Obligado por las circunstancias, Lavalle esperó el ataque de Oribe el mismo día 28. La batalla comenzó al mediodía. Se enfrentaron 4.600 soldados unitarios (350 infantes, más de 4.000 jinetes, de los cuales 1.200 eran desmontados, y 4 cañones) contra más de 6.500 federales (1.600 infantes y casi 5.000 jinetes con 5 piezas de artillería).
Lavalle decidió jugar la suerte de la batalla a la carga de su ala derecha, dirigida por el coronel Niceto Vega; su rápida carga arrastró a la caballería del ala izquierda federal, a órdenes del coronel Hilario Lagos, a cierta distancia del campo de batalla, pero no lograron hacerla huir. Por consiguiente, tampoco pudieron atacar a la reserva ni a la infantería.
Por el otro ala federal, en cambio, la caballería del coronel mayor (grado equivalente al de general) Ángel Pacheco, en la que se destacó la 1º División de Santa Fe, a órdenes del comandante Andrada, superó ampliamente a la caballería unitaria de la izquierda, a órdenes del coronel José María Vilela, llegando a atacar las reservas del ejército unitario. En el centro, la igualdad entre las infanterías unitaria del coronel Pedro José Díaz y federal del teniente coronel Jerónimo Costa se mantuvo por cuatro horas. La derecha unitaria se desmoralizó al ver vencido al resto del ejército, y fue rodeada por las fuerzas del general Pacheco y obligada a retirarse. En un último intento, Lavalle tomó personalmente el mando de la reserva y se lanzó a la lucha.
Jerónimo Costa
A las 4 de la tarde, los caballos del ejército unitario dejaron de moverse y la victoria quedó del lado de Oribe. Más de 500 hombres resultaron muertos durante la batalla, a los que se sumaron varios cientos del ejército vencido después de ella; por otro lado, más de mil soldados unitarios fueron tomados prisioneros, ya que los jinetes quedaron a pie y los infantes no podían ya caminar.
Hay quienes opinan que fue Hilario Lagos quien decidió el triunfo de los federales, al desbaratar los cuadros que comandaba el coronel Pedro José Díaz, al que tomó prisionero y dio toda suerte de garantías, después de felicitarlo por su valor. El coronel Díaz fue tomado prisionero y llevado a Buenos Aires. Años más tarde lucharía del lado de Rosas en la batalla de Caseros.
También fueron capturados por el ejército federal varios cientos de civiles, que acompañaban a Lavalle desde Buenos Aires y Santa Fe. Perdió, además, la artillería, el parque y bagajes. El ejército federal tuvo 36 muertos y 50 heridos.
Los soldados que se salvaron de la matanza huyeron en desorden hacia la ciudad de Córdoba. Los hombres de Oribe, sin embargo y debido a la larga persecución que habían realizado, tampoco tenían resto para hacer una persecución a fondo. De modo que se quedaron en el campo de batalla.
Consecuencias
Después de la terrible derrota, Lamadrid se apuró a ayudar a los restos del ejército vencido. En cuanto se encontró en El Tío con Lavalle, se reprocharon amargamente la mutua ausencia en la posta de Romero, y eso llevó a una serie de conflictos entre los dos jefes unitarios, que no pudieron mantenerse en Córdoba.
Cnel.Pedro José Díaz
Como resultado de la derrota, y también de las desinteligencias entre Lavalle y Lamadrid, ambos decidieron retirarse hacia el norte del país. Allí intentaron una reorganización. Meses después se separaron y Lamadrid, con un nuevo ejército, invadió Cuyo, mientras Lavalle quedaba en Tucumán. En definitiva, ocho meses más tarde, Lavalle fue vencido en la batalla de Famaillá y Lamadrid en Rodeo del Medio, en Mendoza. Con eso desapareció la Coalición del Norte.
La batalla de Quebracho Herrado fue la más grande de la guerra civil que sacudió a la Argentina entre 1839 y 1842. No fue absolutamente decisiva, pero volcó la situación de manera dramática a favor del partido federal, que terminaría por triunfar y asegurarse la preeminencia hasta la batalla de Caseros, en 1852.
Fuentes:
- Aráoz de Lamadrid, Gregorio, Memorias, Bs. As., 1895.
- Quesada, Ernesto, Lavalle y la batalla de Quebracho Herrado, Ed.Plus Ultra, Bs. As., 1965.
- Saldías, Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Bs. As., 1892.
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Fuente: www.lagazeta.com.ar