángel Martínez que pidió la derogación de la misma, expresando “Yo conozco leyes hechas expresamente para despojar de sus hogares a los argentinos que se permitían pensar en distinto modo que los hombres que gobernaban”
Siguen llegando tropas y jefes nacionales a Entre Ríos, mientras López Jordán no puede conseguir armamento, tal como consta en la correspondencia del caudillo que expresa “...el Ejército Entrerriano se compone de toda la Provincia en masa con una decisión admirable, que la infantería toma creses y que por falta de fusiles no remonta tanto como yo lo deseo, pues sin embargo de tener mucho armamento comprado, aún o ha podido llegar...” (carta a Carlos María Querencio. Archivo Dr. C.M.Querencio)
Mientras tanto Juan Bautista Alberdi, desde Francia le dice a su amigo Gregorio Benitez en carta fechada el 19 de junio de 1873. “Ya no cabe misterio sobre el carácter y alcance de la revolución de Entre Ríos. Le mando la proclama de López Jordán, del 1° de mayo, repartida a todos los periódicos de buenos Aires y Montevideo. Por ajenos que a los partidos en que está dividido del de Buenos Aire sean al origen de ese movimiento, son simpáticos al él los partidarios de Alsina, de lo cual resulta que una parte del gobierno argentino aprueba la revolución, y otra la condena” y en nueva carta fechada el 6 de julio agrega: “Los papeles de Buenos Aires anuncian la salida del ministro Gainza para Entre Ríos, a tomar el mando de las fuerzas del gobierno. Es un palo visible a Mitre, y maniobra del todo electoral. No hay una sola persona, grande o chica, que no considere la cosa de Entre Ríos como la crisis mas grave que haya surgido en el plata desde la caída de Rosas”
Combate de Yuquerí
Un decreto provincial deja sin efecto todos los actos administrativos dictados por Sarmiento y el 28 de junio los jordanistas al mando de Carmelo Campos vencen completamente en Yuquerí a los nacionales, que dejan en el campo 80 muertos, 22 prisioneros, armamento, una bandera y varios estandartes.
Los nacionales, con mayores medios y armas, embarcan en dos vapores el regimiento 5° y 7° de Línea al mando de Nicolás Levalle y recuperan La Paz, impidiendo la llegada de armas al ejército jordanista y frustrando además un levantamiento en Santa Fe que se produciría por esos días.
El 29 de agosto López Jordán le escribe a Carlos María Querencio desde Arroyo Pueblito, Nogoyá, que no le ha llegado el armamento: “Ni Collin ni Olave, ni ningunota venido, y su carta me da la primera noticia de haberse ellos movido para acá. ¡Sabe Dios lo que suceda realmente! Esta contrariedad me hace perder un tiempo precioso, y calcule como estaré yo cuando veo que con mil fusiles ya hubiera dado cuenta de esa canalla. ¡Tener doce mil hombres, y no poder ir a buscarlos!” (Archivo del Dr. C.M.Querencio)
Se rompe el sito de Paraná
El día 30, tropas nacionales sorprenden en maniobras a Eustaquio Leiva, que se desbanda, levantando el sitio de Paraná. El 3 de setiembre el ejército nacional ocupa Diamante, quedando en manos jordanistas Nogoyá, Gualeguay, Victoria y Gualeguaychú. Jordán fija su campamento en el Sauce, entre Rosario del Tala y Nogoyá. No contando con armamento suficiente elude la batalla y se desplaza hacia el Este y luego al Norte de la provincia, mientras Gainza ocupa Nogoyá, controlando Diamante, Victoria, Gualeguay y Gualeguaychú.
La hazaña de La Paz
El 31 de octubre de 1873 los jordanistas al mando del intrépido Benicio González protagonizan una verdadera hazaña, retomando la plaza de La Paz y poniendo en vergonzosa fuga al teniente coronel Méndez. El Jefe Político del Departamento, Anselmo G.Campero, le informa en parte al ministro Gainza:
“...los hechos que en el día 31 de octubre último, cubriéndonos de vergüenza, motivaran el abandono que del pueblo de La Paz hicieron nuestras fuerzas legales, operado por los rebeldes que no encontrando resistencia, tuvieron la facilidad de fusilarnos a mansalva desde la barranca del río cuando pesarosamente habíamos llegado a la orilla del agua, obedeciendo al jefe militar de la Plaza, que después de haber arrebatado la Falúa dejando en tierra a los Gardia-Marinos ordenó retirada en términos de la más acabada derrota, sobre la costas del río, mientras él y el Juez de Paz, señor Vidal, con dos embarcaciones que negaron socorro a muchos afligidos, se alejaron hasta la orilla opuesta a observar cómo fusilaban a nuestras fuerzas y cómo el benemérito comandante del vapor Rosetti protegía a metralla el salvamento de los que, heridos o ilesos, escapaban de la carnicería del enemigo.” (Leyes, Decretos y Acuerdos de al Provincia de Entre Ríos, tomo XIII. Concepción del Uruguay. 1876)
De los quinientos hombres de al guarnición de La Paz, llegaron a Paraná 180. Ricardo Méndez pide consejo de guerra para que se lo juzgase, a raíz del cual se le da la baja del ejército.
El “nuevo sistema”
Ayala y Viejobueno siguen concentrando armas y caballadas en Nogoyá pero no pueden dar con el caudillo entrerriano que se mueve hábilmente con sus tropas. Por esos días, recordará años después Fotheringham: “El enemigo bien montado, como a entrerrianos corresponde, formaba un ejército revoloteador: estaba aquí, allí, en todas partes, y buscándolo no se hallaba en ninguna” (Ignacio H. Fotheringham. La vida de un soldado o reminiscencias de la frontera. Buenos Aires 1908) Pero el ejército contaba con un arma que pesaría fuerte sobre las caballerías y las tropas jordanistas mal armadas, muchas veces faltos de fusiles y con lanzas y sables: “En el Paraná nos dieron fusiles Remington – dice Fotheringham – que por primera vez iban a ser ensayados en una guerra de hermanos. Con semejante arma el éxito estaba asegurado”
Para ver el contraste en el modo de actuar entre los “civilizados” de “levita” y las tropas jordanistas que supuestamente representaban “la barbarie” de los de “chiripa”, baste recordar que López Jordán no aprobó el procedimiento propuesto por el coronel Gallo en el combate de Santa Rosa, por no ajustarse a “las leyes de la guerra”, y también se negó a usar las balas explosivas que le regalaron los oficiales franceses Collins y De Fries, incorporados al ejército jordanista en junio de 1873; en efecto, dichas balas fueron probadas en una cabeza de vaca por el coronel Agustín Martínez, y al ver López Jordán los efectos destructivos de las mismas, se limitó a expresar:
“Yo nunca haría uso de semejantes proyectiles, porque lo que debe buscarse en la guerra es inutilizar al enemigo, no destruirlo” (La política. Buenos Aires, 20 de noviembre de 1874)
Como hemos visto y como veremos luego, los “civilizados” no compartían las opiniones, los pruritos ni los procedimientos de los federales.
En la segunda quincena de noviembre, Sarmiento se traslada a Paraná, llevando algunas ametralladoras de media tonelada. Gainza decide dar inmediata movilización contra López Jordán y marcha hacia Gualeguay, pero Ayala le avisa que la vanguardia jordanista se encuentra el La Paz. El 21 de noviembre, desde Nogoyá, Ayala le da aviso a Gainza mediante telegrama: “Ametralladoras salieron hoy temprano con una escolta de cuarenta hombres de infantería y caballería. Lo saluda y deseándolo felicidad. Juan Ayala”
Los primeros días de noviembre el ejército liberal acampa en María Grande y el 8 avistan la vanguardia jordanista compuesta por 2.000 hombres al mando Carmelo Campos, que derrotan en El Talita: estaban probando “los Rémington”. Días despues se llevaría a cabo la “carnicería” de Don Gonzalo.
López Jordán mantiene divididas sus tropas, con 3.000 hombres de caballería ligera que al mando del general Caraballo hostilizan a Vedia y otra división al mando de Carmelo Campos que hace lo propio con Gainza en Nogoyá, mientras el propio López Jordán con el grueso de ejército se mueve hacia Corrientes con al estrategia de atraer a Vedia para provocar la deserción de la tropa correntina al verse cerca de sus pagos, de donde había sido arrancada.
Batalla de Don Gonzalo
El 8 de diciembre de 1873 recibe López Jordán un parte que le anuncia la derrota de Carmelo Campos en el Talita, y decide vadear el arroyo Don Gonzalo, que según testimonio de Fotheringham en esa época estaba desbordado.
“En el acto de tener conocimiento del desastre sufrido por el general Campos – relata López Jordán – traté de efectuar el pasaje del arroyo Don Gonzalo, y lo emprendí luchando dificultades incalculables, empleando en él lo que faltaba de la tarde y toda la noche” (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná, 1953)
El día 9 de diciembre de 1873 se entabla la batalla de Don Gonzalo. Los “nacionales” lanzan el primer ataque a las cuatro y media de la tarde, resistido durante dos horas y media, que obligan a Gainza a replegarse sobre sus batallones de infantería. Pero no alcanzarían las lanzas, las bayonetas y el coraje entrerriano para resistir la artillería “prusiana” y los fusiles del “nuevo sistema”: “Cuatro pequeños batallones - relata López Jordán – estaban sufriendo el fuego nutrido y mortífero de cuatro grandes batallones de línea enemigos, armados de rico armamento de ´nuevo sistema´ y arrojándonos millares de balas explosivas” (Aníbal S. Vázquez. José Hernández en los entreveros jordanistas. Paraná, 1953) Eran las mismas “balas explosivas” que el caudillo entrerriano se negaba a usar para “no destruir” al enemigo.
Y hablando de “no destruir” al enemigo, veremos ahora que pensaban al respecto los “civilizados de Levita”: El Teniente Saturnino E. García, que peleó en Don Gonzalo, afirma que el coronel Juan Ayala ordenó después de la batalla “fusilamientos sobre el tambor” y numerosas muertes a lanzazos, de tal modo que las bajas jordanistas aumentaron considerablemente después de la batalla. (Avelino J. Benítez. Perfiles de una vida. Buenos Aires. 1948)
¡Linda manera de actuar de los señores liberales!...El entrerriano Domingo Tarragona, le hace cargo a Ayala en carta abierta a Sarmiento fechada en el distrito Alarcón de Gualeguaychú, el 10 de diciembre de 1878:
“Los sucesos de San Juan concluyeron con Cepeda y Pavón, sin otro recuerdo que aquel célebre parte del general Sáa dando cuenta de las numerosas víctimas que había hecho “a lanza seca” mientras que los de 1870 y 73 dejaron cubierto el suelo entrerriano de sangre humana, cuyo olor mortífero aún tiene oprimido nuestros pulmones, y órdenes en que está patente el deseo de venganza, como aquellas sus cartas a gobernador Gelabert de Corrientes para fusilar y matar sin forma de juicio a todos los que fuesen jordanistas, y que Gelabert en un momento lúcido parece que tuvo hasta la repugnancia de ejecutar; los proyectos sangrientos y crueles que rechazó el Senado, ofreciendo primas que debían pagarse con los ahorros del pueblo, por las cabezas de López Jordán, los Querencios, etcétera, y los fusilamientos, sin forma de juicio, que quizá obedeciendo sus órdenes, ejecutó con bárbara impiedad y sangre fría el general Ayala, festejado la victoria y carnicería de “Don Gonzalo” en 1873” (Archivo del Dr. Carlos M. Querencio)
“Un loco sublime”
Ignacio Hamílton Fotheringham nació en Southampton en 1842; se vinculó con Rosas y luego se trasladó a Buenos Aires con el propósito de trabajar en las estancias de Juan Nepomuceno Terrero. Aquí se incorporó al ejército y luchó como voluntario en la guerra del Paraguay. Posteriormente prestó servicios en la frontera y, en 1873, peleó, ya como oficial, contra el ejército entrerriano rebelde, comandado por Ricardo López Jordán. Volvió luego a las fronteras del sur y sureste de Córdoba, y en 1874 estuvo junto al general Roca, para batir al revolucionario Arredondo. Hizo la campaña del desierto junto a Levalle y en 1880 actuó nuevamente en los ejércitos antimitristas. En 1883 fue nombrado gobernador del Chaco y, en 1888, lo fue de Formosa. Alcanzó el grado de general de brigada y en 1908 publicó “La vida de un Soldado o Reminiscencias de las Fronteras”. A él le debamos muchos relatos y descripciones de los hechos sucedidos durante la rebelión jordanista, como el relatado por el mismo refiriéndose a un hecho sucedido después de la batalla de “Don Gonzalo”, digno de una historia romántica que no puede dejarse perder.
Después de la batalla de “Don Gonzalo”, en que las tropas liberales “armados de rico armamento de nuevo sistema, y arrojando millares de balas explosivas” provocaron el desbande de las tropas federales, Ignacio H. Fotheringham, que fue protagonista de dicha batalla, cuenta el siguiente relato heroico que no puede quedar en el olvido, y cuyo protagonista bien pudo ser cualquiera de los criollos que peleaban por la autonomía de sus provincias arriesgando su pellejo sin pedir nada a cambio:
“Solo, bien montado en un hermoso caballo moro – relata el autor de “La vida de un soldado” – se vino sobre el 10 de línea, pasando al lado de la caballería de Undavarrena, un jinete entrerriano, gallardo mozo, de no sé de donde ni nadie sabrá nunca; se golpeó en la boca, hizo rayar su flete y descargando una pistola que llevaba en la diestra, dio media vuelta y a todo escape regresó de donde vino. No he visto audacia e insolencia igual. Un hermoso acto y por hermoso quedó impune pues no quise que le hicieran fuego los granaderos, que ya iban a hacer una descarga; y se fue sombrero negro de cinta roja, traje de terciopelo; la cola del caballo hecha nudo entrelazada con cintas rojas. ¡Que curios tipo! No sé si sería un loco, pero si lo era, era un loco sublime”.
Combate de Puente de Nogoyá
López Jordán se incorpora a la columna de del general oriental Caraballo y avanza rumbo a Rosario del Tala con 1.500 hombres salvados del desastre de Don Gonzalo. A cierta altura manda a Caraballo en dirección a Nogoyá mientras él se dirige a Gualeguay intentando reorganizarse y recoger armas, pero el 22 de diciembre son derrotados por Villar los 600 hombres que ocupaban el Puente de Nogoyá.
En este hecho el jefe federal reúne a sus hombres para imponerlos de la verdadera situación, llegando todos a la conclusión que convenía abandonar la provincia para ahorrarle nuevos sacrificios inútilmente: “No tenia con qué armar 500 hombres – dice el caudillo – no había recibido durante toda la campaña ni un solo alfiler ni un gramo de pólvora, y no podía, por consiguiente, continuar en la esperanza de recibir en adelante” (Aníbal S. Vázquez. op.cit.)
Enfila por lo tanto su caballo rumbo al oriente para cruzar el Uruguay por Cupalén, la noche del 24 al 25 de diciembre. El vapor Garibaldi le captura algunos hombres, entre otros José María Piedrabuena y José Eulogio “Chengo” Amarillo. Días más tarde se le unirán otros hombres que vadean el río a la altura de Gavirú.
El exilio y las disidencias.
Se producen disidencias entre los federales emigrados, entre ellos por parte de los hermanos Carlos Maria y Mariano Querencio que le recriminan al caudillo invadir al provincia sin el armamento necesario, y en no eludir batalla a la espera de que estallase en Cuyo una revolución encabezada pro Juan Sáa. Pero la revolución no se produce y las armas que debía enviar Querencio no llegan, produciéndose el desenlace de Don Gonzalo pone fin a los planes rebeldes.
Manteniéndose leal José Hernández, aún así le critica al caudillo haber confiado la dirección política de la Banda Oriental “a un hombre sin práctica y sin vistas políticas”, según se desprende de correspondencia que “Matraca” fecha el 15 de febrero de 1874 en Montevideo y que le dirige al caudillo que para entonces se encontraba en Santa Ana do Livramento, en cuya carta le dice entre otros conceptos:
“Recibí y me he impuesto con satisfacción, las dos muy estimables de Ud. fhs 18 de enero y 5 del actual. He creído que la publicación de un manifiesto le era indispensable, pues los sucesos, los enemigos, y los malos amigos, le han hecho a Ud. una atmósfera sumamente desfavorable.
Pero yo que me jacto de ser su amigo, que he puesto mi cabeza a su servicio, no espío situaciones; y soy siempre el mismo, bien sean ellas favorables o adversas”
Con la carta llegan los borradores de un manifiesto redactado por Hernández que aparece en La Patria, de Montevideo, el 10 de marzo de 1874, y más tarde aparece impreso un “Manifiesto de los emigrados Entre-Rianos contra el general López Jordán” de un “Comité de Montevideo”, acompañado de las firmas de muchos supuestos disidentes, muchas de las cuales son negadas públicamente por los firmantes. Entre los leales, además de Hernández, se mantienen dos hombres de indudable capacidad, como son el doctor Mariano Martínez y Juan Coronado, ex secretario de Urquiza y padre de Martín Coronado.
Jordán se mantiene en Santa Ana hasta febrero de 1875, en que se dirige a Paysandú y el 12 de marzo del mismo año se traslada a Montevideo. Recibe correspondencia, entre otros de parte de Robustiano Vera que se alegra por “El justo interés, el ardiente y natural deseo de su apreciable familia por tenerlo a Ud. en Montevideo...” no obstante le puntualiza que nos es bueno dedicarse demasiado a la familia descuidando el partido. En otra correspondencia a López Jordán le dan noticias sobre el caballo del caudillo: “Su caballo Nambí lo ha prestado Taborda para correr carreras y Ramón Godoy que es quien lo tiene, lo ha querido jugar en diez pesos” (Archivo López Jordán. Paraná)
La tercera rebelión.
Durante casi todo el año 1876 se mueve una nueva insurrección jordanista. Consta en el Archivo López Jordán numerosa correspondencia, alguna en clave, entre ellas una fechada el 3 de febrero por Juan Coronado donde le dice “...no se duerma y haga sentir su influencia política en Entre Ríos”
El 25 de noviembre López Jordán vadea nuevamente el río Uruguay por al barra de Pos Pos y pisa nuevamente suelo entrerriano con unos 40 jefes y oficiales, entre ellos su hijo Ramón López, Desiderio Olivera, Nico Coronel, Robustiano Vera y Claro Palacios.
Los jordanistas distribuyen tres vibrantes proclamas, entre ellas la de López Jordán que dice entre otras cosas:
“Los proscriptos que escaparon de la carnicería de Don Gonzalo, al acogerse al indulto bajo la fe de la autoridad nacional era para ser víctimas, en sus intereses y en sus vidas, de la venganza rencorosa e insaciable del Dr. Febre, cuyo despotismo y rapacidad viene esparciendo el escándalo en todos los ámbitos de la República”
(El Nacional, 29 de noviembre de 1876. También en “El pueblo porteño, Buenos Aires, 30 de noviembre de 1876. Colección Museo Mitre)
El entonces presidente Avellaneda decreta el estado de sitio en las tres provincias (Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes) aprovechando la volada para encarcelar a opositores y molestos. El 27 de noviembre un puñado de jordanistas, entre los que se cuenta el célebre matrero Calandria, atacan el pueblo de Gualeguay, pero la audacia no puede suplir falta de armamento. Mientras tanto el caudillo se dirige rumbo a Tala y Nogoyá logrando burlar la vigilancia y alistando unos 500 hombres, y con esas fuerzas pobremente armadas se dirige al norte de la provincia, llegando a Alcaracito la primera semana de diciembre, donde los sorprende la división del general Juan Ayala, derrotando a las últimas lanzas federales.
Los derrotados se dispersan buscando estancias de amigos en los pagos de Montiel, siendo algunos capturados por Ayala, quien siguiendo la costumbre liberal “civilizada” y la suya propia, los pasa por las armas sin juicio previo.
Al teniente Cecilio Berón lo entrega su amigo Juan Ramírez mientras aquel dormía, y llevado a La Paz, Ayala lo hace conducir hasta su campamento de Don Gonzalo y el 12 de diciembre lo hace fusilar sin consejo de guerra, junto a Agustín Viana. Según sumario que se instruyó en La Paz con motivo de este fusilamiento, surgió que Ayala estuvo predispuesto contra Cecilio Berón “por una derrota que sufrió en Hernandarias en al cual el finado tuvo la generosidad de dejarlo escapar siendo la fuerza de Berón inferior a la de Ayala” (Angel Berón de Astrada. Casos concretos del general Juan Ayala. Buenos Aires 1888. Colección Biblioteca Nacional)
Unos años más tarde un diario de Buenos Aires nos brinda nuevos detalles del proceder civilizado de estos hombres del ejército liberal:
“El coronel Berón fue capturado después de Alcaracito. No era un prisionero ni se encontraba con las armas en al mano. Estaba enfermo y fue delatado. Conducido a presencia del general Ayala con una barra de grillos a los pies y los brazos atados por la espalda, fue mandado fusilar inmediatamente.
No hubo defensa ni proceso. El coronel Verón pidió algunos momentos para despedirse de su esposa, y no le fue permitido este último consuelo. La esposa concurrió con sus pequeños hijos al lugar de la catástrofe y reclamó el cadáver. El verdugo disputó aquellos tristes restos. “Mejor es que se lo coman los perros y los caranchos”, fue su respuesta.” (La Patria Argentina. Buenos Aires, 26 de enero de 1879)
El capitán Casco, acusado de jordanista, estaba preso en un cuartel de Paraná, y pocos días después del fusilamiento de Berón, es reclamado por una partida enviada por Ayala, que hace entregar al preso, para ser degollado a poca distancia del cuartel. (Idem, 23 de enero de 1879)
Parece mentira como ciertos “historiadores” ágiles y estrictos para juzgar ciertos hechos, ignoren u oculten hechos como éstos, y aun salidos a la luz, traten de disimularlos y justificarlos.
López Jordán no es fusilado porque escapa a al garras del asesino sanguinario Ayala. El 1º de diciembre como a las 10 de la mañana, el alcalde Francisco Zarate recibe aviso de que un grupo de rebeldes se encuentra en Paso Algarrobito de arroyo Las Tunas. Con un grupo de vecinos armados sorprenden al grupo durmiendo, logrando escapar solo Robustiano Vera que salta en pelo a un caballo sin que puedan darle alcance, a raíz de lo cual logran escapar algunos más, no así Ricardo López Jordán. Conducido hasta Curuzú Cuatiá por una partida de 50 hombres, lo hace pasar a la estancia “El Prasio” y el día 16 de diciembre era entregado a bordo de la cañonera “República”.En Buenos Aires Olegario Andrade, enrolado en el oficialismo, desde La Tribuna, pide castigo para el vencido, y sacando leña del árbol caído, la prensa anuncia que la familia Urquiza acusaría al reo de asesinato y otros crímenes.
El engrillado
López Jordán es engrillado en Paraná y alojado en una celda pared de por medio con la catedral. En Buenos Aires se rumorea que el defensor sería Dardo Rocha, siendo en definitiva el doctor José María Moreno. La causa tiene diversas alternativas, entre otras la recusación del juez federal doctor Zarco, por parcialidad manifiesta, ya que en telegrama llamaba “forajido del 11 de abril” al caudillo. El 6 de enero el caudillo es trasladado en el vapor “Lujan” a Rosario y alojado en una celda de la aduana, asumiendo la defensa Nicanor González del Solar, quien solicita la libertad de Jordán bajo fianza del general Benjamín Virasoro, pero el juez Zubiría dictamina que no ha lugar. El procurador general Eduardo Costa aconseja en cambio darle la excarcelación y en la vista correspondiente expresa:
“La circunstancia de haber asumido su responsabilidad en una proclama, es el único cargo que se le hace, y él ha negado que esta circunstancia importara asumir la responsabilidad el asesinato y declararse asesino, lo que a la verdad difícilmente se concibe que hubiera podido ser su mente. El ha explicado que fue solo su intención asumir aquella responsabilidad en vista de la situación creada y ponerse a su frente para evitar los males consiguientes a la anarquía” (La Capital, de Rosario, edición el 26 de marzo de 1879) López Jordán no sume jamás la responsabilidad del asesinato y la misma Suprema Corte - en fallo dictado el 22 de marzo - expresa que los cargos hechos al ex gobernador entrerriano no se hallaban justificados de modo alguno.
La prensa de Buenos Aires ventilaba el proceso; un artículo titulado "La hiena", publicado en "La Patria" Argentina del 29 de marzo de 1879, expresa lo siguiente:
“Jamás declaró Jordán que él fuera el autor de la muerte de Urquiza, muerte que Sarmiento festejó interiormente. Lo que hizo (Jordán) fue hacerse solidario de la revolución que la produjo como un accidente de ella. Si declaró la guerra a la nación, fue porque el Presidente puso a Entre Ríos en ese extremo lamentable. Apenas llegó aquí la noticia de la muerte de Urquiza, Sarmiento, sin más averiguación, resolvió intervenir y al efecto lanzó su proclama declarándolo. Muerto Urquiza, a quién tenía un terror pánico, aprovechó la ocasión que se le presentaba de "meterle el diente" a Entre Ríos, haciendo cómplice a la Nación del único propósito que tenía en vista, y que era hacer servir aquella provincia a la imposición de Dr. Avellaneda para Presidente de la Republica" (Colección La Patria. Biblioteca Nacional)
Vemos como los "civilizados ideales sarmientinos" no son tales. Esta acusación al juego sucio político de Sarmiento es posible encontrarla en otros escritos de la época, "casualmente" poco conocidos; entre ellos, las 'Cartas sobre la intervención a la provincia de Entre Ríos' de Alejo Peyret

El caudillo encarcelado recibe correspondencia de amigos. En octubre de 1878 otra muestra de amistad dada por una comisión que se forma en Buenos Aires con objeto de dar ayuda económica los hijos del caudillo; está integrada por Evaristo Carriego, José Hernández y Carlos Guido y Spano, entre otros. Desde Buenos Aires le escribe Francisquillo Fernández; le manifiesta que aguarda la llegada de Ricardo López Jordán (hijo) al colegio, donde lo recibirá como a un hijo propio por considerar al caudillo como su propio padre, agregándole que " De Larroque ni de nadie espere en Buenos Aires ni agua, ni Ud. ni ninguno. Esto está sembrado de sal" y en la post data le pregunta si "¿recibió el dinero?", lo que da cuenta de la precaria situación del caudillo.
El Presidente Avellaneda recibe diversos pedidos de libertad para el reo; uno de ellos, el del coronel Lorenzo Latorre, quien solicita "a favor de la familia de la esposa del general López Jordán que acaba de perder a su anciano padre, el Sor Puig y que se encuentra en la más afligente situación; y mi pedido tiene por objeto interesar la conmiseración de V.E. por la libertad del General, después de su larga y penosa prisión. V.E. daría con ese paso, una nueva prueba de su larga y generosa política, obligando a la gratitud de una larga familia que ha sido objeto de largos infortunios" (Eduardo de Salterain Herrera). (Eduardo de Salterain Herrera)
En la tarde del 11 de agosto de 1879 el preso es visitado por su esposa Dolores Puig y sus hijos Eduardo, Pepa y Lola, solicitando aquella pasar la noche en la celda para atender a don Ricardo por estar enfermo. Así lo hizo, en compañía de sus hijos. La mañana del día 12 llegó; sólo permanecía en la celda la esposa de don Ricardo, doña Dolores Puig. Uno de los guardias, la noche anterior, había visto retirarse a una mujer acompañada por una niña. Evidentemente la mujer no era otra que don Ricardo, que en fuga romántica se escabullía a la vista de un oficial y 22 soldados que lo custodiaban. El sumario correspondiente fue publicado en La Capital de Rosario, ediciones del 23 al 30 de agosto de 1879.
Se allanan varios domicilios en Rosario, entre otros el del abogado defensor González del Solar sin ningún resultado. La prensa da noticias sensacionalistas y rumores de distinto tenor. El articulista de "El Correo Español" de Buenos Aires da cuenta de que la esposa del Caudillo convenció a éste de que una turba atacaría la cárcel para apoderarse de él, siendo esa la causa de la evasión, y agrega en el artículo:
“Algunos órganos se ceban con el mártir entrerriano: dan por probados el cúmulo de crímenes y delitos que el odio, la saña, la mala fe han ido amontonado sobre su cabeza y presentándolo como un monstruo de la naturaleza.
¡Y la fiera sanjuanina goza de plena liberad, y se permite insultar al mundo con su procaz lenguaje!”
"Algunos órganos se ceban con el mártir entrerriano: dan por probados el cúmulo de crímenes y delitos que el odio, la saña, la mala fe han ido amontonado sobre su cabeza y presentándolo como un monstruo de la naturaleza. ¡Y la fiera sanjuanina goza de plena libertad, y se permite insultar al mundo con su procaz lenguaje!"
Hay diversos rumores; unos lo dan en Montevideo, otros en Buenos Aires y otros, camino a Mendoza o en casa del doctor Querencio. Un artículo de "La libertad" hace notar que los partidos políticos explotan el suceso, cada cual a su modo, pero que "nadie se hace cargo", llegando a la conclusión de que "López Jordán ha fugado porque no tenía otra cosa que hacer, dado el extremo en que lo habían colocado. Tanto quisieron hacer con él que el exceso de martirio y la perspectiva de un suplicio tenían que obligar al hombre a jugar el todo por el todo en defensa de su vida" (Reproducido por La Capital, 21 de agosto de 1879).
Del sumario instruido se desprende que la evasión se produjo con al ayuda de Pedro Romero, un entrerriano valiente y decidido, oficial suyo, que lo visitaba con frecuencia.
La policía busca en todos los rumbos sin dar con el evadido, telegrafiando un curioso retrato de López Jordán:
“Hombre de cincuenta y cinco años, aunque demuestra más edad, casi calvo, frente arrugada que sufre contracciones al hablar, boca y dientes grandes, teniendo el defecto de pronunciar la letra “a” con acentuación muy marcada, como si uno de los dientes le impidiera pronunciarla suave. Debe tener barba y de tenerla, la llevará abierta, aunque no muy larga, Ojos muy grandes y vivos. Nariz regular. Orejas un poco chicas y muy puntiagudas en la extremidad superior, siendo bastantes separadas del cráneo. Estatura regular. Hombros y cuerpo fornido, auque hoy está delgado. Al hablar, tiene la costumbre de echar el sombrero atrás, y la cabeza”
Fermín Chávez en su obra “Vida y muerte de López Jordán” acota que “Ese modo de echar atrás el sombrero y la cabeza era el gesto familiar y épico de un Entre Ríos que el nieto de doña Tadea Jordán sentía subir de su cintura como un puñal del alma”
El exilio
López Jordán se mantiene entre amigos en Fray Bentos, mientras el Presidente Uruguayo resuelve su pedido de asilo. A tal fin, éste le escribe a Avellaneda en términos tales que, sin negar una extradición en caso de solicitarse, "se vería en la necesidad de atender aquel reclamo" y deja entrever en su nota algunos conceptos que dan cuenta de su predisposición a conceder el asilo político, citando algunas circunstancias como que López Jordán es ciudadano oriental nacido en Paysandú, y estando su prestigio deteriorado, no representa ya un peligro político. Las suspicacias del Presidente Uruguayo dan el resultado esperado por éste; no se lleva a cabo el pedido formal de extradición.
Alguna prensa toma partido, aún sin ser parte, como el "Il corriere Italiano de Buenos Aires" que en su edición del 12 de diciembre publica: "López Jordán. Il celebre rivoluzionario entrerriano se trova a Nuova Parmira nella República Orientale, dove tranquilamente s'è dato alla coltivazione del bestiame". Es el mismo "Corriere" que defendía las fechorías del corsario italiano Giuseppe Garibaldi, "El chacal de los tigres anglosajones".
Como era de esperar, varios movimientos políticos de Buenos Aires, tratan de llevar agua para su molino, ganando las simpatías del caudillo que aún conservaba prestigio entre los federales, especialmente en el litoral. Don Ricardo se mantuvo fiel a sus ideales federales y se mantuvo prescindente y guardando la prudente distancia necesaria.
Entre los que trataban a toda costa ganarse la adhesión de don Ricardo, estaba Julio A. Roca, “el zorro”; Francisco F. Fernández - ahora adherido al Roquismo -, ex secretario de López Jordán con quien conserva amistad, y programando un viaje para visitar al caudillo entrerriano, le escribe una carta al “zorro”:
Buenos Aires, Diciembre 15 de 1879
Sr. Gral. Julio A. Roca
Como te lo anuncié, partiré a visitar al Gral. López Jordán, presidiendo la comisión a amigos. Llevo al proscripto el consuelo de tu amistad y patriotismo, recordando cuanto en su obesquio me tienes dicho; pero, te escribo, a última hora, por si algo quieres agregar al obsequio que para él me has remitido, y afectuosas palabras que para él me tienes encomendadas.
Te quiere tu amigo y condiscípulo.
Francisco F. Fernández
El “zorro” no desperdicia la oportunidad de agregarle unas líneas a dicha carta:
"Mi querido Francisco: me refiero a cuanto te tengo protestado de mucho tiempo atrás, a favor de nuestro compatriota el Gral. López Jrdán. Creo en él como en un amigo sincero, en un elemento de orden, en un elemento de paz; y te consta cuanto es mi deseo, si subo a la Presidencia, de gobernar con el pueblo y con la Ley.
Estréchale la mano en mi nombre y pídele el último esfuerzo en el infortunio.
Te deseo buen viaje.
Tuyo afectísimo.
Le faltó solamente adjuntarle una ficha de afiliación al roquismo y una boleta de urna, y es increíble como el “zorro” borraba con el codo lo escrito con la mano unos años antes en carta al entonces Presidente Sarmiento:
“Verdaderamente ha sido una suerte y lo es por el país, Señor Presidente, que este caudillo vulgar y sanguinario no posea una sola chispa militar, y que no tenga más razón del rol que desempeña que ser la personificación y el representante genuino de esa masa de población que aún permanece bárbara en Entre Ríos y el de haber sido puesto en camino por ser su víctima el general Urquiza” (Francisco M. Vélez. Ante la posteridad – Personalidad marcial del Teniente General Julio A. Roca. Buenos Aires. 1838)
En esta carta, no solamente insulta al noble caudillo, sino que además le niega “chispa militar” a quién los tuvo con el corazón en la boca, casi desarmado, recorriendo toda la provincia sin poder batirlo, tal como lo atestigua el propio Roca en comunicación escrita a Ignacio H. Fotheringham durante la campaña contra Entre Ríos en que ambos participaban del bando liberal: “Si López Jordán no se quiebra el pescuezo en alguna rodada, no veo muy bien cuando ni cómo se concluirá esta campaña”, (Ignacio Fotheringham. La vida de un soldado)
Como acota Fermín Chávez en su obra “Vida y muerte de López Jordán”, seguramente el caudillo, al leer al carta, habrá pensado: “Buena treta del zorro Roca”. El caudillo no entra en el pial, porque siendo hombre de campo, era conocedor de los zorros que se acercan al corral de ovejas, con piel de cordero.
En Fray Bentos el caudillo recibe visita y correspondencia de sus amigos y hombres más fieles. El 24 de diciembre, desde Gualeguaychú, su amigo Ramón Nievas le avisa que en el próximo vapor le envía dos caballos:
“...el blanco se lo manda Casal, el colorado Lorenzo Barrios, vecino de ésta e hijo de la Victoria; el colorado es caballo de marcha incansable, granero y manso a toda prueba; el blanco es parejero; deseo que ellos le sirvan y llenen el deseo de subir Ud. un caballo de esta infortunada Patria” (Archivo López Jordán.) No hace falta agregar comentario a las palabras sencillas de este criollo que trataba de cubrir en parte las añoranzas de su amigo en desgracia. Para conocer la situación del caudillo en el exilio, basta con leer otra carta del mismo Nievas, en que le remite una boquilla de fumar, a fin de salvar “la falta de la que se le quebró a Vd. cuando estaba en el Rosario”
A mediados de febrero de 1880 el general López Jordán esta en Montevideo, y la prensa anuncia que piensa trasladarse a Nueva Palmira para administrar un establecimiento de campo. El 1° de abril de 1881, el diario "La Republica" de Buenos Aires, titulando “La vuelta de López Jordán”, da cuenta que “D. Ricardo López Jordán se ha presentado al Gobierno de Corrientes, pidiendo una concesión de 20 leguas de tierra en Misiones para establecer una colonia, de la que él va a ser gerente. Con este motivo, el Gobierno de Corrientes consultó aquí si podía hacérsele esa concesión, y se le contestó que estando López Jordán bajo jurisdicción de los tribunales, ellos lo llevarían a la Cárcel Pública si volviese a territorio argentino” Los tribunales y los gobiernos “liberales” siempre impartiendo “estricta justicia”...sobre todo con aquellos caídos y exiliados que expusieron su tranquilidad, su fortuna y su pellejo luchando por la Patria.
López Jordán se mantiene fiel a sus viejos amigos y federales entrerrianos, prescindiendo de las luchas políticas y tentaciones del roquismo y del juarismo, como también de la vorágine “liberal mercantilista” que tallaba en Buenos Aires.
En 1888 el presidente Juárez Celman decreta una amnistía para los emigrados políticos, y en diciembre del mismo año el cadillo entrerriano se traslada a Buenos Aires, sin más ambiciones que la relación con sus hijos Dolores, Josefa, Ricardo, Eduardo, Ramón, Mercedes y Sara. Relacionado con viejos amigos, solo aspira a su reincorporación al ejército nacional, al que pertenecía.
Asesinato de López Jordán

La tarde del 22 de junio de 1889, en que se dirigía hacia el domicilio de su amigo Dámaso Salvatierra, lo hace por al calle Esmerada hacia el sur, y al pasar frente al N° 562, pasando Tucumán, un hombre joven se le acerca por detrás, sin ser advertido por el caudillo. La prensa vespertina consigna la siguiente noticia:
“Con verdadero pesar llevamos a conocimiento de nuestros lectores el atroz atentado consumado contre el general López Jordán, hoy, a las 12 menos cinco. El general transitaba por la calle Esmeralda entre Lavalle y Tucumán, y al saludar al coronel Leyría, que en ese momento cruzaba por la vereda opuesta, se vio de pronto y por detrás atacado por un individuo alto, moreno, de poblado bigote negro, que dice llamarse Aurelio Casas, entrerriano, casado, quien descerrajó sobre el General dos tiros de pistola Lafaucheaux, fuego central calibre 12, una de cuyas balas penetró en la parte posterior de la cabeza, cerca de la oreja derecha, atravesando la masa encefálica. El General cayó instantáneamente y fue conducido a la farmacia de José Menier, cita en al calle Esmeralda y Tucumán…” (Sud-Americana, Buenos Aires, 22 de junio de 1889)
El matador es arrestado y declara haberlo hecho en venganza por la muerte de su padre, Zenón Casas, oficial “florista”, durante la segunda rebelión jordanista. Las noticias de la época y el proceso del imputado dejan muchos cabos sueltos y suspicacias sobre el lamentable hecho:
En primer lugar la muerte de Zenón Casas, padre del asesino y según el declarante motivo de venganza, no es cierta:
“Si se tiene en cuenta que Zenón Casas, según los datos personales que he obtenido, fue primero partidario de López Jordán y después su enemigo político, y si se tiene presente la versión que corre en Entre Ríos, de que yendo Casas en viaje al Uruguay, con una partida de diez hombres, estos mismo lo ataron y le dieron muerte para librarse de su mando, se comprenderá cuan injusta es la responsabilidad o la imputación que se ha hecho a López Jordán de la muerte de este hombre. Esta injusticia es más resaltante, si se recuerda, que so pretexto de la muerte de este hombre y la partida que lo acompañaba, fue muerto por las fuerzas del Gobierno, el comandante Camejo…” (Dictamen del Agente Fiscal. Fallos y disposiciones de la Excma. Cámara de Apelaciones de la Capital. Publicados por Luis S. Aliaga y Daniel J Frías, tomo IX. Buenos Aires, 1896)
En el mismo Dictamen se consignan algunos detalles sugestivos: “…los testigos Andrés Pigneto y Luis A. Leompart, que oyeron decir que el procesado se encontraba en Buenos Aires, porque lo había traído don Justo Urquiza; y por otra parte, José Abella, que declara: que además de tener conocimiento que Justo Urquiza buscaba a Aurelio Casas, afirma que fue visto por el citado Urquiza, para que matara al general López Jordán, y Felipe Limo, que afirma también saber que el citado Urquiza hacía diligencias para dar con el paradero de Aurelio Casas”
Por su parte la familia Urquiza le hace llegar a la familia del matador, una fuerte suma de dinero en concepto de “donación”. La gente comenta sobre esta “donación” y en una hoja sin pié de imprenta publicada en Gualeguaychú se lee la siguiente noticia:
“Sin comentario”. Se ha promovido una suscripción entre lso miembros de la familia Urquiza para regalar 70.000 pesos a la esposa del sujeto Aurelio Casas, el asesino del general Ricardo López Jordán.
El doctor Diógenes Urquiza ha suscripto la mitad de esa suma, es decir, 35.000 pesos nacionales.
Cuando el criminal conozca esta noticia, se convencerá que su esposa y sus hijos van a salir de la miseria en que han estado hasta ahora”
(Fermín Chávez, Vida y muerte de López Jordán)
Bibliografía:
- Chávez, Fermín. Vida y muerte de López Jordán. Edit. Theoría
- Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. Eudeba. Bs.As. 1978
- Rosa, José Maria. Historia Argentina. Editorial Oriente. Bs.As.
- Rosa, José Maria. Rosas y el Imperialismo - La caída. Offsetgrama. Bs.As. 1974.
- Federico de la Barra. La vida de un traidor. Emp. Reimpresora y Adm. de Obras Americanas. Bs.As.1915
- La Gazeta Federal
- Obras citadas
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
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