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EL REGRESO DEL SABLE LIBERTADOR
                          


Sable corvo de San Martin

(01) Legado del sable
(02) El “caso Rosas”
(03) El pez por la boca muere
(04) La voces de la defensa
(04) El juicio de la historia
(05) El revisionismo
(05) Errar es humano
(03) Fuentes
(04) Artículos Relacionaldos




Legado del sable

General José de San Martín     
Libertador de medio continente.    
Libertador Gral.San Martín

Sin conocerse personalmente, Rosas y San Martín tuvieron amistad a través de la correspondencia mantenida entre ambos. El Libertador apoyaba la obra de gobierno del Restaurador. Esta relación fue ocultada o disimulada por la historiografía mitrista liberal.

En 1844, seis años antes de su muerte, San Martín en su testamento, otorga a Rosas el sable libertador en su cláusula 3°:

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla”.

Esto no fue reconocido por Mitre y los unitarios, que trataron de ocultarlo, como lo demuestra la carta que Valentín Alsina de dirige a Don Felix Frías el 9 de noviembre de 1850 desde Montevideo. Refiriéndose a San MaRtin le dice:

“...como militar fue intachable; pero en lo demás era muy mal mirado de los enemigos de Rosas. Ha hecho un gran daño a nuestra causa con sus prevenciones caso agrestes y cerriles contra el extranjero, copiando el estilo y la fraseología de aquel; prevenciones tanto más inexcusables, cuanto que era un hombre de discernimiento. Era de los que en la causa de América no ven más que la independencia del extranjero, sin importarle nada de la libertad y sus consecuencias...Nos ha dañado mucho fortificando allá y acá la causa de Rosas, con sus opiniones y con su nombre; y todavía lega a Rosas, tan luego su espada. Esto aturde, humilla e indigna y...pero mejor no hablar de esto. Por supuesto en el diario me he guardado de decir nada de esto...” (J. Sulé. La Coherencia política de San Martín)

Tampoco se lo perdonará Sarmiento, quien había visitado a San Martín en Europa, y ante expresiones adversas que Sarmiento trató de hacer sobre Rosas, es interrumpido por el dueño de casa:

“Ese tirano de Rosas que los unitarios odian tanto, no debe ser tan malo como lo pintan cuando en un pueblo tan viril se puede sostener veinte años...me inclino a creer que exageran un poco y que sus enemigos lo pintan mas arbitrario de lo que es...y si todos ellos y lo mejor del país, como ustedes dicen, no logran desmoronar a tan mal gobierno, es porque la mayoría convencida está de la necesidad de un gobierno fuerte y de mano firme, para que no vuelvan las bochornosas escenas del año 20 ni que cualquier comandante de cualquier batallón se levante a fusilar por su orden al Gobernador del Estado” (Galvez, Manuel. “Vida de Sarmiento”. Emece Edit. 1945)

Sarmiento, despechado, le comenta en carta del 4 de septiembre de 1846 a su amigo Antonio Aberastain:

“...va Ud. a buscar al opinión de los americanos mismos (en Europa) y por todas partes encuentra la misma incapacidad de juzgar. San Martín es el ariete desmontado ya que sirvió a la destrucción de los españoles; hombre de una pieza; anciano batido y ajado por las revoluciones americanas, ve en Rosas el defensor de la independencia amenazada y su ánimo noble se exalta y ofusca...San Martín era hombre viejo, con debilidades terrenales, con enfermedades de espíritu adquiridas en la vejez; habíamos vuelto a la época presente nombrando a Rosas y su sistema. Aquella inteligencia tan clara en otro tiempo, declina ahora; aquellos ojos tan penetrantes que de una mirada forjaban una pagina de la historia, estaban ahora turbios y allá en la lejana tierra veía fantasmas extranjeros, todas sus ideas se confundían, los españoles y las potencias extranjeras, la Patria, aquella Patria antigua, la estatua de piedra del antiguo héroe de la independencia, parecía enderezarse sobre el sarcófago para defender la América amenazada...” (Soler Cañas, Luis: “San Martín, Rosas y la falsificación”)


El “caso Rosas”

Juan Manuel de Rosas En agosto de 1856, la Comisión de Negocios Constitucionales del Senado de Buenos Aires formalizó la presentación del “caso Rosas”, al que declaraba “reo de lesa patria por la tiranía sangrienta que ejerció sobre el pueblo y por haber hecho traición a la independencia de a patria”.

Nada menos que a Rosas, que defendió la independencia a todo transe, acusaban de traición a la patria los liberales que fueron precisamente los que entregarían después de Caseros la soberanía de los ríos interiores, las misiones orientales y la banda oriental al Imperio Brasilero… y la economía al imperio inglés.

Inmediatamente después de Caseros la flota brasileña recorría tranquilamente el Paraná abasteciéndose en sus puertos, sin llevarle el apunte a algunas tímidas protestas argentinas. Tomás Guido, recordando las épocas de la Confederación de Rosas, le escribía a Olazábal el 30 de enero de 1855: “Cuatro años hace…¿creería usted que el Brasil se lanzase a estas expediciones marítimas buscando camorras en el Río de la Plata y sus afluentes? Me parece un sueño lo que estoy presenciando y todo debido a nuestros errores”.

Lo acusaban además del "robo" de dinero público, justamente a Rosas que fue un meticuloso administrador de la cosa pública, y siendo un hombre rico antes de su gobierno, dejó el país con unos pocos de patacones en el bolsillo y un cajón de papeles que para defender su honra ante la posteridad, según hizo constar en acta ante el cónsul inglés antes de embarcarse rumbo al exilio.

Fue talvez por esta última acusación de robo que Rosas decide romper su silencio de años de exilio, y presenta tres protestas por escrito en tres idiomas, descalificando la legitimidad de los funcionarios que pretendían juzgarlo. Estas protestas fueron entregadas o gobiernos europeos y distintas personalidades del país, incluido Urquiza y Alberdi para su difusión.


El pez por la boca muere: Los argumentos

Durante el juicio hubo pretensiones de escribir la historia “por decreto”; entre los argumentos presentados, llama la atención el del diputado Nicolás Albarelos:

“Rosas, señor, ese tirano, ese bárbaro, no era considerado así por las naciones europeas y civilizadas, y pasado ese juicio a la posteridad se pondrá en duda, cuando menos, esa tiranía bárbara y execrable que Rosas ejerció sobre nosotros.

… No puede librarse a la historia el fallo del tirano Rosas ¿Qué dirá la historia cuando se vea que la Inglaterra ha devuelto a ese tirano los cañones tomados en acción de guerra, y saludado su pabellón, sangriento y manchado con una salva de 21 cañonazos?

La Francia, que hizo causa común con lo enemigos de Rosas, que inició la cruzada en la que figuró el general Lavalle, a su tiempo lo abandonó, y trató con Rosas, y también debió saludar su pabellón con 21 cañonazos.

Yo pregunto, señor, si estos hechos borrarán en la historia todo cuanto podamos decir los enemigos de Rosas, si no lo sancionamos con un acto legislativo como esta ley.

… ¿Qué se dirá en la historia – y esto es triste decirlo – cuando se sepa que el valiente almirante Brown, el héroe de la marina de guerra de la independencia, fue el almirante que defendió la tiranía de Rosas; que el general San Martín, el vencedor de los Andes, el padre de las glorias argentinas, le hizo el homenaje más grandioso que puede hacerse a un militar, entregándole su espada?

¿Se verá a este hombre, Rosas, dentro de veinte años, tal como lo vemos nosotros a cinco años de su caída, si no nos adelantamos a votar una ley que lo castigue definitivamente con el dicterio de traidor?

… No, señor. No podemos dejar el juicio de Rosas a la historia, porque si no decimos desde ahora que fue un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado como un tirano, y quizás lo sería como el más grande de los argentinos”.


( Diario de Sesiones de la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires )


Las voces de la defensa

Entre las voces que se levantaron en defensa de Rosas, está la de Juan Bautista Alberdi, a quien no se puede acusar de rosista. El propio Alberdi opina que Rosas “debe defenderse hasta por patriotismo, por decoro de su país. …Callar sería dar la razón al que habla, aunque no la tenga”

En carta fechada en Londres el 8 de septiembre de 1857, Juan Bautista Alberdi le dice a Félix Frías:

“Le doy mil parabienes por su noble conducta con la oposición hecha al frío, rencoroso y triste proceso contra Rosas. A vd., secretario de Lavalle, soldado de tantos combates contra el tirano caído, le tocaba el alto rol de respetarle en el rol de vencido que ha llevado hasta aquí con silencio y resignación loables. Le incluyo un artículo de un diario de París, que le dará idea del sentimiento de toda la buena Europa sobre esta pobre causa”

En carta del 16 de octubre de 1857 el mismo Alberdi le escribe a Juan María Gutiérrez sobre este asunto:

“En el proceso contra Rosas se ha visto aquí, por los amigos de Buenos Aires, una prueba de que Alsina es incorregible y que nada serio hay de que esperar de él. Toda la prensa de Europa ha protestado contra ese hecho loco y odioso: mucho más cuando ven a Rosas llevar aquí su papel de vencido con tanto juicio, pues no imita a tantos caudillos caídos que han agitado su ostracismo para recuperar su autoridad…”

"El general Rosas, confinado en Southampton, no comprende como habiendo servido tantos años y con tanto aplauso de la América, es perseguido como un malvado por el gobierno de su país. La cosa es clara. Son los intereses y las personas que él contrarió o atacó las que lo persiguen, no su país. Como esas personas están a la cabeza del país, toman su nombre para vengarse, como en otro tiempo lo tomaban para quejarse y defenderse. El país es atacado, decían ellos, cuando eran ellos los atacados. Hoy dicen. el país se venga y castiga, cuando son ellos los que castigan y se vengan." (J.B. Alberdi - 1864)


El juicio de la historia

“El juicio del general Rosas compete solamente a Dios y a la Historia, porque solamente Dios y la Historia pueden juzgar a los pueblos” (Juan Manuel de Rosas)

Y la verdad comenzó a salir a la luz. El mismo Rosas lo había sentenciado desde Southampton en 1857:

“Llegará el día en que desapareciendo las sombras sólo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias”


El revisionismo

Uno de los discípulos de Mitre, gran admirador suyo, Adolfo Saldías (1) , le sugiere continuar la historia argentina que terminaba en el año 20 con la muerte de Belgrano. El nuevo libro se iba a llamar "Historia de Rosas y la tiranía argentina". Como Mitre, muy ocupado con los prolegómenos de la revolución del 80 no podía realizar la obra, le encarga a Saldías que le escriba en base de documentos. El joven investigador va a las fuentes y basandose en ls paleles de Rosas que le facilitara Manuelita en Inglaterra, encuentra lo que era Rosas.

Termina su libro y lo envía a Mitre diciendo, según suponemos: "Fíjese qué equivocación hemos hecho con Rosas, resulta que Rosas es tan grande como usted". Mitre indignado le contestaba: “Cree usted ser imparcial, no lo es, ni equitativo siquiera” … "¡Cuidado! El método histórico está muy bien, pero no tanto, porque cuando se estudia una tiranía no hay que olvidar los nobles odios"... “Ya no es historiador, ya es el político...” (José María Rosa. 1971. Reportaje realizado por la Prof. María Sáenz Quesada)

Sin habérselo propuesto al principio, Saldías contribuía a romper el ocultamiento histórico.


Errar es humano

El 3 de marzo de 1897 llega al puerto de La Plata el vapor inglés Danube trayendo el sable corvo de San Martín que Manuela Ortiz de Rozas de Terrero remitía desde Inglaterra para ser depositado en el Museo Histórico Nacional, según un pedido que el doctor Adolfo Carranza, Director del mencionado Museo, le había hecho.

Manuelita envía a Buenos Aires la reliquia y encomienda a un sobrino, Juan Manuel Ortiz de Rozas representar a la familia en el acto de entrega, que se hará en manos del Presidente Dr. José Evaristo Uriburu.

Se había previsto que se trasladase desde el puerto de La Plata al puerto de Buenos Aires - puerto Madero - la reliquia a bordo de la corbeta "La Argentina".

Así se hizo, no sin otros avatares que con el acto de entrega y antes con la recepción en la ciudad platense se suscitaron, pero que ameritan de abordarlos un relato más pormenorizado que no es dable encarar en este artículo.

El sable de San Martín estaba en poder de Máximo Terrero, esposo de Manuelita, porque Rosas había dispuesto que a su muerte este debía ser el depositario de la reliquia - por esa época la mujer no tenía autonomía legal para poseer bienes - y a su vez, el Libertador había dispuesto en enero de 1844 en la cláusula tercera de su testamento legar el sable al Restaurador.

La caja que transportaba el sable desde Inglaterra tenía una pequeña placa de bronce que llevaba como inscripción la disposición testamentaria de San Martín. Dicha placa se había perdido curiosamente, en algún momento anterior al depósito del sable en el Regimiento de Granaderos a Caballo.

El 4 de marzo de 1998, en un acto celebrado en el Regimiento de Granaderos con autoridades Militares y del Instituto Nacional Sanmartiniano y del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, se colocó una replica de dicha pequeña placa, cuyo extravío, venía a ser funcional con uno de los ocultamientos de la historia respecto de San Martín y Rosas: la cláusula testamentaria en la que legaba su sable al Caudillo de Bs.As.

El Revisionismo venía a remediar estas "distracciones" de los historiadores seguidores de la tesis mitrista de los "nobles odios". “Errar es humano, mentir es mitrista” (Milcíades Peña)

(1) Adolfo Saldías (1849 1914): Porteño. De familia unitaria, fue primeramente masón y anticlerical, y en 1891, radical. Precursor de la nueva escuela histórica. En 1881 apareció el primer volumen de su Historia de Rozas, de la cual publicó el segundo en 1884. En 1890 estuvo con Alen en la revolución del Parque. La segunda edición de su obra apareció en 1892 con el título de Historia de la Confederación; y ese mismo año estuvo preso a bordo del pontón "" Argentina", y fue desterrado a Montevideo. Otras obras: Papeles de Rozas, 1904; La Evolución Republicana durante la Revolución Argentina, 1906 y Un siglo de instituciones, 1910. Fue radical bernardista. Se había graduado en Leyes en 1873, con una tesis sobre el Matrimonio.

Copyright © La Gazeta Federal / Leoonardo Castagnino  El autor                           

Fuentes:

- Castagnino Leonardo. Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades
- Fuentes citadas (*)
- La Gazeta Federal: www.lagazeta.com.ar


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Fuente: www.lagazeta.com.ar

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